tras la cortina de humo
se puede describir una ilusión, un miedo, un sentimiento? podrías describir un sueño?
Acerca de
¿A alguien le importa quien sea?Lo que importa son los sentimientos, las ilusiones, los miedos y los sueños. Por ellos me conocereis.A mi. Al alquimista
Sindicación
 
... Capítulo IX: el despertar de Iñaki...
Sonó el móvil.
Iñaki se revolvió en sueños. Lo oía pero como parte del sueño.
Volvió a sonar.
Se iba despertando. Pero aún no tenía las suficientes fuerzas como para decidir levantarse y contestar.
Sonó por tercera vez.
Tanta insistencia, le estaba mosqueando.
Sonó por cuarta vez.
Se tiró de la cama para intentar seguir el sonido de su móvil. Pero era una tarea harto difícil. Iba siendo consciente del dolor que tenía en casi todos los músculos de su cuerpo. De las zonas que tenía doloridas por los azotes o los latigazos. Su ano estaba absolutamente dolorido, y notaba como algo pegajoso y seco que, le embadurnaba toda la zona. Y que le tiraba de los pelos cada vez que movía las piernas.
Hizo una parada en el camino a rastras por el suelo, hacia donde creía que estaba el móvil. Se fue palpando suavemente su cuerpo. Su culo estaba irritado. Los castigos a los que los sometió Mario la noche anterior le iban a dejar sin poder sentarse cómodamente durante varios días. Y tenía que limpiarse esos restos de semen que tenía por todo el ano. Y ese otro chico que llegó después… ¿O fueron varios?
El móvil sonó de nuevo.
Hizo un nuevo esfuerzo y consiguió llegar al móvil. Con las prisas ni siquiera miró quien llamaba.
- Ya era hora Iñaki.
- ¿Nuria?
- Sí, la misma con la que has quedado hace dos horas para comer. Y no hubiera tenido mayor importancia si no estuviera en la cita también Julián Campo, y José Mª Rico. ¿Te suenan?
- Ligeramente… ¡¡mierda!!
- Eso digo yo. Y eso dijeron ellos. Creo que se fueron ligeramente enfadados. Y creo que Felipe, está todavía más enfadado. Ya le tenías contento últimamente, así que hoy…
- ¡Mierda!
- Eso ya lo has dicho. Pero mejor es que, a parte de mierda, pienses algo que decirle a tu jefe. Que creo que te paga un suculento sueldo.
- ¡Mierda!
- Cuando seas capaz de articular algo más coherente, me llamas. Y veremos si te contesto. Por lo menos tardaré las mismas 30 veces que he intentado llamarte. Espero que el sexo con quien sea, haya sido extraordinariamente placentero.
- ¿Con quien sea?
- Desde luego con Arnau, no ha sido. Ha venido a la comida. Y venía de la casa de Joaquín. Le ha traído él mismo… Pero eso si que es asunto tuyo. La reunión me atañe a mi. Lo otro… si eres bobo y no sabes darte cuenta de lo que tienes, allá tú.
- Espera… es mucha información…
- Llámame cuando te despejes.

Y colgó.
Iñaki se quedó como gili, mirando la pantalla del móvil. Aprovechó para comprobar que también le había llamado Mayte. Pero Arnau no había intentado llamar.
Se quedó tirado en el suelo. Con los brazos y las piernas abiertos. Pudo comprobar que le dolía casi todo el cuerpo. Pero ahora era lo de menos.
Empezaba a ser consciente que, todo se derrumbaba. Que todo lo que había construido durante los últimos años, se iba al garete. Pero no podía controlarlo. Desde ese viaje a Bruselas, donde coincidió con Mario, todo había cambiado.
Se le vinieron a la cabeza las imágenes de la noche pasada. De él atado a la cama, y Mario goleándole con saña las nalgas. Las piernas. De él retorciéndose de dolor. Y de cómo toda esa situación le produjo la mayor sensación de placer que nunca había tenido. Nunca pensó en que podría eyacular sin tocar su miembro. Y esa noche sucedió. Mientras se retorcía de dolor, aguantando los latinazos de ese otro chico que llegó más tarde, mientras Mario le metía ese enorme dildo en su culo. Nunca pensó que semejante trasto cupiera por su ano. Si le hubiera visto Arnau, se hubiera sorprendido. Con él, apenas se dejaba penetrar. Cada una de las veces que Arnau le había penetrado, había sido casi por compromiso. Pero ayer, no solo entró ese dildo, sino el pene de Mario, de ese primer chico que creía haber entendido que se llamaba Diego, y de esos otros tres que llegaron después, ahora empezaba a acordarse. Y una imagen difusa en la que Mario les cobraba por el servicio. Y recordaba vagamente como eso, todavía le hizo ponerse otra vez cachondo.
Hizo intención de levantarse. Pero aún no podía.
Volvió a intentarlo. Esta vez, con muchos dolores, pudo ponerse al menos de rodillas. Bajó la cabeza y la apoyó en el suelo, aguantando el dolor.
Hizo otro esfuerzo y, apoyándose en la mesilla, pudo ponerse de pie. Pero la espalda, el culo, las piernas, los brazos... todo le dolía.
Sin dejar el refugio seguro de la pared, pudo llegar al baño. Todo estaba revuelto y sucio. Parecía que un regimiento se había duchado allí. Duchado o lo que fuera. Abrió el agua, reguló la temperatura, y se metió en ella. Era una ducha moderna, con hidromasaje. Cerró las puertas. Y dejó que el agua, que llegaba de todas partes, fuera llevándose los restos de esa noche de locura.
Debía intentar arreglar lo que había estropeado ese sábado. En cuanto estuviera más despierto, y un poco más consciente, llamaría primero a Nuria, para que le acabara de dar detalles. Y después a sus invitados. Y a su jefe. Felipe era un hombre muy comprensivo. Pero esa metedura de pata, creía que sería difícil que la olvidara. Era mucho el dinero en juego. La fundación que él dirigía, necesitaba de los fondos que esos empresarios iban a aportar. El gran Museo que estaban planteando levantar, necesitaba de grandes fondos. Y Julián Campo y José Mª Rico, eran dos piezas fundamentales para empezar a levantar ese proyecto. Eran además amigos personales de su jefe. Y quedar mal con ellos era doblemente perjudicial.
Salió de la ducha. Se miró en el espejo que ocupaba toda una pared del baño. No acabó de convencerle la imagen que vio. Estaba con muchas partes del cuerpo enrojecidas. Incluso podían apreciarse la marca de unos latigazos. Y se fijó en que le había depilado el pubis, pero solo la mitad. No se había percatado de ello. Su pene estaba irritado también. Y su culo estaba incluso con partes de su piel levantada. No podía recordar con precisión las veces que le penetraron, y mucho menos las veces que le golpearon en sus piernas atadas, en sus brazos, en su espalda, cuando le cambiaron de posición. O en el pecho. Incluso en los pies. Y tampoco era capaz de precisar las veces que eyaculó. Pero fueron muchas. Las últimas casi sin líquido. Y con mucho dolor.
Cogió el bote de leche hidratante, y se la fue extendiendo. Poco a poco, entre la ducha y la crema hidratante, vio como su piel se fue relajando. Ya podía pensar con un poco más de calma. Ya estaba planeando las llamadas que tenía que hacer. Nuria, Felipe, y después los benefactores de su fundación.
Y debería llamar a Arnau, también. Al fin y al cabo, él era el ideólogo en la sombra del proyecto. Y el verdadero experto en arte. Su opinión era respetada por todos, pese a su juventud.
Esa era una llamada que le iba a costar hacer. Pero era casi la más importante. Una palabra suya, y posiblemente acabara en la calle. Al fin y al cabo, era por él por lo que tenía ese trabajo.
Se lavó la boca. Para quitarse ese sabor raro que no le abandonaba desde que se despertó.
Se miró de nuevo.
Algo había mejorado su aspecto, pero tendría que maquillarse un poco, si lograba concertar esas citas de nuevo. Su aspecto no era lo más adecuado. Se puso a ello. Simplemente una base que disimulara un poco su mal color.
Llegó de nuevo a la habitación. Abrió el vestidor, y escogió la ropa más adecuada. Se fue a la habitación que tenía como despacho en casa, y cogió el teléfono. Debía poner en marcha su plan.
Pero su móvil sonó.
Era Mario. Lo sabía sin mirarlo. Le había puesto un tono distinto.
Cogió el teléfono para contestar.
Pero se contuvo.
Dejó sonar el teléfono.
No se decidía.
Dudaba.
¿Contestaba?

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Capítulos anteriores:

Capítulo I: el comienzo
Capítulo II: Canalla continúa la historia
Capítulo III: Akira lo escribió
Capítulo IV: Arnau e Iñaki, con Mario como sombra
Capítulo V: Arnau y Joaquín, by Tatojimi
CapítuloVI: Iñaki y Mario, con nuevos protagonistas
Capítulo VII: Israel es el protagonista
Capítulo VIII: Arnau y Joaquín, a la mañana siguiente

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¿No tienes ganas de decidir qué va a pasar con los protagonistas?


Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.


 
... cuesta lo mismo...
Descanso.
Ese rato en que todas las mañanas paro en mis actividades. 15 minutos. Ó 20.
Un cigarrillo.
Un café. Cortado, como siempre.
Una mirada perdida en ningún sitio. Podría haber dicho “una mirada perdida en el horizonte”. Pero ahora, hoy, el horizonte es la pared de enfrente. Botellas. Un reloj de propaganda, parado en las 7,37. ¿De la mañana? ¿De la tarde? De ninguna parte.
Mi mente divaga. Como casi siempre.
Doy una vuelta al café. Dos. Tres. Muchas. Despacio
Miro a la camarera. Sigue con la misma cara de amargada que cuando me ha puesto el café. Creo que me ha perdonado la vida. Tiene el ceño fruncido, como si estuviera haciendo fuerzas para... en fin. Y le produce unas arrugas en la cara muy feas. Así no va a ligar. Será que ya ligó. Pero, adhesiones, con ese gesto, no creo que consiga. Suele costar lo mismo tener un gesto agradable y sonriente.
Otra vuelta al café. Un sorbito. Le dije leche fría, y estaba hirviendo. Me quemo ligeramente los labios. Otra vuelta. Un nuevo cigarrillo. Una calada. El humo sube, y sube. Mi mente sigue perdida ahí, donde el humo.
Esta mañana, entré en la oficina. Mi jefe. Entro todo ilusionado por una nueva semana de trabajo. Estimulante. (irónico). Me perdonó la vida.
La ilusión se esfumó.
¿Estará estreñido?
¿No sabrá de la existencia de la sonrisa?
¿Le habrá sentado mal el café de la mañana?
¿Es así?
¿O estará echando cuentas de las horas que perdí estas semanas atrás con lo de mi padre?
Los gastos de la empresa, no aumentarán por sonreír. Por tener una cara agradable. Y yo me ahorraré unos cuantos Maalox.
Me voy al servicio. Una necesidad fisiológica me llama. Me miro al espejo. Pruebo. Cara de mala milk, y cara sonriente. Me cuesta lo mismo. No estoy feliz, no. Pero me cuesta lo mismo sonreír que tener gesto adusto. Incluso es más relajado la primera opción.
Vuelvo a mi asiento. Alto. En la barra. Mi camarera preferida, sigue haciendo amigos. Doy un par de vueltas al café. Un sorbito. Ya se puede tragar. Incluso dentro de unos minutos, podré saborearlo.
- ¿Cuánto es? – me atrevo a decir.
Tengo suerte. Me ha vuelto a perdonar la vida. La miro a los ojos. Sonrío.
Pago.
Vuelvo a sonreír.
Cuesta lo mismo.
Ella no.
Y mi jefe tampoco.
Y él tampoco.
...
...
Tengo tentaciones de dejarme llevar por la corriente. Y poner cara permanente de mala leche. Pero la última calada al cigarrillo, la última cortina de humo, me susurra al oído que, cuesta lo mismo. Y que estoy mucho más guapo, sonriendo.


Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.


 
... capítulo VIII: Arnau y Joaquín a la mañana siguiente...
- Joder, tío. Encima que no contestas ni a la de tres, ¡¡qué humor por las mañanas!! No eras así cuando vivíamos juntos.
- Joder, eso digo yo. Pues tú tienes la culpa de mi humor.
- ¡Vaya! seguro que el último no te gustó.
- ¿Dónde coño estás? ¿Crees que irte así…
Pero Arnau no le dejó continuar…
- ¡Hey! Anda, calla. Encima que he salido a por unos croissants… pero he recordado que te gustaban más los churros, o las porras… y por eso te llamaba, dormilón.
- ¿Dormilón? ¡¡Pero si no hemos dormido más de tres horas!! ¡¡Qué dirás!! – Joaquín se estaba relajando y ya sonreía. Arnau había conseguido romper su enfado.
- ¿Contestas de una puta vez? ¿Churros? ¿Porras? ¿croissants?
- Cuernos de chocolate.
- ¡Joder!
- Por preguntar.
- No, no. Pensaba hacer chocolate, así que algo que no lleve chocolate.
- Pues deberías traer chocolate de hacer, no hay…
- Ya está solucionado… ¿Porras?
- ¡Churros! Y trae también pan recién hecho… que tengo una mantequilla…
- ¡Guay! Aunque después habrá que hacer algo para bajar este maravilloso desayuno…
- ¡Hum! Se me ocurren un par de cosas…
- ¿Bicicleta?
- ¿Vienes o no?
- 5 minutos. Agur.

Joaquín colgó. No podía evitar una sonrisa. Después de la desilusión que le produjo no encontrar a Arnau en la cama, y de todos los pensamientos que, en cinco minutos le habían asaltado, parecía que, todo estaba como la noche anterior. Una voz interior le decía que, no debía hacerse muchas ilusiones. Arnau siempre había sido el objeto de sus sueños. Le amaba. Posiblemente era la causa de que ninguna de las relaciones que había tenido desde que se había dado cuenta de sus sentimientos, hubiera salido bien. Buscaba siempre un calco de él. Y eso siempre es muy difícil. Y alguno de los hombres con los que había estado, podría haber salido bien. Pero Joaquín reconocía que, había sido por culpa suya. No es que Arnau fuera el hombre más guapo del universo, y que fuera estupendo en todo… pero tenía algo que, le encandilaba. Le había costado mucho mantener el freno mientras vivían juntos. Ya, en los últimos meses, salía con Iñaki. Y Arnau que, no era en principio muy dado a relaciones formales, parecía que había encontrado en Iñaki la persona por la que debía dejar su forma de vivir hasta ese momento. Joaquín decidió mantenerse al margen. Ya le había hecho saber de forma indirecta a Arnau sus sentimientos. Pero éste fue claro… prefería mantenerle como un amigo… su mejor amigo.

Joaquín lloró, pero lo aceptó. Y siempre se mantuvo al margen. Con Iñaki mantenía una relación cordial, pero sin ser cercana. Había algo en él que no le había gustado nunca. Pero al final llegó a la conclusión de que, posiblemente, le afectaba que, se había llevado a la persona que amaba, y eso no era la mejor situación para que Iñaki le cayera genial.

Encendió un cigarrillo. No solía fumar en casa, pero esta era una mañana especial. No sabía en qué acabaría eso, pero por lo menos había disfrutado de un día completo de Arnau, de su cuerpo, de sus besos, de sus caricias, habían sido uno unas cuantas veces esa noche.

Aún así, ahora, en estos momentos de calma, saboreando el humo de su cigarrillo, era consciente que, las cosas con Arnau no serían fáciles, sino es que volvía con Iñaki al día siguiente. Y por mucho que quisiera, sabía que, si Arnau no continuaba con la historia, él iba a pasarlo mal. Pero no podía parar ahora. Y tampoco podía evitar hacerse ilusiones.

Oyó la llave entrar en la cerradura. La puerta cerrarse. Vio a Arnau con una bolsa de papel con los churros, una bolsa del Opencor con algunas cosas, y una sonrisa en su boca, y esa mirada luminosa que había posado en él al verle.

- Ya has tardado, mamón…
- Me encanta tu traje de estar en casa.
- ¿A que sí?
- Y eso empieza a levantarse.
- ¿Sí? No sé…

Arnau dejó las bolsas en la cocina, a la vez que se quitaba la ropa. Volvió al salón igual de desnudo que estaba Joaquín.

- Así estamos los dos igual…
- Pues tú también… ¿Qué es eso que apunta hacia mí?
- No sé… tengo una duda… no se si serás capaz de ayudarme a solucionarla…
- Probemos…
- Es que no sé a que sabe… ¿La podrías probar y me dices?
- No sé… hagamos un trato… desayunemos primero… que esos churros si no se van a enfriar… y luego pruebo lo que quieras…

Arnau se sentó a horcajadas encima de Joaquín… le rodeó con sus brazos, y sin dejar de mirarle, acercó sus labios a los suyos… Joaquín puso sus manos en su culo, y se fundieron en un largo y tranquilo beso… o muchos…

- Arnau, desayunemos… que con este culo que tienes, ¡¡yepaaaaaa!!
- Pues menos mal que el tuyo está ahí escondido… aunque esto que apunta a mi cabeza…
- A desayunar… ¿Haces tú el chocolate?
- Mientras tú podías mirar la ropa que tengo, por si necesito ir a casa de Iñaki a por algo…
- ¿Te vas a quedar aquí? ¿Cuánto tiempo?
- Bueno sí… no sé… en realidad… no sé…


Arnau se levantó de repente, apartó la mirada de Joaquín, y se fue a la cocina. Joaquín se quedó un rato en silencio, mirando la puerta por donde había salido Arnau. No sabía si estar contento o estar triste. Todo esto lo intuía, pero el ver la reacción de Arnau, dudosa, y cauta, le había producido sensaciones extrañas.

Y al final, se levantó y en lugar de ir a la habitación de Arnau, fue a ducharse. Esperaba que el agua se llevara las dudas y nubarrones que habían aparecido en su cabeza.



Capítulos anteriores:

Capítulo I: el comienzo
Capítulo II: Canalla continúa la historia
Capítulo III: Akira lo escribió
Capítulo IV: Arnau e Iñaki, con Mario como sombra
Capítulo V: Arnau y Joaquín, by Tatojimi
CapítuloVI: Iñaki y Mario, con nuevos protagonistas
Capítulo VII: Israel es el protagonista

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¿Quieres escribir tú el siguiente?


Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.

 
... capítulo VII...
Llegó a su casa.
Intentó no hacer ruido. Entró de puntillas, sin encender la luz, tanteando para no chocar con los muebles. No quería despertar a sus abuelos. Israel vivía con ellos.
Llegó al fin a su habitación, cerró la puerta, y encendió la luz. Entrecerró los ojos, la luz le deslumbró. Poco a poco se fue acostumbrando. Se sentó en la cama, y se desabrochó sus Converse. Se fue desnudando poco a poco, sin prisas. Su cara denotaba una profunda tristeza.
Completamente desnudo, se fue al servicio. Se pegó una ducha rápida, para quitarse el olor de los pubs en que había estado. No le gustaba nada ese olor característico que al final, acababa impregnando hasta su piel. No le dejaba dormir.
Apagó la luz de arriba, y encendió la de su mesilla. Aun desnudo, y con el pelo mojado, fue a llevar su ropa a la cocina, al cubo de la ropa sucia. Abrió la nevera, y cogió un Biofrutas. El frescor que salía de ella, le produjo un ligero escalofrío. La cerró rápido y se fue camino de su habitación.

- Isra, ¿Ya volviste?
- Abuela, no quería despertarte – le contestó con una sonrisa.
- No andes desnudo, anda, que te vas a constipar – le dijo dándole un beso su abuela.
- Ya sabes abu, que me gusta. Pero ya me meto en la cama.
- ¿Lo has pasado bien?
- Sí, sí, guay.
- Has vuelto pronto.
- Ya, pero el partido de la tarde me dejó cansado.
- ¿Ganasteis?
- ¡Qué va! Nos machacaron... pero lo pasamos genial.
- ¿Trajiste la ropa?
- ¡Huy, perdona Abu! ¡Se me olvidó en casa de Jose!
- Siempre igual... así que luego cuando la traigas estará...
- Vale, no te preocupes, mañana por la mañana le llamo y voy a por ella.
- ¿Estás bien? – le soltó de repente, acariciándole suavemente la mejilla, con una sonrisa en su boca.
- ¡¡Claro!! No te preocupes Abu, estoy macanudo.
- ¿Macanudo?
- Jajaja, perdona, se me ha pegado alguna cosa de Luis Rodolfo. Es bien, genial, guay...
- Ya verás cuando la emplee con Marieta, se va a quedar con una cara...
- Jajajaja, abuela, vas a volver locas a tus amigas.
- Mejor... me lo paso guay – le dijo guiñándole un ojo, apenas visible con la escasa luz que se escapaba por la rendija de la habitación de Israel – Vete a dormir, Isra, que estarás cansado. Dame un beso.

Y diciéndolo casi se colgó del cuello de su nieto, y de abrazó con pasión. Poco menos que le dio veinte besos. Israel sonreía, abrazando a su vez a su abuela, y meciéndola suavemente de lado a lado. Aunque ya había cumplido los 18, le encantaban los besos de sus abuelos. Aunque eso, no lo reconocería delante de cualquiera.

Entró en su habitación. Vio su imagen reflejada en el espejo que tenía en la puerta del armario. Vio sus bellas facciones, con una media melena rubia de marco. Su nariz pequeña, sus ojos verdosos. Su piel suave, apenas atacada por la barba. Su pecho sin apenas pelo, y sus pezones pequeños. Sus pies, sin apenas venas, suaves, con los dedos no demasiado largos, sus tobillos estrechos. Sus piernas fuertes, hechas a base de jugar al fútbol desde los 7 años. Miró su pene, de escasos centímetros en absoluto reposo Sin circuncidar. Sus testículos, no demasiado grandes y pegados a su cuerpo. El poco bello que tenía allí. La verdad es que era de poco pelo en el cuerpo. Ni en las piernas tenía apenas. Y como era rubio, se notaba aún menos. Se dio ligeramente la vuelta y observó su culo, bien formado, redondo, y levantado. Volvió a mirarse de frente y observó de nuevo su cuerpo, su 1,80 de cuerpo. Era guapo. Muy guapo. Y tenía un cuerpo muy bonito. Podría estar contento. Casi cualquiera, hombre o mujer, babearía por él. De hecho, babeaban. Y se miró a los ojos. Y comprobó que su mirada triste, seguía ahí. Que lo que llevaba dentro, seguía ahí.

Cerró los ojos. Bajó la cabeza. Se acercó, caminando despacio, hacia atrás, hasta la cama. Cuando sintió que su pierna la tocaba se sentó. Apagó la luz, y sin abrir los ojos se acostó. Poco a poco, y sin poder evitarlo, fue plegando sus piernas sobre su pecho. Las abrazó. Y así, en esa posición, y sin abrir los ojos, como queriendo evitar que esa tristeza saliera, se durmió. Pero una lágrima asomaba por la comisura de sus ojos.

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Si quieres seguir, ya sabes. Tú mismo. Hay muchos caminos abiertos.

Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.


 
... Capítulo VI... sigue la historia...
Mario estaba tumbado en su cama. Cogió por enésima vez su móvil y volvió a marcar. Iñaki no cogía. Seguro que estaba con Arnau y no se atrevía a contestar. Pero tenía ganas de hablar con él. Tenía ganas de sexo. E Iñaki era ideal para saciarlas. No es que fuera el hombre de su vida, pero algo tenía que le llamaba la atención. En realidad, sencillamente se la ponía dura. El que fuera unos cuantos años mayor que él, y que le dominara en la cama, y en lo demás, le ponía mucho. Iñaki era dócil. Necesitaba que le dominaran, que le dijeran lo que tenía que hacer. Y eso es lo que le molaba a Mario sobremanera. Cuando consiguiera que comiera en la palma de su mano, le dejaría. La conquista habría terminado, y tendría que buscar otras presas. Le aburría tener mucho tiempo al mismo compañero de sexo.

Volvió a marcar.

Por fin oyó la voz de Iñaki.

- Hola, ya te vale – le espetó con voz de enfado.
- No podía contestarte. Estaba con Arnau.
- Me da igual. Contestas. Que no te iba a hacer sexo telefónico. ¿O es que no puedes hablar con amigos?
- Tú no eres un amigo cualquiera...
- Pero eso no lo sabe él...
- Pues creo que sí, me dio recuerdos para ti.
- ¡Vaya! Pues más a mi favor, entonces no tienes por qué no contestar...
- ¿Y como sabe...?
- ¡¡Tú sabrás!! – le dijo enfadado Mario – Es tu problema. Y no me ralles con esas cosas.
- No es rallarte, pero creo que...
- Cuando se te pase la tontería, me llamas. Bye.

Y colgó. Mario debía marcar el territorio. Y no le apetecía dar cuenta de sus acciones. Y menos a Iñaki. Que Arnau le hubiera dado recuerdos para él, le beneficiaba. Eso quería decir que se habían enfadado y tenía a Iñaki un poquito más desesperado. Más dominado.

Se levantó de la cama. Fue a su armario y escogió una camiseta y un pantalón para salir. No puso mucho interés. Sabía que cualquier cosa que se pusiera, le caía bien. Si no, no estaría en su armario.

Se echó a la calle. Le parecía que por esa noche, el sexo con Iñaki ya no le apetecía tanto. Debía darle una lección.

Se fue al Noa. Era buen lugar para cazar a algún incauto desesperado. Mientras esperaba la llamada de Iñaki. Se le imaginaba dándole vueltas a la conversación que habían tenido. Y dándole vueltas a las palabras de Arnau.

Sonó el teléfono. Era él. No contestó. Ahora no le apetecía. Dentro de unos cuantos intentos lo haría. O no. Dependiendo de cómo fuera la noche.

Saludó al portero. Le miró con cara de desprecio. Era un mierda que babeaba por él. Y no le interesaba. Era un musculitos hormonado. Y chulito. Con una sonrisa de superioridad.

La música estaba a tope. Tecno a tope. El pincha además, le gustaba poner muchos efectos. Era agobiante cuando llevabas un rato. Pero era ideal para romper con tu mundo, y abordar a los demás, aislados del suyo. Además, evitaba conversaciones inútiles e insustanciales. Fue observando a la gente que estaba en la pista. Y en la barra. Saludó a algunos. Muchos habían pasado por su cama. Se fijó en un chico de unos 28 años. Estaba bien de cuerpo. Pero tenía cara de desesperado. Y eso no era lo que buscaba hoy. Un chico de color le miraba insistentemente. Tenía un cuerpo de muerte. Pero hoy tampoco le llamaba. Otro chico de su edad, también le miraba. Cruzaron las miradas y el otro sonrió, insinuándose. No era muy guapo, pero tenía algo. Se acercó a él. Le besó en los labios levemente, a modo de saludo. El otro se quedó un poco sorprendido por la rapidez de la acción. Mario volvió a acercar su boca a la de él. Esta vez se dieron un beso más profundo. Y Mario aprovechó para acariciar su cuerpo. Comprobó que no era musculado, y que tenía mucho pelo. Estaba bien. Se separó y le preguntó como se llamaba. Rodrigo, le dijo. Se presentó él mismo y acabó otra vez acercando su boca a la de él. Cuando estaba besándole, abrió los ojos y le vio. Al fondo del todo, en un rincón. Le miraba con insistencia. Parecía muy joven. No le solían gustar más jóvenes que él. Pero éste le atraía.

Se separó de Rodrigo, puso una excusa cualquiera, y se fue directo a su nueva presa. Se colocó a su lado.

- Besas muy bien, y eres directo.
- ¿Quieres probar? – le dijo Mario, con su mejor sonrisa seductora.
- No lo sé. Depende.

Mario intentó acercar su boca a la de su nueva presa, pero este desvió la cabeza, sonriendo también picaronamente.

- No suelo besar a nadie que, al menos no sepa como se llama – le dijo a la vez que le miraba a los ojos con la sonrisa que antes había exhibido.
- Pues me llamo Mario

Y entonces le intentó besar nuevamente. Esta vez le puso levemente una mano en el pecho, para evitar que se acercara más.

- ¿Y ahora qué? – le dijo ya un poco excitado por la situación.
- Tampoco beso a quien no sabe mi nombre, al menos.
- ¡Pues dímelo! – Mario estaba empezando a perder la paciencia. No estaba acostumbrado a que le pusieran tantos obstáculos.
- ¿Te interesa de verdad, o solo es un medio para meter tu polla en mi culo?
- ¿Eso cambiaría algo?
- Eres tremendamente atractivo, Mario.
- Gracias. ¿prefieres meter la tuya en mi culo?
- De momento me conformaría con que te interesara al menos como me llamo.
- Esta es una conversación gilipollas. ¿Cómo te llamas? Dímelo y dejemos las tonterías. Tienes una boca muy apetecible.
- ¿Sólo la boca?
- Estás como un tren, y tengo ganas de follar contigo.
- Israel. Me llamo Israel.

Y Mario, una vez que parecía que su presa había dejado de hacerse el duro y le había dicho su nombre, acercó su boca de nuevo. Esta vez no fue rechazado. Y se dieron un apasionado beso, con sus lenguas jugando en una, en otra boca, con pasión, como si estuvieran luchando las dos por entrar en la boca del contrario, como si fuera un duelo. Al final Israel se separó, le miró a los ojos.

- Besas muy apasionado. ¿Eres actor porno?

Mario se echó a reír con ganas.

- No ¿Por qué? ¿Beso bien?
- Sí, besas muy bien. Pero besas como un actor porno. Parece que quieres comerme la campanilla. Y en todo caso, seré yo quien te coma la campanilla a ti.

Mario se quedó un poco cortado. Nunca nadie le había tratado así. Estaba acostumbrado a que los demás se plegaran a sus deseos. Y menos un criajo todavía más pequeño que él. Se quedó mirándole. Mientras, Israel se acercó a su mejilla, y le dio un suave beso en la mejilla.

- Hasta luego. Ya nos veremos.

Y se fue hacia la salida del pub.

Mario se quedó con la boca abierta, mirando como ese crío se iba hacia la salida. Estaba furioso. Que un crío que, con suerte tendría 17 años le hubiera calentado la polla, y le hubiera dejado empalmado, y le hubiera despreciado, no entraba en sus planes para esa noche. Ni para ninguna.

Giró la mirada buscando a Rodrigo. Pero Rodrigo estaba con otro chico. Le dio igual y se acercó. Se puso en el medio, separándoles, dándole la espalda al intruso. Era feo además, y un poco gordo. Y tendría casi 40 años. Rodrigo se quedó mirándole a los ojos. Mario se dispuso a continuar donde lo había dejado antes. Pero Rodrigo puso su mano para pararle.

- Vete con ese chico de antes. Yo ahora estoy ocupado.
- ¿Con esto? No me toques los cojones, abre los ojos y compara.
- He abierto los ojos, y he comparado. Y ahora mismo me quedo con él.
- Cabrón hijo de puta.
- Tu chico salió por la puerta, podías seguirle.
- Eso será si me...
- Haz lo que se te ponga en la punta, pero ¡¡aire!! Aquí sobras.

Y diciendo esto, le apartó para acercarse de nuevo a su nueva pareja. Mario apretó los puños y les miró con odio. Pero el hombre, también le miró. Con cara de mala hostia. La suficiente para que Mario se girara y se fuera con gesto rápido y adusto.

Al llegar a la calle, sacó su móvil. Vio que Iñaki le había llamado 9 veces. Dio al botón de llamada. Iñaki contestó rápido. Mario no le dejó abrir la boca.

- Voy para allá. Y mejor será que me esperes en pelotas en la puerta. Sino no me verás más el pelo.

Y colgó.

En cinco minutos llegó a su casa. Llamó, y efectivamente, se encontró a Iñaki desnudo. Le besó con fruición. A la vez le pellizcó los pezones, con dureza, hasta con saña. Iñaki gemía. Su miembro estaba a mil. Mario le fue llevando hacia su dormitorio. Iñaki por un momento pensó en el peligro de que Arnau regresara a casa. Pero apartó ese pensamiento.

Llegaron a su dormitorio. Mario empujó casi violentamente a Iñaki sobre la cama. Se quedó mirándole, de pie, dominándole con su altura, y vestido todavía. Iñaki estaba con las piernas abiertas, al igual que los brazos, su miembro duro y mirando al techo. Mientras se quitaba Mario el cinturón, le pasó el pie por su pene, aplastándolo ligeramente sobre su ingle. Iñaki suspiraba. Sin moverse. Sin pestañear. No quería hacer nada que pudiera hacer enfadar a Mario y se fuera.

Mario le hizo colocarse en el centro de la cama. Con su cinturón, le ató las manos al cabecero. Fue al armario y trajo otros tres cinturones que encontró allí. Levantó las piernas y ató cada una a un extremo del cabecero, dejando a Iñaki completamente a su merced, y con el culo levantado. Su excitación iba en aumento. Casi podría correrse solo de verse en el espejo en esa situación.

Salió de la habitación.

Iñaki estaba expectante.

Mario volvió. Había aprovechado para desnudarse completamente, exhibiendo su bello cuerpo. Su pene venía ya empalmado.

Y llevaba una especie de capucha que puso en la cabeza a Iñaki, impidiéndole ver nada.

- Vas a saber lo que es disfrutar – le susurró Mario inclinándose sobre él, a la vez que volvía a retorcerle el pezón derecho.

Se volvió a incorporar. Cogió el cinturón que le había sobrado, lo estiró, comprobando su rigidez, y descargó el primer golpe sobre las expuestas nalgas de Iñaki. Este se retorció de la sorpresa, y del dolor. Pero su excitación, si cabe, aumentó.

Mario disfrutaba mirándole retorcerse. Esperó a que parara, para lanzar el segundo.

Y luego llegó el tercero... y el cuarto... y el quinto...

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Si quieres seguir tú y escribir el capítulo VII, ya sabes. Tenemos a Arnau que, enfadado con Iñaki, se ha ido a casa de su antiguo compañero de piso, Joaquín, y han disfrutado de una noche de sexo. Tenemos a Mario golpeando las nalgas de Iñaki en una sesión de sexo duro. Tenemos a nuestros nuevos personajes, a Rodrigo y a Israel, que han pasado de Mario. Y Borja podría hacer su aparición estelar. O Gorka. O Miguel. Y tenemos a Mayte y a Nuria, apenas citadas. ¿Te apetece decidir por donde puede ir la historia? ¿Te apetece decidir el futuro de alguno de los protagonistas?

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Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.
 
... cuando la czabeza vuela...
Salió el cirujano.
Nos dijo que había limpiado todo. Era el doble de lo esperado. Y los ganglios estaban afectados. Y era malo.
Luego especificó que, había quitado todo lo macroscópico.
Pero su mirada decía mucho más. Era triste, impotente. Como de haber luchado hasta la extenuación y haber perdido.
Salió él, todavía anestesiado. Me emocioné. Era patético. Y no sé por qué, me le imaginé dentro de unos meses así... pero sin anestesia. Como agonizando.
Quedan pruebas por hacer. Análisis. Especialistas. Pero todo indica que, no hemos hecho más que empezar.
Salió de la URPA. Estaba estupendo.
El no sabe nada de lo que viene después. Aunque siempre tienes una esperanza de que los pálpitos, las intuiciones, y las impresiones de los cirujanos, basadas en cientos de operaciones, se equivoquen, todo parece indicar que, nos debemos preparar para el dolor. Y para írselo contando.
Y el caso es que ya duele. A él la espalda. A los demás, el espíritu.
La cabeza vuela. Montones de sensaciones, se agolpan. Es imposible el separarlas. El controlarlas. El agotamiento ayuda poco. Son sensaciones contradictorias, opuestas incluso.
Es curioso como, en estos momentos, parece que te molesta incluso que los demás lo estén pasando bien. Es como si sintieras que todos te deberían acompañar en las lágrimas. O que necesites esas lágrimas cómplices. Que necesites compañía en los silencios.
Es curioso como, en estos momentos, parece que necesitas leer otras cosas, hablar de tonterías, pero de ti no sale. No puedes hacerlo. Incluso no puedes escribir tonterías. Aunque espero que, dentro de un rato, pueda escribirlas. Y llorar por otros que no sea yo.
Porque en todo esto, al final, a mi, me queda la duda si lloro por él, o por mí. Tengo a veces la sensación de ser el mayor egoísta que hay sobre la faz de la tierra. Y a veces creo que esa sensación es la verdadera.
Y el caso es que no le aguanto.
Aunque creo que, ahora, sacaría fallos hasta a los que amo con toda mi alma.

Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.
 
... una de chiviritas en el estómago y una mente que galopa desbocada...
Los días, las semanas en que te podías engañar, olvidar, ya se acabaron. La realidad llega, llama a tu puerta y... hace una mueca.
Y llegan los días que pasan deprisa. O despacio
Y llegan las semanas que son un suspiro. O eternas.
Y son los mismos días, o las mismas semanas. Pero dependiendo del instante, de la vista, o del cigarrillo que te estés fumando, todo es de una forma u otra.
Pero la cabeza, muchas veces, es la que tiene la culpa. Como casi siempre.
Dejas volar. Los pensamientos van. Y vienen. Te pones en lo peor. En lo mejor. En los intermedios. Y nada te convence.
Enciendes otro cigarrillo. Estos días son propicios para encender uno tras otro. Y para darle a la cafeína. Incluso para comer compulsivamente. Como si volvieras de un ayuno en el desierto. Y nada está claro.
Ora, piensas que todo irá bien. Eso quieres pensar. Y eso escuchas por los oídos que te repiten una y otra vez. Pero a veces, cuando te repiten muchas veces algo, es como si el que lo dice, quisiera convencerse de ello. Y al final, tú acabas convencido de lo contrario. Porque además, quien repite... y repite... y repite, es quien más sabe del tema.
Ora piensas que, todo irá mal. Y no sabes por qué, tienes una sensación en el estómago como si esto es lo que va a pasar. Y sigues escuchando que, todo es muy fácil, y que todo irá bien. pero tu estómago, te dice que, no será así.
Ora piensas que, saldrá bien, pero... Y el pero puede ser tan malo como si fuera todo mal. Y sigues escuchando que, todo es fácil, y todo irá bien. Pero las chiviritas en el estómago te dicen que...
Y todo puede cambiar.
Y todo es incertidumbre.
Y no puedes pensar siquiera dónde vas a comer mañana.
Enciendes otro cigarrillo. Y ya van muchos. Demasiados. Pero es mala época para controlar nada. Aunque de poder controlar algo, la cabeza sería lo que controlaría primero. Y esa galopa libremente, desbocada, sin posibilidad de control. Y al final, acabas encendiendo otro cigarrillo, y perdiéndote en su cortina de humo.
Mañana será otro día. Mañana será el día. Y cosa curiosa, mañana serán dos cumpleaños. Chistes que tiene la vida.
Y pasado...

Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.

 
... y el capítulo V por tatojimi
Arnau salió de la cafetería. A paso rápido. Casi corriendo. No podía evitar que los ojos se le humedecieran.
Llegó a su parque. A su banco. Se tiró en él como si fuera el sofá de su casa. Su casa. ¿Cuál era su casa? Creía que la de Iñaki era su casa. Pero empezaba a creer que, el piso que hasta hace unos meses compartía con Joaquín era verdaderamente su casa. Al fin y al cabo, era donde acababa volviendo cuando le iban mal dadas.
Se acomodó en una esquina del banco. Subió las piernas y las juntó a su pecho. Las apretó con sus brazos como si le fuera la vida en ello. Su bandolera cayó al suelo, y ni siquiera se dio cuenta. Y ahí, en su banco, en su parque, lloró. Sin tapujos.
Tenía la mirada perdida en el horizonte. Giraba la cabeza como si estuviera mirando algo. Pero miraba y no veía. Así no se dio cuenta de que alguien estaba observándole desde hacía un rato.
Esa sombra de la noche, al final se decidió y se sentó en la otra esquina del banco. Y le tocó suavemente sus Adidas.
Arnau se sobresaltó. Tardó en fijar la vista. Y cuando vio quien era el culpable de su sobresalto, no dudó en lanzarse a su cuello. Le abrazó y lloró todavía con más fuerza.

- Hey, chico-duro.
- No te rías de mí encima. ¿Cómo me has encontrado?
- Recuerda que no tenemos secretos – le dijo pasando suavemente el dorso de su mano por su cara - A parte, te vi salir del “Caimán”. Y como te conozco un poco, cuando me pude librar de Isabel y de Juan, me vine para aquí. ¿Qué te ha pasado? ¿Iñaki?
- ¿Conoces algo que me afecte tanto como para…?
- Vale, vale – le atajó Joaquín – creía que yo también te importo un poco… - le dijo con la clara intención de picarle.
- Eres gilipollas ¿lo sabías? – le dijo Arnau sonriendo imperceptiblemente.
- Ya lo sé. Llevo más de 3 años diciéndotelo cada vez que me das la más mínima oportunidad. Pero tú no me haces caso… yo te digo… “Arnau, que soy gilipollas”… pero tu insistes en decírmelo cada dos por tres como si fuera un descubrimiento tuyo…

Arnau no lo pudo resistir más y le dio un beso. Un potente piquito en los labios.

- ¡Vaya! – le dijo Joaquín cuando Arnau se separó para coger aire. - ¿Repetimos? Así ahora, me dará tiempo a abrir la boca… - se separó un poco de su abrazo, pero sin dejar de rodearle, y le miró a los ojos – Vamos… - lo dijo abriendo aparatosamente la boca…

Y Arnau siguió sus instrucciones al pie de la letra, y se acercó a su boca de nuevo… y le besó. Pero en esta ocasión era más que un pico. Introdujo su lengua en la boca abierta de Joaquín, y masajeó sus labios con los suyos. Juntaron sus lenguas, mientras Arnau empezaba a acariciar suavemente la espalda de Joaquín.

Joaquín se dejaba llevar. No se decidía a acariciar también a Arnau. Esta situación la había soñado muchas veces. Pero ya creía que era un sueño que nunca se haría realidad. Amaba a Arnau desde hacía tiempo Pero Arnau nunca le había mirado como nada más que su mejor amigo.

Joaquín se planteó por un momento en parar. Porque sabía que, posiblemente, al día siguiente, Arnau se arreglaría con Iñaki y esta noche sería como una nebulosa en su mente. O en el peor de los casos, su amistad se vería perjudicada. Pero con Arnau en sus brazos, con sus lenguas juntas, jugando, con sus labios acariciándose, ora con pasión, ora con delicadeza… no le quedó mas que unir sus manos a la fiesta y explorar debajo de la camiseta de Arnau, esa suave piel con la que tantas noches había soñado, sueños que le habían servido de inspiración para tantos momentos de gozo en solitario.

Arnau se separó otra vez. Se miraron a los ojos. Los dos sonrieron. Joaquín, en este respiro que le dio Arnau, pensó otra vez la conveniencia de poner las cosas claras. Y ahora, sin la lengua de él en su boca, era mucho más fácil…

- Arnau, no sé como decirte esto… pero… espero…
- Chsssssss, ¡Calla! No digas nada. No me voy a arrepentir de esto, si tú no te arrepientes. En el fondo llevaba tiempo queriéndolo hacer.
- Pero… ¿Iñaki?
- ¿Tú le ves aquí? – lo dijo girando grotescamente la cabeza, como buscándolo.
- Pero… mañana…
- ¿Mañana? Yo solo veo hoy…
- No sé…
- ¿No te ha gustado?
- Bobo. Sabes que sí. ¿O no se nota?
- No sé… espera que no he podido comprobarlo…

Y mientras acababa de decir estas últimas sílabas, se fue acercando de nuevo y juntó de nuevo sus labios con los de Quin. Y este beso todavía fue mucho más lento, como saboreando cada milímetro de sus labios, de su legua, quitando el polvo a sus dientes, con suavidad, como si lo hiciera con un plumero… tanteaba con sus manos la espalda de Quin, incluso el principio del maravilloso culo que tenía, tanteaba el principio de ese maravilloso precipicio que separaba las dos montañas que formaban su culo. Y sentía como las manos de Quin, hacían lo propio, con mucha delicadeza, como tanteando el camino, como disfrutando de cada milímetro, y de repente sintió como esas manos profundizaban más y estaban ya palpando su propio culo con delicadeza y pasión a la vez…

- Pues no sé que decirte, Quin… espera que voy a intentar comprobar si te gusta o no…

Seguían con esos besos. Era difícil separar donde empezaba uno y acababa el otro. Arnau solía tener la costumbre de cerrar los ojos cuando besaba. Pero hoy, no sabía muy bien por qué, se encontró disfrutando de cerca de los ojos marrones de Joaquín. De su brillo, de su chispa. De repente fue consciente de que estaba tremendamente excitado. Puso una de sus manos suavemente sobre el pene de Joaquín, y comprobó que, él estaba igual.

- Quin, vamos

Se levantó de repente. Agarró con una mano su bandolera que vio al levantarse del banco y con la otra la mano de Joaquín.

- ¡Vamos!

Joaquín al final se levantó. Es cierto, tenía una erección que… incluso le dolía. Los pantalones le apretaban demasiado. Y sentir la palma de la mano de Arnau sobre él, con esa suavidad, no había colaborado a que esto fuera menos… duro… Pero aún así, en algún sitio de su mente, tenía sus dudas. Iba a ser una noche memorable, pero creía que posiblemente, mañana lloraría. Pero no podía despreciar esta oportunidad de gozar del cuerpo de Arnau…

- Vamos, vamos… Por cierto… ¿A dónde?
- A tu casa… digo…
- ¿A sí? Vaya, como siempre invitándote a ti mismo.
- Me dijiste un día que, lo tuyo era mío.
- ¿Sí? ¿De verdad que dije eso? ¿No sería ese día que tuve tanta fiebre?
- Pues a lo mejor…

Arnau aprovechó que Joaquín sonreía para comerse esa sonrisa con la suya. Y volvió a juntar los labios… pero volvió a separarlos cuando él intentó rodearle con sus brazos…

- ¡Vamos!



- ¡¡Muévete!!
- Pero si eres tú el que está embobado mirándome a los ojos… por cierto… tienes unos ojos preciosos… ese azul que tienes… no lo he visto en nadie más que en ti…
- Pues he de reconocer que, nunca antes de hoy me había fijado en tus ojos. En esa chispa que tienen, en ese brillo…
- Creo que he sido invisible en muchas cosa para ti…
- No digas eso, parece que he pasado de ti, y sabes que te quiero con toda mi alma
- Ya lo sé… pero también tengo cuerpo, y tengo polla, y tengo culo, y tengo manos… y piernas, y pies…
- ¿A sí? ¿Eso que tienes por delante tan caliente… y que antes he rozado con mi mano…
- ¿Rozado dices? Pero si casi la exprimes cual naranja…
- ¡Que bobo eres!
- Mira, de eso te diste cuenta enseguida…
- ¡Vamos!
- Vamos, vamos – le dijo con sorna Joaquín – Vamos… no haces más que decir eso pero tus pies parece que han echado raíces como el árbol ese… ¡¡Vamos!!

Y al final fue Quin quien tiró de la mano de Arnau.

Y empezaron una suave carrera hacia la casa de Quin.

Corrían un poco, y se paraban.

Reían y se besaban.

Corrían otro poco, y se paraban otra vez. Se palpaban sus penes, y se reían. Se besaban. Se miraban a los ojos.

Y corrían de nuevo. Riendo.

Llegaron a casa. Apenas entraron empezaron a desnudarse. Iban dejando un reguero de prendas de ropa. Probaban cada milímetro de su cuerpo. Era una competición entre los dos para ver quien mordía antes una parte del cuerpo del otro. Al pasar por el baño, Arnau abrió la puerta y le empujó a Joaquín. Se acabaron de desnudar, y se metieron en ella. Dieron al agua y siguieron besándose bajo el agua. Sus penes se frotaban el uno con el otro. Estaban ardientes, duros. Sus manos apretaban sus glúteos. Hasta algún dedo se atrevía a investigar en la cueva del placer.

Y sus miembros no dejaban de frotarse.

Hasta que al final, primero uno, y poco después el otro, no pudieron contenerlos, y soltaron la primera descarga.

En el comedor, llegó la segunda corrida.

En el dormitorio, la tercera.

La cuarta, fue en la ducha otra vez…

Y, después, ya, durmieron. Arnau apoyaba su cabeza en el pecho de Joaquín. Y éste, tenía una enorme sonrisa de felicidad en la boca.

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Sonó el teléfono. Joaquín se desperezó poco a poco. Miró el despertador, y todavía era pronto. Eran las 9. Teniendo en cuanta que, a las 6 estaban todavía despiertos, era pronto.

Dejó de sonar. El que llamaba se había cansado de esperar.

Extendió su mano en la cama, para tocar a Arnau.

Pero Arnau no estaba en la cama.

Se levantó sobresaltado.

- ¡Arnau! – llamó suavemente.

Nadie contestó.

- ¡¡¡Arnau!!! – gritó más fuerte.

Silencio.

Se levantó de la cama y fue una por una por todas las habitaciones. No estaba.

- ¡¡¡¡Arnau!!!! – volvió a gritar, esta vez con un toque de desesperación.

Volvió a sonar el móvil.

No hizo nada por buscar el móvil.

Dejó de sonar.

Se sentó en el salón. Vio su móvil en la mesa de los periódicos. Lo cogió. Había al menos 8 llamadas perdidas. Desde el mismo número. Era desconocido.

Dejó otra vez el móvil en la mesa.

Volvió a sonar.

- ¿Quién es? – contestó no de muy buenas formas.


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¿Quieres ser tú el que siga la historia? ¿El que decida quien llama? ¿Arnau y Joaquín? ¿Arnau e Iñaki? ¿Y Mario? ¿Y Borja? ¿Un nuevo protagonista?
¿Quieres escribir tú el capítulo VI?

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Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.
 
...adelante...
Una de mis mitades, ayer, me dedicó esta canción.

y la necesitaba...

y la necesitaré...






Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.

 
... mentes abiertas...
Navegando por ahí, con los pies apoyados encima de la butaca de enfrente, y la cabeza en muchos sitios a la vez, encontré este video que, a pesar de no mostrar cuerpos bonitos de chicos maravillosos, ha captado mi interés.
Lástima que algunos, como los de ese debate en ese programa de televisión del que todo el mundo habla, y los que dirigen ese programa, no tengan un poquito d elo que propugna este video.


Orana
Uploaded by maxrey


Y el relato sigue en marcha...

Y si nos dejamos besar y abrazar, sentiremos que todo es mucho mejor.

 
... y llegó el Capítulo IV... y alquimista lo escribió...
- ¿Nos traes la cuenta, por favor? – le dijo cuando llegó.
- ¿Pero ya nos vamos? ¿Dónde vamos a cenar?
- Si no te importa, me voy a casa. Todavía puedes llegar a esa presentación de la exposición de Mayte. Es en la galería de Nuria, ¿verdad? ¿Quieres que te acerque?
- Pero Iñaki... si ya te he dicho que... vale, vale. Ya veo que no tiene nada que ver con lo que te he dicho ni con lo que no. Sencillamente quieres irte a casa. No te preocupes por mi, ya me las arreglaré.
- ¿Estás enfadado?
- ¡Tú que crees! No sé que coño te pasa, Iñaki. No lo entiendo. Desde que volviste de Bruselas, no eres el mismo. No hay nada que te proponga que parezca que te guste. No hay nada que quieras hacer conmigo. Ni sexo. Y no quieres hablar sobre el tema.

Arnau se removía inquieto en su silla. Había tirado la servilleta con la que se limpiaba los labios. Miraba a Iñaki, pero éste apartaba los ojos. Así llevaban tres meses ya. Y ya ni su ánimo, ni su positivismo, ni su energía podía hacer olvidar que, Iñaki, había cambiado. Que ya no le quería. Que ya las locuras que le proponía en todos los sentidos, en el sexual, en el de viajes, escapadas, juergas... todas... recibían invariablemente un NO a gritos por respuesta. Y ya estaba cansado. Ya no es que tuvieran ese margen de libertad que él mismo había impuesto a la relación. Es que ya lo que había que buscar con lupa, era los momentos en que se buscaban, en que se amaban. Al final ya no pudo más, y se levantó de la silla.

- Me voy. Cuando quieras hablar del tema, me llamas. De momento me voy a casa de Joaquín. Todavía tengo ropa allí.
- Arnau, no te pongas así...
- No me pongo de ninguna forma. Pero creo que esto no es lo que busco. Y sabes, me he cansado de fingir. De parlotear como un gilipollas, sin parar, para intentar hacer que no pasa nada. No quieres hablar conmigo, pues ya está. Total, llegaré a casa tarde. Te habrás dormido. Y mañana te levantarás antes y no te veré. Para eso me voy a casa de Joaquín, que por lo menos, tengo cháchara.
- Arnau, no es para tanto. Tengo una época un poco... bueno... no sé... – le miraba implorante Iñaki.
- Vale. – Arnau se volvió a sentar – Cuéntame.
- Bueno... – Iñaki se mostraba incómodo.
- Sin prisas, tómate tu tiempo... te escucho – Arnau recostó su espalda en la silla y se dispuso a escuchar, sin prisas.

Pero el silencio se apropió de la mesa. Se podía escuchar perfectamente todas y cada una de las conversaciones de las mesas de al lado.

Los minutos pasaban.

Arnau miraba distraídamente a la gente que les rodeaba. Al señor gordo de la mesa de al lado, que intentaba hacer comprender a su hija que, no la veía más porque su madre se lo impedía, a la chica que le declaraba su amor a un chico que, por la cara que ponía, estaba más que sorprendido, más que nada porque era evidente que era gay, al grupito de estudiantes que no hacía más que hablar de chicas y de lo que las harían si se pusieran a tiro, miraba de vez en cuando a Iñaki que no podía evitar mostrar su incomodidad...

Al final Arnau se levantó, cogió la nota que había dejado la camarera unos segundos antes, puso unas monedas que saldaban la cuenta, y se marchó.

Antes de dar más de cuatro pasos, se giró, y dirigiéndose a Iñaki le espetó:

- Dale un beso de mi parte a Mario.

Y continuó su camino hacia la salida.

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¿De qué conoce Arnau a Mario? ¿Quién es Joaquín? ¿Y Miguel, que todavía no ha aparecido? O Gorka. ¿Va Arnau a la presentación de mayte, o por contra se va a encontrar con Mario? ¿Iñaki ha quedado con Mario para una nueva sesión de sexo? Y Mario... ¿qué piensa de todo esto? ¿Cuales son sus sentimientos con respecto a Iñaki?

¿Quieres ser tú el que dé respuestas a alguno de estos interrogantes? Pues escribe... no te cortes.

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Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.


 
... y Akira, vio, leyó... y Capítulo III
Akira nos ha regalado el capítulo III.

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Sin embargo, pensó Iñaki mientras giraba la cabeza y observaba a la gente del local, para evitar mirar a los ojos de su compañero, aquello había llegado demasiado lejos.

Tras la primera noche, Mario se convirtió en una constante en su vida. Una constante incómoda, un refugio donde encontrar la pasión perdida, el fuego que se había apagado en su relación hacía tiempo.

Aquel crío, aquel niño que ocultaba en su interior una bestia indomable y primitiva. Aquella casualidad que se había cruzado en su camino en aquel chat, se había convertido en lo más real que había en su vida, y también en una maldición.

Porque Iñaki lloraba en silencio. Apenas podía aguantar las lágrimas algunos días en el trabajo, mientras un compañero le preguntaba qué tal le había ido el fin de semana. A veces no podía más y tenía que irse al baño, simulando malestar. Y entonces todo salía, el remordimiento que le consumía lentamente por dentro, como una enfermedad que le corrompía el corazón y las entrañas, la culpa por no saber encender otra vez aquel fuego intenso que un dia fué, pero que ahora era sólo frías cenizas.

"Voy a dejarlo", se decía una y mil veces. Dejaría a aquel crío, y daría un empujón a su relación con Arnau. Seguro que podría hacerlo. Y quizás con el tiempo el remordimiento desaparecería lentamente, la culpa se desvanecería, y el recuerdo de aquellas noches que le habían hecho sentir vivo otra vez, serían otro recuerdo guardado en el desván de su memoria, una anécdota, un desafortunado desliz.

Pero otro pensamiento cruzaba su mente al mismo tiempo. Arnau, sí, Arnau otra vez. El hombre de su vida. Y el hombre que hacía que su vida fuera también monótona y falta de ilusión. Una prisión sin barrotes. Se preguntaba si realmente Mario era la consecuencia inevitable de todo aquello, el principio del fin. O el principio de algo nuevo, un nuevo comienzo para él.

Mientras pensaba en todo aquello, llamó a la camarera.

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Ahora, ¿quién seguirá? ¿Serás tú el que escriba el siguiente capítulo?

Y ¿Cómo continuará la historia? ¿Al final Iñaki romperá con Mario? ¿O romperá con Arnau? ¿Qué pasa por la mente de Arnau? ¿Es Arnau el que ha llevado a la relación al aburrimiento? ¿O en cambio es Iñaki quien no pone tampoco de su parte, y simplemente es una diculpa que pone para liarse con Mario? ¿Mario ha sido el único? ¿Arnau es fiel a Iñaki o también tiene sus historias? ¿Y que busca Mario? ¿Estará a punto de aparecer en el local conde están Iñaki y Arnau?

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Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.