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“Alex no es ningún putón. No estoy, no he caído en lo más bajo”.
Me siento junto a la ventana y de nuevo trato de convencerme de que si, de que es cierto, “Alex no es ningún putón. No está, no ha caído en lo más bajo”pese a que , no voy a negarlo, puede que a veces haga cosas extrañas que casi nadie comprende pero ¿acaso el resto del mundo es perfecto?. No, no lo creo.
En cualquier caso han conseguido entre todos obsesionarme con este tema. Cada vez que consigo relajarme un poco siempre acaba por volver a aparecer, esa imagen mía arrastrándose por determinados lugares no muy recomendables, como un poco dejada de la mano de Dios, cabizbaja, yo sin saber muy bien a lo mejor en donde me meto, esa imagen que parece siempre dispuesta a no dejarme llegar tan fácilmente a la conclusión que quiero, que elimina y se lleva por fin toda preocupación lejos de mi.
Cierro los ojos y trato de dormir un poco pero no lo consigo.
Hay unos edificios enormes justo antes de llegar al túnel por el que el tren se mete para recorrer de esa forma, bajo tierra, casi toda la ciudad de Barcelona en apenas quince minutos. Instintivamente casi todos los dias abro los ojos al pasar a su lado pues me recuerdan a la portada del primer disco de The Streets, a la casa donde vive Genis también.
Hoy al volver a verlos ya digo no puedo evitar acordarme ,además de lo habitual de siempre, de esas dos horas largas que ayer él y yo consumimos hablando por teléfono. El me llamó después de no haber tenido noticias suyas en casi diez dias. Te acostumbras a la gente, simplemente es eso me dije al descolgar, y cuando desaparecen tu también como que desapareces al menos un poco.
El y Julien se han liado, esto es lo de menos, y por eso se fueron los dos a pasar unos dias a casa de él cerca de Paris me ha contado. Por supuesto que han follado como locos, que se lo han pasado genial bla bla bla.... aunque ya digo, me da igual, es decir no me da igual pero me aguanto sin grandes problemas, no me cuesta mucho hacerlo. Yo podía haber ocupado su lugar a lo mejor si esa noche en que me propuso ir a su casa le hubiera dicho que si, Julien podía de esta forma haberse hartado de follarme a mi en vez de a él si yo hubiera sido esa noche otro muy diferente al que soy , no estaría mal a veces serlo la verdad pero en el fondo, ¿Qué más da? me repito. Uno no puede volver hacia atrás aunque si puede maldecirse por no haberse dejado esa noche arrastrar por entre otras cosas esos pelillos que tocaba debajo de su camiseta, o su piel tan suave, por sus manos también dentro de mi pantalón manoseando mi culo, su lengua alrededor de mi cuello.
Nada más salir de la oficina de mi padre he recibido un mensaje de Marco. He quedado con él el sábado para celebrar el cumpleaños de Genis. Las cosas se han solucionado entre nosotros supongo, yo apenas tuve que decir nada eso si. La vida a veces es una especie de Show de Truman pienso al leerlo “Ok quedamos pero no te enrolles con nadie al menos esa noche .besos” me dice. Muy familiar todo la verdad. Le contesto que no hay problema, que no me enrollaré con nadie este sábado. El acepta entonces definitivamente mi invitación.
Marco.
He pensado mucho sobre este tema últimamente, demasiado quizás.
Es cierto que hay una parte mia a la que nada le gustaría más que encerrarse en casa para siempre, no salir jamás, mandar como en “Angel Shop” a un robot idéntico a mi a trabajar, a clase, a relacionarse en definitiva con el resto del mundo. Pero claro, no es menos cierto también, que hay otra parte mia y esta un poco mayor que la anterior, que todo lo que quiere es conocer gente nueva, pasárselo bien, disfrutar al máximo posible.
Con Marco sé que estaríamos siempre él y yo solos, que iríamos a cenar el viernes por la noche los dos, que me quedaría a dormir luego en su casa, que merendaríamos el sábado por la tarde en alguna elegante cafetería e iríamos al cine por último sin nadie más a nuestro alrededor. Y no es eso lo que quiero. No me apetece que al volver de bailar un rato él me esté mirando con cara de aburrimiento y de pocos amigos, que me diga a continuación que debería buscarme otro tipo de amigos muy diferentes a Genis, no tan descerebrados como él. No me gusta que lo critique todo, sea tan quisquilloso como és. No es culpa suya lo sé, en el fondo coincido con él en muchos aspectos pero es que a veces para variar no me apetece dar apenas vueltas a las cosas, a la vida en general, al tipo de gente con el que me he juntado para pasar la noche, a si la música que ponen es una mierda o no, a veces solo quiero pasármelo bien, reírme cuanto más y mas tontamente mejor. Y punto.
Fue hace tan solo un año cuando por fin la descubrí una noche, me la encontré cara a cara. Me estaba esperando en la esquina de Balmes con Gran Via, no hicieron falta presentaciones. Un chico con el que yo había quedado por Internet me la llevaba bajo el brazo como regalo sin él saberlo. Era ella, la vida que para bien o para mal estaba condenado a llevar, para la que había nacido, llena de opciones y posibilidades, de trampas y atajos, de lugares comunes que habría que compartir con otra mucha gente una vez ya conocidos.
Su sola presencia hizo desaparecer, huir despavorida a esa otra vida en la que yo hasta entonces me había desenvuelto, construida en mayor o menor medida por todos lo que me rodeaban, prestada por ellos mismos a mi. Vista ahora era una vida sin aristas, muy abstracta , funcional, impersonal, difícilmente asumible pues como propia .
Yo hace dos o tres años tampoco me imaginaba haciendo muchas de las cosas que hoy en dia hago, ni por asomo. Creía entonces ciegamente en una historia que era muy “bonita” por decirlo asi, pensaba también, como un estúpido, que yo era especial, muy especial y que eso iba a ser a la larga mi salvación, lo que me iba a mantener alejado de determinados ambientes, la clave de mi éxito.
Es muy obvio que no sabía que solo soy un chico más, tan simple como eso, condenado a luchar, a sufrir igual que cualquier otro, incluso más gracias a mi timidez.
"Alex nunca deja que los abuelos le manoseen, jamás acepta sus invitaciones a acompañarles a los retretes, les tiene que bastar con solo verle a él".
"Alex no es ningún putón. No está en lo más bajo".
Que quede claro.
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Dejo aburrido pasar las últimas horas de las vacaciones.
El tiempo al pasar a veces te sorprende, haciéndote recordar constantemente, colocando en la categoría "buenos momentos" instantes que no creerías nunca que fueran clasificables como tal, historias de lo más simple, sin misterio alguno, como un simple paseo junto a mis padres a casa de unos amigos suyos, a la vez que el tiempo también y por otro lado por sorpresa quita todo tipo de relevancia a otros instantes que pensabas que iban a cambiar tu vida de arriba a abajo e iban a marcar un antes y un después y que para nada como lo compruebas luego lo han hecho.
En cualquier caso ha habido dias en estas vacaciones, casi todos , en que he sido un chico bueno, muy bueno y me he ido a nadar por la mañana, a dar un inocente paseo después , me he echado la siesta al terminar de comer y por último me he pasado toda la tarde estudiando, recuperando de esta forma, sin nadie alrededor, sin tener que ir a clase y aguantar tantas tonterías, un poco el interés por la carrera , poniéndome sin darme cuenta al dia en aquellas asignaturas en las que sin saberlo iba algo atrasado. Días que he acabado luego tumbado en el sofá de casa frente al televisor sin hacer nada de caso a lo que ponían en él, adormilándome poco a poco para variar, esperando en vano alguna noticia suya, de cualquiera de ellos pues ya han vuelto a Barcelona, poniéndome ya ante la peor de las situaciones posibles, es decir que se hayan enfadado conmigo definitivamente y no me vayan a volver a dirigir la palabra nunca más, no vayamos a ser ya amigos en definitiva.
Curiosamente el miércoles al salir de clase eso era lo que deseaba por encima de todas las cosas. Ahora, demasiado tarde, me doy cuenta de mi error, las cosas no son, no se hacen asi supongo.
Los chicos italianos engañan. Vistos desde lejos siempre de fiesta y en grupo parecen todos muy guapos pero a medida que te vas acercando a ellos no puedes sino evitar sentirte defraudado. Con los ingleses ocurre justo lo contrario. Vestidos en la mayoría de los casos con ropa deportiva una vez que te alcanzan, o mejor dicho te dejas alcanzar y los ves de cerca, te sorprenden casi siempre muy gratamente y luego no te los puedes quitar de la cabeza durante un buen rato. Con los franceses no quiero nada ya, creo que los conozco muy bien y pueden llegar a ser lo más falso del mundo.
Protegido detrás de mis gafas de sol los observo sin que ellos se den cuenta, a todos y a escondidas, mientras los separo en dos grandes grupos, aquellos por los que merece la pena arriesgarse, por los que me la jugaría, me iría a su hotel en caso que me lo propusieran y aquellos por los que no lo haría. Y lo normal sería encontrar a un chico de la primera categoría cada cinco minutos o asi, no prácticamente a cada segundo que pasa como me ocurre a mi. El chico moreno de la camiseta sin mangas y vaqueros remangados. El de la camiseta del Barsa, muy rubio y con las gafas de espejo. Ese grupo que a media tarde tienen aspecto de llevar varios dias continuados de fiesta, sin parar y que sentados en el Zurích ojean una guía turística: todos me servirían, accedería a sus deseos seguro. Les comería la polla hasta que finalmente se corrieran en mi pecho o en mi cara, me dejaría follar, manosear por cualquiera de ellos, sintiéndome de lo más afortunado, como si estuviera en esos mismos momentos viviendo un sueño, mi sueño, desde luego los aprovecharía al máximo posible.
El club de abuelos del Corte Inglés esa es la triste realidad sin embargo. No sé porque dejo siempre que alguno se masturbe a mi costa en los servicios, quizás espere una compensación a cambio por ello un dia, ¡vaya tontería! ¿no?, un tio bueno que haga lo mismo que yo, que se deje mirar y nada más para ser justos, con eso me conformaría, es suficiente. Quizás tenga que ver con lo aburrida que puede llegar a ser la Fnac si la visitas a diario, con ese maldito olor a croissant que parece haberse instalado en su entrada y que siempre termina por darme dolor de cabeza o con lo soporífera que resulta ver la misma ropa expuesta en cientos de escaparates y el calor que hace dentro de todas las tiendas. O con las mismas canciones sonando siempre en la radio, los mismos anuncios sucediéndose los unos a los otros en canales diferentes, ¿quién sabe?..
El chico japonés pudo haber acabado con todo este círculo vicioso. Tendría mi edad o a lo mejor incluso hasta era un poco mayor . Desde luego si que era más alto que yo, con el pelo largo y teñido de color teja. Lo curioso es que no se la sacó siquiera. Dejó su bolsa de “Louis Vuitton fundada en 1854” en el suelo y tras meterse la mano por debajo del pantalón del chándal de color rojo y fijarse en mi polla, pude notar como empezó a masturbarse muy discretamente. Yo entonces me aparte un poco para que pudiera ver como se me empezaba a empalmar y él continuo machacándosela a mi lado, sin quitarme el ojo de encima hasta que mirando de pronto hacia arriba y abriendo la boca como para emitir un gemido que por cierto nunca emitió, de pronto paró. Tras dedicarme una sonrisa y cargar de nuevo con su bolsa volvió a salir afuera del baño. Cuando abrió la puerta el rumor de la gente buscando desesperadamente una mesa, riéndose, riñendo porque no les habían servido lo que habían pedido, no vino a significar sino el punto y final a aquella historia y aquella tarde en consecuencia.
Volví a casa de vacio de nuevo.
Rafa que no se digna a escribirme un mensaje, Marco que mientras no deja de mandarme mensajes que ni me molesto en contestar. Yo llamando a Genis cuyo teléfono lleva fuera de cobertura desde hace casi una semana.
Asi es la comunicación en el mundo moderno.
Un chico guapísmo. Con una melena castaña y unos ojos azules increíbles. Entró en el metro hace unos pocos minutos y quedándose de pie se puso directamente a mirar las noticias que emitían en la pantalla que hay en el vagón. No le pude quitar el ojo de encima pero para variar esta vez no deseé que él me mirara también a mi, todo lo contrario. No quería que me viese asi, en esa situación, medio tirado en el asiento después de haber pasado tantas horas vagabundeando de aquí para alla, sin la más mínima dirección, sin planes.
Observé su mano casi a la altura de mi boca. Al salir del vagón procuré por todos los medios que por lo menos mi mano rozase la suya para asi tener algo suyo aunque insignificante.
Por supuesto no fue posible.
Es la gente que está apelotonada dentro del vagón sudando la que decide por donde puedes ir y por donde no.
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Hay una parte de ellos que para nada quiero ver.
Esa que en el fondo los hace semejantes al resto de la clase y muy diferentes a mi, que tarde o temprano provoca por fin que un dia dejemos de ser tan amigos como antes y comencemos a distanciarnos.
Todo quedará entonces en el futuro reducido a un mero recuerdo, a una sonrisa espontánea en el mejor de los casos al acordarnos los unos de los otros. Lo sé. No habrá nada más.
Por eso el miércoles, el último dia de clase a las seis desaparecí, no les seguí al bar como de costumbre. Fue oir la música procedente de él y ponerme entonces a imaginar como iba a ser la fiesta que estaba a punto de comenzar alli.
En ese mismo momento supe que era lo mejor para todos, y sin decirles nada me separé del grupo y rápidamente enfile la salida. No pintaba nada.
El martes además Rafa y yo habíamos discutido sino por esto mismo si por algo muy parecido.
A él no le hizo nada de gracia que a última hora le dijera que no iba de fin de semana a su casa de las montañas como la llama, no lo entendió y eso que traté de explicárselo lo mejor que pude. En realidad lo que pasó, como le expuse muy claramente, es que de aquel fin de semana que él y yo habíamos planeado ya poco o nada quedaba, pues tanto todos los amigos suyos que se habían apuntado a él, como un par de amigas de Marta y Eva que también se iban a venir con nosotros lo habían desvirtuado ya por completo y convertido en algo completamente diferente. Todo el mundo parecía feliz por ello, por ser cuantos más mejor, los chicos porque hubiera chicas que todavía no conocían, las chicas por lo mismo pero al revés, todo el mundo ya digo menos yo que de pronto ya no pintaba nada en él.
¿Y todo porque eres gay? – me dijo Rafa a mitad de “la discusión” – nadie te va a pegar tio, mira en clase, todos lo saben o lo sospechan y nadie va por ahí haciéndote la vida imposible.
¿Será cierto que todo el mundo lo sabe en clase? me pregunté de pronto alarmado, dejando de oir por unos segundos lo que él me decía.
“Pareces no darte cuenta de lo pillado que estoy por ti” estuve a punto de decirle de respuesta, para hacerle despertar un poco y salir de su mundo maravilloso, situarlo en ese lugar donde debe situarse para comprender que las cosas entre él y yo cada dia que pase van a ser más complicadas a menos que el sea gay o bisexual y quiera montárselo conmigo también. Llevaba veinticuatro horas imaginando el plan, todos liándose con todos y yo más solo que la una y me veía andando por el pasillo de la casa muy temprano antes de que todos se hubieran levantado y observando por la puerta entreabierta de su habitación, su ropa interior sobre la mesilla, sus pantalones tirados por el suelo, a él acompañado quizás dentro de la cama por alguna chica y desde luego era más que suficiente, no hacía falta pensárselo dos veces, ya no iba a ir, lo tenía más que claro.
“Vete a la mierda tio”.
Asi, tan brusca, fue su despedida, aunque justo un minuto antes de la misma él andase cogiéndome del brazo y tratando de convencerme susurrándome las mejores palabras posibles a mi oido, esas que uno lleva deseando oir toda la vida, “no te voy a dejar solo ni un minuto, voy a estar muy pendiente de ti, de que te lo pases bien etc etc”.
“Prométeme que no te vas a liar con nadie y voy” le dije nada más levantarse él del banco , tras mandarme a la mierda como he dicho antes, tratando in extremis por mi parte de salvar la situación.
Creo que ni me oyó la verdad. ¿Mejor no?
Llegé a casa tan cansado que me metí directamente en la cama. Mi madre se sorprendió aunque yo creo que empieza a acostumbrarse a esos dias en que de pronto me meto en la cama antes de las siete y ya ni siquiera salgo para cenar. Por supuesto que cerca de medianoche la oí entrar al cuarto para preguntarme si todo iba bien. Yo le dije que si pero no creo que la convenciera del todo. Solo hacía falta comparar como estaba hace unas horas, tan contento preparándolo todo para la excursión y como estaba esa tarde para darse cuenta que todo había cambiado y para peor supongo.
El gay perfecto, ese que tiene amigos heterosexuales, que sabe separar una cosa de la otra, que consigue que nada interfiera en aquello en lo que no debe interferir: lo siento pero yo no puedo serlo, lo he intentado de veras y estoy ya muy cansado, mucho.
Me daba la vuelta cada vez que él entraba a la habitación en esas dos noches que tuvimos que compartir por culpa de un trabajo. Oía de esa forma como desabrochaba el cinturón de sus vaqueros, como estos caían al suelo poco después. Escuchaba el elástico del calzoncillo golpear contra sus piernas cuando él se lo quitaba a continuación, el elástico de los pantalones del chándal acto seguido, esta vez ajustándose a su cintura poco antes de meterse en la cama. Al apagar la luz me sentía orgulloso de mi mismo, por hacer que él no se sintiera incómodo y por fin me daba la vuelta, para poder verlo un poco más antes de dormirme, cosa que por cierto no pasaba hasta bien entrada la madrugada.
“Es diferente a lo de Joan” me decía en silencio.
“No tiene nada que ver”.
Por la mañana nada más abrir los ojos más o menos me repetía lo mismo y si algo de luz entraba ya en la habitación rápidamente me ponía a buscar entre sus sabanas algún indicio de una posible erección suya claro está, que acompañase en esos momentos a la mia que para ser sinceros no había cesado en toda la noche.
Pero “es diferente a lo de Joan” me decía en silencio mientras discretamente no dejaba de frotármela contra el colchón.
“No tiene nada que ver”.

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Comienza a ser una rutina que nada más terminar de comer el sábado guarde en la mochila mis pantalones negros con una raya roja al costado, mis boxers rojos, una camiseta negra sin mangas junto a algo de gomina y el spray del desodorante para salir rápidamente en metro hacia la casa de Genis, a la que suelo llegar casi siempre tras atravesar media Barcelona cuando ese chico pretendidamente tan guapo de la televisión busca alguien que sepa mucho acerca de la misma, publicidades, lemas, músicas de determinados programas en especial creo, nunca consigo ver el programa entero, no sé muy bien si hay algo más.
Su madre que también ya me conoce pero a la que creo que no caigo demasiado bien, tras recibirme en la entrada me hace pasar siempre por el pasillo en silencio hacia su cuarto y una vez que él me abre la puerta y paso dentro de su habitación desaparece supongo.
Genis siempre está con la tele puesta me he dado cuenta. Y con el ordenador también en marcha. Casi siempre le cojo en plena siesta y por eso se me queja un poco al verme cada sábado de haberle despertado, pero la verdad la culpa la tiene él, pues siempre el viernes anterior le propongo ir más tarde y él insiste en que cuanto antes vaya por su casa mejor, asi no se aburre tanto.
Esta última vez no hicimos nada muy diferente o espectacular en comparación con aquello que solemos hacer. Sentados en la cama primero vimos como digo el famoso concurso acerca de la televisión y luego él puso un rato el canal latino de los 40 que piratea al vecino de al lado. Le pregunté poco después por ese trabajo al que tenía que presentarse esta semana para empezar y me dijo que era una mierda, que su jefe era un cabrón, que le pagaban una miseria asi que no es muy raro que acabáramos hablando de tios, que yo finalmente le contara que estaba medio saliendo con un chico portugués, que además había quedado con un chico francés esta noche también pensando en él, ya que seguro que le iba a encantar.
Su repuesta fue muy escéptica, más o menos vino a decirme que mis gustos y los suyos raramente coinciden. Acerca de lo de Marco guardó silencio, bueno mejor dicho hizo una especie de comentario, “Ah, ¿pero a ti te gusta alguien?,pensaba que eras asexual” que no me sentó muy bien la verdad pero que después comprendí y que seguro que venía a cuento por lo de hace un par de semanas, cuando me presentó a un tio buenísimo según él que iba detrás mio y con el que yo no quise enrollarme porque no me gustó. Su actitud, la de ese chico, fue todo lo contrario a la mia en esos casos que intento dar pena para ver si quien me rechaza cambia de opinión. El se puso en plan super altivo durante el resto de la noche, al menos hasta que Genis y él se fueron a ver si ligaban con unos franceses que había cerca de la barra dejándome solo pues yo tampoco estaba muy interesado en ellos.
Alrededor de las seis de la tarde los dos salimos de su casa camino del centro comercial que a esas horas está hasta arriba de gente.
Fuimos primero al hipermercado a escuchar algo de música, a ver que películas había de oferta, luego nos centramos ropa rodeados por parejitas vestidas a la última moda, niñatos como él en chándal que me ponen a mil la verdad y finalmente acabamos en el Burger donde nos conocimos hace meses, bebiéndonos una Coca Cola yo y una Fanta de Limón él, cada uno localizando con la vista cuantos mas tios buenos mejor supongo. Sin decirnos nada.
A Genis eso de seguir a un tio bueno al baño para verle la polla le parece una ordinariez. Una vez le comente que “la gente” lo hacía y él no pareció muy interesado en ello, más bien como que lo despreció un poco, como si fuera para desesperados únicamente. No sé, a mi me da morbo para que negarlo, aunque casi nunca haya hecho nada más allá de mirar. Incluso a veces me conformo con ver solo como entran al baño sin entrar yo a él detrás , me gusta, no sé ya digo, cosas raras que tiene uno.
Cenando horas después cerca de las once de la noche en el Mc Donalds de Puerta del Angel ya en pleno centro de Barcelona es cuando por fin me siento tan libre, como si estuviera a punto de despegar camino a otro continente, con un larguísimo vuelo aún por delante. Llevo ya ya unas cuantas horas fuera de casa, las suficientes como para que parezca que no existe ni la facultad, ni el trabajo, ni ****, ni nada. Soy libre, puedo hacer aquello que me venga en gana. Frente a la hamburguesa, ya vestidos y peinados Genis y yo en plan totalmente diferente al de antes, rodeados de muchísimos gays también vestidos muy parecidos a nosotros y con los que sabemos que luego vamos a volver a coincidir en la discoteca, me siento por fin alguien completamente diferente al que soy el resto de la semana, al que por cierto ya de madrugada, después de haber bebido algo no entiendo lo más mínimo, no sé como se comporta asi, tal y como lo hace, como es tan ingenuo.
Tal y como suponía a Genis Marco le pareció horrible. Por supuesto no se lo pudo callar. Sin embargo Julien si que le gustó y bastante y por eso los dos rápidamente se enrollaron y hasta creo que al final de la noche incluso se fueron juntos a su casa a follar seguro. Abrazado a Marco, en un momento en que nos habíamos dejado de besar, los vi por primera vez, morreándose, metiéndose mano por debajo de la camiseta y lo curioso es que no sentí nada, absolutamente nada, ni envidia, ni celos o algo parecido, quizás lo único un poco de lástima porque Genis con esa cara y ese cuerpo que tiene no fuera un poco como Marco, porque Marco a su vez no fuera físicamente un poco más como él para terminar de convencerme definitivamente.
No hubo tiempo para más consideraciones Marco por fin se atrevió y se puso a tocarme el paquete.
No tardamos mucho en iniciar el recorrido habitual, primero por el cuarto oscuro, demasiado lleno, a continuación por los baños, que después de la pelea de un par de chicos alli la semana pasada parecían estar mucho más controlados.
Una vez que conseguimos sitio rápidamente él me bajo los pantalones y se puso a chupármela.
Me pidió que me quitara la camiseta y la dejara sobre el retrete, lo mismo que el resto de la ropa.
Aquellos dos chicos de la pelea volvieron a aparecer, al menos en mi mente.
Todo el mundo el sábado pasado parecía estar escandalizado por el espectáculo que estaban dando.
A mi la verdad ese mismo espectáculo sin embargo como que me puso a cien, especialmente cuando uno de ellos tiró del pantalón del su rival dejándo al aire parte del culo.
Ojalá hubieran tardado mucho más en separarlos.Mucho más.
Me corrí pensando en ellos y aunque luego intenté chupársela yo a Marco la cosa no funcionó.
El me dijo que porque no ibamos a su casa.
Yo le dije que estaba muy cansado.
El entonces comenzó a machacársela.
Sin metérmela en la boca le pasé como me dijo la lengua varias veces por el capullo, rozándolo a la vez con mis labios, las suficientes al menos para que él se corriera también enseguida.
Nada más hacerlo curiosamente fué el quien de pronto se encontró muy cansado, quien se marchó a casa de inmediato casi.

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Retomando la historia exactamente donde la dejé.
Preguntándome ¿porque no ha podido ser él?.
El Lunes nada más volverle a ver en clase, en la cafetería. El martés colocado detrás suyo, que sentado frente al ordenador busca donde podemos encontrar los datos que necesitamos para el trabajo que nos han encargado y que él ha decidido hacer de pronto conmigo.
Observando sus pies, sus piernas, su espalda apoyada en el respaldo de la silla, su cabeza, es decir todo su cuerpo en conjunto pero por partes, oyendo su voz luego al salir de la biblioteca.
Viéndole el miércoles bajo la luz del flexo, sentado en la cama, a punto de irse a dormir, el jueves en igual situación pero en mi casa.
Lo reconozco, me encanta situarme alli, en esa hipotética historia que siempre está tan cerca y a la vez tan lejos de iniciarse y en la que yo sería de ocurrir probablemente el tipo más feliz del mundo, el más afortunado, abrazándolo, mimándolo, dejándome a la vez ser mimado, queriéndole como llevo tantos años soñando con poder querer a alguien, siendo correspondido de igual forma.
Efectivamente si, no hay que ser muy listo para adivinar que esta ha sido una de esas semanas que lo altera todo, que de nuevo me devuelve a la más profunda confusión y desesperación con respecto a él, de esas en las que muy a gusto yo me quedaría a vivir dentro de ellas, para siempre, en cualquiera de sus horas, de sus dias, sin avanzar , renunciando a continuar con mi vida, a hacerme mayor, quizás alguien de provecho. No habría dinero suficiente para hacerme salir de ella, pienso, simplemente los dos nos abrazaríamos dentro de la cama y cerrando los ojos dejaríamos pasar de largo todo, a todos. Y eso, al menos en mi caso, si que me haría más llevadero ese sin sentido que hasta ahora ha sido mi vida, esa adolescencia que odiaba con todas mis fuerzas cuando estaba en pleno apogeo y a la que ahora es curioso, justo cuando está a unos pocos meses de terminar, me aferro como si me fuera la vida en ella.
Quizás por que en la anterior apenas me prestó algo de atención, quizás por que como digo desde el martes a mediodía en que nos vimos a la entrada de la facultad hasta hoy viernes no hemos dejado de estar juntos y eso al menos en mi caso no me ha hecho lo más mínimo cansarme de él, de su compañía, sino más bien todo lo contrario, solo quiero más de lo mismo, más dias y noches entremezclados entre si, con él a mi lado, todo ha vuelto de nuevo a empezar con él, una vez más, la misma aburrida telenovela de siempre, cuyo argumento nunca avanza, simplemente se enreda cada vez más sin presentar eso si novedad alguna.
Sin embargo algunas cosas como que si han cambiado, ya no soy tan estúpido como se puede desprender de lo dicho hasta ahora, tan estúpido como lo era hace unos meses o unas semanas tan solo quizás, cuando mañana sábado lo hubiera pasado probablemente tirado por completo en la cama, soñando con él durante el dia entero, con la recopilación de canciones tontainas de La Buena Vida sonando sin parar .
¡Que va!, ahora ya no apuesto tan ciegamente por nadie como antes y pese a las apariencias al menos tengo un pie firmemente asentado en el suelo y trato por todos los medios además de que el otro no se separe mucho de el. Ahora lo que se lleva es el ya mismo, lo único que vale es aquello que veo y nada más.
En prevención, ya he hecho y he recibido las llamadas necesarias para solucionarlo, para salir mañana de casa después de comer y no volver hasta la madrugada, para asi, como quien no quiere la cosa olvidarme un poco de él, respirar un poco de aire puro de alguna forma.
Por esto es que aprovecho estos minutos que quedan para recordar como dormía estas dos noches pasadas a mi lado, con la típica cara de no haber roto un plato en la vida, los brazos bajo la almohada, de costado, acurrucado, en forma de cuatro, como los dos esta mañana paseábamos con una botella de Coca Cola cada uno por un centro comercial y la gente se nos quedaba mirando, con que tan solo uno de ellos hubiera pensado al vernos que éramos amigos de toda la vida o novios me daría por satisfecho, como luego en clase hemos expuesto el tema perfectamente compenetrados, como desayunábamos ayer en su casa antes de salir hacia la biblioteca, como almorzábamos a solas en el parque de rodea a la facultad este mediodía, como sus padres ya saben mi nombre y me saludan al verme por su casa, como mi madre hace lo mismo con él, acostumbrada ya a su presencia.
En cuanto que deje de hacerlo sé que todo habrá ya muerto definitivamente y lo que en mi cabeza aún está tan fresco poco a poco se irá convirtiendo en un recuerdo más, comenzaré por olvidar los pequeños detalles, determinadas cosas sin relevancia que han pasado, es ley de vida pero lo dicho aún necesito unos minutos más, no quiero salir a la realidad todavía, no me apetece.
Hay miles de planes pululando por los pasillos de la facultad para cuando el miércoles terminen las clases. Cada alumno parece tener uno propio y no soy la excepción esta vez.
Un fin de semana en la montaña en una casa que tiene Rafa cerca del Pirineo, junto a Marta y Eva, los cuatro, eso es lo que me ha propuesto él poco antes de entrar en clase, yo no podía creérmelo, ellas prácticamente han dicho que si sin pensárselo.
Todo parece en marcha pues.
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Ojala un par de barcos, uno al entrar al puerto y el otro al salir de él, hubieran chocado a nuestro lado. O sino que alguien al menos hubiera salido dando gritos del restaurante italiano donde estábamos comiendo en la terraza, o del Mc Donalds o del Pans de al lado, montando un escándalo.
Con eso me hubiera valido.
Habría bastado cualquier cosa ya digo, que distrayendo su atención le hubiera hecho detenerse de pronto, fijarse en otra cosa y a la hora de retomar el asunto consecuentemente pensárselo un poco más, callándoselo finalmente, permaneciendo por lo tanto en silencio, guardándoselo solo para él, tras un análisis más frío de la situación.
Cada sílaba, cada palabra que oía, no dejaba de pensar en que por favor algo de lo antes he dicho pasase para que asi por fin Marco callara y por lo tanto de esa forma nunca llegara ese momento en el que yo debería de responderle, decir que si o o bien que no a todas sus preguntas. Obviamente nada extraordinario interrumpió su discurso y todas sus palabras una vez que entraban en mi cabeza eran como una bomba de relojería que estallaba dentro de ella, soltando además toda la metralla que llevaba en su interior para hacerlo todo aún más complicado y difícil.
Cuando intuí que había terminado dejé de jugar con el ravioli que aún quedaba en mi plato, solté el tenedor, me limpié los labios con la servilleta y me quedé mirándole, él no me quitaba los ojos de encima tampoco.
“Alex, no sé si tienes novio o no, como nunca cuentas nada, pero bueno decirte que desde que te conozco no puedo pensar en otra cosa que no seas tu, que me encantaría que por lo menos lo intentáramos etc etc......”
Fui incapaz de dejarle algo en claro luego. Aún no sé decir que no, no soporto, no puedo hacer daño a la gente, al menos de esta forma. Le miré y le miré y bueno, sin decirle que si o que no, parece como que Marco, que es muy listo, se adelantó e hizo entonces su propia interpretación de la situación, “no estás muy seguro pero lo intentamos ¿vale?, venga por favor”, dando supongo por sentado que eso era exactamente lo que pensaba yo en esos momentos, sin duda alguna.
De postre pedí tarta de chocolate para sacar fuerzas pero lo único que pude decirle una vez que la terminé fue lo típico, que a mi, (sin haber tenido ninguna curiosamente), las relaciones me agobian mucho, que no me gusta quedar todos los dias, que me llamen a cada hora y que por supuesto nada de demostraciones de cariño en público.
Marco se rio mucho entonces con esto último, cogiéndome de un dedo de la mano por sorpresa y al mismo tiempo poniéndose a mirar hacia La Barceloneta disimulando asi, como si él no lo hubiera hecho. Al verlo de pronto hacer el tonto no sé porque cambié de opinión, pensé que ¡que demonios!, ¡igual no es tan mala idea intentar por fin ser el novio de alguien, pese a mis dudas! , la realidad y las fantasía raramente coinciden me aconsejé a mi mismo.
Físicamente está claro que no es mi tipo pero quizás eso no sea tan importante me dije , tratando de animarme un poco, de responder un poco a toda su alegría con un mínimo de mi alegría también.
No creo que hiciera lo más apropiado.
¿Qué es lo que hizo variar mi posición de pronto, aparte de mi cobardia para enfrentarme con este tipo de situaciones?.
En primer lugar algo que había pensado unos minutos antes de que Marco se me “declarase”, hablando con él, escuchándole. “De nuevo una conversación interesante” No sé, no es que quiera decir, no es que me queje de Marta Eva y Rafa pero a veces me doy cuenta que lo único que les importa y de lo que saben hablar es de la facultad, de lo que se emborrachan los fines de semana, de tal o cual aparato electrónico, de la liga de fútbol, en resumen parece como si no existiesen más cosas importantes para ellos, o que de hacerlo hablar sobre esas cosas supone una perdida de tiempo, una tontería que nunca les apetece permitirse.
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En segundo lugar que es un poco como yo, siempre atento a las conversaciones ajenas, a todos aquellos que nos rodean, nada más sentarnos en la mesa ya comenzó a criticar a todos los que se habían entregado a nuestro lado a la comida basura y luego me hizo que observase a un padre que había comiendo a solas con su hijo de unos dos años sobre las rodillas. Me gusta esa imagen –me dijo mientras lo hacía- fíjate en sus gestos son casi iguales, ¿a ti no te hace gracia?.
Más tarde por último hizo una observación acerca de la gente que al salir del restaurante parece buscar siempre la ruta más complicada, aquella que molesta más al resto, la cual por cierto es totalmente verdad.
La última razón solo la entenderán aquellos que hayan llevado o lleven gafas como él o como yo hasta hace unas semanas al menos, en que me puse lentillas definitivamente. Me da hasta un poco de vergüenza decirla pero ahi va. Fué como ya dije, cuando le vi mirando hacia la Barceloneta, la Barceloneta que en los cristales de sus gafas aparecía completamente difuminada, deforme, muy pequeña y lejana, completamente distinta a como es.
No tiene nada que ver, lo he comprobado, cuando llevas gafas vives en un mundo propio. Mucho más diminuto limitado y frágil.
No existe ninguna garantía y a veces pasa, puedo jurarlo, ocurre que lo que ves a través de ellas no se corresponde en absoluto con el mundo real, con tal y como son las cosas de verdad.
¿Cómo demonios apareceré yo entonces para que se haya fijado en mi?
¿Cómo será ese mundo suyo que se supone que durante las últimas semanas ha girado a mi alrededor?
Aún ahora me lo pregunto más que sorprendido.
Egoistamente hice de vuelta a casa una lista de todos aquellos que podrían haber hecho lo que hizo Marco ayer sábado y que yo me hubiera muerto por que lo hicieran, pero que, sobran los motivos, nunca lo hicieron. No los nombraré, no es muy difícil imaginarlos. Probablemente nunca entré en sus planes, yo no les interesaba lo más mínimo, les gustaban las chicas o bien otro tipo de chicos muy diferentes a mi.
Esos que les gustan a todo el mundo.
Yo incluido.
