Inacabado #1
Jonathan es guapo. Muy guapo. Tiene la mirada más clara que hayas podido ver nunca. Sus ojos lo dicen todo y según cómo te mire sabes si está triste, enfadado o contento. La mayoría de veces, hay que decirlo, está muy contento. Será por eso que es tan fácil percibir un ligero cambio en su ánimo.
Su madre, por eso, nota que hoy está aún más alegre. Sus pupilas irradian un brillo especial y sus perfectos dientes blancos inu
Su madre, por eso, nota que hoy está aún más alegre. Sus pupilas irradian un brillo especial y sus perfectos dientes blancos inu
¿Y si estuviera muerto?
¿Qué pasaría? Si ya la hubiera palmado, no escribiría en el blog. Vamos, como ahora. Que ni escribo, ni comento, ni casi leo.
Pero pongamos que no es porque esté ocupado, ni porque cada día salga, ni porque no paro por casa el fin de semana ni porque dedico más tiempo en escribir en otros blogs o porque los posts que escribo para aquí no los llego a acabar nunca. Pongámonos en la situación”j'a está muerto”. Y no por una enfermedad que lo hiciera suponer así. Ni un cáncer, ni una leucemia ni nada de eso. Que si éste fuera el caso ya me encargaría de relatarlo pomernorizadamente para recibir algo de afecto virtual y exorcizar así mis demonios.
Pongamos, qué se yo, que salgo a pasear con mi bici y por ejemplo, respeto tanto la ordenza cívica de Bcn que por no pisar una acera de menos de 5 metros pedaleo por la carretera y un coche de chafa. Patapám y pa'l hoyo.
O que, no sé, me intoxico en un restaurante del grupo Andilana o me da por probar drogas y no calculo bien las pastillas de éxtasis que me tomo y va y estiro la pata.
Pues de golpe y porrazo dejaría de escribir en el blog. Y la gente se preguntaría por qué soy tan vago y no escribo. ¡Pero resultaría que no escribo porque no estoy vivo! Vosotros comentaríais que vaya tipo que estoy hecho…. y yo no podría leerlo ni indignarme, ni hacer nada, ni contestar… porque estaría muerto. Caput. Incinerado. Qué fuerte, oye.
Y yo me lo estoy planteando, pero en una blogosfera con millones de publicadores, ¿cuántos casos habrá así? De gente desconocida de la que lees sus paranoias y va un día no publica ningún post más. Ni hoy, ni mañana, ni pasado ni nunca más. Porque se ha ido. Se ha muerto. Y tú (yo) (todos) sin saberlo. Repito: qué fuerte.
Pero pongamos que no es porque esté ocupado, ni porque cada día salga, ni porque no paro por casa el fin de semana ni porque dedico más tiempo en escribir en otros blogs o porque los posts que escribo para aquí no los llego a acabar nunca. Pongámonos en la situación”j'a está muerto”. Y no por una enfermedad que lo hiciera suponer así. Ni un cáncer, ni una leucemia ni nada de eso. Que si éste fuera el caso ya me encargaría de relatarlo pomernorizadamente para recibir algo de afecto virtual y exorcizar así mis demonios.
Pongamos, qué se yo, que salgo a pasear con mi bici y por ejemplo, respeto tanto la ordenza cívica de Bcn que por no pisar una acera de menos de 5 metros pedaleo por la carretera y un coche de chafa. Patapám y pa'l hoyo.
O que, no sé, me intoxico en un restaurante del grupo Andilana o me da por probar drogas y no calculo bien las pastillas de éxtasis que me tomo y va y estiro la pata.
Pues de golpe y porrazo dejaría de escribir en el blog. Y la gente se preguntaría por qué soy tan vago y no escribo. ¡Pero resultaría que no escribo porque no estoy vivo! Vosotros comentaríais que vaya tipo que estoy hecho…. y yo no podría leerlo ni indignarme, ni hacer nada, ni contestar… porque estaría muerto. Caput. Incinerado. Qué fuerte, oye.
Y yo me lo estoy planteando, pero en una blogosfera con millones de publicadores, ¿cuántos casos habrá así? De gente desconocida de la que lees sus paranoias y va un día no publica ningún post más. Ni hoy, ni mañana, ni pasado ni nunca más. Porque se ha ido. Se ha muerto. Y tú (yo) (todos) sin saberlo. Repito: qué fuerte.
Mario
Mario se levanta y Mario se acuesta. ¿Acaso hace algo más en la vida? Un espectador ajeno diría que no. Mario no tiene que trabajar para ganarse los cuartos. Se lo pagan todo sus papás.
Digamos que Mario es de casa buena. A sus padres les sobran los millones y, por ende, a él también. Cuando murieron sus abuelos descubrió que le habían dejado a él la mayor parte de la herencia. Debían pensar que sus padres ya tenían demasiado. El ladrillo siempre ha dado pingües beneficios, de sobras lo sabemos los que tenemos que sudar sangre y lágrimas para pagar la hipoteca.
Pero no, Mario nunca tendrá ni siquiera que sudar. Porque su Visa se lo resolverá todo. La casa, la ropa, la comida, los complementos, las vacaciones, el coche, la gasolina, los peajes, las discotecas, las entradas, los discos, los cines, los deuvedés, los aviones, las operaciones, la limpieza, la peluquería, los chicos.
Mario es demasiado vago para ligar. Me pregunto si alguna vez lo ha intentado, pero dudo que lo consiguiera. Mario sólo tiene tres amigos y los tres son tan repelentes como él. Por supuesto no saben que es gay. Y desde que Mario lo descubrió decidió tirar de tarjeta.
Mario tampoco es que se lo pensara demasiado. Dudo que sepa qué significa reflexionar. Por eso, cuando vio que lo que le ponía palote era una buena polla, buscó en Google y a la hora se la estaba mamando a un buen maromo. Y así siempre que tiene ganas.
Mario nunca tendrá novio. Mario morirá joven. No por drogas, ni por accidente, ni por cáncer ni por otra enfermedad somática. La vida decidirá que personas como él no merecen pasar más tiempo entre nosotros y se lo llevará de una forma rápida e indolora. Un día, el chico se levantará triste. No tendrá ganas de salir a la terraza, ni darse un chapuzón, ni tan siquiera llamar a Clemente. Bajará al sótano, rebuscará en el armario de caza de papá y se disparará un tiro. La herencia será para sus padres.
Digamos que Mario es de casa buena. A sus padres les sobran los millones y, por ende, a él también. Cuando murieron sus abuelos descubrió que le habían dejado a él la mayor parte de la herencia. Debían pensar que sus padres ya tenían demasiado. El ladrillo siempre ha dado pingües beneficios, de sobras lo sabemos los que tenemos que sudar sangre y lágrimas para pagar la hipoteca.
Pero no, Mario nunca tendrá ni siquiera que sudar. Porque su Visa se lo resolverá todo. La casa, la ropa, la comida, los complementos, las vacaciones, el coche, la gasolina, los peajes, las discotecas, las entradas, los discos, los cines, los deuvedés, los aviones, las operaciones, la limpieza, la peluquería, los chicos.
Mario es demasiado vago para ligar. Me pregunto si alguna vez lo ha intentado, pero dudo que lo consiguiera. Mario sólo tiene tres amigos y los tres son tan repelentes como él. Por supuesto no saben que es gay. Y desde que Mario lo descubrió decidió tirar de tarjeta.
Mario tampoco es que se lo pensara demasiado. Dudo que sepa qué significa reflexionar. Por eso, cuando vio que lo que le ponía palote era una buena polla, buscó en Google y a la hora se la estaba mamando a un buen maromo. Y así siempre que tiene ganas.
Mario nunca tendrá novio. Mario morirá joven. No por drogas, ni por accidente, ni por cáncer ni por otra enfermedad somática. La vida decidirá que personas como él no merecen pasar más tiempo entre nosotros y se lo llevará de una forma rápida e indolora. Un día, el chico se levantará triste. No tendrá ganas de salir a la terraza, ni darse un chapuzón, ni tan siquiera llamar a Clemente. Bajará al sótano, rebuscará en el armario de caza de papá y se disparará un tiro. La herencia será para sus padres.
Dilemas
Dilema 1
He vuelto. Le dije que estaría aquí en septiembre. Le envío un mensaje pero no me llega la confirmación. Le llamo. “Con el servicio Avísame de Movistar le avisaremos en cuanto este teléfono vuelva a estar disponible”. Al cabo de unas horas recibo un SMS diciendo que nanai. Vale, está ilocalizable. Le podría enviar un e-mail. O visitar su perfil. O incluso ir a su casa. Me decido por el perfil. Ha cambiado sus fotos. O sea que él también ha vuelto. Y no pienso hacer nada. No soy yo al que no le funciona el teléfono.
Dilema 2
He vuelto. Fue Él quien hace unos meses me avisó que marchaba por un tiempo. Supongo que ya habrá vuelto. No, no lo supongo, lo sé. Y a pesar de jurar y perjurar que es agua pasada, me apetece verle y le escribo diciéndolo de quedar cuando le vaya bien. Será que nunca le va bien, porque ha sido incapaz de contestar.
Dilema 3
Tienes un mensaje: quiero conocerte. Respuesta: cuando vuelva de vacaciones.
He vuelto. ¿Estás allí? Sí, si que está. Pero parece que ya no se acuerda de nada de lo que dijo. Parole, parole, parole.
Dilema 4
He vuelto. Tú también me dijiste de quedar cuando volviera. ¿La propuesta sigue en pie? Pues sí. Ahora sólo hay que encontrar un hueco en las respectivas agendas.
He vuelto. Le dije que estaría aquí en septiembre. Le envío un mensaje pero no me llega la confirmación. Le llamo. “Con el servicio Avísame de Movistar le avisaremos en cuanto este teléfono vuelva a estar disponible”. Al cabo de unas horas recibo un SMS diciendo que nanai. Vale, está ilocalizable. Le podría enviar un e-mail. O visitar su perfil. O incluso ir a su casa. Me decido por el perfil. Ha cambiado sus fotos. O sea que él también ha vuelto. Y no pienso hacer nada. No soy yo al que no le funciona el teléfono.
Dilema 2
He vuelto. Fue Él quien hace unos meses me avisó que marchaba por un tiempo. Supongo que ya habrá vuelto. No, no lo supongo, lo sé. Y a pesar de jurar y perjurar que es agua pasada, me apetece verle y le escribo diciéndolo de quedar cuando le vaya bien. Será que nunca le va bien, porque ha sido incapaz de contestar.
Dilema 3
Tienes un mensaje: quiero conocerte. Respuesta: cuando vuelva de vacaciones.
He vuelto. ¿Estás allí? Sí, si que está. Pero parece que ya no se acuerda de nada de lo que dijo. Parole, parole, parole.
Dilema 4
He vuelto. Tú también me dijiste de quedar cuando volviera. ¿La propuesta sigue en pie? Pues sí. Ahora sólo hay que encontrar un hueco en las respectivas agendas.
Etiquetas: vuelto