A contracorriente
Justo cuando empieza la semana margarita (hoy curro, hoy no curro, hoy curro,...) a mí me da por volver a ser una persona decente. Justo cuando a todo el mundo ya empieza a darle lo mismo la lorcilla que rodea sus cinturas porque en las próximas semanas va a ser imposible ya no quitársela sino no aumentarla, yo me vuelvo de nuevo la chica responsable de hace unos meses.
No es que cante victoria, no. Que ya sé que a mí los buenos propósitos se me caen de las manos igual que los billetes en una noche de copas pero, ¡en fin!, por algo se empieza, ¿no?
Así que hoy, pese a estar mortalmente cansada porque anoche dormí dos horitas escasas (y no porque saliera de juerga sino porque no había forma de cerrar mis párpados), pese a que he salido de currar a las seis y pese a que mi querido ordenata me estaba llamando a gritos, me he armado de valor, me he cambiado y he bajado al gimnasio.
Y cuando entro me percato de que durante este mes en el que mis zapatillas Nisu y mi chandal de rastrillo no se han dejado ver por la sala de torturas, han decidido cambiar de sitio la mitad de las máquinas. Y yo, como si fuera nueva, mirando a todas partes con cara de lela en busca del potro de tortura en el que me tocara fustigarme un poquito. Pero, oyes, que me ha sentado de puta madre. He liberado tensiones y endorfinas, he sudado como una cerda y me he quedado de lo más a gusto. Tanto que se me ha quitado el sueño y el cansancio y me he ido a ejercer de maruja al super a hacer algo de compra, que ya va siendo hora de que deje de alimentarme de teletraigoloquequieras...
Pero es que el papel de chica decente lo empecé a interpretar el viernes. Yo que me quería ir de juerga para celebrar mi cumpleaños alternativo pues... llegué a casa a la una y media.
La noche empezó en la Fnac. Resulta que era la noche del socio y, como ya deberíais saber, yo soy una de esas socias que se dejan medio sueldo en ese templo de lo audiovisual y cultureta y tenía una bonia invitación. Así que allá que nos fuimos mi amigo, El Ilustre Bifuncionario, y yo, a dar rienda suelta a la vena consumista, pasearnos por entre los estantes copa de champán en mano y dejar que nos regalaran la bonita y poco práctica (por el tamaño, más que nada) agenda Fnac para el año que se avecina. Obvia decir que salí de allí con tres bolsas (dos con libros y una tercera con revistas del Club Cultura, que debe ser que como ni Dios las compra, han decidido regalarlas).
Con semejante equipaje me fui para Chueca donde el Rusfi & Cia. me esperaban en el My Way. Sin embargo, pese a mis intentos de mantenerme al pie del cañón, sólo aguanté dos copichuelas y me piré a casa con mis nuevos libros.
El sábado, tras vegetar cual lirón durante horas y horas, me di un duchazo, me arreglé y me fui al centro. Ahora sí que sí. Esta noche tenía que correrme una buena juerga. Primero había quedado con JM para cenar y ponernos al día y luego con el Rusfi y mucha más Cia. que la noche anterior para, con suerte, salir del último garito cuando ya fuera de día.
Cuando ya estuvimos todos juntitos y apretaditos en una cafetería de Chueca calentando motores, una de las chicas de esa Cia. con la que habíamos quedado nos cuenta que esa noche, a las doce y media, un amigo suyo proyectaba un corto en una discoteca de Gran Vía. Le pregunto que donde y me dice que tiene la dirección pero que no sabe como llegar. Al decirme la dirección casi me caigo del pasmo. Justo al ladito de las oficinas centrales de mi empresa (a los que ya conoceréis como "Los de arriba" o "Los otros"). ¿Que si sé llegar? Pues va a ser que sí.
Pues allá que nos fuimos. Pero lo que parecía un buen plan para comenzar la noche se empezó a configurar como una pequeña tortura. El corto lo proyectaron con casi una hora de retraso. El haber juntado a tanta gente que no se conocía entre sí había acabado provocando la creación de varios subgrupos (entre ellos, JM y yo escuchando el nuevo disco de Madonna en mi MP3, que él aún no había oído más que el single). Tras el corto, que nos dejó a todos con cara de decir "¿y pa' esto hemos venido?", JM y yo nos despedimos de los asistentes y emprendimos caminito hacia los búhos mientras hablábamos de política. Y no eran ni las dos cuando llegué a casa...
¡Aisss! ¡Si es que me estoy haciendo vieja!
...de fondo Undiscovered Ibiza Volume 1
No es que cante victoria, no. Que ya sé que a mí los buenos propósitos se me caen de las manos igual que los billetes en una noche de copas pero, ¡en fin!, por algo se empieza, ¿no?
Así que hoy, pese a estar mortalmente cansada porque anoche dormí dos horitas escasas (y no porque saliera de juerga sino porque no había forma de cerrar mis párpados), pese a que he salido de currar a las seis y pese a que mi querido ordenata me estaba llamando a gritos, me he armado de valor, me he cambiado y he bajado al gimnasio.
Y cuando entro me percato de que durante este mes en el que mis zapatillas Nisu y mi chandal de rastrillo no se han dejado ver por la sala de torturas, han decidido cambiar de sitio la mitad de las máquinas. Y yo, como si fuera nueva, mirando a todas partes con cara de lela en busca del potro de tortura en el que me tocara fustigarme un poquito. Pero, oyes, que me ha sentado de puta madre. He liberado tensiones y endorfinas, he sudado como una cerda y me he quedado de lo más a gusto. Tanto que se me ha quitado el sueño y el cansancio y me he ido a ejercer de maruja al super a hacer algo de compra, que ya va siendo hora de que deje de alimentarme de teletraigoloquequieras...
Pero es que el papel de chica decente lo empecé a interpretar el viernes. Yo que me quería ir de juerga para celebrar mi cumpleaños alternativo pues... llegué a casa a la una y media.
La noche empezó en la Fnac. Resulta que era la noche del socio y, como ya deberíais saber, yo soy una de esas socias que se dejan medio sueldo en ese templo de lo audiovisual y cultureta y tenía una bonia invitación. Así que allá que nos fuimos mi amigo, El Ilustre Bifuncionario, y yo, a dar rienda suelta a la vena consumista, pasearnos por entre los estantes copa de champán en mano y dejar que nos regalaran la bonita y poco práctica (por el tamaño, más que nada) agenda Fnac para el año que se avecina. Obvia decir que salí de allí con tres bolsas (dos con libros y una tercera con revistas del Club Cultura, que debe ser que como ni Dios las compra, han decidido regalarlas).
Con semejante equipaje me fui para Chueca donde el Rusfi & Cia. me esperaban en el My Way. Sin embargo, pese a mis intentos de mantenerme al pie del cañón, sólo aguanté dos copichuelas y me piré a casa con mis nuevos libros.
El sábado, tras vegetar cual lirón durante horas y horas, me di un duchazo, me arreglé y me fui al centro. Ahora sí que sí. Esta noche tenía que correrme una buena juerga. Primero había quedado con JM para cenar y ponernos al día y luego con el Rusfi y mucha más Cia. que la noche anterior para, con suerte, salir del último garito cuando ya fuera de día.
Cuando ya estuvimos todos juntitos y apretaditos en una cafetería de Chueca calentando motores, una de las chicas de esa Cia. con la que habíamos quedado nos cuenta que esa noche, a las doce y media, un amigo suyo proyectaba un corto en una discoteca de Gran Vía. Le pregunto que donde y me dice que tiene la dirección pero que no sabe como llegar. Al decirme la dirección casi me caigo del pasmo. Justo al ladito de las oficinas centrales de mi empresa (a los que ya conoceréis como "Los de arriba" o "Los otros"). ¿Que si sé llegar? Pues va a ser que sí.
Pues allá que nos fuimos. Pero lo que parecía un buen plan para comenzar la noche se empezó a configurar como una pequeña tortura. El corto lo proyectaron con casi una hora de retraso. El haber juntado a tanta gente que no se conocía entre sí había acabado provocando la creación de varios subgrupos (entre ellos, JM y yo escuchando el nuevo disco de Madonna en mi MP3, que él aún no había oído más que el single). Tras el corto, que nos dejó a todos con cara de decir "¿y pa' esto hemos venido?", JM y yo nos despedimos de los asistentes y emprendimos caminito hacia los búhos mientras hablábamos de política. Y no eran ni las dos cuando llegué a casa...
¡Aisss! ¡Si es que me estoy haciendo vieja!
...de fondo Undiscovered Ibiza Volume 1
Comentario:
Debo añadir, como testigo de cargo, que la autora en cuestión se echó tantos libros a la bolsa como copas se metían otros al cuerpo, que aquello más que fiesta de la cultura, como quieren promocionarlo, parecía un pub de extraña decoración. En cuanto al contenido de la mencionada bolsa, no puedo decir otra cosa que reflejaba un gusto literario exquisito.
Comentario:
Debo añadir, como testigo de cargo, que la autora en cuestión se echó tantos libros a la bolsa como copas se metían otros al cuerpo, que aquello más que fiesta de la cultura, como quieren promocionarlo, parecía un pub de extraña decoración. En cuanto al contenido de la mencionada bolsa, no puedo decir otra cosa que reflejaba un gusto literario exquisito.
Comentario:
Debo añadir, como testigo de cargo, que la autora en cuestión se echó tantos libros a la bolsa como copas se metían otros al cuerpo, que aquello más que fiesta de la cultura, como quieren promocionarlo, parecía un pub de extraña decoración. En cuanto al contenido de la mencionada bolsa, no puedo decir otra cosa que reflejaba un gusto literario exquisito.
Comentario:
Debo añadir, como testigo de cargo, que la autora en cuestión se echó tantos libros a la bolsa como copas se metían otros al cuerpo, que aquello más que fiesta de la cultura, como quieren promocionarlo, parecía un pub de extraña decoración. En cuanto al contenido de la mencionada bolsa, no puedo decir otra cosa que reflejaba un gusto literario exquisito.
Comentario:
Así que teletraigo, ¿eh? no no no no noooooooooooo. MUY MAL. jajajajajaja. me alegro de que te hayas endorfinado y tal. lo mejor. besos.