ALEX //
Mis diecinueve, veinte y veintiún años de aqui para allá, siempre en Barcelona
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Mis diecinueve, mis veinte y mis veintiún años, de aqui para allá, siempre en Barcelona.
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Me acordé de cuando a mediados de Agosto aparcaban sus camiones en un descampado cerca de Garraf , eran tan viejos que ya no se fabricaban, las caravanas casi ruinosas, los coches destrozados por los miles de kilómetros recorridos, todos como formando una especie de círculo, para evitar que curiosos como yo, les pudiéramos molestar, supongo, retrasarlos en su tarea.

Eran hombres y mujeres fuertes, al margen de nuestro mundo, provenientes de uno mucho más excitante me parecía entonces ingenuamente, que un dia de pronto y por sorpresa aparecían en nuestras vidas, atravesaban el pueblo despertándonos a todos con fuertes bocinazos, y finalmente paraban luego a las afueras del mismo como ya he dicho.


Me gustaba especialmente ver como descargaban antes que nada las placas de la pista y las vigas metálicas del techo. Me acercaba lo máximo posible siempre, unas horas después, a ese camión que dentro de él los transportaba, los coches de choque aparecían siempre aplastados los unos contra los otros, colocados de muy mala manera, sin ningún tipo de cuidado extra u orden.

Perdía las horas alli miserablemente en resumidas cuentas, a nadie le apetecía venir, viendo como colocaban los pequeños trozos de madera en el suelo y sobre ellos luego con una enorme paciencia toda la estructura que servia de base a la instalación.

Al dia siguiente poco a poco daban forma al techo y una vez terminado, con una bomba , lo subían hasta arriba del todo.

Finalmente llegaba el momento cumbre, cuando los deslizaban por la rampa, de muchos colores, la mayoría muy sucios y con algún cristal roto, hacia su sitio definitivo, es decir la pista, yo nunca fui muy bueno conduciéndolos más bien todo lo contrario pero eso no importaba, me encantaba subirme en ellos ya de noche, dar vueltas y vueltas, embestir a la gente del mismo modo que los más macarras del pueblo nos embestían a nosotros. Joan y Javi cuando me montaba con ellos casi nunca me dejaban conducir, asi que muchas veces eran mis padres quienes me acompañaban a la feria y amortiguaban con sus cuerpos todos esos golpes. Claro que también iba por mi cuenta, yo solo, aprovechando esos momentos en que estaba desierta y apenas había coches ocupados. Trataba entonces de aprender a conducirlos lo mejor posible, para superarlos incluso a ellos, para que todo cambiase. Tenía que adivinar el secreto.



Anoche como que fue un poco lo mismo.

Las cajas de bebidas sobre las barras y los camareros encargándose de romper el plástico que las envolvía, colocándolas a continuación a toda prisa en las neveras. El olor a desinfectante esparcido aún por toda la discoteca, el suelo recién fregado. Los baños limpísimos, antes que nadie los haya usado, a saber todo lo que habrán visto sus paredes. La pista de baile vacía, el cuarto oscuro iluminado incluso, un chico saliendo de pronto de él, apagando la luz, diciendo a un hombre que por alli andaba que esperase un poco, que el suelo aún resbala.

Fui un estúpido la verdad. Sabiendo de sobras que aunque había quedado con Genis a la una en realidad él no iba a parecer hasta mucho después, como luego sucedió, aún no sé muy bien como finalmente me decidí a entrar tan pronto. Sin embargo y como en la calle no dejaba de llover y yo tampoco es que fuera muy abrigado no es que tuviera muchas más opciones en ese momento la verdad sea dicha. Había aún muy poca gente dentro, tres o cuatro personas únicamente como pude comprobar después, mucho menos de lo que esperaba. Pagué la entrada al chico de la puerta, luego al chico del guardarropa también le tuve que dar algo. Con paso decidido por fin me senté luego cerca de la barra, a esperar, a esperar y esperar, contemplando el panorama que era más que desolador. En realidad -me empecé a plantear - no sé si lo que he hecho hoy es quedar o no, creo que es simplemente venir donde Genis me ha dicho que iba a venir él también, a esa misma hora, su misma hora, para verlo y con el propósito escondido de si puedo enrollarme con él, o sino con otro cualquiera, nada más. Terminé como siempre por acostumbrarme a la soledad, al poco rato, en el fondo pocas cosas hay tan relajantes para mi como estar sentado en uno de los mullidos sofás de una discoteca aún vacia, con la música sin embargo ya a todo volumen, las luces iluminando la pista con la misma intensidad que si estuviera ya llena de gente, todo además aderezado con el sabor dulzón del whisky con CocaCola en la boca, repasando mentalmente lo que he hecho a lo largo del dia , que de pronto parece tan lejano, tan irreal, con una leve sonrisa en mi cara también al pensar en mis amigos, en parte debida a que estoy muy contento por tenerlos obviamente, en parte al darme cuenta de todo lo que no saben de mi, de lo inútil que resulta aquí dentro su amistad, allá afuera en la calle, ojalá me mande un sms luego como quedamos, si que importa eso si.


¿Aparecerá finalmente?


De pronto me di cuenta que fuera cual fuera la respuesta a dicha pregunta para nada me iba a deprimir. Dos hombres de unos cuarenta años me habían seguido unos minutos antes al cuarto oscuro nada más entrar yo, incluso uno de ellos había intentado algo, un chico de unos treinta y pico años que se estaba fumando un porro en los lavabos se había metido en una cabina al verme invitándome con la mirada a ir yo alli con él, por último un chico super afeminado de mi edad o menor incluso, que parecía conocer a muchos de los camareros pero que como todos los que alli estábamos parecía haber venido solo también, no me quitaba el ojo de encima. Si quieres realmente ser parte de este mundo –pensé – ya puedes ir acostumbrándote a noches como esta, deja de lamentarte, ¡quedan tantas por venir!.


Me cansé pasado un buen rato y levantándome de otro sofá en el que me había sentado, el cuarto ya, me dirigí hacia el baño. El reloj marcaba ya las tres. La gente que llegaba con cuentagotas de la calle y que apenas llenaba un poco más el local, que dejaba sus abrigos y chubasqueros totalmente empapados en el guardarropía, debía por consiguiente de seguir el temporal de frio y lluvia afuera, me aburría ya mortalmente. La mayoría entraban casi tiritando y todos o casi todos hablaban de lo mismo además. Uno de ellos hizo una broma acerca de si esa noche iba a nevar o no en Barcelona, o ¿no era en Barcelona?, me costó la verdad coger el doble sentido.


Frente al espejo ya en el baño, temiendo que la discoteca nunca fuera a llenarse, observé detenidamente aquello que en el se reflejaba. Mis pantalones negros con una raya roja en los costados, la camiseta negra también, ajustada. Los ojos azules, que no eran mios pero como si lo fueran, el pelo en punta, rubio, que tampoco era mio pero ¡qué mas da a estas alturas ya!, mi cara con una expresión mezcla de cansancio y expectación a partes iguales, a ver si por fin pasa algo.

De pronto y ante mi sorpresa, el chico super afeminado de antes y el treinta añero de los porros al que llevaba cogido de la mano, pasaron por detrás mio, al fondo, camino de los retretes, entre risas y gritos, los dos iban demasiado ocupados como para darse cuenta que yo estaba yo alli claro está. Me mojé los labios un poco.

Repentinamente, después de haberlos visto en el espejo, por unos pocos segundos, como si fueran amigos de toda la vida, la expresión de mi cara había cambiado por completo me di cuenta.

“Tienes que ir a ver que pasa, no puedes perdértelo”

“Tu podías ser él, uno de ellos, sino fueras tan tímido”


Comencé a recorrer lentamente el pasillo donde alineados están los retretes. El corazón me latía a mil. El plan inicial era meterme en el de al lado y machacármela un poco oyendo sus jadeos, imaginado simplemente que podrían estar haciendo esos dos a tan solo unos pocos milímetros de mi.

A medida que me iba acercando hacia ellos me sentía más y más excitado.





 
57


Al abrir los ojos y tras las ramas desnudas del árbol, un cielo tan azul que asusta al verlo después de tantos dias grises y típicamente invernales como últimamente hemos tenido que soportar. Es casi como estar dentro del verano, me acurruco un poco, como si pudiera ya rozarlo con la punta de la mano, olerlo incluso, el verano del 2007, a un paso únicamente.

Me lo creería sino notase el frio metálico de la cremallera del plumas sobre mi labio superior, sino me hubiera despertado de pronto tan destemplado, aterido, casi temblando, seguro que me acatarro.

Me doy la vuelta, hacia la derecha, y un seto de mi altura más o menos al fondo, el césped del parque formando una enorme alfombra verde que se extiende desde el hasta donde estoy y que de paso separa el camino que todos usamos para entrar en la facultad de este, el jardín en que me tumbé hace como una hora y sobre el cual me he quedado dormido. Lo suyo sería ponerse en pie rápidamente pero es lo último que me apetece hacer.


Levanto la vista, mi brazo izquierdo extendido sobre el césped, cubierto por una sudadera negra y los tirantes de la mochila sobre él, más que nada para que no me la roben sin que me entere al menos. Más allá, la palma de mi mano, con un número de teléfono escrito a boli en ella, nadie importante, un cliente de mi padre con el que he hablado esta mañana.

Girando los ojos por último hacia abajo, mi pierna. Debo tener la típica postura que tiene un corredor en plena carrera, solo que yo sigo aquí, tumbado, sin ganas de momento de moverme lo más mínimo. Mis pantalones grises, algo subidos, dejando al aire un trozo de piel, el calcetín blanco, las Adidas blancas y rojas. Siento además la capucha envolviendo toda mi cabeza. Recuerdo que me la puse para aislarme un poco de todo y asi poder dormir un poco. Nunca pensé que tan profundamente desde luego.

Hace rato, supongo que aquí al lado, a unos pocos metros han debido de empezar las clases. Yo que había llegado con casi media hora de adelanto, ¿Quién me iba a mi a decir que me iba a perder la primera de la tarde? .

También veo los restos de mi almuerzo a mi lado, dentro de una bolsa marrón del Mc Donalds, arrugada, que contiene un vaso de plástico vacio ya de Coca Cola, el papel que en su momento envolvió la hamburguesa, algunas patatas por el camino que se quedaron frias y que no me he comido, las servilletas que no he usado finalmente.

Cierro los ojos de nuevo, cruzo los brazos, puedo dormir un poco más aún.


Esta mañana me he teñido el pelo de rubio platino, por fin he hecho caso a S., la peluquera que siempre me lo ha aconsejado. Me ha dejado guapísimo en sus propias palabras. “Vas a volver loco a todo el mundo” me ha dicho al despedirnos. “A todo el mundo”, ella siempre emplea esa expresión conmigo, nunca habla de chicos o chicas: “A todo el mundo”, ¿A quien se refiere?, la verdad, me conformaría con volver locos un par de personas no más, con eso sería suficiente, me daría por satisfecho.


Estaba a punto de quedarme dormido de nuevo, lo reconozco pero de pronto el móvil me ha sonado en el bolsillo y no he podido resistirme a la tentación de ver quien puede ser.

Hoynovienesaclase?Tasenfermo?UNBESO.RAFA


Yo alucino con este chico la verdad. Porque no se decide al fin?.

Un beso: esto significa que la próxima vez que nos veamos si nos quedamos a solas a la hora de despedirnos se lo podré dar ¿no?, en la mejilla por supuesto, o por lo menos supongo que podré abrazarlo, en plan amigo, al fin y al cabo es menos radical que lo del beso creo. Además con este mensaje también desde luego uno da por sentado que somos amigos, algo más incluso se podría llegar a pensar . Un beso; me dijeron que el sábado lo habían visto de noche con una chica, los dos solos, en un bar no muy lejos de mi casa por cierto. Ayer me enteré que era mentira, que no era él, que se habían confundido. Nos lo dijo Rafa mismo, otra vez, sonriendo como siempre. No tiene novia, es libre. No me miró en ningún momento mientras lo decía, es cierto, pero sabía de sobras que yo estaba escuchando. Un beso, despierta Alex, lo único que quiere es ser amable contigo, nada más, no ser el típico gárrulo, ¿acaso tiene pinta él de ser gay?. No desde luego que no. Un beso, lo único que es cierto es que releyendo el mensaje si que al menos tengo más posibilidades que nadie de clase de que un dia me vuelva a invitar a su casa, que fuera de lo que va de lunes a viernes tenga algún sentido que nos veamos, tener planes.

Como era de esperar este mensaje me ha puesto de lo más nervioso y sin pensarlo mucho me ha hecho incorporarme un poco de nuevo, apoyando todo el peso del cuerpo en una mano, con la otra guardo su mensaje en la memoria del móvil, en su carpeta, Alexclase, cual si no.


Doy un cabezazo hacia atrás y la capucha cae hacia atrás, dejando de nuevo al aire mi nuevo pelo, mi nueva cara también un poco para que negarlo.


Me levanto del todo. Recojo la mochila del suelo. Inicio el camino de vuelta clase.


Si él me besara un dia, me abrazara, quisiera ser mi novio, me sobraría tanto tiempo a lo largo del dia, todas esas horas que me paso pensando en él, mirándolo, pero siempre como algo imposible, dejaría de estar tranquilo en clase y nervioso en los descansos, al revés que todo el mundo, que yo mismo antes de conocerle. Aunque seguro que no tardaría en encontrar nuevos motivos de preocupación: ¿que puedo yo ofrecerle yo este fin de semana, un buen plan por supuesto, para poder retenerlo y pasarlo con él, a solas?. Ese temor a su silencio un miércoles cualquiera me volvería loco seguro, no saber si cuenta o no conmigo para el fin de semana.¿Que pasará con nosotros que hemos empezado a ser cada uno el chico del otro?.


Ha estado bien esto de haberme tumbado en el césped y haberme quedado dormido. A unos pocos milímetros del suelo, del césped, a sus pies, tus problemas y sueños parecen de lo más importante, tu mismo pareces alguien vital para el resto del mundo. Luego cuando te levantas y ves la facultad, los aviones volando, los edificios de oficinas a tu alrededor, la gente paseando es cuando te despiertas del todo y te das cuenta que no, que solo eres uno más y que no tienes la más mínima relevancia en nada. Otro más, sin grandes diferencias del resto, creyendo que la mayoría de sus “problemas” insignificantes, tienen una solución, una respuesta, que sus sueños se pueden realizar.


Me siento frente a la puerta de clase esperando que de un momento a otro se abra. Antes de apagar el móvil releo todos los mensajes que de momento de él hasta ahora he recibido.

1 Kedamosalas11no?

2NoslopasamosmuybienayerconlosdeclaseHASTAELLUNES!!!

3 HorriblevolveraclasehoyKduermasbienxicokseteveiacansado.RAFA

4ComomeriocontigoAleXTenemosquerepetirlodeestarde.Mvoyadormirhastamañanaykduermasbien.RAFA

5Hoynovienesaclase?Tasenfermo?UNBESO.RAFA

 
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Hace un año yo era una chica rubia, no muy alta, con unos ajustados vaqueros de cintura baja y un top rosa que dejaba al aire mi ombligo. Justo como a Joan le gustaban. Ocurría en todas esas noches en que salíamos de fiesta y él me prestaba más atención de lo habitual y yo me moría de contento que estaba, de ganas. Decidí tener como otra vida aparte de la mia propia en todos esos momentos. Era mucho más gratificante. Yo era ella.

Me imaginaba como una chica rubia y alta como he dicho, algo tímida sino ha probado ni gota de alcohol, que estaba siempre a su lado, abrazándolo, un poco pesada, como yo. Y cada vez que el me ponía la mano sobre el hombro en esas fiestas a las que íbamos, en mi cabeza donde lo hacía realmente era un poco más abajo, sobre mi cadera por ejemplo.

Yo sentía el calor de su piel contra el frio de la mia.

Luego me atraía hacia él y nos sonreíamos. Los dos nos besábamos poco después en medio de la pista de baile. Asi y no de otra forma era como conseguía que todos me vieran ya un poco más como la novia del Joan, la eterna novia del Joan, de la que él no podría separarse, que por siempre lo sería ya, al menos dentro de mi cabeza. Cuando volvía a la realidad él siempre estaba sonriendo, a mi lado, todo iba por muy buen camino, nadie podía ni imaginar lo que pasaba dentro de la misma. Asi que no tardaba mucho entonces en volver de nuevo a ser ella, que multiplicaba mis sensaciones por diez, me hacía sentir mucho más feliz que cuando yo era yo a secas.

En mi cuarto ya de vuelta a casa, al amanecer, esa chica se tumbaba en su cama desnuda, cerraba los ojos y medio borracha esperaba a que Joan apareciera, colocara su cuerpo sobre el de ella. No era de ese tipo de chicas que ponía pegas, como la mayoría de las de clase, que todavía no habían follado con nadie. A ella le encantaba su polla enorme, entre sus piernas, dentro de su boca, entre sus tetas, sentir en resumidas cuentas todo su cuerpo, sus piernas, sus brazos, su cara, sus labios contra los suyos. No podía pedir más o sentir algo mejor que aquello. Luego la chica siempre terminaba por despertarse y después de rápidamente ir al baño a lavarse, a su vuelta ya nunca encontraba ni rastro de él, de hecho a esa chica ni le apetecía seguir siendo una chica. Y cuando se miraba al espejo de nuevo, antes de acostarse solo veía a Alex, a mi, en calzoncillos, cansadísimo, a punto de caerme al suelo del agotamiento que llevaba encima.

Dormía pongamos una hora y me despertaba obsesionado como siempre con Joan, esa noche se había quitado la camiseta del calor que hacía. Me masturbaba pensando en él. Luego venían otras dos horas de sueño mal conciliado, y al mediodía cuando me despertaba definitivamente me preguntaba envuelto por silencio de mi cuarto, por las sábanas de la cama, acerca de como podía ser su cuerpo en realidad, más allá de lo que se veía en el gimnasio, en la piscina , en el cuarto de su casa cuando se cambiaba delante mio. Se había quitado la camiseta bailando, es cierto, volvía a masturbarme, con la mirada yo había bajado hasta su cintura varias veces a lo largo de la noche. Justo por encima del cinturón del vaquero sobresalían algunos pelos, aún hoy me parece verlos. Esa era la última frontera, más abajo era lo desconocido pero mil veces imaginado, lo que, todavía no me había hecho la promesa o si, ya no me acuerdo, a lo mejor en verano si él no tenía novia me dejaba ver y disfrutar con ello.


Obvia decir que después de ducharme, a la hora de comer junto a mis padres ya no había ni rastro de su pelo rubio o su esbelta figura.

Se había ido.

Hasta la próxima vez.


Cosas tan raras como esta pasan siempre en mi cabeza la verdad.

Este año es una especie de cómic manga que con varios minutos de retraso en relación a la realidad, narra dentro de ella mi dia a dia, sintetiza dentro ella en imágenes muy coloridas segundos después de que ocurran, todo aquello que me pasa y a veces claro, también aquello que nunca va a ocurrir a lo mejor pero que yo imagino prácticamente a diario que va a pasar.

Tengo una cara para mi, otra para todas y cada una de las personas que veo habitualmente, mi padre, mi madre, Marta Eva y Rafa, muy juntos entre ellos y yo a su lado como de pegote, escenarios para la facultad, el metro, la oficina de mi padre, mi casa, el cibercafé.

Y ya digo, casi desde que me pongo en pie por la mañana, empiezo. Una serie de viñetas que a continuación aparecen en mi cabeza resumen casi siempre de la misma forma en que ocurrieron minutos antes las cosas , o a veces con pequeños cambios a mi favor claro está.


Las identidades secretas; hace poco leí en uno de mis blogs favoritos, whyidontbelieveingod, que habían muerto y no eran rentables, que ahora lo que se llevaba era masturbarse con JA Ballesta y dar la cara.


Bueno, no lo sé. Solo puedo decir que mi vida entera es casi una identidad secreta la verdad.

Desde este blog que es una especie de compendio de mis mejores y mis peores cosas, yo en momentos digámoslo asi reflexivos y yo en plan animal muchas otras veces, pero que en resumidas cuentas tiene muy poco que ver con como soy en realidad, durante la mayoría del dia, pasando por ese anónimo anuncio de contactos que hasta este otoño tenía en chueca y por el que raramente pasaba y paraba alguien, en el que la gente debía quedarse espantada de mi cara de empollón, de las tonterías que decía luego, ese si que podía ser un poco más yo, seguro que si, a veces pienso que es más fácil, más llevadero en el fondo es el crearse una identidad secreta y empezar entonces a aprender a convivir con ella, es lo que la gente quiere ¿no?. Al final llega un dia eso si que ya no sabes donde empieza ella y donde empiezas tu.


Y con respecto a las miradas furtivas, mi vida entera depende de ellas. Un chico se me sienta al lado en el metro, me roza con su pierna. A veces resulta incluso mejor que el sexo real. De hecho sino fuera por ellas no saldría de casa, me dan la vida.

Por no hablar de cuando él en plena clase se da la vuelta me mira y me sonríe sin motivo alguno.

 
55

Decepción.


Palabras, gestos o expresiones que la llevan implícitamente dentro, pero que no quieren hacerla demasiado evidente, dolorosa, dañina para todas las partes implicadas, sin posibilidad ya de vuelta atrás o reconciliación posible. Puedes considerarte alguien afortunado si formas parte de un grupo, no va solo contigo o contra ti, si tienes en definitiva con quien repartir las culpas o con quien compartir tu tristeza, el sentirte tan descolocado e incomprendido en caso contrario.

Sino ya lo sabes, solo estáis los dos, frente a frente, mirándoos sin decir nada y únicamente tienes o bien su imagen rompiéndose como si alguien apedreara el espejo en el que él aparece reflejado, su imagen desmoronándose, viniéndose abajo como si estuviera hecho de arena, o bien tu a solas, lamentándote de veras, avergonzado y culpándote desesperadamente por haber perdido el tiempo, tanto tiempo, respetado tus juramentos, tantos juramentos, haber creído en sus palabras, tantas palabras, sacrificado en resumidas cuentas una parte fundamental de tu vida a cambio de nada.

También por supuesto cabe el caso que seas tu quien ha fallado a otra persona.

Entonces rebobinas rápidamente tu vida hasta unos cuantos minutos atrás, justo antes de haber dicho unas determinadas palabras, haberle contado algo que creías sin importancia. Generalmente en este tipo de ocasiones terminas por darte cuenta que ya es imposible enmendar o mejorar la situación, que tu eres lo que eres, nada más. Esa otra persona que hay junto a ti o que habla contigo acaba de descubrirlo.

Contra eso no hay remedio posible.




Anoche A fingía que todo le daba igual.

A media noche todo lo que yo le decía trataba de decir justificando mi conducta provocaba en él la misma respuesta “ahm”. Supongo que por su cabeza si que pasaban otras muchas ideas pero lo cierto es que lo único que aparecía en la pantalla de mi ordenador eran esas tres letras, siempre, sobre todo al principio de nuestra conversación, ya digo, cada vez que él me respondía. Luego pasada la una terminó por explotar claro, y echarme en cara lo del chico del gimnasio del otro dia. No me lo esperaba de alguien como tu -me dijo. No vamos a dejar de hablarnos, me ha servido para tener las cosas más claras simplemente concluyó fríamente en un momento dado.


Es cierto que habíamos quedado los dos en que yo iría este verano –pensé- a Alicante a verle, para pasar unos dias junto a él cuando sus padres lo dejaran solo. También es verdad no puedo negarlo que en esos momentos en que estamos hablando los dos, de madrugada, parece como que con nuestra voz y nuestras palabras junto con lo que vemos a través de la web cam es suficiente, no necesitamos nada más. Pero, ¡que demonios!, ahí fuera está el mundo real y todo es demasiado complicado, rápido y arriesgado. Yo ya no apuesto ciegamente por nadie y él –ya se lo he dicho- tampoco debería hacerlo. Nadie merece la pena tanto como para quedarte sin vida durante siete meses. El también debería intentar romper su cascarón. A lo mejor trato desesperadamente de evitar que cometa los mismos errores que yo cometí.

Además todo el mundo, incluso las personas que más quieres, tarde o temprano van a terminar por decepcionarte en mayor o menor medida -he tratado de convencerle antes de despedirnos- pensando en mi padre, en ese dia en concreto en que tratando de bajarle un programa en el ordenador descubrí que tiene un montón de fotos pornográficas de mujeres guardadas en una carpeta teóricamente destinada a facturas o en mi madre también, siempre tan preocupada de las apariencias, de lo que dirá la gente, capaz de improvisar durante horas una conversación totalmente vacia y sin contenido con quien debe de hacerlo.

Nadie es perfecto.

Con el tiempo lo entiendes, todos tenemos partes que no queremos, que es mejor que nadie conozca.

Al final es todo menos importante.



Echo de menos la Navidad.

Ayer me di cuenta de ello.

Después de clase fuimos al Corte Ingles los cuatro, Marta, Eva, Rafa y yo a tomar algo y tras dejar el coche en el aparcamiento, caminar por la calle sin las luces navideñas por encima de nuestras cabezas me resultó de lo más deprimente. Las rebajas son lo peor, se compra por comprar en la mayoría de los casos, para uno mismo exclusivamente, nunca pensando en la alegría que va a provocar ese regalo en otra persona. Más o menos asi, comprando los regalos para mis padres es como yo andaba hace un mes más o menos en este mismo Corte Inglés por cierto.



Me encanta Rafa.

No puedo decir más que eso, creo que esas tres palabras lo resumen todo a la perfección, mucho mejor que cualquier inútil parrafada que pueda escribir.

ME ENCANTA RAFA.

Si acaso de esta forma, está mejor.


Nos sentaron en una mesa lejos de la ventana y mientras ellas decidían que iban a tomar de pronto ocurrió, no pude dejar de mirarle. El se dio cuenta y riéndose me preguntó que que era lo que miraba tan fijamente. Yo le dije que a él y los dos nos volvimos a reír a carcajadas.


Lo mismo ocurrió varias veces. Bastante ridículo ¿ no?, ¿quién sabe?.

A la hora de pedir, con su cabeza ladeada hacia la derecha, el pelo en punta, con esa sudadera de color rojo nueva que le queda tan bien y su mano derecha acariciándose el lóbulo de la oreja y después rozando sus labios...

Creó que nunca jamás le he visto tan guapo como hoy, justo cuando esperaba su turno.


 
54


Puedo parecer seguro un idiota, medio tonto, un niñato incluso que no se entera de nada, al que no merece la pena tener, por el que es mejor no arriesgarse ya que seguro que se vuelve atrás, no se atreve sin ni siquiera probarlo. Incluso puedo ser el perfecto calienta pollas, en el peor de los sentidos, no es de extrañar entonces.


También puedo parecer un putón, alguien que hace eso mismo todos los dias, a la mínima, en cuanto que alguien interesante se le pone a tiro, alguien que nunca busca algo más allá, que solo le preocupa vivir el momento, ¡menudo ejemplar!.


Trato de buscar las razones. Simplemente es eso. Nada más.


Yo ya estaba a punto de terminar. Únicamente me restaba hacer cuatro largos más. La idea de terminar por fin de nadar, irme a casa y alli darme una larga ducha con agua caliente se abría paso en mi cabeza como la mejor opción posible, luego cenaría y me iría a dormir pronto para estar el domingo descansado y de esa forma empezar el lunes la semana no tan agotado como habitualmente lo hago. El plan era perfecto para que negarlo.

La primera vez fue al sacar la cabeza del agua tras una brazada para respirar. El estaba junto al trampolín, a lo lejos aún. Parecía guapísimo, con un cuerpo impresionante. Me agarré al borde de la piscina al terminar y antes de volver a ponerme en marcha de nuevo y tras despojarme de las gafas de buceo, me detuve en observarle por fin a fondo, desde abajo, donde por cierto aún parecía más espectacular si cabe. Fije la mirada primero en sus larguísimas piernas depiladas por completo, ascendí descaradamente hacia su cintura, donde un ceñidísimo bañador rojo marcaba totalmente aunque sin grandes detalles todo lo que tras de él se ocultaba, seguí subiendo por el pecho también depilado, perfectamente formado, con dos pequeñísimos pezones cada uno a un lado.

Eran de esos ideales para besarlos una y otra vez, acariciarlos con la lengua durante varios minutos, juguetear con ellos con los dedos de la mano sin cansarte lo más mínimo de hacerlo, apretarlos hasta que él diga basta, por favor.

Acabé por último en su cara, la típica de un guaperas de unos veinte años aproximadamente, pijín, muy moreno en pleno invierno, situada la misma justo debajo de su largo pelo, probablemente muy rizado y oscuro por lo que se intuía, se adivinaba de los largos mechones que salían por debajo de su gorra de baño.

De pronto pareció volar, ajeno a que yo lo observaba embobado, saltando casi por encima mio. A mi espalda entonces oí poco después el estruendo provocado por su cuerpo entrando en contacto con el agua, por sus fuertes brazadas después, a continuación. Como estábamos solos ocurría que únicamente oíamos los ruidos que tanto él como yo podíamos producir y debido a que yo estaba en silencio absoluto, agarrado aún al borde de la piscina, incrédulo, sorprendido por mi buena suerte, solamente estaba ese eco profundo que se escuchaba, que cruzaba la piscina de un lado a otro cada vez que él avanzaba hacia mi de nuevo.


Me cruce con él bajo el agua unas cuantas veces, minutos después, los dos nadando a braza, y su cuerpo de nuevo, teñido por entero de un color azul, parecía de esta forma estar lleno de pliegues y curvas, ser un perfecto relieve, rebosar de fuerza bruta a juzgar por la velocidad que llevaba. Nunca lo conseguiré, nunca lo conseguiré pensé al salir de la piscina.


Entré en la zona de las duchas completamente desnudo esperando el momento en que él apareciera. Estuve bajo el chorro del agua fria varios minutos y en vista que no venía volví a meterme en el vestuario que como la piscina estaba completamente vacio.

Volví a las duchas con el champú en la mano y prolongué lo máximo posible el enjabonado del pelo, del cuerpo. Me aclaré finalmente y en vista que no aparecía me senté en un banco esperando oir sus pasos por el pasillo, era curioso pero de lo nervioso que estaba ni se me empalmaba.

Estaba ya a punto de desistir cuando de pronto oí aquello que llevaba casi media hora esperando oir.

Entré de nuevo en la zona de las duchas, por tercera vez y efectivamente alli estaba él por fin, con su bañador rojo, eligiendo ducha. Me coloqué de nuevo en la de la esquina y él tras pensarlo durante unos cuantos segundos se colocó justo a mi lado. Nos habíamos mirado el uno al otro al vernos de nuevo, nos habíamos dicho un tímido hola para después, a continuación mirar cada uno hacia otro lado. De nuevo el silencio reinaba, tan solo interrumpido por los fuertes latidos de mi corazón que hasta él probablemente oia, por el sonido de el agua golpeando contra él suelo, la mia primero, totalmente fria, la suya poco después, caliente.


A través del agua vi disimuladamente como colocaba su cara frente al chorro del agua, como el agua teñía sus labios de un color rojo de lo más vivo, del mismo color casi el resto de su cara y su cuerpo. Llegó el momento y por fin agachándose de pronto se quitó el bañador. Tomé todo el aire posible. Al incorporarse y entre un rio de jabón que me caía desde la cabeza pude ya distinguir por fin su polla, no muy grande pero si bastante larga, su culo bastante pequeño, empecé entonces ya obviamente a tener problemas para controlarme, comencé a dudar en si lanzarme a por él o no, decidiéndome prudentemente por la segunda opción. Seguí observándole a través del chorro de la ducha, como se enjabonaba la cabeza, el cuerpo entero. Su polla bajo el agua parecía tan brillante, su culo al agacharse para coger más champú estuvo tan cercano de pronto a mi polla. De vez en cuando algunas gotas de el agua que el usaba, muy caliente, me salpicaban y era como si de alguna forma su cuerpo rozase al mio, lo acariciara, le diera algo de calor, a él también el jabón le caía por la cara, acumulándosele en la parte superior de esos labios entreabiertos que yo miraba con tanto deseo, sobre los hombros, en la zona de los testículos, hasta que entonces un chorro de agua de repente lo hacía desaparecer, deslizándolo hacia abajo, rozando hasta conseguir caer al suelo sus pezones, sus caderas, ambos lados del culo. Como ya no podía más , acercándome un poco más a él, me puse de espaldas, enseñándole mi culo que de lejos es la parte de mi cuerpo en la que tengo más confianza. Asi, de esta forma, ya bastante empalmado y aún bajo un chorro de agua muy fria, creí que él tampoco podría aguantar ya más mucho más y de pronto me empezaría a follar, a manosearme todo el cuerpo.

Cesó el chorro que salía de su ducha. El corazón me latió de pronto aún más fuerte si cabe. Colocándose una toalla alrededor de la cintura, mirándose al espejo, fui testigo de como pese a todos mis intentos finalmente dirigió sus pasos hacia los vestuarios. Volví a quedarme solo.

Un minuto después yo hice lo mismo.

Al entrar en ellos de nuevo nuestras miradas se volvieron a cruzar. Tirando la toalla sobre el banco, quedándome de nuevo desnudo, me dirigí hacia la sauna. Al entrar en ella y a través del cristal de la puerta vi como me miraba.

Esperé unos diez minutos y aunque al principio estaba totalmente convencido que se había acabado por fin mi periodo de sequía ,luego a medida que fueron pasando los minutos la cosa en todos los sentidos fue decayendo.

Un charco de agua en el sitio donde hace unos minutos el había estado era ya todo lo que quedaba de él cuando puse mi pie de nuevo en el vestuario, repleto de rabia, casi temblando, medio mareado.


Lo miré.

Luego fui a las duchas de nuevo preguntándome si a partir de ahora tendría que venir mejor a nadar los sábados por las tarde en vez de por la mañana.

Tan solo para volverle a ver.


No pude evitar machacármela alli mismo, en la esquina, bajo un chorro de agua caliente esta vez.


 
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No querría pasarme los próximos años sentado frente a estos retratos de santos y de sabios que murieron hace siglos. Ni preguntando por libros en el mostrador, esperando nervioso a que me los saquen, ojeándolos luego en la mesa en busca de algo que no haya dicho el profesor en clase para lucirme asi si puedo y sacando fotocopias por último, cuando ya están a punto de cerrar y nadie puede verme.

A. dice que el próximo año se irá lejos de su casa a estudiar Arte Dramático.

Genis quiere este verano irse este verano a trabajar a Ibiza de camarero y luego en otoño a Londres a vivir.

Yo la verdad no tengo ningún plan especial a la vista, solo seguir con mi vida como hasta ahora, sin grandes cambios posiblemente, sacrificando muchas cosas de cara a ese futuro del que tanto nos hablan y que nos espera, al que debemos llegar en plena forma y que cada vez me preocupa menos la verdad.

Por cierto, si esperan repetir , que dentro de unos años podrán colgar el retrato de alguno de nosotros en la biblioteca junto todos esos que ya hay dentro de ella y que la verdad ni conozco, lo llevan claro.

La mayoría de la gente aquí es, somos, de lo peor. En todos los sentidos.


Uno se pone objetivos. Yo no soy muy ambicioso la verdad. Cuando empezó el curso me puse dos, uno hacerme amigo de Rafa, o sino en su defecto de ese chico que trabajaba en el Pans, rubio y con gafas y que a veces me atendía y por el que únicamente iba a comer alli en vez de a cualquier otro sitio. Como cumplí mi primer objetivo la verdad es que a él lo dejé un poco de lado, en segundo plano. Lo seguía viendo todos los dias, es cierto, muchas veces al atenderme hasta me daba pie para decirle algo que se saliera de la típica relación cliente- empleado, sin embargo era tan complicado y Rafa era tan majo, que como que no me arriesgué, me conformé con solo verlo de lejos unos dias y más cerca otros, pero no yendo más allá nunca . Hasta que ayer en el primer dia de clase y al ir al Pans me percaté que ni él ni ninguno de sus antiguos compañeros trabajaban ya alli, han debido cambiar por completo el personal en estas últimas tres semanas pensé. Al marcharme se lo pregunté a la chica que me había atendido y efectivamente, los habían echado a todos a la calle, ahora eran ellos los que se encargaban del local me dijo, hasta nueva orden.

En fin, que hay que ser más ambicioso, que lamentarse mucho y a destiempo es lo peor que uno puede hacer.


Luego, un poco más tarde C. A. fué la encargada de reiniciar las clases.

No me caé excesivamente bien. Es una chica de veinticuatro años que trabaja en una de esas empresas por la que muchos de los de clase, yo incluido a veces también lo reconozco, aunque cada vez menos, mataríamos por estar dentro de ella trabajando. No es fea, ni excesivamente antipática, lo que pasa es que es tan prepotente que la verdad no puedo con ella. Alguna vez que me ha sacado a la pizarra he notado como que me estaba provocando para que me enfadara, de pronto pasaba de tratarme como una mierda a darme excesiva coba, a ponerme de ejemplo delante de todos. Aunque esto es algo muy particular mio lo advierto, pues a todo el mundo le cae genial y no notan algo raro, no vieron en su dia nada de lo que yo percibí sobre la tarima hace unas semanas, respondiendo a sus preguntas, completamente desarmado por ella, supernervioso, como si estuviera a su merced, quedaran solo segundos para que ella me pusiera a su voluntad en ridículo delante de todos, conocedora de mis puntos débiles, de que me había aprendido algunas partes de su asignatura de memoria, sin entenderlas en absoluto.


Llegué a propósito casi cuando la clase estaba a punto de empezar. No me veía saludando a todo el mundo de nuevo, fingiendo ser amigo suyo, que me preocupa aquello que me cuentan la verdad. Cuando Marta Eva y Rafa me saludaron como que casi me vino una arcada, me dieron tanto asco. Soy muy extremista lo reconozco, porque luego durante la clase, bastó con que Rafa se girará hacia atrás y me sonriera de nuevo para olvidarme de todas mis reservas hacia el, del que no he sabido nada en todas las vacaciones, no me ha mandado ni un triste mensaje. Había ido a su casa antes de las vacaciones, me había llamado por teléfono, no podía perder esto también, me dije, tenía que esforzarme al máximo de nuevo, de alguna manera lograr volver a establecer la misma conexión que antes de las vacaciones había alcanzado con él para que las cosas entre nosotros siguieran avanzando. Y con ellas lo mismo. Soy demasiado peligroso sin amigos, sin clases a las que acudir, ocioso pensé. Lo sé de sobras.


Luego cuando en el intercambio de clases nos saludamos me di cuenta que aún hay rincones de su cuerpo y expresiones suyas que no he memorizado todavía del todo. Su cara cuando mentalmente la he recordado en vacaciones no era exactamente igual a la que hace unas horas, ayer, tenía delante mio, la real, con todos esos pequeños detalles que a partir de hoy mismo van a hacer que cada historia que imagine en mi cabeza con él resulte mucho mejor seguro que la anterior, más creible.


En dias como esos uno espera ansiosamente la hora de meterse en la cama.

Cuando por fin lo hice fué como ir viajando en un tren a toda velocidad. Cerrando los ojos me parecía estar tumbado en una litera, a tan solo unos pocos milímetros el techo. ¡Y la de imágenes del pasado que venían a mi, momentos vergonzosamente patéticos, momentos buenos, momentos regulares, la de cosas que debería haber dicho y hecho y me callé!.

Me dí la vuelta poniéndome boca abajo poco después.

¿Cómo será el futuro? me pregunté medio dormido ya, ¿Tal y como lo imagino la mayoría de las veces?, es decir ¿inmejorable?, ¿una especie de compensación por toda la diversión que la mayoría de la gente parece ahora estar disfrutando?.

A veces me da por pensar que me gustaría saber al menos un poco, no pido mucho con un uno por ciento me bastaría, cómo va a ser mi vida dentro de unos años, en el futuro. Sé que es imposible, ridículo. Pero no por ello dejo de darle vueltas al mismo asunto bastantes veces y es que me vendría muy bien la verdad, para que negarlo, como a todos supongo: Podría servirme para contestar muchas preguntas, por ejemplo, acerca de si me estoy sacrificando, poniendo demasiado interés en unas cosas y descuidando otras, si por mucho que lo intente evitar mi vida va ir irremediablemente por ese camino por el que presiento que va a ir y que no me gusta lo más mínimo o, va a ser posible abandonarlo, que me salga de él en un momento dado y sobre todo gracias a alguien.




 
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Sexo.

Sexo en parques, en baños públicos de estaciones de tren y autobús, de centros comerciales, en plazas, en desiertos polígonos industriales y semi abandonadas carreteras, en pleno centro de la ciudad, en determinadas calles estrechas y oscuras donde una mirada o pasear por ellas simplemente dice por si solo tanto de una persona, acerca de lo que anda buscando, de lo que quiere. Todos los que a veces somos sus prisioneros y que no conseguimos saciarlo más que por unos cuantos minutos, por mucho que lo intentemos, salimos y entramos continuamente de ese circulo vicioso del que resulta imposible escapar por mucho tiempo pues siempre pide más, nunca es suficiente, sabemos de su existencia frente a la ignorancia general, del resto de la gente, conocemos las cosas que uno alli puede encontrarse y que ellos ni siquiera pueden imaginarse.

Sexo en discotecas, en sex shops, en saunas, en bares marcados en guias, que disimuladamente buscamos una tarde cualquiera, aburridísimos, mirándolos de reojo desde lejos, fingiendo ignorarlos al pasar justo a su lado, como si la cosa no fuera con nosotros. Sexo del que uno se avergüenza después de haberlo hecho supongo, incluso si ha fracasado en el intento y se ha quedado a dos velas. Sexo para degenerados según dicen, para gente frustrada y sin sentimientos, sin exigencias ni moral. Hace falta mucho valor, desesperación, estómago a veces lo reconozco, para meterse alli, en la misma boca del lobo, en ese mundo, como a veces lo hago. Estoy seguro que si pudieran les gustaría poder marcarnos para tenernos asi controlados del todo, poder chantajearnos en cualquier momento de nuestras vidas en que resultáramos incómodos. Sexo a solas, en tu habitación, sin molestar u ofender a nadie, son cosas que pasan por tu cabeza, eso nunca te lo podrán prohibir o controlar. Sexo del que nadie fuera de la puerta de tu cuarto sabe de su existencia, acerca de cuales son sus objetos de deseo. Sexo frente a una revista, a un ordenador, sobre una cama con la bragueta del vaquero abierta, los ojos cerrados, a solas, sexo sin nadie, es lo máximo que pueden tolerar, que te permiten, que yo mismo a veces para que negarlo creo que es lo normal, pues más allá roza la enfermedad. Sexo sin consecuencias pero que cada vez es más aburrido, que conduce únicamente a más y más sexo del mismo tipo, que te hace sentir como alguien repugnante, insaciable, sin control alguno. Sexo que te marca, que deja tu cara pálida, da un aspecto de cansancio a cada uno de tus gestos y movimientos, que hace aparecer unas oscuras ojeras surcando tu cara. Sexo que muchos por educación, como mi padre, supongo no lo mencionan delante mio pero que otros, como uno de los aprendices que de vez en cuando se pasan por la oficina si lo hacen diciéndome “chico, date pausa algún dia que te vas a morir sino”, a saber que pensaran ellos de mi, seguro que sospechan algo raro, o que a ciencia cierta ya saben que soy gay. Sexo, salgo de trabajar a las dos y media de la tarde y es como si desde que pongo un pie en la calle y soy libre, él me empujase por la espalda, me obligase a caminar más deprisa de lo que normalmente lo hago, me mostrará aquellos sitios a los que debo ir, me dijera lo que debo de hacer en ellos, me hiciera ignorar al mismo tiempo los buenos consejos que una parte de mi siempre me está dando . Sexo, hace tres meses que no estoy con nadie, quizás haya perdido todo lo que esté verano conquisté, quizás la carencia del mismo solo hace más difícil el volver a tenerlo, te posibilita conformarte más fácilmente con lo mínimo, quizás este verano como era rara la semana que no quedaba con alguien y me enrollaba con él por eso todo resultaba tan sencillo, tan espontáneo, sin problemas.


4 de enero de 2005; Llego a casa alrededor de las tres de la tarde y nada más ponerme el pijama voy a la cocina, cojo rápidamente la comida y con ella en una bandeja me encierro en mi cuarto, casi sin decir ni “buenas tardes” a mi madre. Enciendo el ordenador ansiosamente. Como frente a él, me desesperó la verdad al ver cuanto tarda en iniciarse todo pero para cuando he terminado con el postre ya estoy preparado, tengo elegido a un tio de veinticuatro años que quiere pajearse conmigo a través de la cam. Sin problemas. Acordamos no enseñarnos la cara y nos enfocamos directamente a la polla. Parece ser bastante peludo y gordito por lo poco que me enseña y nos la empezamos a machacar a la vez. Rápidamente, yo en un minuto me corro y a pesar de sus quejas entonces desconecto la cámara y no la vuelvo a conectar. ¡Me voy a preocupar yo de él a estas alturas! pienso mientras me meto en la cama y me tapo con la sábana, adopto la postura del cuatro y me quedo dormido escuchando algo de música. (Son preciosos nuestros besos) “Dos horas de descanso, justo lo que necesitaba” pienso luego al despertarme, de nuevo totalmente empalmado. Por lo que se distingue a través de la persiana ya está a punto de anochecer. Le enseño el bulto enorme que marca mi pijama a un hombre ya mayor, no me quiere decir la edad, con el que de nuevo voy a pajearme por cam pero si tengo algo comprobado es que a la mayoría de ellos lo que más les gusta y les pone es que te tumbes en la silla y les pongas el culo, les encanta, tanto por supuesto que son ellos los que se corren siempre primero y luego se desconectan, pero no importa, de verdad que no, me da igual, aquí no hay que ser educado ni nada de eso. Afortunadamente.

Son las seis y media cuando salgo a la calle de nuevo. Me gustaría ir al gimnasio la verdad pienso, solo para ver tios buenos en pelotas, ducharme si puedo junto a ellos y pajearme a su costa luego, pero desgraciadamente solo tengo abono para los fines de semana y festivos. Podría ir a Sants también pero ayer un moro de unos cuarenta años y con bigote que siempre anda por alli se me acercó e incluso se puso a hablar conmigo, a decirme que tenía mucho dinero y ganas de juerga, que si yo quería algo no tenía más que decírselo. Claro que lo peor fue cuando me dijo que me había visto hace unos dias con mis padres en el hall de la estación y se puso a preguntarme que donde había estado de vacaciones, a asegurarme que no tenía que preocuparme, que no me iba a hablar claro si me veía alguna que otra vez con mis padres. Como que empiezo a ser demasiado popular por alli y eso que nunca he hecho nada me doy cuenta. Llamo a Genis por primera vez este año y me dice que está fuera de Barcelona, con su familia, que su novio y él se han dado la carta de libertad, nada más decir esto me empalmo de nuevo, mi mente imagina demasiadas cosas que ahora si puedo intentar con él, me relata a continuación lo que fue su nochevieja. A través del auricular me habla de una sauna a la que fue y a la que me recomienda ir . Mientras hablo con él, como me da su dirección, dirijo sin dudarlo ni una sola vez mis pasos hacia ella, en busca de uno de esos chulazos que como el dice le arreglan a uno la tarde y la semana entera. Cuando la localizo le cuelgo con la promesa de que voy a entrar a ella a que me folle uno de ellos. Sin embargo al pasar por delante de ella para variar no me atrevo a desviarme para empujar la puerta de entrada o llamar al timbre y entrar, no sé lo que habrá que hacer. En el segundo intento que hago, tras un largo paseo por la calle en la que está, no ocurre sino más de lo mismo. Escondido tras un coche enfrente de ella, espero a que alguien que esté bueno entre a ella para hacerlo yo detrás suyo o a que se forme algo de cola y asi poder entrar yo un poco más disimuladamente. Sin embargo pronto me canso de estar asi y de nuevo me rindo, decido resignado volver a casa.


Ya he hablado una vez de A., un chico de dieciséis años de Alicante. Después de cenar esa misma noche me lo encontré en el messenger. Pusimos la cam y comenzamos a hablar. A mi me gusta, me hace gracia ver su cara, su habitación, las fotos de su cantante preferida siempre detrás suyo. Por supuesto acabamos haciéndonos una paja, como casi siempre que nos conectamos, el me dijo que era la cuarta del dia, yo aún iba por la tercera. Cuando terminamos nos pusimos a hablar durante un par de horas más o menos. A la una y media él me propuso hacerme otra paja más. Volvimos a enfocarnos la polla y comenzamos de nuevo a machacárnosla. Al poco rato le dije que yo no podía más, que estaba muerto y paré. El me dijo que mirara, que estaba a punto de correrse.

Efectivamente a los pocos segundos un chorro enorme salió de su polla yendo a caer cerca de su ombligo.

Nos despedimos poco después.

La cara que teníamos ya ambos hablaba por nosotros.
 
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De pronto notas como si te dieran un pequeño empujón. Entonces se pone en movimiento y pocas veces te puedes sentir tan rebosante de paciencia como en ese mismo momento lo estás, en que tienes por delante nada menos que doce horas de viaje y el tren inicia su trayecto. Mis primas desde el andén por supuesto que intentaron prolongar un poco ese instante de la despedida corriendo un poco, pero como vemos en todas las películas fue inevitable que en un par de segundos desaparecieran ya de mi vista, después de un gesto de despedida, otro más.

Calculé que no hacía ni cinco minutos que nos habíamos subido al tren.

Todo va tan deprisa hoy en dia.

Mis tios desde el otro lado del cristal no dejando de mirar a mis padres mientras que mis primas y yo no nos podemos quitar el ojo de encima: Es una buena imagen, merece la pena guardarla como la última escena de estas vacaciones recapacité.

A las afueras de Sevilla, una vez ya iniciado el viaje y mirando por la ventana, luego, a lo largo de la mañana esta sensación se fue acrecentando, empecé a darme cuenta que viajar un dia primero de Enero es como entrar tratando de hacer el mínimo ruido posible en la habitación de alguien que está dormido. Recorres un pais que ha dejado de existir por completo, cuyos habitantes han huido y nadie sabe donde pueden estar, que parece estar completamente de vacaciones. Calles y carreteras desiertas, pueblos fantasmas, campos vacios a excepción hecha de alguna cosechadora enorme de color verde aparcada en una esquina del mismo. ¿Dónde puede haberse metido toda la gente?. La respuesta es obvia. Nosotros somos la excepción, no ellos.


El chico al que sus padres habían acompañado hasta la puerta misma del vagón, me puse a observarlo a continuación colocándome en el asiento que daba al pasillo para así poder verlo mejor. Es realmente guapo- pensé unos minutos después- no el típico macarrilla que me a llevar todo el viaje con un calentón de narices. De hecho mas bien parece todo lo contrario. Seguro que ayer tampoco salió de fiesta, que es un tipo genial pero ¿cómo demonios podría llegar a conocerle, ser su amigo? me pregunté.

Caí dormido poco después, imaginado cosas que ahora ya se que nunca van a pasar con él, seguro que no.

Luego el sueño tomó otros caminos, muchos más reales y conocidos por mi. Las imágenes que en mi cabeza había fabricado hace un par de tardes encerrado en el baño de casa de mi tio, con la revista Loka apoyada entre mis piernas y yo machacándomela sentado en la taza del vater antes de ducharme, como que volvieron de nuevo a aparecer. El, Juan José Ballesta, de pie frente a mi me la metía por completo en la boca y yo se la empezaba entonces a comer tan ansiosamente como únicamente se puede hacer después haber sufrido un periodo de sequía tan largo como el que atravieso. Quería tenerla toda dentro, con mis labios rozaba su piel y el, como enfadado mientras, no dejaba de decirme al mismo tiempo que me agarraba bruscamente por la cabeza “chúpamela maricón, chúpamela, que a mi solo me gustan las tias” . Parecía que quería correrse en mi boca, en mi cara, sobre mi pelo.

Me desperté sobresaltado y totalmente empalmado claro está. No hacía aún ni una hora que habíamos salido de Sevilla. Miré entonces a mi chico, seguía inmerso en la lectura de su revista, una de motos. Me pregunté por último antes de cerrar los ojos de nuevo, que habría sido de aquella, mi revista, donde podría estar. Nada más terminar de correrme sobre sus páginas había optado por meterla en una bolsa y a la salida de casa de mi tio tirarla a un contenedor de basura para asi deshacerme de ella lo antes posible. La había comprado el dia anterior a espaldas de mi madre, rápidamente me la había metido en la mochila, nadie se había dado cuenta menos mal, una vez más las cosas me habían salido bien.....

Patético lo reconozco.

Me quedé dormido de nuevo.


Cuando volví a abrir los ojos ya era casi la hora de comer. Mis padres que se acababan de despertar también, decidieron poco después ir hacía el vagón restaurante a comer. Durante la misma, tras un poco de comida de plástico, a la hora de los postres en particular, ha sido por cierto cuando me he dado cuenta que una vez terminadas las vacaciones, volvemos de nuevo a ser la familia silenciosa que siempre somos, esa que apenas habla, en cuya casa nunca pasa nada. Atrás quedan en contraposición a nosotros, la casa de mi tio Antonio en la que parece que siempre pasa algo, sino son mis primas es alguno de sus amigos que ha subido a ella quien propone hacer cualquier cosa , el recuerdo también de la casa de algún que otro ex compañero de clase, el menor de cinco hermanos, en que no dejaba de sonar el teléfono y entrar gente, todo lo contrario a la mia ya digo.

Dejé a mis padres tomándose un café. Les dije que prefería volver a nuestro sitio cuanto antes.


Me bajé un poco más en el baño los pantalones del chándal, me puse la camiseta de nuevo tras comprobar que me gustaba aquello que veía, y a la salida justo y frente a donde él se sentaba, yo totalmente excitado, a propósito, repetí el mismo número que previamente había estado ensayando frente al espejo del cuarto de baño.

Me quité el jersey de nuevo arrastrando prácticamente la camiseta otra vez con él, para que pudiera verme prácticamente desnudo de cintura para arriba, con el pecho al aire, excitarse de paso un poco como yo si cabe con mis calzoncillos y la forma en que marcan mi culo. Quería en resumidas cuentas que se percatase de que existo y que quiero algo con él cuanto antes.

No funcionó, ni siquiera me miró. Tenía los ojos fijos en la pantalla de la televisión, donde por cierto proyectaban una película de lo más estúpido.

Sentado de nuevo en el sillón decidí dejarlo por imposible, o para otra ocasión mejor dicho.

Me puse entonces yo también a mirar por la ventana.

Poco a poco la gente salía de nuevo a las calles o circulaba por las carreteras, todo se ponía en marcha de nuevo.

Un chico que vive en uno de esos pequeños pueblos que de vez en cuando se ven, o en una capital de provincia de esas en las que paramos durante cinco minutos no más. O sino uno de esos que junto a sus amigos espera a que de nuevo levanten el paso a nivel una vez que el tren lo deje atrás, o que va hacia el centro comercial en moto y con una chica detrás, haciendo el máximo ruido posible: barajando ser todas esas opciones en vez de yo mismo, según las iba viendo a través del cristal, no quitando al mismo tiempo el ojo de encima a mi chico, las horas comenzaron a pasar increíblemente rápido, tanto que para cuando quise darme cuenta ya estábamos llegando a Zaragoza que fue donde él finalmente se bajó.

Nada más ponerse el tren en marcha de nuevo miré hacia su asiento ya vacio. Pocos minutos después fui directamente a sentarme en él.

Son otro tipo de despedidas. En silencio. Sin decirse nada, el se pierde por el pasillo, tuerce a la derecha y desaparece. Esas que suelo hacer con todos esos chicos a los que veo por casualidad, me gustan y no parecen ser asi, a primera vista, unos estúpidos integrales.

Esos que al igual que él ,sé que nunca más los volveré a ver.