Capítulo XIV: Joaquín y Arnau y qué difícil lo hacemos todo...
No contestó.
Pero dio igual.
Arnau se removía intranquilo en el asiento del coche de Joaquín. Éste conducía con una atención inusitada. Un silencio incómodo, agobiante, donde hasta ese instante había coñas, risas y complicidad.
- Ahí tienes sitio.
- ¿Cabrá?
- Creo que sí.
Bajaron del coche. Entraron en el restaurante. El camarero les llevó hasta la mesa que tenían reservada. Como la cena estaba ya encargada, unas jornadas gastronómicas, el camarero simplemente les preguntó qué iban a beber. Agua y Vino. Un Ribera de Duero Crianza. Señorío de Nava.
Joaquín miraba a la mesa. Arnau, miraba a los comensales que estaban en las mesas de al lado. Llegó la bebida. El camarero, al ver a Joaquín más mayor, le sirvió a él primero para que catara el vino. Pero Joaquín le pasó la copa a Arnau. Entendía más de vino.
- Está bien – sentenció Arnau, mirando a los ojos al camarero.
El camarero sirvió las dos copas. Dejó la botella en la mesa. Isabel y María se acercaron un momento a saludarles. Eran compañeras de trabajo de Joaquín. Se levantaron y charlaron un par de minutos con ellas. Se quedaron de nuevo solos. Silencio.
Llegó el primer entrante. Una ensalada. De escabechados. ¿Codorniz? Y perdiz. A compartir. Joaquín cogió las pinzas y sirvió.
- ¡Está bueno! – Arnau probó primero.
- Sí, no está mal.
- No te gustan los escabechados.
- No es mi plato preferido.
Mayte saludó desde una mesa del fondo. Estaba con su marido y con otra pareja amiga. Arnau saludó con la cabeza a Hugo. Estaba con sus padres. Y sus hermanos. Una cena familiar. Parecía otro hombre distinto con su familia. No entendía como había caído en la compañía de Mario y sus “amigos”.
- ¿Qué viene ahora?
- Una selección de embutidos serranos.
- ¿Pan con tomate?
- Sí esas tortas que hacen a la plancha con...
- Me pondré las botas...
- Hay otros 6 platos...
- Joder...
Acabaron los escabechados. Arnau ayudó con los suyos a Joaquín. Llegaron los embutidos. Un hombre saludó con un gesto a Joaquín. Arnau escuchaba divertido una conversación entre una pareja. Conversación de besugos o como no decir nada sin parar de hablar. O como dos enamorados hacen el ridículo. Recordó en ese momento los juegos que había tenido con Joaquín hacía un momento. Hasta la llamada. Y se dio cuenta que, no difería mucho de la de estos dos chicos. Y si no hubiera sido por la llamada, ahora, estarían compitiendo en ridiculez. Su sonrisa se convirtió en mueca. Estos no eran buenos días. Nada salía bien. Y él no estaba acertado. No sabía lo que pensaba, ni mucho menos lo que sentía. No sabía si luchaba contra un incipiente amor hacia Joaquín, o contra un amor consolidado hacia Iñaki. O si en realidad había amado a Joaquín siempre, sin darse él ni cuenta. No sabía si volvería con Iñaki, ni sabía si Joaquín sería el hombre de su vida. O al final acabaría solo... alejando a todos los que le han importado por su indecisión...
Sentía que Joaquín estaba incómodo. Había repetido hasta la saciedad que no le pedía nada, pero en realidad, notaba que Joaquín al menos se había hecho a la idea de vivir unos días de pasión. La llamada lo estropeó. La sombra de Iñaki era alargada. Pero no sabía como salir de esa situación. No se le había dado nunca bien el hablar de sentimientos, ni de malos entendidos, ni malos rollos. Lo que había pasado hacía un momento en su oficina, con Quim, fue un lapsus. Estaba ofuscado, enfadado, deprimido. Y todo salió sin pensar. Pero ahora, una vez recuperado el ánimo, no era capaz de retomar el camino de la sinceridad, de la expresividad. Y Joaquín, que para eso era mucho mejor, y que siempre que habían discutido era quien empezaba la senda de la reconciliación, hoy, ahora, no estaba propicio a tomar la iniciativa.
Y esto llevaba el camino de una noche divertida, que era lo que se presagiaba hacía media hora, se iba a convertir en una noche anodina y triste.
Mayte al final se acercó, aprovechando que se levantó al servicio. Unos minutos de cháchara. Intrascendente. Creo que tenía ganas de hablar de lo que había pasado esa tarde, pero la prudencia la contenía. Joaquín bromeó con que se había encontrado antes a Arnau mirando fijamente el cuadro de la oficina. Algunas risas echaron. Por un momento parecía que el ambiente se relajaba. Pero Mayte siguió su camino al servicio, y todo volvió al silencio.
Arnau empezó a mirar a hurtadillas a Joaquín. Sus ojos estaban llorosos. No, no... no estaba llorando, pero... se notaba... como una tristeza profunda dentro... que si no estuvieran en un sitio público, con muchas gente conocida alrededor, acabaría en una suave y silenciosa caída de gotitas de agua salada.
- Están buenísimos los embutidos – rompió el silencio Joaquín.
- El pan con tomate, es lo que está de muerte.
Esperaba que cuando llegara el siguiente plato, les diera un poco más de vida a la conversación.
- No lo he cogido.
Sin saber como, Arnau se encontró diciendo eso. No fue muy consciente al hacerlo. Si lo hubiera pensado, hubiera dicho algo con más... ¿enjundia? Pero ya estaba. No se podía borrar. Joaquín se quedó mirándole. Con esos ojos. Tristes.
- No es eso.
Joaquín bajó la vista, para cazar el último resquicio de jamón. Arnau se quedó mirándole ahora con más decisión.
- ¿Qué es entonces, Quim?
Joaquín no contestó de inmediato. Perdió la mirada por todo el comedor. Pero mirando a una altura en la que no se pudiera encontrar con otras miradas. Las luces eran un buen objetivo, o el suelo. Ese langostino que se había caído de algún plato... no era un langostino, solo era una cabeza...
- Lucho contra... – dudó de cómo seguir la frase que había empezado – te amo con toda mi alma. Sé que tú no tienes esos sentimientos tan profundos, aunque creo que me quieres... sé distinguir cuando mis parejas de sexo sienten algo más... y te conozco muy bien... Y me había hecho... sin quererlo, porque he luchado contra ese sentimiento, la ilusión de disfrutar de ti al menos unos días... pero Iñaki... – y dejó la frase en el aire... ahora sí sus ojos se habían humedecido ligeramente...
Arnau alargó la mano y la puso sobre la de Joaquín. Éste intentó retirarla, pero Arnau no se lo permitió. No dejaba de mirarle a la cara, pero Joaquín tenía la mirada perdida... al final acercó su otra mano a la barbilla de él para obligarle a mirarle... vio esa humedad... vio esa tristeza... y vio ese amor...
- Quim... tenemos que... no puedo... no sé... – Arnau no encontraba las palabras – Quim, te quiero, lo sabes. Ahora estoy en una etapa que... me desborda. Cosas que creía que estaban asentadas, ahora están todas en el aire... no sé ni lo que pienso, ni lo que siento, ni si las elecciones que he hecho han sido las correctas. Ahora me encuentro en un mar de sentimientos que no sé interpretar de momento... sabes que no he sido muy bueno en esos temas nunca... Quim... te quiero... no te puedo prometer amor... no sé si sé amar a nadie... lo dudo ahora... Iñaki ha hecho que todos los pilares sobre los que estaba construyendo una estabilidad emocional, se derrumben... Quim... no he cogido el teléfono... Iñaki está ahí... tengo muchas cosas todavía en común... además de cosas en su casa, negocios juntos... no puedo apartarle así, radicalmente de mi vida... pero eso no significa que, signifique algo... que no lo sé tampoco.. dudo ahora de que nunca le haya amado... y mucho menos que él me haya amado a mí... creo que nos aprovechamos... el uno del otro... no lo sé... no sé nada... todo está confuso... – ahora fue Arnau quien bajó la mirada, y sus ojos fueron los que se humedecieron...
- Creo que vamos a llorar... nos vamos a hacer daño...
- No sé lo que pasará mañana, pero hoy... quiero estar contigo... y creo que tú quieres estar conmigo... disfrutémoslo...
- ¿Y mañana? ¿Tengo alguna esperanza de que haya un mañana?
Arnau separó su mano de la de él. Bajó la mirada. Empezó a jugar con el tenedor... las migas de pan...
- No sé... no sé mañana que será. No sé que siento. Ahora no sé ni que sentía ayer... no sé si me engañado estos años, no sé si, todo ha sido una mentira que me convenía, que nos convenía... creo que, lo único verdadero en estos años, puede que haya sido tu cariño, tu amor... al que yo nunca he querido responder... por egoísmo... porque quería tenerte ahí siempre... porque en el fondo me he apoyado en ti siempre... y nunca he creído que fuera capaz de tener una relación estable con nadie... y no quería joderla contigo... no quería que te convirtieras en cualquiera de las decenas de chicos que ha pasado por mi cama, o yo por las suyas... en un intento por mi parte de buscar algo estable... ¡¡joder!!
Arnau se levantó de repente. Se dirigió al baño. Necesitaba lavarse un poco la cara. Necesitaba estar unos instantes solo. Entró. Abrió el grifo. Agua fría. Puso sus manos bajo el chorro. Las juntó y acumuló un poco de agua. Las levantó decididamente para que el agua saliera disparada contra su cara. Repitió la misma acción varias veces. Así el agua fría mitigaba el calor de sus lágrimas. El líder, el chico que todos imitaban, envidiaban, al que todos quería follar, o siquiera que les dedicara una mirada... ese mismo... estaba ahí, en el baño de un restaurante de moda, llorando desesperado, y con su amigo, sentado en la mesa... y con su amigo al que adoraba... a punto de perderle... y esa posibilidad, le dolía... ¿por qué era todo tan difícil?
No sé dio cuenta, pero Joaquín entró en el baño. Se acercó a él mientras tenía la cabeza baja y no veía el espejo... y le rodeó la cintura con sus brazos. Pegó su cuerpo al de Arnau. Lo acopló como si fuera uno. Así le obligó a incorporarse un poco... la cara de Arnau goteaba abundante agua... Joaquín besó su cuello... Miró al espejo para encontrarse con los ojos de Arnau... “Todo está bien, Arnau” le susurró al oído, mientras le daba pequeños besos en la oreja y el cuello. “Todo saldrá bien, perdóname”
Arnau puso sus manos sobre las de Joaquín. Parecía que tuvieran una camisa de fuerza... los brazos cruzados... buscando las manos que le abrazaban... Arnau acomodó su cabeza sobre el pecho de Joaquín, empapándole... Así Joaquín aprovecho para darle un suave beso en los labios...
- ¡¡¡Maricas!!! ¡¡¡Qué asco!!!
Giraron su cara. Vieron la sombra de un hombre que salía bruscamente del baño. Arnau giró su cara y se quedó mirando a los ojos de Joaquín. Como si se hubieran puesto de acuerdo, soltaron los dos una carcajada. Volvieron a darse un suave beso, simplemente tocando suavemente sus labios.
- ¿Sabes quien era?
- Sí. – respondió Arnau – Era Fernando Jiménez.
- ¿el de...?
- Sí.
- ¿No era amigo...?
- De mis padres sí – acabó la frase Arnau. – Ahora seguro pregunta por el dueño para quejarse y hacer que nos echen del restaurante.
- Lo lleva claro...
Y los dos volvieron a reírse. Mirándose a los ojos. Ahora ya estaban de frente, cogidos de la mano.
- ¿Seguimos cenando?
- Vamos – contestó Arnau, arrancando sin soltar la mano de Joaquín.
----
Capítulos anteriores:
Capítulo I: el comienzo
Capítulo II: Canalla continúa la historia
Capítulo III: Akira lo escribió
Capítulo IV: Arnau e Iñaki, con Mario como sombra
Capítulo V: Arnau y Joaquín, by Tatojimi
CapítuloVI: Iñaki y Mario, con nuevos protagonistas
Capítulo VII: Israel es el protagonista
Capítulo VIII: Arnau y Joaquín, a la mañana siguiente
Capítulo IX: el despertar de Iñaki
Capítulo X: todo lo que se podría arreglar... o cuando todo es cuesta abajo.
Capítulo XI: Rodrigo (por tatojimi)
Capítulo XII: Secretos con gotitas de miedo... (por tatojimi)
Capítulo XIII: Joaquín y Arnau o una noche para... ¿empezar?
-----
Dejaos besar y abrazar, todo será mucho más bonito.
... una sensación, un ridículo, un gilipollas...
Una sensación.
Lleva dentro de mi un tiempo. No sé si largo o corto.
Hay días que está oculto. Pero hay días que aflora. Y duele.
Creo que me estoy equivocando.
Creo que, hago el ridículo. Y que a veces resulto patético.
Ayer fue uno de esos días.
...
...
Enciendo mi cigarrillo. Sino no sería yo.
Una calada. Profunda.
Hoy mi mirada ni siquiera tiene ganas de seguir el humo. Sencillamente se pierde por la ventana. No mira allí, pero tampoco allí. Ni siquiera allí. Pero hay un punto... allí... que parece tiene un imán y ahí se queda mi mirada.
...
...
Otra calada. No se me quita esa sensación. De tristeza, de impotencia. De ridículo. Y al final acaba por convertirse en una sensación de furia. Contra todos. Pero sobre todo, contra mí.
Recuerdo.
Hace unos días hablaba de ello.
Tengo esa sensación. Doy pena. Y por lástima, alguno me escucha. Por lástima, como dando una limosna, alguno toma un café conmigo. Era más fácil cuando estaba alegre siempre. Cuando de dentro, solo salían coñas, alegrías. Pero ahora, de dentro, salen a veces gritos de tristeza. Desgarros de miedo, de impotencia. Salen sentimientos, pensamientos que me avergüenzan. Pero que están ahí. Y que aprovechas a los que crees amigos para sacarlos.
...
...
Una calada. Otra. Sólo queda ya medio cigarrillo. Retengo el humo unos instantes. Sale con un suspiro.
Puede que me equivoque. Puede que, pida demasiado. Quizás, recuerdo, antes, no pedía nada. Quizás era lo mejor. Quizás deba hacer lo mismo. Parecía que algunos miedos se aparcaban. Parecía que de alguna forma, en la escala de prioridades, había ascendido unos peldaños. Puede que me equivocara. Y ahora, pida demasiado. Hay personas a las que, no les puedes pedir mucho. Sólo puedes esperar que te den. Quizás, me engañé, pensando que ya podría pedir algo.
...
...
...
Vuelve a perderse mi mirada. Casi ni la puedo fijar en el teclado, o la pantalla, mientras escribo. No hay peor actitud que esperar algo. Cuando no llega, te desilusionas, te enfadas. Es mejor hacer planes sin contar con nadie, con nada. Y si luego alguien se acopla, estupendo. Hacer planes basados en alguien, en algo, cuando al final te encuentras solo, cual gilipollas, mirando el movimiento de las ramas de un árbol, solo produce acidez de estómago. Y dolor de cabeza. Almax, y gelocatil. En ensalada.
...
...
Apago el cigarrillo. Me he quemado los dedos. Lo he dejado consumir. Volveré a no esperar nada. Volveré a guardarme mis gritos, cuando sean tristes y angustiosos. Cuando los das, cuando gritas, y causas pena, el efecto beneficioso del grito, se oculta, detrás de una cortina de impotencia, de ridículo. Y al final, acabas peor.
No pediré nada. No esperaré nada. Daré lo que pueda. Y esperaré poco. Por lo menos, me sentiré a gusto conmigo mismo. Creo que me equivoqué. Una vez más.
Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.
Capítulo XIII: Joaquín y Arnau, o una noche para... ¿empezar?
Llevaba ya casi veinte minutos esperando.
Salió del coche. Sacó su paquete de tabaco del bolsillo de la chaqueta. Y encendió un cigarrillo. Aspiró profundamente. Saboreó el humo, mientras miraba la llama del cigarrillo.
Soltó el humo hacia arriba, siguiendo su camino con la vista. Mirándolo pero sin verlo. Se apoyó en el coche.
Miró hacia la puerta de la empresa de Arnau. “Romeo’s imagen y comunicación” rezaba un cartel modesto de metacrilato, iluminado por un foco. Recordaba como hacía menos de tres años, apenas con 20, abrió Arnau la empresa. La de nombres que barajaron... los dos en el salón de casa, con 30 ó 40 posibilidades, discutiendo las ventajas de uno y de otro, inventando eslóganes, muchos imposibles, otros divertidos. Al final, su pasión por Romeo y Julieta, venció. Romeo sería el nombre de su empresa. Invirtió el dinero que le había dejado su abuelo. Con sus padres, poderosos y adinerados, ni siquiera se hablaba. Un riesgo, sí. Pero después de arriesgarse a ser gay con los padres que tenía, ese riesgo, era ínfimo.
Arnau siempre le había sorprendido. Empezó admirándole. Tenía una fuerza y un empuje extraordinarios. Trabajaba, estudiaba, y le quedaba tiempo para leer, y para una agitada vida social... Y casi siempre todo lo hacía con una alegría innata y espontánea. Luego llegó el cariño, y finalmente el amor. Sin darse cuenta. No podría delimitar las etapas. El caso es que... ocurrió.
Pensaba en esa noche pasada. Noche de pasión, de sexo. Sonreía.
Pensaba en hoy. Esa noche. Una cena. Los dos solos. Incertidumbre. ¿Miedo?
El día había ido mal. Arnau había tenido problemas. Con Iñaki. Teo se lo contó cuando hace ya 20 minutos se fue.
¿Y mañana?
Joaquín estaba empezando a ponerse nervioso. Hasta llegar allí pensaba que iba a ser una bonita velada. Una cena, quizás una copa en algún Pub, o una sesión de música en directo... y después... Vivir el momento. No creía que Arnau se prendara a estas alturas de él. Y que empezaran una historia de amor. Pero sí creía que, podría vivir unos días, al menos, esa ficción. Y quizás, después de todo, cuando Arnau le rompiera el corazón, quizás, pudiera romper esa dependencia que tenía de él... de su imagen, de la idea que tenía de lo que podría ser casarse con Arnau.
Ahora, ya ni la perspectiva de una noche memorable, la segunda, estaba clara.
Tiró con furia el cigarrillo al suelo, y lo pisó con fuerza. Cerró el coche, y se encaminó hacia la puerta.
Estaba abierta.
Entró.
Sólo estaba encendida la luz de su despacho. No le oyó entrar. Se fue acercando. Se apoyó en el quicio de la puerta. Y como la noche anterior en el parque, se quedó mirándole.
Hoy otra vez, estaba lloroso. Derrotado. Estaba girado mirando, sin ver, un hermoso cuadro de un desnudo masculino. Era de Mayte. Se lo regaló cuando inauguró la oficina donde estaban ahora.
Parecía 10 años más viejo que esa mañana. No pudo evitar sentir dolor. No podía evitar recordar los innumerables momentos en que Arnau tiró de él. Aunque él mismo tuviera problemas. Pero siempre estaba para animarle y empujarle. Y verle así, como nunca le había visto... no pudo evitar que una lágrima se escapara por sus ojos.
Se acercó sin hacer ruido. Por detrás de la silla. Por encima de la silla, le rodeó su cuello. Bajó la cabeza y le dio un suave beso en la cabeza, sobre esa cuidadosamente despeinada maraña de pelo con mechas rubias. Arnau puso su mano sobre las suyas.
- Todo se derrumba Quim...
Dio la vuelta a la silla y se enfrentó a él. Le agarró de las manos y tiró de él para levantarle. Le dio un suave beso en los labios. Se quedó mirándole a los ojos. Ojos sin esperanza, casi sin vida. Ojos llenos de tristeza, de lágrimas.
- Ven... siéntate conmigo ahí, en el suelo
Y tiró con suavidad de él, hasta una esquina. Se sentó apoyado en la pared, y le obligó a sentarse entre sus piernas, apoyando su espalda en su pecho. Le rodeo con sus brazos, con suavidad, pero a la vez con fuerza.
- Todo saldrá bien – susurró en sus oídos.
Arnau apoyó sus manos en las de Quim. Y recostó su cabeza hacia atrás. Empezó a sentirse mejor. A no sentirse solo.
- Sabes, creo que, no sé, cómo podré pagar el alquiler de mi parte el próximo mes.
- Ahora gano dinero. ¿Lo sabías? – le mordió la oreja.
- ¿Me mantendrás?
- Tú me has ayudado antes. Ahora me toca a mí.
- No puedo prometerte nada.
- No te he pedido nada.
- Pero deseas muchas cosas, que no sé si sabré... o podré darte... por lo menos ahora...
- Soy de buen conformar.
- Eres de buen llorar en la soledad de tu habitación.
Quim se quedó pensando. Imperceptiblemente, sonrió. Por lo menos, supo que, Arnau siempre se había enterado de lo que le pasaba. Y que le conocía mucho mejor de lo que él se imaginaba. Y que se lo había callado. Eso no le gustaba tanto.
- No te he pedido nada – repitió Quim.
- Te quiero, ¿lo sabes?
- Sí. Y yo te amo.
- Ahora dudo de saber que significa esa palabra.
- Intentaré que lo descubras.
Arnau, suspiró. Y se rió. Una risa triste.
- ¿De qué te ríes?
- Un día, hace un par de años, estábamos así. Pero al revés. Te echaron del gabinete aquél... ¿te acuerdas?
- Era un trabajo de mierda.
- Pero te afectó.
- Nunca me habían echado de esa forma de ningún sitio. Siempre he tenido que trabajar para poder estudiar. En muchos sitios. Pero nunca me hicieron lo que me hicieron allí, y menos de esa forma. Y me jodió – Joaquín endureció su tono sin darse cuenta, ese momento de su vida todavía removía cosas dentro de él.
- Te derrumbaste. Cuando llegué a casa, estabas sentado en el suelo del salón, con todos los almohadones en el suelo.
- Estaba derrotado, pero tampoco era para estar incómodo... – y soltó una carcajada.
- Y me senté detrás de ti, como tú estás ahora. Estuvimos mucho tiempo así.
- Se estaba bien.
- ¿Era yo más cómodo que los almohadones?
- Mucho más. Y eso que estabas en los huesos.
- ¿Ya me amabas?
Joaquín se quedó pensando que responder. Le sorprendió la pregunta. Hoy Arnau estaba directo con sus apreciaciones. Normalmente era todo lo contrario.
- No sé cuando me enamoré de ti. Lo estaba pensando antes. No soy capaz de separar las etapas. Pero en ese momento sí. Empezabas a salir con Iñaki.
- Y llorabas todos los días en tu habitación cuando Iñaki dormía conmigo.
Arnau puso una mueca. Una media sonrisa triste apareció en sus labios.
- Llorar no es la palabra. Me desesperaba.
- Algún día te oí llorar.
- Habrá que insonorizar las paredes... jajajajaja.
- ¿Sabes lo que me dijiste cuando estábamos así, pero al revés, en el salón?
- No se a que te refieres. Creo que hablamos al final de muchas cosas.
- Me dijiste algo así... “lo que no soporto es que un criajo de 21 años me esté secando las lágrimas y limpiándome los mocos... ¡¡tengo 25!! Y soy una mierda al lado tuyo”
Una carcajada sincera salió de la boca de Joaquín. No recordaba esa frase. Pero el tono en que la dijo Arnau, imitando su forma de hablar, seguro que la tuvo que decir.
- Y hoy, me has devuelto la pelota – siguió Arnau.
- Por una vez que yo soy el teóricamente fuerte...
- No te puedo prometer nada...
- No te he pedido nada...
Y de repente, Joaquín se levantó.
- Salvo que nos vayamos de una puta vez a cenar. ¡¡Vamos!! Levanta ese maravilloso culo por el que suspiro desde hace años y vamos a cenar.
- ¡Siempre pensando en lo mismo!
- ¿En qué?
- En mi culo... jajajajajajaja.
- Serás... – y sin dejar que acabara lo que iba a decir, Arnau le dio un golpe con el codo, suave, en el estómago.
- ¡Cabrón!
Y los dos empezaron un juego de niños, persiguiéndose alrededor de la mesa. Los dos se reían. Al final Joaquín consiguió atrapar a Arnau. Le abrazó y le pegó a su cuerpo. Se quedaron mirándose a los ojos. Sonrieron. Y Arnau le dio un beso.
- Gracias
Joaquín se quedó mirándole a los ojos. Había tristeza todavía en ellos.
De repente, se separó de Arnau. Se fue al perchero y cogió la bandolera y la chaqueta de Arnau. Se la lanzó por encima de la silla.
- ¡Vamos! Luego, en casa – y puso una mirada picarona – te contesto a eso.
- Y ¿si vamos directamente a casa?
- ¿Y renunciar a la maravillosa cena que he encargado? ¡Ni lo sueñes! Menos mal que era yo el que “solo pensaba en el sexo” – dicho esto último en un tono de noñería insultante casi.
- Vamos, vamos – se rindió Arnau – Pero por lo menos, apaga la luz.
- Siempre mandando.
- ¡Soy el jefe!
- ¡Ja! Eso ya lo veremos. En casa hoy te toca hacer de perrito.
- ¿De perrito?
- ¿No era una de tus fantasías?
- ¿Hemos hablado de eso alguna vez? – dijo sorprendido Arnau.
- El alcohol es malo – le contestó Joaquín, guiñándole un ojo.
- Ni puta idea – dijo Arnau con una media sonrisa resignada.
- Yo sí – volvió a guiñar el ojo – Pero no lo niegas.
- Es cierto. No lo puedo negar.
- Menos mal... – y soltó una carcajada.
- ¿Lo jugamos a los gatos?
- Mientras cenamos.
- El que pierda, va a cuatro patas en casa durante toda la noche. Desnudo.
- Guay. Me va a encantar verte mover los mofletes de ese culito que me vuelve loco por toda la casa.
- Será tu culo el que se mueva – dándole una suave palmada en la espalda.
Y diciendo esto, llegaron a la calle. Arnau, cerró al puerta, mientras Joaquín abría y arrancaba el coche.
Arnau entró en el coche.
Sonó su teléfono.
Al sacarlo de la funda de su cinturón se cayó en el lado de Joaquín. Éste lo cogió y miró la pantalla.
Se lo pasó a Arnau.
Era Iñaki.
----
Capítulos anteriores:
Capítulo I: el comienzo
Capítulo II: Canalla continúa la historia
Capítulo III: Akira lo escribió
Capítulo IV: Arnau e Iñaki, con Mario como sombra
Capítulo V: Arnau y Joaquín, by Tatojimi
CapítuloVI: Iñaki y Mario, con nuevos protagonistas
Capítulo VII: Israel es el protagonista
Capítulo VIII: Arnau y Joaquín, a la mañana siguiente
Capítulo IX: el despertar de Iñaki
Capítulo X: todo lo que se podría arreglar... o cuando todo es cuesta abajo.
Capítulo XI: Rodrigo (por tatojimi)
Capítulo XII: Secretos con gotitas de miedo... (por tatojimi)
------
Capítulo XIII. La historia avanza. Si quieres contribuir o decidir el futuro de alguno de los personajes, ya sabes.
Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.
Salió del coche. Sacó su paquete de tabaco del bolsillo de la chaqueta. Y encendió un cigarrillo. Aspiró profundamente. Saboreó el humo, mientras miraba la llama del cigarrillo.
Soltó el humo hacia arriba, siguiendo su camino con la vista. Mirándolo pero sin verlo. Se apoyó en el coche.
Miró hacia la puerta de la empresa de Arnau. “Romeo’s imagen y comunicación” rezaba un cartel modesto de metacrilato, iluminado por un foco. Recordaba como hacía menos de tres años, apenas con 20, abrió Arnau la empresa. La de nombres que barajaron... los dos en el salón de casa, con 30 ó 40 posibilidades, discutiendo las ventajas de uno y de otro, inventando eslóganes, muchos imposibles, otros divertidos. Al final, su pasión por Romeo y Julieta, venció. Romeo sería el nombre de su empresa. Invirtió el dinero que le había dejado su abuelo. Con sus padres, poderosos y adinerados, ni siquiera se hablaba. Un riesgo, sí. Pero después de arriesgarse a ser gay con los padres que tenía, ese riesgo, era ínfimo.
Arnau siempre le había sorprendido. Empezó admirándole. Tenía una fuerza y un empuje extraordinarios. Trabajaba, estudiaba, y le quedaba tiempo para leer, y para una agitada vida social... Y casi siempre todo lo hacía con una alegría innata y espontánea. Luego llegó el cariño, y finalmente el amor. Sin darse cuenta. No podría delimitar las etapas. El caso es que... ocurrió.
Pensaba en esa noche pasada. Noche de pasión, de sexo. Sonreía.
Pensaba en hoy. Esa noche. Una cena. Los dos solos. Incertidumbre. ¿Miedo?
El día había ido mal. Arnau había tenido problemas. Con Iñaki. Teo se lo contó cuando hace ya 20 minutos se fue.
¿Y mañana?
Joaquín estaba empezando a ponerse nervioso. Hasta llegar allí pensaba que iba a ser una bonita velada. Una cena, quizás una copa en algún Pub, o una sesión de música en directo... y después... Vivir el momento. No creía que Arnau se prendara a estas alturas de él. Y que empezaran una historia de amor. Pero sí creía que, podría vivir unos días, al menos, esa ficción. Y quizás, después de todo, cuando Arnau le rompiera el corazón, quizás, pudiera romper esa dependencia que tenía de él... de su imagen, de la idea que tenía de lo que podría ser casarse con Arnau.
Ahora, ya ni la perspectiva de una noche memorable, la segunda, estaba clara.
Tiró con furia el cigarrillo al suelo, y lo pisó con fuerza. Cerró el coche, y se encaminó hacia la puerta.
Estaba abierta.
Entró.
Sólo estaba encendida la luz de su despacho. No le oyó entrar. Se fue acercando. Se apoyó en el quicio de la puerta. Y como la noche anterior en el parque, se quedó mirándole.
Hoy otra vez, estaba lloroso. Derrotado. Estaba girado mirando, sin ver, un hermoso cuadro de un desnudo masculino. Era de Mayte. Se lo regaló cuando inauguró la oficina donde estaban ahora.
Parecía 10 años más viejo que esa mañana. No pudo evitar sentir dolor. No podía evitar recordar los innumerables momentos en que Arnau tiró de él. Aunque él mismo tuviera problemas. Pero siempre estaba para animarle y empujarle. Y verle así, como nunca le había visto... no pudo evitar que una lágrima se escapara por sus ojos.
Se acercó sin hacer ruido. Por detrás de la silla. Por encima de la silla, le rodeó su cuello. Bajó la cabeza y le dio un suave beso en la cabeza, sobre esa cuidadosamente despeinada maraña de pelo con mechas rubias. Arnau puso su mano sobre las suyas.
- Todo se derrumba Quim...
Dio la vuelta a la silla y se enfrentó a él. Le agarró de las manos y tiró de él para levantarle. Le dio un suave beso en los labios. Se quedó mirándole a los ojos. Ojos sin esperanza, casi sin vida. Ojos llenos de tristeza, de lágrimas.
- Ven... siéntate conmigo ahí, en el suelo
Y tiró con suavidad de él, hasta una esquina. Se sentó apoyado en la pared, y le obligó a sentarse entre sus piernas, apoyando su espalda en su pecho. Le rodeo con sus brazos, con suavidad, pero a la vez con fuerza.
- Todo saldrá bien – susurró en sus oídos.
Arnau apoyó sus manos en las de Quim. Y recostó su cabeza hacia atrás. Empezó a sentirse mejor. A no sentirse solo.
- Sabes, creo que, no sé, cómo podré pagar el alquiler de mi parte el próximo mes.
- Ahora gano dinero. ¿Lo sabías? – le mordió la oreja.
- ¿Me mantendrás?
- Tú me has ayudado antes. Ahora me toca a mí.
- No puedo prometerte nada.
- No te he pedido nada.
- Pero deseas muchas cosas, que no sé si sabré... o podré darte... por lo menos ahora...
- Soy de buen conformar.
- Eres de buen llorar en la soledad de tu habitación.
Quim se quedó pensando. Imperceptiblemente, sonrió. Por lo menos, supo que, Arnau siempre se había enterado de lo que le pasaba. Y que le conocía mucho mejor de lo que él se imaginaba. Y que se lo había callado. Eso no le gustaba tanto.
- No te he pedido nada – repitió Quim.
- Te quiero, ¿lo sabes?
- Sí. Y yo te amo.
- Ahora dudo de saber que significa esa palabra.
- Intentaré que lo descubras.
Arnau, suspiró. Y se rió. Una risa triste.
- ¿De qué te ríes?
- Un día, hace un par de años, estábamos así. Pero al revés. Te echaron del gabinete aquél... ¿te acuerdas?
- Era un trabajo de mierda.
- Pero te afectó.
- Nunca me habían echado de esa forma de ningún sitio. Siempre he tenido que trabajar para poder estudiar. En muchos sitios. Pero nunca me hicieron lo que me hicieron allí, y menos de esa forma. Y me jodió – Joaquín endureció su tono sin darse cuenta, ese momento de su vida todavía removía cosas dentro de él.
- Te derrumbaste. Cuando llegué a casa, estabas sentado en el suelo del salón, con todos los almohadones en el suelo.
- Estaba derrotado, pero tampoco era para estar incómodo... – y soltó una carcajada.
- Y me senté detrás de ti, como tú estás ahora. Estuvimos mucho tiempo así.
- Se estaba bien.
- ¿Era yo más cómodo que los almohadones?
- Mucho más. Y eso que estabas en los huesos.
- ¿Ya me amabas?
Joaquín se quedó pensando que responder. Le sorprendió la pregunta. Hoy Arnau estaba directo con sus apreciaciones. Normalmente era todo lo contrario.
- No sé cuando me enamoré de ti. Lo estaba pensando antes. No soy capaz de separar las etapas. Pero en ese momento sí. Empezabas a salir con Iñaki.
- Y llorabas todos los días en tu habitación cuando Iñaki dormía conmigo.
Arnau puso una mueca. Una media sonrisa triste apareció en sus labios.
- Llorar no es la palabra. Me desesperaba.
- Algún día te oí llorar.
- Habrá que insonorizar las paredes... jajajajaja.
- ¿Sabes lo que me dijiste cuando estábamos así, pero al revés, en el salón?
- No se a que te refieres. Creo que hablamos al final de muchas cosas.
- Me dijiste algo así... “lo que no soporto es que un criajo de 21 años me esté secando las lágrimas y limpiándome los mocos... ¡¡tengo 25!! Y soy una mierda al lado tuyo”
Una carcajada sincera salió de la boca de Joaquín. No recordaba esa frase. Pero el tono en que la dijo Arnau, imitando su forma de hablar, seguro que la tuvo que decir.
- Y hoy, me has devuelto la pelota – siguió Arnau.
- Por una vez que yo soy el teóricamente fuerte...
- No te puedo prometer nada...
- No te he pedido nada...
Y de repente, Joaquín se levantó.
- Salvo que nos vayamos de una puta vez a cenar. ¡¡Vamos!! Levanta ese maravilloso culo por el que suspiro desde hace años y vamos a cenar.
- ¡Siempre pensando en lo mismo!
- ¿En qué?
- En mi culo... jajajajajajaja.
- Serás... – y sin dejar que acabara lo que iba a decir, Arnau le dio un golpe con el codo, suave, en el estómago.
- ¡Cabrón!
Y los dos empezaron un juego de niños, persiguiéndose alrededor de la mesa. Los dos se reían. Al final Joaquín consiguió atrapar a Arnau. Le abrazó y le pegó a su cuerpo. Se quedaron mirándose a los ojos. Sonrieron. Y Arnau le dio un beso.
- Gracias
Joaquín se quedó mirándole a los ojos. Había tristeza todavía en ellos.
De repente, se separó de Arnau. Se fue al perchero y cogió la bandolera y la chaqueta de Arnau. Se la lanzó por encima de la silla.
- ¡Vamos! Luego, en casa – y puso una mirada picarona – te contesto a eso.
- Y ¿si vamos directamente a casa?
- ¿Y renunciar a la maravillosa cena que he encargado? ¡Ni lo sueñes! Menos mal que era yo el que “solo pensaba en el sexo” – dicho esto último en un tono de noñería insultante casi.
- Vamos, vamos – se rindió Arnau – Pero por lo menos, apaga la luz.
- Siempre mandando.
- ¡Soy el jefe!
- ¡Ja! Eso ya lo veremos. En casa hoy te toca hacer de perrito.
- ¿De perrito?
- ¿No era una de tus fantasías?
- ¿Hemos hablado de eso alguna vez? – dijo sorprendido Arnau.
- El alcohol es malo – le contestó Joaquín, guiñándole un ojo.
- Ni puta idea – dijo Arnau con una media sonrisa resignada.
- Yo sí – volvió a guiñar el ojo – Pero no lo niegas.
- Es cierto. No lo puedo negar.
- Menos mal... – y soltó una carcajada.
- ¿Lo jugamos a los gatos?
- Mientras cenamos.
- El que pierda, va a cuatro patas en casa durante toda la noche. Desnudo.
- Guay. Me va a encantar verte mover los mofletes de ese culito que me vuelve loco por toda la casa.
- Será tu culo el que se mueva – dándole una suave palmada en la espalda.
Y diciendo esto, llegaron a la calle. Arnau, cerró al puerta, mientras Joaquín abría y arrancaba el coche.
Arnau entró en el coche.
Sonó su teléfono.
Al sacarlo de la funda de su cinturón se cayó en el lado de Joaquín. Éste lo cogió y miró la pantalla.
Se lo pasó a Arnau.
Era Iñaki.
----
Capítulos anteriores:
Capítulo I: el comienzo
Capítulo II: Canalla continúa la historia
Capítulo III: Akira lo escribió
Capítulo IV: Arnau e Iñaki, con Mario como sombra
Capítulo V: Arnau y Joaquín, by Tatojimi
CapítuloVI: Iñaki y Mario, con nuevos protagonistas
Capítulo VII: Israel es el protagonista
Capítulo VIII: Arnau y Joaquín, a la mañana siguiente
Capítulo IX: el despertar de Iñaki
Capítulo X: todo lo que se podría arreglar... o cuando todo es cuesta abajo.
Capítulo XI: Rodrigo (por tatojimi)
Capítulo XII: Secretos con gotitas de miedo... (por tatojimi)
------
Capítulo XIII. La historia avanza. Si quieres contribuir o decidir el futuro de alguno de los personajes, ya sabes.
Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.
...un poco de música...
Hace mucho que no ponemos música...
Así me inspira para escribir el siguiente capítulo de nuestra historia.
Cecilia: un ramito de violetas.
Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.
Así me inspira para escribir el siguiente capítulo de nuestra historia.
Cecilia: un ramito de violetas.
Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.