tras la cortina de humo
se puede describir una ilusión, un miedo, un sentimiento? podrías describir un sueño?
Acerca de
¿A alguien le importa quien sea?Lo que importa son los sentimientos, las ilusiones, los miedos y los sueños. Por ellos me conocereis.A mi. Al alquimista
Sindicación
 
... y me he levantado esta mañana...
Y me he levantado esta mañana. No había más remedio.
Y he desayunado, frugal, me he afeitado, y me he duchado, como todos los días. A partir de la ducha, he empezado a abrir los ojos con un poco de soltura. Tampoco demasiada, no creáis.
Eso sí, mis neuronas chirriaban. Era un ruido ensordecedor. Intentaban ponerse en marcha, pero no había forma. He pensado quedarme en casa, para engrasarlas un poco con 10 ó 12 horas de sueño extra. Pero entre chirrido y chirrido, una ha conseguido mandarme un mensaje: Alqui, ¡hay que currar! que tienes contento a tu jefe últimamente.
Y he salido de casa.
Tenía dos opciones: coger el coche o no. Y he sido valiente, y no lo he cogido. Más que nada por si al aparcar a 3 km. de mi oficina, me dormía mientras pensaba con que pie salía del coche. Pensaréis... ¡Pero que bobada! ¡Está claro, con el izquierdo! Es cierto, si es fácil, pero mis neuronas, hoy, no se hubieran puesto de acuerdo. Y mientras discutían, pues, hubiera pasado, lo que hubiera tenido que pasar. Y tampoco es cuestión que, un policía tocara en mi cristal, preguntándome por las neuronas que campaban sin ningún miramiento por el prójimo, alrededor del coche. Más que nada, por las discusiones que tienen... hoy trabajas tú, no que lo haces tú, que lo haga la d-53647848, no te toca a ti...
Y como decía antes de perderme en esta discusión posible de mis neuronas, mientras yo echaba un sueñecito en mi coche, ha salido de casa con decisión, para afrontar parte del camino al trabajo andando.
Y empiezo el camino. Primero pensando el orden de mover las piernas. No acababa de coordinarlas bien. Parecía como esos actores que, en una obra de teatro, imitan el paso de los caballos, sobre un palo de escoba. Eso del palo de escoba a modo de caballo... me trae algún pensamiento pecaminoso, pero lo dejaremos para un post erótico que llevo para escribirlo desde que abrí este maravilloso blog.
Decía hace unos minutos, uno más o menos, que empecé a caminar. Las neuronas seguían rugiendo, pero un poco menos. Yo contento. Empezaban a engrasarse. Yo pensando que, este proceso febril de abrir los ojos, e ir empezando a tomar conciencia de la dura jornada de trabajo que me tocaría, pensando que, ya estaba todo hecho.
Y para ejercitar esas neuronas perezosas, he ido pensando un poco en la gente que me encontraba.
Dos mujeres.
Ya de una edad.
Andando a un paso que parecía vivo para ellas. Estaban hablando de regalos que iban a comprar a sus allegados. Que si eso no, porque luego fulanita se mosqueaba porque lo que había comprado a Menganito era mejor, que si... y la verdad es que resollaban. Se les notaba en el hablar que, sus pulmones no daban para las dos actividades. Yo pensando, pobrecitas, mira que no pueden. Si es que los años no pasan en balde. Además, no llevaban la ropa mejor para andar. Ni chándal de Carrefour, ni nada de eso. Unas pequeñas bandoleras cruzadas de derecha a izquierda. Pues si van a andar, que paso más lento llevan.
En esto que, me he ido a fijar en un detalle de las bandoleras. Y me he fijado que ya me sacaban unos cuantos metros. Y me he dado cuenta que, sin hablar, más que conmigo mismo, y eso no vale, no podía seguir su ritmo. Y que tenía unos cientos años menos. Y que...
Pero me he animado enseguida. No he querido dar muchas vueltas a ese bofetón que la vida me ha dado. Ni siquiera he pensado un momento en eso de la paja en ojo ajeno (aunque mejor una paja... pero ese es otro tema) que el tronco en el propio. Ni en mis indudables limitaciones en esta mañana de Agosto. De un Agosto sin vacaciones.
He respirado hondo. He mirado al frente, ya que las señoras había torcido por una calle a la derecha, o a la izquierda. Y he continuado adelante.
Y me he chocado con mi vendedor de la Once de cabecera. He vuelto a comprobar que, los 7, no existen. Y que me ha vendido para todos los sorteos hasta el año que viene, el 2010. Con un poco de suerte, sacaré un reintegro. Pero eso sí, he hecho feliz al vendedor. Todo por hacer feliz a la gente. Porque encima he hecho cola, y la gente se aproximaba porque pensaba que el hombre éste, por la gente que esperaba a comprar, era el que llevaba el Gordo. O el supercupón. O el Cuponazo. O lo que fuera. Ahí le dejé, vendiendo a todo vender. Le he hecho feliz. ¡qué bonito es hacer feliz a la gente! En este caso, un poco caro también. Pero todo por hacer feliz a la gente. (eso creo que ya lo he dicho 4 veces en este párrafo; para autoconvencerme; pero he fracasado)
Y sigo mi camino. Y me encuentro a uno que vende cosas. Hacía tiempo que no le veía. Y se ha parado amable para preguntarme por mi jefe, por la novia de mi jefe, por sus hijos putativos, y por el desarrollo de la berza en el verano de Almería. Y yo detrás de él, veía el autobús. Sí, porque había decidido un poco antes coger un ratito el autobús. Una miradita al susodicho. Una miradita al autobús. Una, y una. Una y una. ¡Huy, que me voy, el autobús! Pero es que...
Y toca correr.
Y si andar era difícil, correr, no te quiero ni contar. De hecho no te lo voy a contar. He reconocido a un joven que suele coger el mismo bus. Joven, joven. Y corríamos a la par. Yo contento. Ahora conseguía correr a la misma velocidad que uno más joven. Mi autoestima por los cielos. Estaba un poco gordito, pero eso daba igual. Un detalle sin importancia. Le eh dejado ganar, para darle ánimos. Le veía que me miraba, como pensando ¡que este me va a ganar! Y hay que hacer feliz a la gente. Además, mientras el llega, a mi me da 3 segundos más para llegar. Pero hay que hacer feliz a la gente.
Y llegué. Y me senté.
Este chico, ha bajado un par de paradas antes. Le he mirado por la ventana. Y me he dado cuenta que, cojeaba. A parte de que llevaba una mochila que, cuando menos, tenía una enciclopedia dentro. Vale. He reconocido mi derrota. Me he cambiado de asiento, me he puesto mirando hacia atrás, y me he echado a llorar.
Pero le he hecho feliz, y eso es lo importante.
Llevo 4 horas repitiéndomelo.
¡Le he hecho feliz!
Y llevo cuatro horas arrastrándome por la oficina.
Pero, ¡Hoy he hecho feliz a 2 personas! Sin contar a las señoras de respirar entrecortado.
Me voy al baño, a seguir llorando un poco.

Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.

 
... y canalla vió, leyó, y... (la historia continúa)
Y dejó su aportación a la historia en un comentario. Un comentario que decía:
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No lo hizo

- Elena-murmuro mirando la pantalla parpadear- paso, luego la llamaré

Y sin darse cuenta la mentira había comenzado a anidar en lo que antes había sido un nido de dos. Ahora ya cabía culkier cosa, ahora todo staba permitido.

Mario….Mario. Le parecia increíble lo que estaba haciendo, pero no podía dejar de hacerlo. LA emoción de lo prohibido. Mario era más joven que Arnau y que él. Apenas 19 añitos, un chico que a todas luces no le convenía. Un chico con el que nunca hubiese salido, y si lo hubiese hecho no abría parado de pasarlo mal. Arnau le prometia un futuro, una familia, una vida. Mario le regalaba momentos inimaginables para su a veces estrecha mente. Le permitia ser otro, le permitia perderse.

Para volver a encontrarse con Arnau en la cama. Y volver a preguntarse qué coño estaba haciendo con su vida. Sabía que Iñaki tenía culpa de lo que pasaba, pero empezaba a intuir que se estaba convirtiendo en una foto en blanco y negro. Sin matices. 2 colores. 2 hombres. Y el resto parecía no tener cabida en aquél mundo.

Arnau comenzó a hablar, era su táctica habitual. Naufragar en la verborrea hasta consguir arrancar una sonrisa de aquella boka que un dia le había parecido de fresa. Cuando por fin Iñaki empezaba a reir, Arnau respiraba aliviado, y el aire volvía a penetrar en el ahogado motor que movía los hilos de su relación. Un respiro. Pero un respiro antes de qué?

Iñaki rió, de verdad fue una risa sincera. Pero no pensaba en lo que le decía Arnau. Recordó la primera noche que pasó con Mario. Iñaki estaba en Bruselas inagurando una nueva galería de arte de la Fundación para la que trabajaba. Se había metid en el Chat dejandose llevar. BAsicamente quería hablar con un desconocido. No quería contar a sus amigos, para mas inri comunes a Arnau, sus problemas de pareja. No quería empezar una corriente de especulaciones.

Mario estaba allí. Fue pura casualidad. No solía perdonar un viernes sin salir, pero se había pasado toda la tarde fumando en el césped de la uni y todavía iba muy fumado. Iñaki le trato con una cierta prepotencia al principio, no sabía por qué lo hizo, demasiado joven, demasiado distinto, demasiado auténtiko quizá para él.

Esa noche durmieron juntos. Se entregó a su brutal embestida y dejo que lo que una vez fue el oasis de su pareja reconvirtiera en un desbocado rio que le permitía desinhibirse y agarrar las tablas del cabecero. Bestial. Fue brutal, fue romántico y también fue obsceno y en cierto modo sucio. Pero fue el mejor polvo que le habían echado en lso últimos meses, quizá en toda su vida.

Se ducharon juntos y Mario se quedó sentado en el suelo al lado de la ventana fumando. Iñaki hizo como que dormía, como que sólo era un polvo. Pero no podía dejar de mirar como la luz d ela luna bañaba esa piel suave y áspera a la vez. Esa bestia embutida en el cuerpo de un niño. Esa mirada que pareciese que podía ver más allá que la de un director financiero. Y en ese momento supo que la estaba jodiendo.


Volvieron a entregarse bajo aquella luz. Mario sentado, e Iñaki sobre el. Agarrados como si el mundo se estuviese partiendo por su jodido núcleo. Sacudiendose toda la mierda que la vida les había arrojado.
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¿Cómo la seguirías tú?
¿Iñaki ha seguido viendo a Mario, después de su encuentro en Bruselas? ¿Arnau lo sabe? ¿Iñaki quiere romper con Arnau? ¿Se ha enamorado de Mario? ¿Arnau es fiel a la relación, o también tiene su Mario? ¿Le va a proponer Arnau matrimonio a Iñaki? Helena, ¿Tiene alguna relación con Iñaki? ¿O es su hermana? ¿O su novia del Instituto? ¿O la madre de sus hijos? ¿Iñaki y Arnau tendrán a pesar de todo una noche de pasión? ¿En que se basa su relación? ¿Cómo ve las cosas Arnau?

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Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.
 
... una historia que necesita continuación... ¿te animas?
Arnau llegó tarde. La cafetería estaba llena y no vio a Iñaki. Este se levantó y le saludó con la mano. Estaba enfadado. Y no se preocupaba demasiado el disimularlo.
Arnau se acercó casi corriendo hasta su mesa. Le fue a dar un beso, pero Iñaki retiró la cara. Y al tocarle el brazo notó un respingo de rechazo. Cada vez parecía que todo iba peor.
Se sentó. Empezó a hablar como un descosido. Le solía dar buen resultado otras veces. Últimamente con Iñaki había tenido que utilizar sus estrategias de placaje con demasiada frecuencia. Las cosas no iban bien entre ellos.
No sabía a ciencia cierta cuando empezó a ir mal. Iñaki empezó a cambiar. ¿Sería cuando se fueron a vivir juntos? Se hizo muy posesivo. Ya no valían los acuerdos tácitos que tenían. Esos acuerdos que dejaba un margen de libertad a ambos. Que no implicaba ir a todos lados juntos, ni hacer en cada minuto del día las mismas cosas con la misma gente.
Poco a poco todo lo que Arnau hacía, le sentaba mal. Tenía un trabajo con un horario muy flexible, que a veces se debía alargar. Reuniones imprevistas, visitas a horas tardías que se alargaba aún más… Y antes, Iñaki lo entendía, y si tenían que cancelar alguna cita o plan, no había problema. Eso iba con el paquete de Arnau. Como contrapartida, le gustaba las posibilidades de relación que le daba Arnau. Su trabajo estaba relacionado con el mundo del Arte, del Cine, de la Literatura. Y a Iñaki le encantaba que Arnau le paseara entre esa gente que de no ser por él, nunca habría tenido acceso.
Arnau era un triunfador. Era muy joven para la relevancia que tenía en esos ambientes y en su empresa. Tenía a penas 23 años. Y era un chico muy atractivo. Incluso guapo. Y tenía un estilo al vestir muy moderno e innovador. Era uno de los que se podía decir, que no seguía la moda, sino que la creaba él. Muchos le copiaban sus combinaciones, sus complementos, sus peinados.
Iñaki también era un triunfador. Tenía 27 años, pero aparentaba todavía menos que Arnau. Tenía un expediente académico muy difícil de superar. Un economista que se habían rifado los mejores bancos. Atractivo no le faltaba tampoco.
Hacía una buena pareja.
Sonó el teléfono de Iñaki.
Miró la pantalla… era Mario.
Dudó si contestar…

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¿Te apetece continuar a ti? ¿Te apetece decidir si contesta el teléfono? ¿Decidir si Mario es su hermano, o su amante? ¿O su jefe? ¿Te apetece decidir si Arnau le pone los cuernos cuando pone la disculpa del trabajo? ¿O es Iñaki a quien la relación le viene pequeña? ¿Te apetece que tengan sexo cuando acaben de tomar su consumición? ¿O que vaya a cenar y arreglen sus problemas?
O en cambio ¿te apetece decidir que Arnau siempre ha tenido varias relaciones a la vez? ¿O que Iñaki esté casado con una mujer y tenga un hijo de 2 años? ¿Y que Mario sea el abogado de su mujer que, le comunica que debe hacerse cargo de los niños… porque en realidad son tres y trillizos y se llaman Juan, Fernán, y Adrián?
¿Por dónde seguimos la historia?

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Déjate besar y abrazar, todo será más bonito.
 
... me senté en la silla, y no me caí...
Me he sentado en la silla. Es más cómodo que sentarse en el suelo. Y me he puesto en frente del ordenador. Es útil si se quiere utilizarlo. He abierto Word, lo que, me parece, significa que me voy a poner a escribir. Miento. Es evidente que ya estoy escribiendo.
Aunque algo no cuadra. Cuando se escribe, se supone que se quiere contar algo. Pero ahora mismo, no tengo nada que contar.
Podría imaginarme una historia. Una historia con unos personajes. Unos personajes que rían, que sufran, que amen. Podría hacer una pequeña historia para reír. O para llorar. Sentimientos. O sexo.
Sí, eso. Una de sexo. Seguro que eso gusta mucho al personal.
No. Mejor ambición. Un personaje egocéntrico. Un personaje que desde joven tenga una cierta inclinación a conseguir que todos los que están alrededor sólo le vean a él.
Ese tipo de personajes gusta. Y si le ponemos en un cuerpo bonito, con una cara bonita, con una posición económica cómoda, aburguesada, aficiones “very cool”, tendríamos a medio mundo aplaudiendo y mirando embobados. Ya sé, le ponemos además una cierta mirada de esas… como la de drácula, para que saque mejor la sangre a todos los que se crucen con él.
Y mejor todavía, juntemos en el mismo personaje, al ambicioso, y el sexo. Hemos hecho una combinación perfecta. Este chico, nuestro protagonista, es ambicioso, le gusta estar siempre por encima de los demás. Le gusta ser el protagonista. Si escribe le gusta ser el más leído. Si juega al tenis, le gusta mandar al contrario en bicicleta a casa. Si estudia, le gusta sacar matricula. Le gusta que le adulen. Le gusta tener muchos amigos, pero que no le digan que se equivoca. Amigos que le aplaudan, que se levanten para recibirle cuando entra en el bareto de la esquina. Y si folla, le gusta follar como el mejor. Tiene cuerpo para ello, y tiene cara para ello. Y tiene pollan para ello. Y culo también. Y eso sí, nadie, ni siquiera su sombra, es capaz de describirle con precisión. Nadie le conoce. Nadie. Ni él. De tanto fingir y mentir, ni él mismo sabe ya quien es. Ni mucho menos cómo es.
Tenemos que dar la replica a nuestro personaje principal.
Otro chico.
Mejor, varios chicos.
Varios chicos que sin saberlo en un principio compiten entre ellos. No se conocen siquiera. Saben apenas de su existencia. Pero tienen algo en común. Todos han quedado deslumbrados por el chico guapo y ambicioso. Todos han sentido un pequeño alfiler espoleando su corazón. Todos han pensado que, aún sabiendo y percibiendo que nuestro protagonista, en esta fase de su vida, hace girar todo alrededor de si mismo, creen ver debajo algo mucho mejor. Y todos creen, que serán ellos los que consigan traspasar la muralla… “abre la muralla… tum, tum…”
Es un argumento digno de una telenovela de las 4 de la tarde. Pasión, celos, lucha. Chicos guapos, porque eso sí, todos son guapos.
Y gana uno. El de la mirada triste. Se siente bien, aunque tuvo muchas dudas por el camino. Incluso casi se retiró de la carrera. Se siente enamorado. Siente que va a traspasar esa muralla… “ tum, tum, ¿quien es?… abre la muralla”. Porque de hecho, todavía no ha traspasado la muralla.
¡Qué bonita historia!
¡Real como la vida misma!
¡Real como cualquier telenovela brasileña!
Voy a preparar una Biblia, y la venderé a cualquier televisión. Y si es colombiana, mejor.



Ana Belén y Víctor Manuel - La Muralla

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Déjate besar y abrazar, todo será más bonito.
 
... un amigo, una conversación.
Hay que seguir.
Hay que cambiar de chip.
Hay que alegrarse y pensar en otras cosas. Hay que reír. Hay que charlar con amigos. Sí, porque con la familia siempre se acaba hablando de lo mismo.
Amigos.
El otro día tocó un café con un amigo.
Un café a distancia.
Yo sentado en mi butaca orejera.
Él, tirado en una hamaca en la playa. O en la piscina. O en el jardín.
Un teléfono en una mano. En la otra un café helado, él, un cortado, yo.
Yo nervioso, en ebullición. Como si me hubiera metido un chute de adrenalina.
Él tranquilo. Como se está en la playa, en la piscina o en el jardín.
Hablamos.
Saboreamos nuestros cafés en la distancia.
Hablamos.
Poco a poco el fuego se apagó dentro de mí. A pequeños tragos, la tranquilidad entró dentro de mí.
Hablamos.
Y al final reímos. Y fantaseamos.
Hablamos.
Incluso también, tuvimos ratos de tranquilidad. De silencio. Un silencio acompañado. Gratificante. Maravilloso.
Acabamos el café.
Un beso.
Dos.
Y colgamos.
Cerré los ojos y por enésima vez en los últimos tiempos, sentí que tenía un amigo. Sin calificativos. Amigo.
Y le quiero.
Sólo me falta sus entregados abrazos, y sus tímidos besos.
Encendí un cigarrillo. Y lo disfruté en la tranquilidad de mi biblioteca. Sentado en mi butaca orejera.

Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.

 
¡qué más da como lo titule!... al final habla de lo mismo.
Habrá que hablar de otras cosas.
La mente debe relajarse en algún momento.
Aunque cueste.
Aunque mientras paseo por cualquier calle, de camino al trabajo, o de vuelta a casa, mis pensamientos me lleven siempre, irrenunciablemente a sitios oscuros. Y no a cuartos precisamente.
Pero la mente me lleva al dolor. Me lleva a recordar los momentos de dolor del pasado, cuando mi madre murió, y piensa que el mismo final cercano le espera a mi padre. Se me pasa por la cabeza que, nunca ha sido fácil la relación con él. Y lo será más difícil seguro.
Pero también me lleva la cabeza a mi familia. A que trato tendremos cuando el muera. Siempre he pensado que, es lo único que nos une. Cuando él falte, el contacto se perderá. Y lo malo es que tampoco lo voy a echar de menos. Y esto me lleva a pensar que, si se suele decir que, la familia es lo que queda siempre... ¿A mí que me va a quedar?
Podría aparecer el chico de mi vida. Sería buen momento. Pero ayer, hablando con un amigo, me di cuenta, con los razonamientos que se aplicaba a él mismo, con lo que quería él mismo, que no lo voy a encontrar. No soy atractivo, no tengo nada especial, ni sé ni me apetece entrar en el juego de los perfiles... podría encontrar a alguien que no me llenara... ¿y me tendría que conformar? Sus razonamientos me indicaron lo que iban a pensar cualquiera de los que me podrían conquistar. Es curioso, pero hasta los que dicen no buscar un hombre guapo y escultural, sino que quieren algo más, en realidad lo que quieren es alguien guapo y escultural. En los cánones de cada uno, pero atractivo. No vale el irse conociendo. El cariño que crece. El amor que aparece. Las ganas de vivir juntos y compartir hasta la mierda. Podría ser que esto pudiera llegar... pero como lo negamos de antemano... es preferible a un mete y saca de cuatro meses con alguien estupendo de cuerpo, hasta que nos demos cuenta que, por mucho que queramos, su polla y su culo no nos alegra el alma, no nos hace sentir bien. acompañados. Mimados. Pero da igual. A ese lo sustituiremos por otro igual. Porque no estaremos receptivos a cualquier otra posibilidad. Me di cuenta que... es de noche. Sin luna ni estrellas. Y el amanecer murió antes de nacer.
O podría hacen algunos... conformarse con el primero que parezca interesado. Lanzarme a sus brazos... y así crear una familia. Pero eso es triste... más triste que estar solo.
Conquistar. Ganar. ¿todo se reduce a eso?
Hoy siento que he perdido. Siento que sigue siendo de noche. No veo clarear en el horizonte.
Hoy siento que, marcar cualquier número de teléfono me costaría la vida. Mandar un mail un trabajo inconmensurable.
Perder. Eso es lo que toca.
Y comprobar que, muy a mi pesar, me parezco en las cosas que detesto, a mis padres.
Y comprobar que, no tengo ganas de nada.
Y comprobar que, había que hablar de otras cosas, pero al final hablo de lo mismo. De noche y oscuridad.
Y comprobar que, soy deprimente.
Y comprobar que, esto es una mierda.

Hay que hablar de otras cosas.
Habrá que escribir algo alegre. Echar unas risas.
Pero creo que, eso deberé dejarlo para mañana. O pasado.

Y eso que no he hablado aquí, que ayer vi a mi amiga, la que también tiene cáncer. Y me hundí en la miseria.

Hoy ni me apetece abrazar ni besar. O puede que me apetezca, pero no lo haga, por si siento ese respingo de rechazo. Rechazo no consumado por la educación y buenas maneras.

Pero tú... sí tú... no me hagas mucho caso... y déjate besar y abrazar, que será todo mucho más bonito.


 
... y la incertidumbre se convirtió en...
Estoy nervioso.
Estoy histérico más bien.
Y no es por nada. Es la incertidumbre.
¿Hay algo peor que la incertidumbre? Sí, lo hay. Una mala certidumbre.
Y lo malo de todo...

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Lo malo de todo es que... la certidumbre se hizo... enfermedad. Se hizo posiblemente cáncer. Mi padre, parece que... tiene cáncer.
...
...
¿qué siento?

No lo sé. No sé que siento. No sé como me encuentro.
Sé que tengo que ser fuerte, que tengo que intentar infundir optimismo en mi padre, que es lo más negativo que hay sobre la faz de la tierra.

Y me cuesta. Porque no hace seis meses incineramos a mi madre. Es curioso como parece que a veces, la cabeza, hace su trabajo sin hacer ruido. Mi padre lo llevaba muy mal. Y no es que mientras vivió mi madre su relación fuera de cuento de hadas. Si le oyes a mi padre ahora... sí, lo fue. Pero es un cuento, una fábula que se ha hecho a medida en su cabeza.

Quizás este bulto en el pecho, sea otra fábula a medida. Quizás sus ganas de vivir no sean demasiadas. Me da igual que sea por amor, o que sea por egoísmo, porque necesitaba a mi madre para ir tirando. Pero tengo la impresión de que ese bulto es, un final buscado, de alguna y recóndita forma, para la fábula que se ha creado él en su cabeza.

El poder de la mente...

Y el caso es que nuestra relación nunca ha sido... especialmente fluida.
Pero ahora toca tirar de él...
¿Podré tirar?
Acababa de recobrar poco a poco un estado de ánimo más o menos pasable. Ha sido un espejismo.
¿Qué toca ahora?
Pues mal que me pese... toca sonreír. Toca ser positivo. Toca esperar. Toca... ¡Yo qué sé lo que toca!

Déjate besar y abrazar, que todo será mucho más bonito.
 
... ¿el amor es ciego?...
Fue como una bofetada.
Tardó varios minutos en asimilar las palabras de la enfermera.
Toda su felicidad, sus ganas de verle, sus ganas de abrazarle desaparecieron. ¡Aníbal es… negro!
Era mucho. Para una vez que le salían bien las cosas, y resulta que, la persona de la que se había enamorado en las últimas semanas, la única persona que se había preocupado por él en su vida… era negro. Y él, odiaba a los negros. Les pegaba. Les machacaba la cabeza. Uno de esos apestosos negros que tan mal olían, le violó cuando era más pequeño. Y resulta que, Aníbal, era negro. Menos mal que se había ido. Sino le hubiera roto su puta cara de negro hijo de puta.
Se levantó nervioso de la silla. Empezó a dar grandes zancadas por la habitación del hospital. De vez en cuando, se frotaba los ojos que el oftalmólogo le acababa de descubrir. Le había dicho que intentara no frotárselos… pero no lo podía evitar. Aceleró los paseos arriba y abajo de la habitación. Ya no pudo contenerse… y empezó a dar puñetazos en la cama. Y empezó a llorar.
Toda su vida había luchado contra él mismo. Se había negado que fuera homosexual. Lo había negado en sueños, lo había negado despierto, lo había negado con el pene en la boca de alguno de esos desgraciados… a los que luego linchaba. Porque eso en su mundo, en el mundo que le rodeaba, no era posible.
Pero llegó el puto accidente. Llegó el puto Aníbal. Y todo lo cambió. Era mejor que le hubiera dejado en el autobús y haber muerto allí.
El odiaba a los negros. Le repugnaban. No podía consentir enamorarse de un negro. Mal que hubiera aceptado que le gustaban los hombres… pero negros… ¡no! ¡nunca! Olían mal. No tenían ninguna consideración. Eran seres a los que había que machacar… como le decían sus amigos cuando iban de caza las noches de los viernes. O de los jueves.
Adolfo se levantó de la cama. Seguía furioso consigo mismo. Volvía a recorrer la habitación nervioso. Sus ojos estaban rojos, húmedos. Seguía sin poder creerlo… que tuviera tan mala suerte… ¡Ojala se hubiera muerto en el accidente! Y dio una patada a la pata de la cama. E iba a dar un puñetazo a la pared…
- ¡Hola!
Se paró en seco.
Era su voz.
Había vuelto.
Cerró los puños. Cerró los ojos sin girarse. Era su oportunidad. Le debía partir la cara, su cara de negro, sus labios de negro… esos labios que le había hecho gozar estos días de dolor… le debía partir los brazos… esos brazos que le habían movido en la cama cuando el no podía hacerlo por sí solo… le podría partir cada uno de los dedos de las manos… esas manos que, le había limpiado tan delicadamente cuando había hecho sus deposiciones, que le habían acercado el orinal, el conejo, el vaso de agua, que le habían masajeado sus ano, sus testículos, su pene… que le habían dado un masaje para que la espalda le dejara de doler de tanto estar en la cama… que le habían ayudado a ponerse las zapatillas, cuando empezó a dar pequeños paseos… y siempre le cogía de la mano para guiarle… y eso que Aníbal iba cojeando, que tenía una pierna escayolada… le debería partir esas piernas que acababan de curarse… esa pierna escayolada que, no había sido impedimento para que hicieran el amor en la cama, en su cama… para que Aníbal consiguiera penetrarle con tanta dulzura… para que le hiciera sentirse tan bien, para que le hiciera gozar como nunca en sus 18 años lo había hecho… y le debería cortar esa negra polla… que había entrado dentro de él, de su blanco culo… sin hacerle daño… con tanta delicadeza… con tanto amor…
- Adolfo, tus manos…
Se miró las manos… estaban sangrando un poco… se dio cuenta que le dolían mucho. y se mareó. Antes de que Adolfo cayera al suelo, Aníbal corrió y le agarró en sus brazos. Le acercó a la cama. Le acomodó dulcemente, como tantas otras veces había hecho estas semanas atrás. Fue a la mesilla de la otra cama y cogió un pañuelo que empapó en agua. Se lo fue pasando por la cara, suavemente. Su cara solo expresaba… amor. Preocupación y amor. Sabía que, posiblemente, cuando despertara, Adolfo le rechazaría. Tantas veces le había oído hablar de su odio por los negros, durante las semanas en que Adolfo tuvo los ojos vendados, que apenas tenía un rayo de esperanza de que pudiera olvidar su color de piel… o olvidar su odio…
Le levantó un poco la cabeza. Acercó un vaso de agua fresquita a sus labios. Adolfo empezó a reaccionar. Parecía que se despertaba poco a poco. El color volvía a su cara. Ya no era ese blanco enfermizo de cuando se había caído. Abrió los ojos poco a poco. Y le vio. Le miró. Se fijó en que Anibal era guapo. Se fijó en que… sus ojos decían lo que nadie nunca le habían dicho… decían que le amaba… gritaban más bien… gritaban amor… gritaban deseo… gritaban preocupación… y fue consciente de que los negros… no olían mal… sino al revés… olían a rosas… o a Paco Rabanne… como cualquier blanco… pero esos ojos… si esos ojos… gritaban amor… amor por él… y esos labios… esos labios carnosos… pero tampoco tanto… esos labios dibujaban una sonrisa… de amor… de preocupación… Y Adolfo no podía recordar una sensación así en su vida… en ninguno de los orfanatos que estuvo, en ninguno de sus amigos… no podía recordar esa mirada… esa sonrisa… esa sensación de importarle a nadie… y abrió los ojos completamente… y le miró… y vio que, Aníbal era verdaderamente guapo… y comprendió que, su odio por los negros era como su negación de si mismo, de su sexualidad… comprendió que… no odiaba a los negros… comprendió que… incluso… amaba a un negro… y supo, que, nunca, nunca, dejaría que se fuera más allá de la habitación de al lado…
- Ni se te ocurra dejarme solo Aníbal… ni se te ocurra dejarme solo otra vez. Y deja de sonreír como un bobo, y dame un beso…

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Para Valen.

Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.

 
... y el mismo café cortado sin leche de humor...
Mnl me da la excusa perfecta para darle vueltas al café hoy.

Es un café de mañana, un pequeño descanso en el agobio del trabajo. ¡Qué bien me vendo! ¡Como nadie! Menos mal que nadie me puede llevar la contraria en lo del agobio del trabajo, así me vendo mucho mejor...

Y para venderme mejor... el agobio del trabajo ha convertido el café de mañana... en café de tarde.

El humor.

Un sorbito de café. Ya sabéis, cortadito con una miaja de leche.

El otro día, en mi último café, tocó una gotita de leche humorística. Imaginé una historia. Una historia que implicaba que, un padre homófobo, que había rechazado a su hijo por gay, de repente, salía del armario. Dejaba a su mujer. Y se encaminaba a legalizar una relación con otro hombre.

Enciendo un cigarrillo. Mi cortina de humo.

Y nos reímos con la historia. David por los suelos del susto. Mnl nos recordaba en un comentario que, esta situación no es tan rara. Y que vivirla no tiene ninguna gracia. Todavía hay muchos hombres y mujeres homosexuales que están casados. Que se casaron porque no creyeron ver la posibilidad de vivir como su condición sexual les indicaba. O para disimular y acallar rumores. O porque se lo negaban. O porque no podían estar solos, y ante la posibilidad de poder vivir con otra persona de su mismo sexo, buscaron una solución en un matrimonio tradicional. Y no ya viven ellos una mentira, sino que meten en su mentira a su mujer y a sus hijos.

Doy vueltas al café. Un sorbito. Cierro los ojos y paladeo su sabor. Una calada.

Me meto en la piel de esos hombres. Perdonadme, soy hombre, y me cuesta menos. Y siento el miedo que lleva a tomar esa decisión. Siento dentro de mí, la presión que había, y aún hay en algunos ambientes contra los homosexuales. El desprecio. El rechazo. O la agresión. El miedo ciega. No ves otra salida. Recuerdas esa chica que te sonríe por las mañanas en la parada del autobús. Esa compañera de trabajo. Esa amiga de toda la vida y que está enamorada de ti, pero a la que nunca has hecho caso, en ese sentido, porque eres gay. Y un día la empiezas a hacer caso. Y un día la sonríes de esa forma en la que se sonríe para conquistar. Un beso en la mejilla. Un piquito. Las lenguas entran en juego. Pedida. Boda. Invitados. Corbata en trozos. O calzoncillos. Liga de la novia. ¡¡Vivan los novios!! Noche de bodas. El alcohol... una buena disculpa. Luna de miel. Te concentras, piensas en tu compañero de cuarto en el colegio mayor, y... cumples. Así se llama, así se dice, cuando se trata de una obligación. Y la quieres, nadie lo niega. Como quieres a los hijos que llegan. Pero... no.

Un sorbito de café. Lo apuro. Me levanto pongo la cafetera otra vez. Otra taza. Una gotina de leche. Hoy no es de humor.

Un día, no puedes más. Los tiempos cambian, o el miedo ya no puede reprimir lo que uno es. Internet. Citas de sexo, sólo sexo. Una mamada. Otra. Un cuarto oscuro, la esquina oscura del parque de tu ciudad, los servicios de la estación. No puedes seguir. Ves que otros viven su sexualidad, que no tienen miedo. Y un día te preguntas... ¿Por qué no?

Otro cigarrillo. Una calada profunda. Una vuelta al café. Dos. Tres. La mirada perdida en el cuadro de enfrente. Mi tío pintaba. Me regaló un cuadro. Un sorbito.

Pienso en la mujer. En los hijos. Intento meterme en su piel. En su corazón. Un día llega tu marido, tu padre y te dice...

“Inés, niños, soy gay... y he decidido vivir como tal”.

Le miras con cara de asombro. Respondes en ese momento a muchas cosas. Las disculpas. La poca pasión. Las miradas huidizas. Las excusas. Las salidas y entradas a deshoras... “el trabajo”. Las excusas. Las miradas. Piensas que, todo ha sido una mentira. Que llevas viviendo 20 años con una persona que, no te ha hecho más que mentir. Que no le conoces. Que nunca le has conocido. Echas la vista atrás, y ves que... todo es mentira. Las palabras, los besos, las caricias, el sexo... el amor. Ves que lo está pasando mal al decírtelo, pero tú lo estás pasando peor. Todo es mentira. TODO ES MENTIRA. Recuerdas esas salidas extemporáneas cuando se reunían con los amigos y salía el tema de los gays. Incluso se mostraba como el más homófobo. Incluso llegó a decir que, si su hijo lo fuera, le echaría de casa. O le llevaría a un psicólogo. Qué era antinatural. Que si el culo, que si la procreación, que si... ¡¡TODO ES MENTIRA!! Echas una lágrima, dos, pero tienes hijos. Y tienes que tirar hacia delante. Por ti. Por ellos. Muchos días lloras en tu habitación. Él se va. Él ha pensado cuando lo decía, cuando tomaba la decisión. Puede que él incluso ya haya buscado una pareja. Pero a ti te han dado un bofetón que no te esperabas. Y encima, piensas que... ¡¡todo es mentira!! Y que además, te has dejado engañar durante tantos años... Y puede incluso que, un hijo tuyo lo sea, pero no te hayas atrevido a contarlo a tu marido porque sabes su opinión en contra de los gays. Pero él es gay. No lo entiendes. ¡¡Todo es mentira!! Y te preguntas... ¿ahora qué?

Una última calada. Apago el cigarrillo. Mi cortado con un poco de leche. Es leche sin humor.

Esta mañana leí en un blog, el de Guideon22, que a veces pensaba en casarse con una mujer. Eran momentos de bajón, pero en algún momento lo ha pensado. Todavía hoy, hay mucho miedo. Tenemos mucho miedo. Deberíamos conseguir que, ningún gay piense nunca en esa posibilidad, aunque sea en un momento de bajón. Que viva su sexualidad dee la forma que estime oportuno, más o menos abierto. Pero que no piense nunca en esa mentira.

No es fácil luchar contra los elementos. Por eso suelo decirle a Marcos, que le admiro. Lo ha tenido en contra casi todo, en su familia, y ha salido adelante sin dejar de ser él. Tiene 18 años. Pero es digno de elogio. Tiene suerte por tener los amigos que tiene. Por Alex, por Adri, por Iván, por los tíos, primos, somanitas, y demás miembros de esa gran familia, y otros muchos amigos que no sabemos sus nombres. Pero aún así, es difícil romper, y seguir con tus convicciones. E irte a vivir con otra familia, por mucho que sepas que eres bien recibido, y que lo hacen de corazón. Por mucho que sea tu mejor amigo. No sé.

Me levanto. Sigamos con mi trabajo. Estos cafés, al final, siempre consiguen que me asome alguna lágrima. Soy un llorón.

Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.

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Blogoteca:
Guideon22:
http://blogs.chueca.com/spotlessmind/
Marcos, Iván e Iria:
http://polbosconcachelos.blogspot.com/
Mnl:
http://viatgefinselmai.blogspot.com/