Dj’eaNDo
Rugidos de magos en quiebra aprisionan mis manos
a una delgada sensación de alfiler,
en mi inquieta galería que espera la chispa de luz
para dar el estallido enmudecido al mundo,
salpicando la huida de los lobos en la noche
donde me arden las ganas
como una leona hambrienta
arrebatándole la sangre que relame
en los huesos aun calientes de su presa.
Despensa de almas aniquilando melodías por
esperar la reflexión de un último cuerpo
hasta llegar a la eternidad de la nada,
trance valiente que desgarra saltos de jaguares
esperando volar desde el horizonte perdido,
genes mal engranados por el esperma suicida
de una dictadura repleta de juicios,
sin intentar arrullar el abismo, tapando con telas
aplomadas de culpas y tornasolas de engaños,
que no dejan fluir el sinfín del universo,
arrebatamos los enigmas de la presencia ingenua
de espíritus, retomando las arduas batallas de nuestros
ancestros, capitales sin estrellas que elevan sus manos
rindiéndose al desafío de la magna veracidad de la vida,
perdiendo colmillos afilados en tumbas de pino santo.
Bajo un sol arduo, una estirpe llama a la puerta
por debajo de tu falda para llevarse el tiempo
y anular tu espacio con márgenes de perdidas orillas
en cada libro lleno de hojas en blanco…
anécdotas escrutadas por multitudes de mendigos,
multitud de almas creyéndose cuerpos con harapos que
tapan sus carnes, trepando rosales ensangrentados,
durmiendo a caníbales despedazados en danzas de alimentos
con rayos atravesando espejos e iluminando
a muchedumbres de indigentes, almas pegadas a pieles,
bajo un tendido de montañas de estúpidos infames
amurallados en sus castillos.
a una delgada sensación de alfiler,
en mi inquieta galería que espera la chispa de luz
para dar el estallido enmudecido al mundo,
salpicando la huida de los lobos en la noche
donde me arden las ganas
como una leona hambrienta
arrebatándole la sangre que relame
en los huesos aun calientes de su presa.
Despensa de almas aniquilando melodías por
esperar la reflexión de un último cuerpo
hasta llegar a la eternidad de la nada,
trance valiente que desgarra saltos de jaguares
esperando volar desde el horizonte perdido,
genes mal engranados por el esperma suicida
de una dictadura repleta de juicios,
sin intentar arrullar el abismo, tapando con telas
aplomadas de culpas y tornasolas de engaños,
que no dejan fluir el sinfín del universo,
arrebatamos los enigmas de la presencia ingenua
de espíritus, retomando las arduas batallas de nuestros
ancestros, capitales sin estrellas que elevan sus manos
rindiéndose al desafío de la magna veracidad de la vida,
perdiendo colmillos afilados en tumbas de pino santo.
Bajo un sol arduo, una estirpe llama a la puerta
por debajo de tu falda para llevarse el tiempo
y anular tu espacio con márgenes de perdidas orillas
en cada libro lleno de hojas en blanco…
anécdotas escrutadas por multitudes de mendigos,
multitud de almas creyéndose cuerpos con harapos que
tapan sus carnes, trepando rosales ensangrentados,
durmiendo a caníbales despedazados en danzas de alimentos
con rayos atravesando espejos e iluminando
a muchedumbres de indigentes, almas pegadas a pieles,
bajo un tendido de montañas de estúpidos infames
amurallados en sus castillos.