Crónica bollo desde el Imperio del Mal
Revolution is not a one time event (Audre Lorde)
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Sindicación
 
Audre Lorde
El Ave Turuta se complace en presentar una nueva faceta de esta bitácora recién iniciada: el personaje de la semana. A partir de hoy, y cada viernes, El Ave elegirá un personaje relevante de la comunidad queer estadounidense. Quienes conocen a El Ave saben que esta primera entrada ya estaba reservada de hace mucho tiempo para una mujer admirada por las dos habitantes de este nido. No es un personaje televisivo, ni siquiera "famosa" en el sentido amplio del término. Pero, por lo que representa y por sus contribuciones a la lucha de las mujeres lesbianas en este país, El Ave cree que este lugar de honor debe ir destinado a Audre Lorde (1934-1992): poetisa, negra, guerrera, hija de inmigrantes, rebelde, neoyorkina, madre, víctima del cáncer, y lesbiana.

El Ave oyó hablar por primera vez de Audre Lorde hace algunos años. Leídas con avidez sus obras por recomendación de su sabia tórtola, la lectura de sus poemas y artículos constitutyó una auténtica epifanía para un Ave que por aquel entonces todavía se andaba por las ramas del secretismo en su trabajo y con su propia familia. "Tu silencio no te protegerá." Esa frase ("Your silence will not protect you"), convertida ya en iconográfica del movimiento LGBT anglófono, resuena todavía en los oídos del Ave como si fuera la primera vez. La principal lección que Lorde enseñó en sus poemarios y artículos breves, lección que todavía sigue sin resonar en ciertos ámbitos, es muy simple: el silencio es nuestro peor enemigo. Lorde, que vivió su juventud como lesbiana en una década (los cincuenta) marcada por la segregación racial y la persecución gubernamental contra l@s homosexuales en escuelas, instituciones gubernamentales, y lugares de ambiente, vivó siempre como lesbiana orgullosa y nunca claudicó a las presiones que la rodeaban.

En "La transformación del silencio," Lorde escribía: "... y esa visibilidad que nos hace vulnerables, es también lo que nos hace fuertes." La visibilidad es, efectivamente, un arma de doble filo: porque cuanto más visibles somos, más vulnerables somos a los ataques de quienes se esfuerzan en pretender que no existimos. Son much@s l@s que, si pudieran, nos devolverían alegremente al baúl de la abuela: no porque les demos asco (que a veces se lo damos), sino porque en el fondo nuestra presencia - entiéndase visibilidad - queer es una presencia incómoda, o como se dice por estos lares, "unsettling." La visibilidad queer pone de los nervios a la buena sociedad, pero no pensemos que nuestra presencia incomoda solamente a los homófobos declarados. No. Nuestra presencia incomoda sobremanera a quienes, creyéndose libres de todo tipo de prejuicios, afirman con total desparpajo que ell@s son "tolerantes," que "cada un@ puede hacer lo que le de la gana en su casa," o (esta es la favorita de El Ave), que ellos "tienen amigos homosexuales que son muy majos y con los que se lo pasan muy bien de marcha." El Ave imagina que además de amig@s homosexuales, también tendrán un amigo judío, uno negro, un marroquí, y quién sabe, a lo mejor hasta amig@s sord@s o en silla de ruedas. El Ave ha podido comprobar muy de cerca cómo es@s supuest@s "progres" de salón, izquierdistas de boquilla, marxistas ortodoxos, y "militantes" en causas merecedoras de altavoz y pancarta, se asustan y amedrentan cada vez que la temática LGBT se pone sobre la mesa: "es una cuestión minoritaria, hay cosas más importantes que resolver;" "no sé para qué queréis casaros," dicen, mientras ell@s siguen disfrutando de todos los privilegios de su heterosexualidad legalmente sancionada, reconocida y premiada por el sistema; etc. etc.

La lucha contra la invisibilidad es el principal arma de la comunidad LGBT no sólo para que nuestros derechos como ciudadan@s de primera sean finalmente reconocidos, sino para que, más allá de la "tolerancia," quienes de autoproclaman "progresistas" sepan que la tolerancia no nos basta: más allá de la tolerancia, están la aceptación plena y la inclusión. Mientras nuestras figuras públicas (actrices, cantantes, presentadoras de telediarios, etc. etc.) sigan dentro del armario por conveniencia profesional o por miedo, significará que habremos llegado a la igualdad legal, pero no a la plena inclusión social. Mientras la visibilidad lésbica siga sirviendo de carnaza (en elecciones varias, o para aumentar el share de ciertos programas de televisión), pero no se corresponda con una visibilidad real en nuestras calles, no habremos ganado prácticamente nada. El Ave cree que la visibilidad no se gana con actos quijotescos, sino con los detalles más nimios imaginables: la foto de tu pareja en tu escritorio del trabajo, la charla frecuente con los compañeros sobre las rosas que le regalaste a tu mujer el fin de semana pasado o, para quien lo prefiera, el típico comentario de oficina sobre lo buena que está fulana o mengana en tal o cual película, o la chica con la que te enrollaste el fin de semana pasado. Porque ell@s, tanto carcas como progres, no se callan, y nos cuentan por activa y por pasiva sus rollos, las enfermedades de sus hijos, los problemas con la guardería, sus vacaciones en el mar, y su inaguantable uniformidad heterocéntrica que, muchas gracias, no es de mi interés.

El Ave se despide hoy, naturalmente, recomendando la lectura de la única obra de Audre Lorde publicada en castellano, La hermana / la extranjera, Ed. Horas y Horas (2002). ISBN: 84-87715-93-1
 
Comentario:
Pero que ave mas pava! Te vi a dar un chepazo que se te va a caer las teclas, juas
Besos
 
Comentario:
Como no, he pasado a leer las nuevas que nos traes. Ave, te invito a que visites mi blog, no sé si será o no de tu agrado pero la invitación queda hecha. Un saludo y hasta el lunes. Besos desde Galiza
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