Mujer blanca soltera busca...
¡AVISO! ¡POST HIPER-EXTRA-LARGO!
Supongo que para compensar la sequía de días anteriores...
Mi salud sigue por los suelos. Joer, últimamente parezco La Pupas...
Besitos para tod@s
No, no es que haya decidido transformar este blog en una sección de contactos (aún no estoy tan… bueno, aún no) pero es que ese título le viene que ni al pelo a mi situación hogareña.
Supongo que alguien recordará que también es el título de una peli de los noventa protagonizada por Bridget Jones… digo Fonda y Jennifer Jason Leigh. En su momento, allá por el año 93, la peli me impactó muchísimo. Hará como cosa de un mes me topé con ella en la programación de madrugada y no pude por menos que echarme a reír. ¿Quién le hubiera dicho a la Arrierita de catorce años que las peripecias que la esperaban en su futuro no iban a tener nada que envidiarle a las de la prota de la peli?
Como bien deberíais saber, vivo en un piso compartido. Y el próximo verano hará ya siete años que estoy aquí. Ni qué decir tiene que, a efectos prácticos, es más mi casa que de cualquiera de los que pasan por aquí. El día que me vaya no moveré una habitación sino toda una casa ya que la mayor parte de las cosas que hay aquí son mías. Pero, pago del alquiler obliga, necesito compartir gastos con más gente. De este modo han pasado por aquí personajes y personajillos de lo más variopinto. Intentaré hacer un breve resumen (¡ojo! He dicho intentaré… Que ya sabéis que a mí eso de sintetizar se me da bastante mal):
El trío inicial lo comenzamos con, evidentemente, la Arrierita, Petarda Multimedia y Esquizofrénico. De la primera ya hablado en más de un post. Éramos amigas antes de compartir piso y lo fuimos después hasta que a ella se le cruzaron los cables. Mi abuela estaba convencida de que éramos pareja y, en cada visita al hogar abuelil, me endosaba varios frascos de caldo de cocido diciéndome: “Toma, para que os lo toméis Petarda y tú por las noches”. No importaban los esfuerzos que yo hacía para dejarle claro que cada una dormía en una habitación. Mi abuela me seguía dando caldito para las dos. Esquizofrénico, como su nombre indica, era esquizofrénico. Cosa que yo sospechaba por dos razones: le veía medicarse a diario y poseía esa mirada tipícamente esquizofrénica que poseen los ídem. Todo fue bien hasta el día en que, comiendo los dos en el salón, me preguntó: “Arrierita, ¿qué harías si cogiera este cuchillo y te persiguiera por toda la casa?”. Yo me limité a alzar una ceja y decirle que saldría corriendo escaleras abajo. Luego el tío empezó a contar historias sobre personas que suponíamos inventada y él mismo se hacía llamar por otro nombre. Se comportaba de un modo harto extraño y decía cosas muy raras. Hasta que un sábado por la noche, tras contar una de sus paranoias y largarse con una risa que ni Gary Oldman en Drácula dejándonos a Petarda y a mí algo acojonaditas, sonó el teléfono. Os podéis imaginar una escena tipo Scream si queréis. Nos miramos sin saber si cogerlo o no. Al final lo cogí yo. Preguntaban por él pero con el nombre inventado y era una de esas personas que pensábamos que no existían. Le dije que no estaba y colgué. Esa noche ni Petarda Multimedia ni yo nos atrevimos a dormir en casa…
Pero Esquizofrénico se quedó sin pasta, no encontró trabajo y regreso a su pueblo natal. En su lugar entró Lop, un medio rollete suyo. Con Lop la cosa fue bien. Era y sigue siendo un desastre pero supongo que ahí es dónde radica su encanto. Justo cuando la Arrierita iba a cumplir un año en el piso, Petarda Multimedia anuncia que se va tres meses a Sevilla como meritoria de dirección (bueno, ella lo adornó diciendo “ayudante de dirección”, que no es lo mismo) de una miniserie para televisión. En su lugar entró Gus, un conocido mío, que regresaba de pasar una temporada en Londres por esas fechas. Con Gus y Lop la convivencia duró dos largos años que ahora añoro con gran intensidad. Porque pese a los típicos problemas que siempre genera la convivencia entre personas, fueron los años más tranquilos que he vivido en este piso. Gus y yo congeniábamos muy bien, llegando a parecer casi un matrimonio. Y Lop, pese a ser mayor que ambos, era como nuestro hijo pequeño necesitado de protección. La leche, oigan.
Al cabo de esos dos años, Lop anunció que se iba a vivir con un tío al que acababa de conocer. Yo sentí que aquello era el principio del fin. En su lugar entró El Pipa, un chavalín de apenas veinte años con demasiada afición a la fiesta, las pastis y las llamadas telefónicas. Mientras tanto, por razones que ahora mismo no vienen al caso, la amistad entre la Arrierita y Gus se fue resquebrajando. Durante unas semanas la casa parecía La guerra de los Rose, metiéndonos en nuestros respectivos cuartos todas nuestras pertenencias y decidiendo qué hacíamos con lo que estaba a medias a voz en grito. Un auténtico divorcio. Así que Gus se fue, no sin antes poner en contra a todos nuestros amigos comunes (a los que, todo hay que decirlo, había conocido a través de mí). Para quién le interese, el paso de los años ha conseguido que volvamos a dirigirnos amigablemente la palabra pero, es obvio, ninguno forma ya parte de la vida del otro.
Tras la marcha de Gus entró La Militar, una obtusa, malhumorada y grave lesbiana con un tono de voz que, incluso en una conversación normal, te resultaba desagradable. Poco después, El Pipa dejó de pagar y yo no tuve más remedio que ponerle las cosas claritas y las maletas en la puerta. De recuerdo me dejó una factura de teléfono de cuarenta mil pelas (de las de antes).
Y ese fue el momento en que La Militar sugirió, así como quién no quiere la cosa, que su novia, La Falsa, estaba buscando piso. Y maldita la gracia que me hacía pero, viendo que no venía nadie mejor, accedí a regañadientes.
La verdad es que era una pareja bastante rara: nunca dormían juntas. Se daban un beso de buenas noches en los umbrales de sus cuartos y cada una a dormir a su cama. Pero pese a esto, la verdad es que estaban muy a gusto y les gustaba mucho el piso pero… sin mí en él. Así que comenzaron una campaña de acoso y derribo contra la Arrierita que consistía en impedir el paso al salón cuando estaban ellas, encerrar a mi perro en mi cuarto y hacerme el constante vacío. Ante esto, no tuve más remedio que pedirles amablemente que se marcharan. Afortunadamente, tuve la brillante idea de decirle a JM que estuviera conmigo en ese momento. Y digo afortunadamente porque tras comunicarles mi decisión La Militar se levantó con el puño en alto decidida a romperme la crisma. JM nos separó en pleno forcejeo. Evidentemente, las denuncié. Ellas llamaron al casero para decirles que querían alquilar el piso ellas dos. El casero se rió de ellas y, tras hablar conmigo, se presentó en el piso para decirles que tenían un mes para largarse.
Por suerte, se fueron enseguida y poco me importó pagar el mes yo solita si eso significaba que las había perdido de vista. Pero era pleno mes de diciembre y me resultó casi imposible encontrar a alguien. Mi madre y su marido vinieron a pasar las navidades conmigo y tuvieron la genial idea de poner una cerradura en la puerta de mi cuarto. Me acababan de regalar una televisión y dijeron que, tal y como estaban las cosas, mejor que tuvieran mis pertenencias o, al menos, las más valiosas, bajo llave.
A primeros de año, con mis padres aún aquí, entró La Vieja Maricona con su pulgosa perrita. Que consté que no tengo nada en contra de los gays mayores ni, mucho menos, de los perros pero es que este elemento era para echarle de comer aparte. Era chulo y misógino pero fue el único en responder al anuncio y mi economía ya no estaba para más excesos. Tras la marcha de mis padres, cuando no hacía ni diez días que había entrado, me dijo que se iba porque yo era una insociable que no sacaba la televisión al salón para que él la viera. Entretanto entró El Calvo, típico gay con estética skin y pasión por las zapas y los chandals Adidas. Al principio parecía majo y me llevé muy bien con él. Y juntos hicimos piña frente a La Vieja Maricona que, a finales de mes, anunció, para alegría nuestra, que se largaba. Y se fue. Sin decir nada. Nos dejó una habitación que no había limpiado en un mes llena de periódicos manchados de orina de su perra porque nunca la bajaba. Pero El Calvo descubrió que le faltaba dinero, así que le denunciamos. Y cambiamos la cerradura. Y luego, encima, La Vieja Maricona me denunció a mí (seis meses después fuimos a juicio. La chica que me cogió el DNI me resultaba conocida del Escape y el juez tenía toda la pinta de entender y no podía evitar la risa mientras La Vieja Maricona enumeraba mis supuestos delitos. Un día divertido, sin duda).
Casi un mes después entró El Galleguiño, con quién congenié al cabo de dos días como no lo había hecho con ningún compañero. El Calvo, celoso, se hizo también amiguito suyo. Y comenzó a demostrar su lado oscuro. Pretendía que convirtiéramos el salón en una habitación más y llegó a poner a El Galleguiño en contra mía. Pero, por suerte, éste abrió los ojos y se dio cuenta del tejemaneje. Me contó que El Calvo, después de poner la denuncia a La Vieja Maricona, descubrió que el dinero no estaba donde él creía. O sea que no se lo habían robado. Pero a mí no me dijo nada. Así que El Galleguiño y yo hicimos piña y, ya casi en verano, tras unos meses en los que El Calvo era un ente casi autista que sólo daba señales de vida para pagar (y menos mal), nos anunció que se iba a vivir con un tío al que había conocido. El Galleguiño y yo dimos saltos de alegría y bailamos la sardana en el salón al conocer la noticia. Y decidimos que no meteríamos a nadie más en el piso. Preferíamos pagar un poco más a seguir teniendo problemas.
Durante unos meses vivimos tranquilos hasta que El Galleguiño me anunció… Sí, justo, que se iba a vivir con su novio… Joer, con qué facilidad encuentra la peña gente con la que vivir… Nota friki: A El Galleguiño, con su consentimiento, le convertí en un personaje de una de mis novelas. Si alguien adivina cuál, le regalo un ejemplar firmado…
De nuevo me vi un mes de diciembre pagando yo solita el alquiler. Mediado el mes entró El Alcohólico Glotón. Al entrar me dijo que él tenía un problema, que era comedor compulsivo, un desorden alimenticio que, como tantos otros, siempre viene acompañado de problemas emocionales y psicológicos así como de otras adicciones. Pero lo del alcoholismo se cuidó muy mucho de mencionármelo. Poco después entró La Camarera Chuleta. Al principio, la convivencia pareció normal. Pero pronto quedó claro que la una no aguantaba al otro. Aparte de que a mí ya me empezaba a tocar las narices encontrarme a un tío de de ciento treinta kilos apestando a alcohol a diez metros tirado en el sofá cada vez que llegaba a casa. Las tiranteces entre ellos dos se acentuaron hasta que La Camarera Chuleta, a primeros de mayo, habiéndome dado largas con el alquiler, se marchó con nocturnidad y alevosía.
Los dos meses siguientes solo estuvimos en el piso El Alcohólico Glotón y la Arrierita, para desesperación mía y de mi cuenta corriente. En julio, entró de nuevo Lop, y a finales de agosto, harta de broncas con los vecinos por los escándalos que montaba El Alcohólico Glotón y de que se alimentara casi exclusivamente de mi comida cada vez que le daba un ataque de ansiedad, le di un ultimátum: O te largas o te largas.
En su lugar entró La Chica de la Tele. Una encantadora maña que trabajaba en turnos rotativos, que limpiaba, pagaba puntualmente y que, además, tenía una conversación interesante (era hetero pero tenía muchas amigas bollos a las que también conocí). Lo único malo de esta época es que Lop andaba muy pero que muy corto de pasta y me pagaba el alquiler a plazos. Evidentemente, Lop ya no era sólo un compañero de piso sino que también era mi amigo y fue por eso por lo que le permití cosas que no le hubiera permitido a nadie más. Pero a finales de año, viendo que su situación económica no mejoraba, se fue de okupa a casa de un amigo suyo con más posibles que yo.
A primeros de enero entró El Hacker. Bueno, lo de entrar es un decir ya que pagó alquiler y fianza y sólo dejó una maleta y un portátil en la habitación. A finales de enero, La Chica de la Tele también se fue. En febrero, El Hacker me dejó dinero para alquiler y gastos pero seguía sin instalarse. A mediados de febrero entró El Deprimido, una chaval de Barna que se había venido a Madrid a conocer a su amor de Internet y que todo lo veía negro. A la vez, El Hacker se instalo por fin. De buen rollo, se trajo tres portátiles y consiguió captar señales WIFI para conectarnos a la red por la patilla. A mí me coincidió con la convalecencia de mi operación y, en consecuencia, pasábamos todo el día juntos. Un hijoputa entrañable, luego sabréis por qué. Al cabo de mes y medio, El Deprimido se volvió para Barna. En su lugar entró El Topógrafo. Buen rollo con él.
Pero la bonanza es moneda rara en este, mi hogar. El cinco de mayo del año pasado, en plena escritura de mi segunda novela (y también en plena euforia creativa, esas que hacen que te pases medio día escribiendo y el otro medio deseando llegar a casa para escribir), llego una tarde de trabajar y me encuentro con que El Hacker se ha largado. Por supuesto, dejándome colgada con el alquiler. Y que, de paso, ha hecho un poco de limpieza en la casa. Más concretamente en mi cuarto. Y, para concretar más aún, mi ordenador al completo, home cinema incluído, la pantalla TFT de El Topógrafo y una cámara digital (pero no su ordenador, cosa que nos extrañó a ambos). Eso sí, tuvo la delicadeza de hacerme un backup de mis documentos, por lo que mi novela no sufrió (y la acabé en dos semanas en casa de JM, debe ser que trabajo mejor bajo presión). Que majo, ¿verdad?
Y yo, pese a tener cerradura en mi cuarto, hacía mucho que había dejado de echarla. Confiada que era una. Obvia decir que, a partir de entonces, echo la llave hasta cuando voy al baño.
Tras el palo, entró Er de Huerva, de quién ya hablé cuando comencé este blog. Poco tiempo después, El Topógrafo se fue… ¡Sí! A vivir con su novia. En su lugar entró El Chico de la Tele, de quién, aunque parezca raro, no tengo nada malo que decir. Fue el perfecto compañero de piso: pagaba puntualmente, no ensuciaba y, cuando nos sentábamos a ver la tele, compartíamos nuestro alto grado de frikismo televisivo con nuestras series favoritas.
Er de Huerva también se fue. En su lugar entró El Comercial de quien, en principio, no tenía nada malo que decir. Pero El Chico de la Tele también se fue, por motivos de trabajo. Y en su lugar entró El Segurata que, además, venía con novia okupa en el pack. Para entonces El Comercial me empezó a cargar por su exacerbada adicción a la cocaína y mis crecientes sospechas de que aparte de consumirla también se dedicaba al trapicheo. Y, justo el día que me había armado de valor para decirle que se fuera buscando otro sitio, él me dijo que le ascendían en su curro y le mandaban fuera de Madrid. En su lugar entró La Punkarrilla. Finalmente he averiguado que no entiende. Pero ya he conocido a más de una punkarrilla que, si escarbas un poco, acaba admitiendo alguna experiencia lésbica… Que insisto en que mi radar no falla, que sí…
Hoy se ha ido El Segurata, sin avisar, de improviso, por motivos de trabajo, como los últimos cinco habitantes de este, mi hogar. La Punkarrilla y yo llevamos toda la tarde haciendo casting de frikis (porque lo de la gente que viene a ver el piso merecería otro post) y charlando bastante. La verdad es que estás cosas unen. Me parece una tía maja y que va de frente. Y me ha asegurado que hasta julio estará aquí. Y que si la renuevan seguirá conmigo una larga temporada…
La pregunta ahora es: ¿Quién será el/la siguiente?
Tiemblo sólo de pensarlo…
…de fondo Love on the run de Chicane
Supongo que para compensar la sequía de días anteriores...
Mi salud sigue por los suelos. Joer, últimamente parezco La Pupas...
Besitos para tod@s
No, no es que haya decidido transformar este blog en una sección de contactos (aún no estoy tan… bueno, aún no) pero es que ese título le viene que ni al pelo a mi situación hogareña.
Supongo que alguien recordará que también es el título de una peli de los noventa protagonizada por Bridget Jones… digo Fonda y Jennifer Jason Leigh. En su momento, allá por el año 93, la peli me impactó muchísimo. Hará como cosa de un mes me topé con ella en la programación de madrugada y no pude por menos que echarme a reír. ¿Quién le hubiera dicho a la Arrierita de catorce años que las peripecias que la esperaban en su futuro no iban a tener nada que envidiarle a las de la prota de la peli?
Como bien deberíais saber, vivo en un piso compartido. Y el próximo verano hará ya siete años que estoy aquí. Ni qué decir tiene que, a efectos prácticos, es más mi casa que de cualquiera de los que pasan por aquí. El día que me vaya no moveré una habitación sino toda una casa ya que la mayor parte de las cosas que hay aquí son mías. Pero, pago del alquiler obliga, necesito compartir gastos con más gente. De este modo han pasado por aquí personajes y personajillos de lo más variopinto. Intentaré hacer un breve resumen (¡ojo! He dicho intentaré… Que ya sabéis que a mí eso de sintetizar se me da bastante mal):
El trío inicial lo comenzamos con, evidentemente, la Arrierita, Petarda Multimedia y Esquizofrénico. De la primera ya hablado en más de un post. Éramos amigas antes de compartir piso y lo fuimos después hasta que a ella se le cruzaron los cables. Mi abuela estaba convencida de que éramos pareja y, en cada visita al hogar abuelil, me endosaba varios frascos de caldo de cocido diciéndome: “Toma, para que os lo toméis Petarda y tú por las noches”. No importaban los esfuerzos que yo hacía para dejarle claro que cada una dormía en una habitación. Mi abuela me seguía dando caldito para las dos. Esquizofrénico, como su nombre indica, era esquizofrénico. Cosa que yo sospechaba por dos razones: le veía medicarse a diario y poseía esa mirada tipícamente esquizofrénica que poseen los ídem. Todo fue bien hasta el día en que, comiendo los dos en el salón, me preguntó: “Arrierita, ¿qué harías si cogiera este cuchillo y te persiguiera por toda la casa?”. Yo me limité a alzar una ceja y decirle que saldría corriendo escaleras abajo. Luego el tío empezó a contar historias sobre personas que suponíamos inventada y él mismo se hacía llamar por otro nombre. Se comportaba de un modo harto extraño y decía cosas muy raras. Hasta que un sábado por la noche, tras contar una de sus paranoias y largarse con una risa que ni Gary Oldman en Drácula dejándonos a Petarda y a mí algo acojonaditas, sonó el teléfono. Os podéis imaginar una escena tipo Scream si queréis. Nos miramos sin saber si cogerlo o no. Al final lo cogí yo. Preguntaban por él pero con el nombre inventado y era una de esas personas que pensábamos que no existían. Le dije que no estaba y colgué. Esa noche ni Petarda Multimedia ni yo nos atrevimos a dormir en casa…
Pero Esquizofrénico se quedó sin pasta, no encontró trabajo y regreso a su pueblo natal. En su lugar entró Lop, un medio rollete suyo. Con Lop la cosa fue bien. Era y sigue siendo un desastre pero supongo que ahí es dónde radica su encanto. Justo cuando la Arrierita iba a cumplir un año en el piso, Petarda Multimedia anuncia que se va tres meses a Sevilla como meritoria de dirección (bueno, ella lo adornó diciendo “ayudante de dirección”, que no es lo mismo) de una miniserie para televisión. En su lugar entró Gus, un conocido mío, que regresaba de pasar una temporada en Londres por esas fechas. Con Gus y Lop la convivencia duró dos largos años que ahora añoro con gran intensidad. Porque pese a los típicos problemas que siempre genera la convivencia entre personas, fueron los años más tranquilos que he vivido en este piso. Gus y yo congeniábamos muy bien, llegando a parecer casi un matrimonio. Y Lop, pese a ser mayor que ambos, era como nuestro hijo pequeño necesitado de protección. La leche, oigan.
Al cabo de esos dos años, Lop anunció que se iba a vivir con un tío al que acababa de conocer. Yo sentí que aquello era el principio del fin. En su lugar entró El Pipa, un chavalín de apenas veinte años con demasiada afición a la fiesta, las pastis y las llamadas telefónicas. Mientras tanto, por razones que ahora mismo no vienen al caso, la amistad entre la Arrierita y Gus se fue resquebrajando. Durante unas semanas la casa parecía La guerra de los Rose, metiéndonos en nuestros respectivos cuartos todas nuestras pertenencias y decidiendo qué hacíamos con lo que estaba a medias a voz en grito. Un auténtico divorcio. Así que Gus se fue, no sin antes poner en contra a todos nuestros amigos comunes (a los que, todo hay que decirlo, había conocido a través de mí). Para quién le interese, el paso de los años ha conseguido que volvamos a dirigirnos amigablemente la palabra pero, es obvio, ninguno forma ya parte de la vida del otro.
Tras la marcha de Gus entró La Militar, una obtusa, malhumorada y grave lesbiana con un tono de voz que, incluso en una conversación normal, te resultaba desagradable. Poco después, El Pipa dejó de pagar y yo no tuve más remedio que ponerle las cosas claritas y las maletas en la puerta. De recuerdo me dejó una factura de teléfono de cuarenta mil pelas (de las de antes).
Y ese fue el momento en que La Militar sugirió, así como quién no quiere la cosa, que su novia, La Falsa, estaba buscando piso. Y maldita la gracia que me hacía pero, viendo que no venía nadie mejor, accedí a regañadientes.
La verdad es que era una pareja bastante rara: nunca dormían juntas. Se daban un beso de buenas noches en los umbrales de sus cuartos y cada una a dormir a su cama. Pero pese a esto, la verdad es que estaban muy a gusto y les gustaba mucho el piso pero… sin mí en él. Así que comenzaron una campaña de acoso y derribo contra la Arrierita que consistía en impedir el paso al salón cuando estaban ellas, encerrar a mi perro en mi cuarto y hacerme el constante vacío. Ante esto, no tuve más remedio que pedirles amablemente que se marcharan. Afortunadamente, tuve la brillante idea de decirle a JM que estuviera conmigo en ese momento. Y digo afortunadamente porque tras comunicarles mi decisión La Militar se levantó con el puño en alto decidida a romperme la crisma. JM nos separó en pleno forcejeo. Evidentemente, las denuncié. Ellas llamaron al casero para decirles que querían alquilar el piso ellas dos. El casero se rió de ellas y, tras hablar conmigo, se presentó en el piso para decirles que tenían un mes para largarse.
Por suerte, se fueron enseguida y poco me importó pagar el mes yo solita si eso significaba que las había perdido de vista. Pero era pleno mes de diciembre y me resultó casi imposible encontrar a alguien. Mi madre y su marido vinieron a pasar las navidades conmigo y tuvieron la genial idea de poner una cerradura en la puerta de mi cuarto. Me acababan de regalar una televisión y dijeron que, tal y como estaban las cosas, mejor que tuvieran mis pertenencias o, al menos, las más valiosas, bajo llave.
A primeros de año, con mis padres aún aquí, entró La Vieja Maricona con su pulgosa perrita. Que consté que no tengo nada en contra de los gays mayores ni, mucho menos, de los perros pero es que este elemento era para echarle de comer aparte. Era chulo y misógino pero fue el único en responder al anuncio y mi economía ya no estaba para más excesos. Tras la marcha de mis padres, cuando no hacía ni diez días que había entrado, me dijo que se iba porque yo era una insociable que no sacaba la televisión al salón para que él la viera. Entretanto entró El Calvo, típico gay con estética skin y pasión por las zapas y los chandals Adidas. Al principio parecía majo y me llevé muy bien con él. Y juntos hicimos piña frente a La Vieja Maricona que, a finales de mes, anunció, para alegría nuestra, que se largaba. Y se fue. Sin decir nada. Nos dejó una habitación que no había limpiado en un mes llena de periódicos manchados de orina de su perra porque nunca la bajaba. Pero El Calvo descubrió que le faltaba dinero, así que le denunciamos. Y cambiamos la cerradura. Y luego, encima, La Vieja Maricona me denunció a mí (seis meses después fuimos a juicio. La chica que me cogió el DNI me resultaba conocida del Escape y el juez tenía toda la pinta de entender y no podía evitar la risa mientras La Vieja Maricona enumeraba mis supuestos delitos. Un día divertido, sin duda).
Casi un mes después entró El Galleguiño, con quién congenié al cabo de dos días como no lo había hecho con ningún compañero. El Calvo, celoso, se hizo también amiguito suyo. Y comenzó a demostrar su lado oscuro. Pretendía que convirtiéramos el salón en una habitación más y llegó a poner a El Galleguiño en contra mía. Pero, por suerte, éste abrió los ojos y se dio cuenta del tejemaneje. Me contó que El Calvo, después de poner la denuncia a La Vieja Maricona, descubrió que el dinero no estaba donde él creía. O sea que no se lo habían robado. Pero a mí no me dijo nada. Así que El Galleguiño y yo hicimos piña y, ya casi en verano, tras unos meses en los que El Calvo era un ente casi autista que sólo daba señales de vida para pagar (y menos mal), nos anunció que se iba a vivir con un tío al que había conocido. El Galleguiño y yo dimos saltos de alegría y bailamos la sardana en el salón al conocer la noticia. Y decidimos que no meteríamos a nadie más en el piso. Preferíamos pagar un poco más a seguir teniendo problemas.
Durante unos meses vivimos tranquilos hasta que El Galleguiño me anunció… Sí, justo, que se iba a vivir con su novio… Joer, con qué facilidad encuentra la peña gente con la que vivir… Nota friki: A El Galleguiño, con su consentimiento, le convertí en un personaje de una de mis novelas. Si alguien adivina cuál, le regalo un ejemplar firmado…
De nuevo me vi un mes de diciembre pagando yo solita el alquiler. Mediado el mes entró El Alcohólico Glotón. Al entrar me dijo que él tenía un problema, que era comedor compulsivo, un desorden alimenticio que, como tantos otros, siempre viene acompañado de problemas emocionales y psicológicos así como de otras adicciones. Pero lo del alcoholismo se cuidó muy mucho de mencionármelo. Poco después entró La Camarera Chuleta. Al principio, la convivencia pareció normal. Pero pronto quedó claro que la una no aguantaba al otro. Aparte de que a mí ya me empezaba a tocar las narices encontrarme a un tío de de ciento treinta kilos apestando a alcohol a diez metros tirado en el sofá cada vez que llegaba a casa. Las tiranteces entre ellos dos se acentuaron hasta que La Camarera Chuleta, a primeros de mayo, habiéndome dado largas con el alquiler, se marchó con nocturnidad y alevosía.
Los dos meses siguientes solo estuvimos en el piso El Alcohólico Glotón y la Arrierita, para desesperación mía y de mi cuenta corriente. En julio, entró de nuevo Lop, y a finales de agosto, harta de broncas con los vecinos por los escándalos que montaba El Alcohólico Glotón y de que se alimentara casi exclusivamente de mi comida cada vez que le daba un ataque de ansiedad, le di un ultimátum: O te largas o te largas.
En su lugar entró La Chica de la Tele. Una encantadora maña que trabajaba en turnos rotativos, que limpiaba, pagaba puntualmente y que, además, tenía una conversación interesante (era hetero pero tenía muchas amigas bollos a las que también conocí). Lo único malo de esta época es que Lop andaba muy pero que muy corto de pasta y me pagaba el alquiler a plazos. Evidentemente, Lop ya no era sólo un compañero de piso sino que también era mi amigo y fue por eso por lo que le permití cosas que no le hubiera permitido a nadie más. Pero a finales de año, viendo que su situación económica no mejoraba, se fue de okupa a casa de un amigo suyo con más posibles que yo.
A primeros de enero entró El Hacker. Bueno, lo de entrar es un decir ya que pagó alquiler y fianza y sólo dejó una maleta y un portátil en la habitación. A finales de enero, La Chica de la Tele también se fue. En febrero, El Hacker me dejó dinero para alquiler y gastos pero seguía sin instalarse. A mediados de febrero entró El Deprimido, una chaval de Barna que se había venido a Madrid a conocer a su amor de Internet y que todo lo veía negro. A la vez, El Hacker se instalo por fin. De buen rollo, se trajo tres portátiles y consiguió captar señales WIFI para conectarnos a la red por la patilla. A mí me coincidió con la convalecencia de mi operación y, en consecuencia, pasábamos todo el día juntos. Un hijoputa entrañable, luego sabréis por qué. Al cabo de mes y medio, El Deprimido se volvió para Barna. En su lugar entró El Topógrafo. Buen rollo con él.
Pero la bonanza es moneda rara en este, mi hogar. El cinco de mayo del año pasado, en plena escritura de mi segunda novela (y también en plena euforia creativa, esas que hacen que te pases medio día escribiendo y el otro medio deseando llegar a casa para escribir), llego una tarde de trabajar y me encuentro con que El Hacker se ha largado. Por supuesto, dejándome colgada con el alquiler. Y que, de paso, ha hecho un poco de limpieza en la casa. Más concretamente en mi cuarto. Y, para concretar más aún, mi ordenador al completo, home cinema incluído, la pantalla TFT de El Topógrafo y una cámara digital (pero no su ordenador, cosa que nos extrañó a ambos). Eso sí, tuvo la delicadeza de hacerme un backup de mis documentos, por lo que mi novela no sufrió (y la acabé en dos semanas en casa de JM, debe ser que trabajo mejor bajo presión). Que majo, ¿verdad?
Y yo, pese a tener cerradura en mi cuarto, hacía mucho que había dejado de echarla. Confiada que era una. Obvia decir que, a partir de entonces, echo la llave hasta cuando voy al baño.
Tras el palo, entró Er de Huerva, de quién ya hablé cuando comencé este blog. Poco tiempo después, El Topógrafo se fue… ¡Sí! A vivir con su novia. En su lugar entró El Chico de la Tele, de quién, aunque parezca raro, no tengo nada malo que decir. Fue el perfecto compañero de piso: pagaba puntualmente, no ensuciaba y, cuando nos sentábamos a ver la tele, compartíamos nuestro alto grado de frikismo televisivo con nuestras series favoritas.
Er de Huerva también se fue. En su lugar entró El Comercial de quien, en principio, no tenía nada malo que decir. Pero El Chico de la Tele también se fue, por motivos de trabajo. Y en su lugar entró El Segurata que, además, venía con novia okupa en el pack. Para entonces El Comercial me empezó a cargar por su exacerbada adicción a la cocaína y mis crecientes sospechas de que aparte de consumirla también se dedicaba al trapicheo. Y, justo el día que me había armado de valor para decirle que se fuera buscando otro sitio, él me dijo que le ascendían en su curro y le mandaban fuera de Madrid. En su lugar entró La Punkarrilla. Finalmente he averiguado que no entiende. Pero ya he conocido a más de una punkarrilla que, si escarbas un poco, acaba admitiendo alguna experiencia lésbica… Que insisto en que mi radar no falla, que sí…
Hoy se ha ido El Segurata, sin avisar, de improviso, por motivos de trabajo, como los últimos cinco habitantes de este, mi hogar. La Punkarrilla y yo llevamos toda la tarde haciendo casting de frikis (porque lo de la gente que viene a ver el piso merecería otro post) y charlando bastante. La verdad es que estás cosas unen. Me parece una tía maja y que va de frente. Y me ha asegurado que hasta julio estará aquí. Y que si la renuevan seguirá conmigo una larga temporada…
La pregunta ahora es: ¿Quién será el/la siguiente?
Tiemblo sólo de pensarlo…
…de fondo Love on the run de Chicane
Comentario:
jajajja es igualito que un guion de psicosis 4!!! mujer deja las novelas y pasate al genero gore que tienes futuro!!!
Comentario:
osse que mi hermana está buscando piso... Te aseguro que no roba, no es alcohólica, ni consumidora compulsiva de cocaína, etc... Sólo fuma porros (bastantes) y es un encanto, qué voy a decir yo!! Así que si vives por el centro y necesitas compi... Me cuen...
Comentario:
Joder, qué miedo da compartir piso...
Comentario:
Joer nena! Vaya follón! Y... sigues confiando en los nuevos inquilinos?? Yo no podría, jeje.
Besitos y... SUERTE!
Besitos y... SUERTE!
Comentario:
Falcon Crest es una EME al lado de tu vida en el piso...y Ángela Chanin un angelito al lado de cualquiera de los frikis que has descrito! Valiente eres no?
Comentario:
Vaya tela! Si en el fondo compartes piso para sacar nuevas tramas para tus novelas... Jajaja, lo que has vivido! Estoy cansada sólo de pensarlo.
Besillos y suerte con el casting.
Besillos y suerte con el casting.
Comentario:
por cierto, mi compañera de piso se acaba de dejar la plancha encendida con alegría....menos mal q estoy en el paro y en casa, q sino siniestro total....
kss2
kss2
Comentario:
nena, esto parece un culebrón de la 1 para después de comer....
no te has planteado (se q lo q voy a decir es un bluf, pero yo lo pensaría) comprarte un estudio y pagarlo con tu sueldo y tus libros? (tb se q escribir no da de comer al bolsillo, aunque si al alma...:-)
es q con este movimiento yo no se si podría tirar palante...
yo tb tuve un esquizofrénico, q se inventaba q le miraba mal, una envidiosa y ahora tengo otra q trae tb al novio en el pack y los oigo a todas horas como follan y como se besan con chasquidos....
en fin, pisos compartidos...suerte en la búsqueda...
kss
no te has planteado (se q lo q voy a decir es un bluf, pero yo lo pensaría) comprarte un estudio y pagarlo con tu sueldo y tus libros? (tb se q escribir no da de comer al bolsillo, aunque si al alma...:-)
es q con este movimiento yo no se si podría tirar palante...
yo tb tuve un esquizofrénico, q se inventaba q le miraba mal, una envidiosa y ahora tengo otra q trae tb al novio en el pack y los oigo a todas horas como follan y como se besan con chasquidos....
en fin, pisos compartidos...suerte en la búsqueda...
kss