El Rastro
Desde que tuve uso de razón hasta, más o menos, los once o doce años iba al Rastro de Madrid todos los domingos con mis abuelos. A mi abuelo le gustaba pararse en cada puesto y observar minuciosamente cada tornillo, tuerca o bisagra que se cruzara en su campo visual. Mi abuela aprovechaba para buscar prendas de abrigo o calzado a buen precio para los tres. Y lo que yo buscaba eran los puestos de tebeos donde poder encontrar nuevos Don Mickey (no sé si os acordaréis, era un tebeo del Pato Donald y Mickey Mouse que tuvo bastante éxito durante los 80 y que yo me bebía, literalmente, poco rato después de ser comprados). Luego íbamos a un bar a tomarnos unas cervezas (yo una coca-cola, como es obvio) y a comer oreja a la plancha.
En la adolescencia fui algunas veces con amigas a merodear por los puestos más alternativos. Mirábamos los bolsos hechos a mano, las cajitas de madera y las camisetas de los desconocidos (o quizá no tanto) grupos de rock que nos gustaban por aquel entonces. Y si comprábamos algo era porque habíamos ahorrado para ello con gran esfuerzo.
De adulta lo de ir al Rastro se convirtió en una actividad de transición. Me explico. Las juergas de los sábados por la noche se iban prolongando de los bares a las discotecas y de éstas a los after. Al salir del after y tras un reparador desayuno con un café triple, si aún quedaban fuerzas, el Rastro era la mejor excusa para pasar el rato hasta la hora del aperitivo. Así que allí nos íbamos, escudados tras nuestras gafas de sol, aún bajo los efectos del alcohol y, a veces, también de algún canutito. Merodeábamos por entre los puestos, vacilándonos entre nosotros, riendo y gastando bromas. A veces comprábamos algo, otras sólo mirábamos. Yo solía mirar los discos y las películas, también los libros. Y cuando encontraba algo que me llamara la atención, lo compraba. Luego, al rozar el mediodía, nos íbamos a tomar cañas cerca de la Plaza de los Carros para apurar hasta la última gota de energía.
Ya no leo tebeos (ahora los llamo comics), no hay ningún grupo que me guste tanto como para llevar una camiseta suya y, desde que tengo Internet, sólo compro libros. Así que mi visita de hoy al Rastro junto a JM y El Sevillano tenía como único objetivo el hacer acopio de DVD's vírgenes con los que tostar la ingente cantidad de ceros y unos que nos descargamos al cabo del mes...
Aún así me ha hecho ilusión pasear un rato por esas calles de mi pasado...
...de fondo My number de Tegan and Sara
En la adolescencia fui algunas veces con amigas a merodear por los puestos más alternativos. Mirábamos los bolsos hechos a mano, las cajitas de madera y las camisetas de los desconocidos (o quizá no tanto) grupos de rock que nos gustaban por aquel entonces. Y si comprábamos algo era porque habíamos ahorrado para ello con gran esfuerzo.
De adulta lo de ir al Rastro se convirtió en una actividad de transición. Me explico. Las juergas de los sábados por la noche se iban prolongando de los bares a las discotecas y de éstas a los after. Al salir del after y tras un reparador desayuno con un café triple, si aún quedaban fuerzas, el Rastro era la mejor excusa para pasar el rato hasta la hora del aperitivo. Así que allí nos íbamos, escudados tras nuestras gafas de sol, aún bajo los efectos del alcohol y, a veces, también de algún canutito. Merodeábamos por entre los puestos, vacilándonos entre nosotros, riendo y gastando bromas. A veces comprábamos algo, otras sólo mirábamos. Yo solía mirar los discos y las películas, también los libros. Y cuando encontraba algo que me llamara la atención, lo compraba. Luego, al rozar el mediodía, nos íbamos a tomar cañas cerca de la Plaza de los Carros para apurar hasta la última gota de energía.
Ya no leo tebeos (ahora los llamo comics), no hay ningún grupo que me guste tanto como para llevar una camiseta suya y, desde que tengo Internet, sólo compro libros. Así que mi visita de hoy al Rastro junto a JM y El Sevillano tenía como único objetivo el hacer acopio de DVD's vírgenes con los que tostar la ingente cantidad de ceros y unos que nos descargamos al cabo del mes...
Aún así me ha hecho ilusión pasear un rato por esas calles de mi pasado...
...de fondo My number de Tegan and Sara
Comentario:
Acabas de despertar en mi el espíritu del rastro, creo que este domingo me voy a dar una vueltecita por él, mira que entres meses que llevo en Madrid no haberme dado ni una vuelta...
Comentario:
Hace un montón de tiempo que no voy al rastro pero no se me olvidan las cervecitas, la orijata a la plancha y los buenos paseos por la zona de la latina para terminar la mañana.
El rastro es lo que tiene, siempre te deja un rastro para volver, no crees?
Un besete.
El rastro es lo que tiene, siempre te deja un rastro para volver, no crees?
Un besete.
Comentario:
No tengo perdón, no he ido nunca al Rastro...
Me quedan tantas cosas que ver en Madrid!
Besos!
Me quedan tantas cosas que ver en Madrid!
Besos!