Semana ¿orgullosa?
Estas fechas me traen demasiados recuerdos. Y me golpean con la certeza de que ya no soy la misma niña llena de ilusiones e ideales que aguardaba con impaciencia el 28 de junio hasta hace no mucho. Pedí esta semana de vacaciones para escribir, de acuerdo, pero también lo hice para poder disfrutar de los festejos como otros años no he podido. No pude por falta de tiempo, de dinero o de amigos. Y este año que tengo las tres cosas, no me apetece salir de mi cuarto...
Echo breves vistazos al programa de actividades. Podría intercambiarlos por los de otros años y no me daría cuenta. Leo crónicas, críticas y comentarios de otr@s con hastío. Me aburre hablar del por qué del orgullo, de la eterna polémica de manifestación sí-manifestación no, de ver cómo algunos se acomodan porque lo creen todo conseguido y de ver cómo otros siguen gritando hasta quedarse afónicos. Me aburre comprobar que la mayoría desconoce el origen de esta celebración y me aburre seguir explicándola. Había planeado pasarme todas las tardes por las plazas rebosantes de gente a respirar la agitación y lo único que me apetece ahora es tirarme en el sofá a ver películas y dejar que pasen estos días.
Antes no era así. Antes dormía tres horas diarias cuando llegaban estas fechas. Me apalancaba en stands informátivos, repartía folletos, hablaba con unos y con otros, asistía a fiestas y cabeceaba al día siguiente en mi puesto de trabajo. Antes llegaba el día de la manifestación y lo esperaba con ansiedad, compraba todos los periódicos y veía todos los informativos posibles para comprobar qué cobertura estabamos teniendo en los medios. Buscaba a conocidos en las fotos e imágenes emitidas en televisión. Yo misma hacía crónicas y especiales en mi programa de radio, escribía artículos, me dejaba entrevistar para dar la cara.
Ahora ha dejado de llamarme la atención. Aunque aún albergo esa ilusión residual que me hace marcar estos días en rojo en el calendario según se acercan me voy desinflando. Rehuyo escuchar los manidos discursos de ciertos colectivos porque reconozco las mentiras y abusos que subyacen bajo sus palabras. La hipocresía que destilan algunos de los que los pronuncian tan aparentemente orgullosos.
Durante muchos años quise ser abanderada de un movimiento al que creía pertenecer. Fui lo que llaman una activista. A día de hoy en el único activismo en el que creo es en el personal. Aunque sea el más difícil ya que no tienes ninguna institución que te respalde, sólo tus propias convicciones. Vivir mi día a día con normalidad me parece mucho más importante que llenarme la boca con palabras vacías durante un semana o un mes al año. Mostrar la realidad cotidiana de una orientación sexual menos minoritaria de lo que muchos se piensan en la oficina, en una cena con amigos, con mi familia me hace sentir que realmente estoy haciendo algo útil y efectivo. Aunque a veces duela, aunque a veces tenga ganas de tirar la toalla, aunque me den ganas de gritar y mandar a la mierda a muchos. Aunque no hay nada que me joda más que ver cómo mi persona es reducida a una simple etiqueta que nada tiene que ver conmigo. Porque yo soy mucho más que eso.
Muchos piensan que ya está todo conseguido sin darse cuenta de que aún queda lo más difícil. De nada me sirve tener el derecho a unirme en matrimonio con una persona de mi mismo sexo si las convenciones sociales me van a impedir celebrar ese acto con normalidad, si no voy a poder invitar a mi familia, si no voy a poder decir en mi trabajo que necesito unos días libres para irme de luna de miel como una pareja más, si no voy a poder rellenar un impreso oficial con el nombre de mi cónyuge sin temer la mirada aviesa del funcionario de turno.
Soy la primera que he disfrutado enormemente de estos días desde hace mucho tiempo. Y no faltaré este sábado a la manifestación. Del mismo modo que no he faltado a ninguna en los últimos diez años. Porque quizá sea el momento en que puedo gritar mi rabia, mi indignación y mi pesar y puedo hacerlo con cientos de miles de gargantas más. Pero esa rabia, esa indignación y ese pesar los pienso seguir gritando cada día, en cada momento, con cada persona que se cruce conmigo y se empeñe en mirarme como si mi vida fuera una equivocación cuando la única equivocación sería no vivirla tal y como llevo años haciéndolo.

¿Y qué tal si dejamos de mirarnos el ombligo y pensamos en todos los que murieron, en todos los que vivieron una vida de mentiras y ocultación, en todos los que sufrieron por ser cómo eran, en todos los que aún hoy, aquí y en otros países, siguen sin poder o sin tener el valor de alzar la voz, todos los que siguen sufriendo torturas físicas o psicológicas por amar a otro ser humano?
El orgullo no debería ser soberbia ni autocomplacencia.
El orgullo debería ser humildad y empatía. Ser conscientes de nuestra realidad y tratar de mejorarla. Mirar hacia adelante sin olvidar el pasado y preguntarse qué podemos hacer cada un@ de nosostr@s por mejorar nuestra situación y la de los que nos rodean, sin arrogancia ni vanidad. Sólo entonces podremos sentirnos realmente orgullos@s.
...de fondo Go west de Pet Shop Boys
Echo breves vistazos al programa de actividades. Podría intercambiarlos por los de otros años y no me daría cuenta. Leo crónicas, críticas y comentarios de otr@s con hastío. Me aburre hablar del por qué del orgullo, de la eterna polémica de manifestación sí-manifestación no, de ver cómo algunos se acomodan porque lo creen todo conseguido y de ver cómo otros siguen gritando hasta quedarse afónicos. Me aburre comprobar que la mayoría desconoce el origen de esta celebración y me aburre seguir explicándola. Había planeado pasarme todas las tardes por las plazas rebosantes de gente a respirar la agitación y lo único que me apetece ahora es tirarme en el sofá a ver películas y dejar que pasen estos días.
Antes no era así. Antes dormía tres horas diarias cuando llegaban estas fechas. Me apalancaba en stands informátivos, repartía folletos, hablaba con unos y con otros, asistía a fiestas y cabeceaba al día siguiente en mi puesto de trabajo. Antes llegaba el día de la manifestación y lo esperaba con ansiedad, compraba todos los periódicos y veía todos los informativos posibles para comprobar qué cobertura estabamos teniendo en los medios. Buscaba a conocidos en las fotos e imágenes emitidas en televisión. Yo misma hacía crónicas y especiales en mi programa de radio, escribía artículos, me dejaba entrevistar para dar la cara.
Ahora ha dejado de llamarme la atención. Aunque aún albergo esa ilusión residual que me hace marcar estos días en rojo en el calendario según se acercan me voy desinflando. Rehuyo escuchar los manidos discursos de ciertos colectivos porque reconozco las mentiras y abusos que subyacen bajo sus palabras. La hipocresía que destilan algunos de los que los pronuncian tan aparentemente orgullosos.
Durante muchos años quise ser abanderada de un movimiento al que creía pertenecer. Fui lo que llaman una activista. A día de hoy en el único activismo en el que creo es en el personal. Aunque sea el más difícil ya que no tienes ninguna institución que te respalde, sólo tus propias convicciones. Vivir mi día a día con normalidad me parece mucho más importante que llenarme la boca con palabras vacías durante un semana o un mes al año. Mostrar la realidad cotidiana de una orientación sexual menos minoritaria de lo que muchos se piensan en la oficina, en una cena con amigos, con mi familia me hace sentir que realmente estoy haciendo algo útil y efectivo. Aunque a veces duela, aunque a veces tenga ganas de tirar la toalla, aunque me den ganas de gritar y mandar a la mierda a muchos. Aunque no hay nada que me joda más que ver cómo mi persona es reducida a una simple etiqueta que nada tiene que ver conmigo. Porque yo soy mucho más que eso.
Muchos piensan que ya está todo conseguido sin darse cuenta de que aún queda lo más difícil. De nada me sirve tener el derecho a unirme en matrimonio con una persona de mi mismo sexo si las convenciones sociales me van a impedir celebrar ese acto con normalidad, si no voy a poder invitar a mi familia, si no voy a poder decir en mi trabajo que necesito unos días libres para irme de luna de miel como una pareja más, si no voy a poder rellenar un impreso oficial con el nombre de mi cónyuge sin temer la mirada aviesa del funcionario de turno.
Soy la primera que he disfrutado enormemente de estos días desde hace mucho tiempo. Y no faltaré este sábado a la manifestación. Del mismo modo que no he faltado a ninguna en los últimos diez años. Porque quizá sea el momento en que puedo gritar mi rabia, mi indignación y mi pesar y puedo hacerlo con cientos de miles de gargantas más. Pero esa rabia, esa indignación y ese pesar los pienso seguir gritando cada día, en cada momento, con cada persona que se cruce conmigo y se empeñe en mirarme como si mi vida fuera una equivocación cuando la única equivocación sería no vivirla tal y como llevo años haciéndolo.

¿Y qué tal si dejamos de mirarnos el ombligo y pensamos en todos los que murieron, en todos los que vivieron una vida de mentiras y ocultación, en todos los que sufrieron por ser cómo eran, en todos los que aún hoy, aquí y en otros países, siguen sin poder o sin tener el valor de alzar la voz, todos los que siguen sufriendo torturas físicas o psicológicas por amar a otro ser humano?
El orgullo no debería ser soberbia ni autocomplacencia.
El orgullo debería ser humildad y empatía. Ser conscientes de nuestra realidad y tratar de mejorarla. Mirar hacia adelante sin olvidar el pasado y preguntarse qué podemos hacer cada un@ de nosostr@s por mejorar nuestra situación y la de los que nos rodean, sin arrogancia ni vanidad. Sólo entonces podremos sentirnos realmente orgullos@s.
...de fondo Go west de Pet Shop Boys
Comentario:
Tienes mucha razón, dicen que es una mala traducción y que debería ser el día de la "dignidad" GLBT.
Lo de quemarse ocurre en todos los movimientos sociales. Como el amor, pasas de la excitación permanente del principio a una aceptación-resignación pese a los defectos. Un sentimiento de compañerismo que, de vez en cuando, reaviva la ilusión del principio.
Date el gusto de creerte por un día todo lo que digan en los discursos ;D
Lo de quemarse ocurre en todos los movimientos sociales. Como el amor, pasas de la excitación permanente del principio a una aceptación-resignación pese a los defectos. Un sentimiento de compañerismo que, de vez en cuando, reaviva la ilusión del principio.
Date el gusto de creerte por un día todo lo que digan en los discursos ;D
Comentario:
En mi opinión se debe rindir homenaje a quienes dieron algo más que la cara pero eso no impide celebrar que su gesta sí sirvió de algo.
Ser tú misma es bastante más cansado que las grandes reivindicaciones porque es contínuo y no te felicitan. Ánimo, muchas vidas así son lo que cambia realmente la sociedad.
Chapeau! hoy lo clavaste.
Ser tú misma es bastante más cansado que las grandes reivindicaciones porque es contínuo y no te felicitan. Ánimo, muchas vidas así son lo que cambia realmente la sociedad.
Chapeau! hoy lo clavaste.
Comentario:
cada uno tiene su visión de lo q pasa en chueca durante esta semana, si quieres saber q pienso yo, concretamente, sobre la manifestación del sábado, pásate por mi blog...
del hastío y esas cosas, eso te lo quito yo en un plis plas :-) esta tarde no te escapas, q actúan los de "amo a laura" jejeje...
kss
del hastío y esas cosas, eso te lo quito yo en un plis plas :-) esta tarde no te escapas, q actúan los de "amo a laura" jejeje...
kss
Comentario:
Totalmente de acuerdo contigo. Como ya puse en mi blog, creo que el Día del Orgullo ha perdido significado, pero esperemos que gente como tú y como yo lo reestablezcamos.
PD: Te leo desde hace mucho, pero nunca me había atrevido a comentar. A veces me apetecería ser como tú pero en bisexual. Te admiro muchísimo, en serio ;).
PD: Te leo desde hace mucho, pero nunca me había atrevido a comentar. A veces me apetecería ser como tú pero en bisexual. Te admiro muchísimo, en serio ;).
Comentario:
Ole ole ole! Si todas tuviéramos tus ovarios nena... pero a veces es todo taaaan difícil, a veces nos da taaaaanto miedo...
besazos nenita!
(los funcionarios no respondemos con miradas aviesas. Si tú supieras la de veces q le sugerí a muchas q no hacía falta q se hicieran pasar por amigas...)
Más besos!
besazos nenita!
(los funcionarios no respondemos con miradas aviesas. Si tú supieras la de veces q le sugerí a muchas q no hacía falta q se hicieran pasar por amigas...)
Más besos!