ALEX //
Mis diecinueve, veinte y veintiún años de aqui para allá, siempre en Barcelona
Acerca de
Mis diecinueve, mis veinte y mis veintiún años, de aqui para allá, siempre en Barcelona.
Sindicación
 
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Una erección.

No muy grande pero si lo suficientemente fuerte como para tensar mis ajustados boxers de color amarillo bajo los tejanos, notarme algo extraño y tener que andar con las piernas más abiertas de lo normal por ejemplo.

El motivo, un chico que se estaba probando un jersey y que al quitárselo ha arrastrado con el su camiseta, dejando por lo tanto al aire libre su espalda y su ropa interior blanca y roja.

Ya se ha tapado pero obvia decir que en mi cabeza todavía no lo ha hecho, ni lo va a hacer durante un buen tiempo y mejor que siga asi.

Y me he lanzado a pensar en que quizás él quiera también unos pantalones y que al entrar detrás suyo, a los probadores, y por casualidad, yo al fin lo veré en ropa interior únicamente, a través de un pequeño hueco que muy oportuna, deje la cortina del probador.

Mi cabeza de nuevo y desgraciadamente por unos minutos convertida en una especie de Festival de Cine Erótico, con películas constantemente en proyección, por culpa suya, por culpa mia, por haber venido aquí, por haber venido él aquí.

Abre los brazos entonces y una chica se lanza sobre él. Ambos se abrazan y se besan. El tiene el pelo peinado hacia delante y es muy delgado y no tan guapo como esperaba viéndolo de espaldas pero aún asi muy guapo. Y ella lleva un bolso con la cara de Audrey Herpburn impresa en el y parece medio boba.


En la quinta o sexta planta de los grandes almacenes a eso de las seis de la tarde asi es como todo termina. Ya solo queda abandonar esta sección y decidir si cuando me encuentre de nuevo en la calle, tras haber bajado en la escalera mecánica hasta el sótano y comprado en el supermercado algo de fruta, deberé de volver a casa andando o en autobús. Por un lado ya se nota que anochece más tarde, pero por otro lado, en el fondo nunca sucede nada y no voy a perderme algo importante por llegar a casa demasiado pronto y ponerme a estudiar dado el caso.




De pronto y cuando menos lo esperas determinados recuerdos se revuelven y despiertan, buscan su sitio y para ello no dudan en quitarse de encima todo aquello que tu mismo les has tirado encima durante todos los años que han pasado. Y por eso, una vez que han encontrado el camino de vuelta, ellos no dudan en recorrerlo ni por un solo momento, tan solo quieren alcanzarte de nuevo, llegar a ti, después ya digo de años de olvido por tu parte, años sin recordar eso que ellos traen cogido de la mano, recuerdos tan lejanos que ni siquiera sé si son ya buenos o malos o simplemente recuerdos, de alguien que fui hace muchos años atrás, en un mundo que nada se parece a este en el que me muevo a fecha de hoy.


Un par de árboles cruzados entre si que siguen ahí, muchos años después, y frente a los que tantas veces a lo largo de la semana paso y que sin embargo solo hoy he asociado a la parada del autobús del colegio al que iba de pequeño, en la que varios niños y yo esperábamos su llegada y sobre todo en los primeros dias, quien de los nervios y de miedo no vomitaba una mañana delante de su madre lo hacia a la siguiente.


Yo pasaba entre ambos troncos en cuanto que podía y me colocaba al atravesarlos, justo al otro lado de donde mis compañeros estaban. Imaginaba que había una puerta entre esos dos árboles que por supuesto todos los dias abría y nada más traspasarla cerraba a cal y canto. Alli, en ese otro lado, había una terraza igual que la que tenía mi abuela, con siete u ocho sillas de cara a la ventana, podía estar tranquilo. A mi madre que me veía desde lejos, mientras hablaba con otras madres, no le gustaba nada que hiciera eso, que no me juntara con el resto de los niños, pero es que claro, ella para nada podía adivinar lo que mi cabeza había construido detrás de esos árboles, lo cómodo que alli yo estaba.

El autobús tenía el techo azul y todos los dias rezaba para verlo lo más tarde posible o en el mejor de los casos ni llegar a hacerlo. A medida que se acercaba, y muy poco a poco, el resto de los niños cruzaba entonces bajo los dos árboles, entrando finalmente en mi zona y al llegar ellos yo ya no estaba en la galería de mi abuela claro, sentado en una silla, de cara a la ventana, sino en plena calle G.D.P. esperando al autobús, junto a mis compañeros y sus madres a lo lejos.

Luego, unos años más tarde, en el siguiente colegio al que fui y que ya no abandoné hasta entrar en la universidad, también me encontré otro árbol en el patio que seguro que también sigue alli. En la base del tronco tres de sus raices parecían como querer imitar en cuanto a la forma a los tres pedales que tienen todos los coches. Lo normal hubiera sido que sentado frente a él, a solas, que era como pasaba muchos de los recreos, hubiera puesto mi pie entonces sobre el acelerador e imaginariamente pisándolo al fondo , hubiera deseado desaparecer de alli, irme cuantos antes mejor al sitio más lejos posible. Sin embargo yo siempre pisaba el pedal del medio, el del freno, no levantando el pie hasta que sonaba el timbre que indicaba que había que volver a clase, pues notaba como a mi espalda todo estaba en una especie de equilibrio que en cualquier momento podía venirse abajo. Nadie se metía conmigo, había ya otros con quien hacerlo, pero estaba claro que yo era el siguiente de la lista, el que en el caso que uno de ellos se fuera o faltase, iba a sustituirlo. De vez en cuando si que alguien se me acercaba y riéndose me preguntaba si quería jugar al fútbol o ya en la calle, luego, me hacía fijarme en una tia y decir junto a él lo buena que estaba tal o cual tia, sin saber yo del cachondeo general que se había montado a mi espalda, pero eso fue todo, debo considerarme afortunado supongo, no ocurrió nada especialmente grave, nada terriblemente humillante. Por ello era que cada dia que me ponía a ello lo pisaba más y más fuerte, sintiendo que todo estaba más que nunca en el aire, a punto de desvanecerse. En cuestión de horas yo podía pasar a ser uno de “ellos” y eso era lo peor que me podía ocurrir.

Han venido como en grupo, encadenados los unos a los otros, porque también han resurgido entre otros, Don Paco que era el peluquero de mi padre y también mio, parecía cortarme el pelo poniendo una cacerola sobre mi cabeza y recortando alli por donde sobresalía algo de pelo, Marisa, una chica de Zamora que me cuidaba de pequeño, mi tio Valentín al que yo “ayudaba” de crio a reparar bicicletas en su taller de Sevilla.

Quisiera esta noche, aprovechando que me he quedado a solas en casa, poder ponerme a llorar por como ha sido mi vida hasta ahora, por la de gente que se ha quedado atrás y ya no va a volver, por como he cambiado, irreversiblemente me he transformado, por como las cosas, todo en resumidas cuentas, seguirán cambiando inexorablemente dia a dia, sin que yo me de cuenta hasta que ya sea demasiado tarde quizás...


Uno siempre se pone sensiblero a medianoche, bajo las sábanas, después de habérsela chupado, en su cabeza al menos, al chico de la ropa interior blanca y roja, frente al espejo del probador, al Bardem de Jamón Jamón que echan por la tele.

Uno no debe entonces, en esos momentos, fiarse demasiado de sus pensamientos.
 
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Fué quizás el último pensamiento positivo que tuve.

Se produjo nada más entrar en la sauna de vapor detrás suyo, cuando de nuevo, justo al sentarme, un hombre comenzó a meterme mano.

Yo astutamente aproveché la ocasión y asi, cambiándome de sitio y huyendo de él, con cara de fastidio, fui entonces a parar justo a su lado.

Genis estaba en una de las esquinas totalmente abierto de piernas pero con la toalla todavía por encima.

-Hola ¿Qué tal? le dije.

-Hola me contestó él – apenas mirándome.


Noté nada más sentarme como aumentaba de tamaño de nuevo, como me rozaba la pierna y apoyé entonces los codos sobre las rodillas, reposé la cabeza en los puños, mirando al suelo, a mis pies, a los suyos, esperando a que él diera el primer paso, pero como era de esperar, lo único que noté fue como cada vez éramos más gente alli dentro, sentada casi toda a nuestro alrededor, mirándonos siempre a nosotros y también, la verdad, a la puerta de la entrada de vez en cuando.


Cuando Genis se levantó para irse ya resultaba extremadamente difícil moverse alli dentro. Yo le seguí por supuesto y cerca de la salida, conseguí por fin situarme a su derecha, con otro tio entre él y yo eso si.

Estábamos atascados entre otra mucha gente, sin espacio apenas entre nosotros, y por eso mi brazo, listo que es él, colocó rápidamente a mi mano, aprovechándome que nadie podía verme, junto a donde debía estar su polla. Llevaba la toalla alrededor del cuello, me dí cuenta, por lo que si la movía un poco hacia delante el contacto iba a ser directo. La palma de la misma no tardó apenas una vez puesta en movimiento en tocarla, ligeramente empalamada, enorme, muy caliente. Genis entonces miró hacia abajo y a continuación me dirigió una sonrisa. No tenía dudas, de todos los que le rodeaban y que también le metían mano por todas las partes, como a mi, era yo y no otro, quien se había atrevido a hacerlo, a tocársela sin prolegómeno alguno, quien se la estaba tratando de empezar a machacársela alli mismo, con otra persona aún interpuesta entre el y yo. ¿Quién si no?

De pronto su mano apartó a la mía , parecía haber encontrado un camino de salida, cosa que yo no.

Pensé en gritar su nombre para que me esperase pero de lo excitado que estaba apenas podía respirar. Acerqué mi mano a la nariz para ver como podía oler su polla tras habérsela conseguido tocar durante unos pocos segundos y un perfume muy dulce pareció penetrar entonces hasta el último rincón de mi cabeza, volviéndome loco, colocando el mundo por completo al revés, tomando a mi cerebro como rehén para hacer a partir de entonces, sin resistencia alguna por su parte, ya su santa voluntad.

Sería por la falta de luz natural o de ventilación, por todos los tios que en unos pocos metros estábamos medio desnudos a la salida de la sauna de vapor, rozándonos los unos a los otros al pasar, el caso es que de repente todo era sexo y nada más importaba, podía declararse un incendio en el edificio colindante que muchos a lo mejor hasta seguiríamos buscándolo, tratando de encontrarlo aún a riesgo de morir incluso. No podía haber algo más importante, íbamos a estar alli hasta quedar saciados por completo, al cien por cien.

Y comencé a caer, como un viejo avión de la Primera Guerra Mundial que acaban de alcanzar y se precipita girando sobre si mismo hacia tierra.

Primero tocándole el culo a Genis mientras se morreaba con un tio, él sabía que era yo, se había reído de nuevo al verme. Después en el jacuzzi, sentado a su lado y recorriendo bajo el agua con mi mano izquierda su fuerte pierna y machacándomela yo mientras con la derecha, esta vez ni siquiera me miró pero sabía que era yo, (estaba demasiado ocupado con otro tio bueno). Por último en una esquina en la que entre unos cuantos tios apoyados los unos contra los otros y desnudos, estábamos él y yo, y a ambos por cierto , Genis a mi lado por primera vez en toda la noche, sin nadie de por medio, nos las estaban mamando, a él el chico del principio a mi otro tio bastante bueno también.

Me fijé cuando notaba me que me quedaba poco para correrme en su cara. Parecía asi, en semi oscuridad, que alguien había tomado todas las precauciones y molestias necesarias para hacérsela, había usado una regla para que sus ojos quedaran finalmente justo en el sitio oportuno y no un milímetro más arriba o debajo, y lo mismo con su boca, que además había sido dotada con unos labios siempre de un color carne tan sugerente. Y su piel, no le sobraba, ni le faltaba ni un centímetro en la cara, tan tersa, de un color tan saludable. Y su polla que había tocado por primera vez,y que sin embargo era imposible de ver de tanta gente que teníamos a nuestro alrededor.

Me corrí por fin apartando a quien me la estaba chupando y nada más notar los tios a mi alrededor que lo había hecho, sus manos comenzaron a pelearse de nuevo para poder conseguir tocarme la polla, aún llena de leche, humeda, en semi erección, con el capullo al aire.

Dos o tres bocas me la comieron por turnos unos pocos segundos a continuación.

Pero yo le seguía mirando a él, absorto, y él lo sabía y por eso finalmente me lo dijo, (“cómprame unas zapatillas de marca que me molen y vente a mi casa y te follo) antes de desaparecer de mi lado y perderse entre todas esas cabezas que se veían yendo de aquí para allá, entrando aún a esas horas en el local .


A la salir a la calle empecé a sentir mucho frio.

Llovía, tenía la cara helada y era como si no me hubiera secado el cuerpo en los vestuarios.


Traté de dormir profundamente nada más llegar a casa.

Fue imposible.

Lo mismo que la noche siguiente y la siguiente.


No conseguía cerrar los ojos más de media hora. Siempre era lo mismo. Soñaba que estaba de nuevo en la sauna y que en vez de rechazarlo me enrollaba con algún tio buenísimo y entonces me despertaba y me la machacaba frenéticamente.

O sino era con Genis con quien finalmente me lo montaba y al despertarme me la volvía a machacar continuando claro la historia en mi cabeza.

Me dolía la tanto polla que me mareé el domingo por la tarde en mi propia habitación, muerto de frio, con las piernas temblándome.

Y sin embargo como que tampoco entonces pude contenerme y parar.

En cuanto que me recuperé un poco volví a la tarea.





 
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"VAMOS FUERA, YO NO TENGO NADA QUE VER CON TODA ESTA MIERDA”


Un hombre con barba,de unos cuarenta años, colocó su mano alli donde yo me había hecho un pequeño nudo en la toalla que nos habían dado a la entrada. Juntando entonces su cuerpo con el mio y recorriendo mi culo con la mano que le quedaba libre un par de veces más después una primera de tanteo, él me lo volvió a repetir de nuevo.

“ NO PARECE QUE A TI TE GUSTE TAMPOCO MUCHO ESTO, LLEVO TODA LA NOCHE VIÉNDOTE, ESTABAS EN S., POR FAVOR VÁMONOS FUERA”


Se equivocaba.

En ese momento yo me encontraba en lo más alto, después de que nada más entrar ya me hubiera tenido que quitar a dos tios de encima, otro hombre mayor y un negrito con el que según me dijo Felipe, él ya se había enrollado también aquí pensando ingenuamente en encontrarse con una polla enorme entre sus piernas.

Todos esos cuerpos semidesnudos, comprimidos en unos pocos metros cuadrados, ese pequeño cine cualquier cosa parecía estar permitida - pensé entonces- son quizás la solución perfecta a mis momentos de soledad, de calentón, de no saber que hacer con mi vida, donde ir, con quien. Un par de paradas de metro y me plantaré aquí y en unos pocos minutos ya estaré como nuevo, aliviado, de vuelta a casa o haciendo quizás tiempo por si entra alguien con el que repetir.

Felipe apareció de pronto y me cogió de la mano tan solo unos pocos segundos después de que ese hombre me hubiera desecho el nudo de la toalla y hubiera empezado a comerme la polla arrodillándose delante mio. Le espantó como pudo, o sea mal, medio insultándolo y empujándolo, y entonces los dos fuimos al encuentro del resto del grupo, que era justamente eso que yo por todos los medios trataba de evitar.

Todos se sorprendieron al verme, casi tanto como yo también me sorprendí al verlos a ellos en esa situación también. Asi, sin tapujos, quien era gordito lo era mucho más, quien era peludo lo era de veras, quien como en mi caso era delgado supongo que lo parecía mucho más. Vi como todos me examinaban de arriba a abajo, fijándose en mis minúsculos pezones, en el bulto que me marcaba la toalla. Claro que yo tampoco hice algo muy diferente con ellos, casi todos andaban como yo, medio empalmados, fijando la vista en cada tio bueno que creían ver, dispuestos a entrar en acción..

Felipe y yo entramos solos a la sauna de vapor y nos sentamos en lo más alto y asi, simultáneamente, como si nos hubiéramos puesto de acuerdo en hacerlo antes de haber entrado, comenzamos a masturbarnos el uno al otro. No tardaron mucho en caerse a nuestros pies las toallas que ambos llevábamos y un tio, al menos en mi caso, lamiéndome el cuello y la axila izquierda mientras Felipe me la seguía machacando, me reafirmo en lo que ya he dicho antes, ese y no otro era el lugar perfecto, ¿qué más se podía pedir?. A partir de ahora ya sabes –me dije- un par de veces cada semana y pasando de todo.

Felipe me susurró al oido que parase, que estaba a punto de correrse y no quería hacerlo todavía. Nada mas dejar de tocarle, tras darme un toque en el hombro, se levantó dejando el sitio libre pues a mi lado.

Entonces el hombre de antes, que no me quitaba la vista de encima, como que volvió a aparecer sentándose a mi lado.

Y de nuevo continuó su discurso.

TIO, DEJAME SEGUIR COMIÉNDOTELA, ESTAS BUENISMIMO, AQUÍ MISMO SI QUIERES, ME TRAGO TODO.

¿QUIERES QUE TE FOLLE? VENGA DIME QUE SI? Oía mientras por el otro oido y yo le miraba y él bajaba la cabeza y seguía lamiéndome el cuello, los pezones y parecía que estaba bueno, asi que tenía que librarme del plasta del principio y concentrarme con él, no fuera a ser que me lo espantase.

Pronto sus manos empezaron a pelearse por a ver cual de ellos dos tenía la exclusiva sobre mis huevos y mi polla ya super empalmada pero desgraciadamente quien más me interesaba, con el que ya por cierto me estaba morreando, se hartó tras unos pocos segundos de tener que estar apartando él y no yo, al otro cada vez que colaba su mano en mi entrepierna y por eso termino por levantarse, yéndose por el mismo camino por el que Felipe había desaparecido unos pocos minutos antes.

Yo también me levanté de mal humor pasado un minuto o asi, dispuesto a seguirle, y ya sin pudor alguno, y desnudo, con la toalla cogida de la mano y no tapándome el culo ni los huevos. Cuando vi que ya estaba liado con otro empecé a dar vueltas para buscar a Felipe .

Lo localicé rápidamente en el cine y me senté a su lado, y como estaba super caliente comencé a machacársela de nuevo pensando mientras lo hacia en lo parecidas que son en tamaño nuestras dos pollas. Quizás la suya sea un poco más larga y la mia algo más ancha y con el capullo más grande pero de alguna forma tocarle la suya es casi como tocarme la mia propia, a nivel de la sensación que entonces en mis manos se produce. De todas esas veces que se la he visto en las duchas del gimnasio, basándome en ellas, también diferencié que la suya tiene como más venas y relieves mientras que la mia tiene la piel completamente lisa, más blanca además que la suya.

También nos besamos durante un buen rato antes que él se volviera ir, y vimos desde nuestro sitio al resto del grupo por supuesto yendo de aquí para allá, cada uno detrás de alguien. Todos estábamos demasiado ocupados como para saludarnos, siguiendo los pasos de alguien. Mi plan era en esos momentos era correrme lo antes posible con alguien que me gustase, en vista que Felipe no estaba muy por la labor, y volverme a casa, para al menos estar disponible la segunda mitad de la tarde.


Volví a ponerme la toalla en la cintura.

Volví a la sauna de vapor.

Salí.


Volví a entrar a ella al ver que mis “oraciones” por fin se habían sido atendidas.

Genis estaba por fin alli.

Tal y como yo esperaba.

Abrí la puerta y a fuerza de golpes conseguí un sitio enfrente suyo.
 
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Tratando de realizar el mínimo esfuerzo posible la chica filipina acercó el paquete de galletas Oreo a su boca y dejó caer la ultima de ellas dentro de la misma. Nada más empezar a masticarla cerró los ojos.

A su lado la supervisora de la empresa de limpieza trataba de cuadrar unos horarios. Era una mujer muy delgada y arrugada, con cara de sufrir un mal humor permanente que nadie sabía comprender. En un momento dado tachó todo lo que ya había hecho con tanta fuerza que hasta rompió la hoja de papel sobre la que trabajaba. Puso entonces cara de fastido y sin apenas dejar transcurrir más que un par de segundos de una carpeta que llevaba a su lado sacó otra hoja exactamente igual a la que se había cargado y de nuevo comenzó a tratar de cuadrar los horarios.

A mi lado un hombre de unos cuarenta años no levantaba la vista de un periódico de información deportiva que en su portada hacia aparecer al jugador que según ellos había dinamitado a su club.

La mitad de la gente del vagón del metro bostezábamos por turnos y sin seguir ningún tipo de orden mientras la otra mitad dormía, apoyando sus cabezas contra los cristales unos, dejándolas caer hacia la derecha o la izquierda indiferentemente otros.

De pronto una chica que se subió en Sants nos lo recordó gracias a las páginas rosas que cubrían y hacían de portada del periódico gratuito que llevaba apretado contra su pecho. Allá arriba, unos cuantos metros sobre nuestras cabezas, en Barcelona, el dia que estaba comenzando no era un dia normal, no, era un dia de lo más especial, el dia de los enamorados, San Valentín como prefiraís llamarlo, quizás algunos de nosotros hasta lo habíamos olvidado casi.


Al entrar en la oficina sentí que había una atmósfera diferente a la de los otros dias. Aunque pasados diez minutos de las ocho todo ya había vuelto a su normalidad. Tan solo muchas de las mesas de las chicas adornadas con pequeño corazón pegado a la pantalla del ordenador y algunos regalos sobre ellas constituían ya la única novedad en comparación con otros dias.

Elena, mi compañera, llegó un poco tarde para variar. Pude escuchar como comentaba a otra chica nada más conectar su ordenador que había pasado la noche en casa de su novio quien además le había acercado hoy al trabajo.

A la hora del desayuno, sentado en la cafetería de siempre, me di cuenta que nunca he tenido un San Valentín con algo que celebrar. yendo incluso más lejos, que nunca he tenido una relación podíamos decir seria. Supongo que es una más de las muchas cosas extrañas que me suceden. No le di muchas más vueltas.




A mediodia en la hamburguesería una madre con cara de agotamiento extremo y vestida con ropa muy antigua tras desenvolver la hamburguesa se la daba a su hija de unos seis o siete años aproximadamente y esta, ante su sorpresa, tras darle un pequeño mordisco la tiraba directamente al suelo con el consiguiente enfado de su desmejorada madre que le decía que no entendía nada. "Pobre niña" pese a todo pensé " entre lo fea que es, lo mal vestida que va, y esas gafas tan gordas debe ser la típica a la que todas sus compañeras hacen la vida imposible".

Mientras, al mismo tiempo, no muy lejos de ella, otra madre pero esta rubia, alta y vestida muy elegantemente bebía una botella de agua junto a su hija también que hacía lo propio con un zumo de naranja. La niña, rubia como ella, de uniforme, le preguntó al ver el espectáculo que unas mesas más allá estaban dando, si podían quedarse a comer alli.La madre casi sin inmutarse le respondió que no, que la comida de estos sitios era muy mala para todos y que la gente que comíamos alli era porque teníamos prisa o vivíamos muy lejos de nuestras casas.



Uno nace con su destino escrito en gran parte.

Elena es hija de una hermana de los socios de donde trabajo. Por eso nada van a importar sus retrasos, sus informes repletos de errores, ella se va a quedar y yo no, al menos eso me parece a mi.

J me lo había ocultado y hoy cuando lo he descubierto he preferido no comentarle nada pese a todo, porque no quiero que piense que me importa tanto quedarme o no alli trabajando. En el fondo si no me renuevan, lo peor va a ser cuando la gente me pregunté por ello pues todos supondran que ha habido alguien mejor que yo y no he dado la talla, esa será la única explicación que encontraran. Esa otra persona si y yo no: no sé si podré seguir siendo amigo de ellos en esa nueva situación,porque me doy cuenta que trabajar alli me ha dado un "prestigio" entre todos ellos del que no sé si voy a saber prescindir en caso de perderlo definitivamente.


Regalos.

Mi madre hace un par de años me dijo que había gastado una barbaridad para el regalo de cumpleaños del Joan, sobre todo para el poco caso que te hace últimamente añadió cruelmente quizás. En el fondo yo sabía que aquel iba a ser el último año, que las cosas iban a cambiar. Y es que hay regalos que haces pensando únicamente en el disfrute que esa otra persona va a hacer de ellos pero también están esos otros que haces para que esa otra persona que los recibe, al usarlos, al verlos, al oirlos, ya no se olvide definitivamente de ti y se acuerde al menos por unos pocos segundos de ti, que antes eras algo pero que ya no eres nada eso si.



Regalos.

Genis me dijo que a cambio de comprarle unas zapatillas de deportes que le gustaban me follaria. Claro que esto sucedió dentro de la sauna el domingo y todavía no tengo muy claro pese a que sé sucedió en realidad, si su proposición junto a todo lo que por alli vi ocurrió realmente o no. Bueno, claro que ocurrió, está claro, simplemente es que una parte de mi no puede creérselo, no quiere creérselo supongo.
 
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Ni siquiera sé su nombre. Es muy alto, moreno y siempre lleva unas gafas negras de sol puestas. Incluso, una vez ya dentro de S., Felipe que conoce algunos rumores que circulan acerca suyo no duda ni por un momento en contármelos. Suele acompañar entre semana siempre a un cincuentón y según parece, tienen ambos, aunque él como es el guapo sea el que dé la cara, un anuncio en el que buscan gente muy guapa y muy joven también para sus orgías.

Viste de negro, lleva el pelo un poco largo, calza unos botines en punta de color blanco o crema, en la oscuridad de S. no se puede distinguir muy bien. No parece fijarse en nadie en especial digo a todos pero según Felipe eso es lo único que hace cada sábado alli.

Se te acerca de pronto si juzga que eres de su interés , te lo propone y la parte positiva que es él y otros muchos otros tios buenos que también forman parte del lote, se ve enseguida un poco oscurecida por la parte negativa , que aunque pequeña no por ello deja de existir, el cincuentón, que también entra dentro del lote, que también va a participar y va a ser como el director de las orgías ya que para eso se organizan en su casa, el cincuentón se lo va a querer montar y probar a todos, asi que lo tomas o lo dejas.

¿Cómo sabes todo eso tú? le preguntó y él, con una mueca y sin decirme palabra alguna, deja a continuación como que lo deduzca.


Genis.

Genis claro, desde hace unas semanas va siempre con él, el chico cuyo nombre no sé y que entre semana dicen que acompaña a un cincuentón. Ya apenas se nos acerca o habla con nosotros, lo mínimo. Y no sé si suele pasar pero ¿puede alguien dejarte de excitar sexualmente porque ya está en una onda totalmente diferente a la tuya, porque si bien antes únicamente era accesible a ti en tus sueños, o en algún momento de flaqueza que él pudiera tener y ahora ya ni eso es posible?. Rodeado de los tios más guapos que uno pueda imaginarse, con esa cara de estar pasándoselo genial ¿cómo demonios va a darte ya una oportunidad o va acordarse de tu nombre casi, de quien eras?. Va sin camiseta y si, lo reconozco, nada más verlo se me pone dura pero pasados unos pocos segundos como que vuelve a su estado normal, quizás porque hasta ella, tan animal, tan ajena a motivos y razonamientos, ya entiende perfectamente la situación, se percata de la misma, sabe lo que “totalmente inalcanzable” quiere decir, y se niega a ir más allá., a continuar con el juego una noche más.


La caras de la gente que una madrugada de viernes hay a mi alrededor me recuerdan mucho a las luces que cualquier noche puedes ver en la ciudad.

Son muchas, como lo son ellas también, sobre todo en las calles importantes, las de los semáforos, las de los coches, las de las casas, las de los escaparates. Se mueven y desaparecen rápidamente además en cuanto que las dejas a tu espalda, como ellas, sus caras. Un grupo deja paso a otro grupo, es lo bueno que tiene acompañar a alguien como Felipe que es tan social. Un nombre que te dicen sucede a otro nombre que hace poco te dijeron y al poco rato ya cae en el olvido. Más y mas caras como dije que como las luces de la ciudad, fuera de la noche, de la oscuridad, se apagan la mayoría, desaparecen, se diluyen en unas vidas muy diferentes a las que por unas horas en S. viven, me cuentan al oido exagerándolas espero.



F y A son dos hermanos gemelos idénticos de mi edad, rubios, con cara ambos de payasetes. F viste de negro y es el tímido y reservado de los dos y A que viste unos vaqueros y una camiseta blanca sin mangas es el alegre y despreocupado por lo que parece. A tiene además el pelo un poco más largo que F. y por eso se le forman unos rizos sobre las orejas y los ojos que me llaman la atención y me hacen gracia. Cuando queda una hora más o menos para que nos vayamos me ofrece irme con el a una esquina de la pista de baile y tal y como me esperaba, tras un par de minutos a solas él comienza a morrearme y a tocarme el culo también.

Besa con la boca muy cerrada.

Pienso que poco a poco la irá abriendo y acabará hasta por meterme la lengua pero me equivoco.

A la media hora o asi estamos tal y como al principio lo estábamos casi y como desgraciadamente también lo estamos al final, cuando empiezan a cerrar S.


Desayunamos los cuatro en un bar y por debajo de la mesa él insiste en hacer manitas conmigo.

Su hermano mientras es el que habla, el que nos cuenta a Felipe y a mi entre otras cosas que en su casa aún no saben nada y no solo eso, sino que todos los domingos tienen que sentarse junto a su padre a ver el fútbol y gritar cuando el Barsa mete un gol e incluso salir a la ventana si la ocasión lo requiere a soplar una especie de trompeta cuyo sonido lleva implícito el triunfo de su equipo de toda la vida, ese que no se atreven a decir ya a su padre que les importa una mierda.


Me da su móvil al despedirnos.

Camino al metro Felipe me felicita, me dice, dándolo por supuesto, que menuda suerte tengo pues me voy a enrollar con dos gemelos idénticos a la vez y ese es uno de sus sueños eróticos mas recurrentes.

Yo le miro y me rio mucho de lo que dice. Aunque no tanto como cuando me dice que si le dejaré participar.


Parados en una esquina, a punto de que den las ocho y media, la esquina clave, y como hace tiempo ya que pasamos de largo la estación de metro sin meternos en ella me pregunto si nunca va a atreverse a decírmelo y vamos a quedarnos asi, hablando durante horas y horas.

Pero no.

Me lo dice al fin “¿Quieres que entremos a la sauna?”.

Yo le contesto que si, sin dudarlo ni por un segundo.




 
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Quisiera que después de la siesta, los sábados ,mis cafés transcurrieran de forma diferente a como transcurren.

Quisiera no sentir verguenza por estar solo cuando la camarera se me acerca y me trae la tarta, quisiera que en un momento dado él por fin apareciera por la puerta y se acercara a mi, me besara incluso para que asi ellos aprendieran a no meterse nunca más en las vidas ajenas y supieran que si alguien esta sentado solo tomando un cafe no significa automáticamente que esa persona no tiene a nadie, que está totalmente hundida.

Simplemente puede ser que esté esperando a alguien.


Quisiera que él fuera un poco mi profesor, que tuviera mucho más mundo que yo, que me regañase por pedir siempre lo mismo y que me recomendara por ejemplo alguna variedad de café diferente, o que partiera la mitad de su tarta para dármela a probar con el propósito de que asi yo dejara de pedir siempre la misma de chocolate. Quisiera que para cuando mis labios se ensuciasen, él con su servilleta y sin avisarme previamente, me los limpiase, y que luego me propusiera sin pausa posible un plan que realmente me apeteciese.


Quisiera un apoyo, alguien que a diferencia de mi madre me dijera que alguna vez soy yo el que tiene razón y no los demás, y que los viernes por la noche me invitara a su casa a dormir y al verme llegar tan cansado no lo dudara, se acostase conmigo antes de medianoche. Quisiera en esos momentos para compensar el lunes sentir el calor de alguien a quien quiero muy cerca y para compensar el martes me bastarían sus caricias al dormirme. El miércoles resultaría mas soportable gracias a sus besos al despertarme ya que el jueves lo sería gracias a su boca chupándome la polla durante una hora todas las mañanas de sábado y sus manos pellizcándome el culo también, o por su polla penetrándome una y otra vez por la tarde. Para el viernes no seria necesario nada, pues me bastaría en cualquier caso con volver a tenerle a mi lado, con que él quisiera repetir y no se hubiera cansado de mi.


Quisiera una casa tal y como la dibujé después de cenar antes que empezase Queer AF. Con una planta baja con un garaje muy grande para un pequeño utilitario italiano y una moto también italiana, y con unas escaleras de caracol que me lleven directamente a la planta de arriba donde hay un salón y un par de dormitorios, y una cocina también donde él prepara platos de lo más exquisito. Quisiera que todas las ventanas tuvieran unas bonitas vistas al mar o sino en su defecto a la montaña,y quisiera también un montón de gatos por el jardín, entrando y saliendo de la casa con plena libertad.



Quisiera poder querer como nunca he querido o he sabido querer hasta ahora. Quisiera poder localizarlo esta noche, verle de lejos, a ese alguien que quizás ahora mismo siente lo mismo que yo y por eso anda buscando también, o quizas no, y tenga que ser yo quien en el futuro le tenga que convencer de lo contrario, para que deje su vida de epicúreo total a cambio de tenerme a mi.




Quisiera haber sabido follar a I. y por lo tanto no haber fracasado en el intento, o que I. no me hubiera hecho tanto daño que le hubiera tenido que decir que parase cuando él no estaba precisamente por la labor. Quisiera saber comportarme en la cama como alguien de 20 años y no como un inexperto. Quisiera que no hubieran pasado más de catorce meses desde la ultima vez que alguien me folló, me dio por culo, quisiera que no fuera como volver a empezar de nuevo, pues será de lo más humillante de nuevo, un fastidio.



Quisiera que el contraste no fuera tan fuerte.

Que el metro el viernes por la tarde no apareciese tan repleto de chicos y chicas a punto de empezar la fiesta. Que por el lado contrario, mi casa no estuviera siempre a mi llegada los viernes tan a oscuras, sin nadie, mis padres se han ido a cenar, la cena esta en el microondas, en un par de horas más o menos llegarán, hasta entonced no hablaré con nadie.


Quisiera que los chicos muy guapos no lo fueran tanto, lo mismo que los que parecen ser muy simpáticos en el fondo no lo resultasen tanto.


Quisiera sentirme mal por todo lo que he dicho que quiero y no tengo, lo quisiera, pero sin embargo no puede ser. Quisiera ponerme a llorar, desesperarme, llamar por teléfono y colgarle solo para ver si esta en casa o ha salido, o tiene voz de que en unos pocos minutos va a hacerlo.


Quizás me haya rendido y me conforme asi, tal y como estoy, queriendo un montón de cosas que sin embargo no tengo.

Quizás en el fondo tenerlas no sea tan importante, no me vayan a cambiar la vida tanto como yo creo que lo pueden hacer.

Quizás las defensas, mis defensas, estén ya terminadas del todo y los diques por fin se encuentren ya levantados, con un ejercito a sus pies preparado para repeler a quien desafie su autoridad.

Quizás ya nada de lo que quiero y sin embargo no tengo me va a afectar nunca más como antes si que lo hacía.

Ojala.

 
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No me conocía de nada.

Lo mismo que yo a él.

Pero era mejor asi, pues todo fluía como con más libertad y espontaneidad, sin discurrir por los mismos caminos de siempre. No había un pasado que nos atara, no existía posibilidad alguna, dado que nos acabábamos de conocer en persona, que él me comparara con aquel que yo era hace un año y llegase a la conclusión que me he vuelto mucho más serio, introspectivo e independiente, o sea que le prefiere a él. No cabía pues, que analizase friamente a continuación que podía haberme pasado desde el final del verano hasta ahora para que yo fuera ya tan diferente a como lo era, propietario de unos silencios cada vez más prolongados entre frase y frase, titular de una sonrisa que apenas ya sale a superficie.


Físicamente no hubo sorpresas pues nos habíamos visto primero por las fotos de la página de contactos hace ya semanas y una vez incluso por la webcam. Llevábamos casi veinte dias intentando quedar pero cuando a él le venía bien a mi mal y viceversa. Supongo que en ese aspecto yo no le cause ninguna sorpresa, lo mismo que él tampoco me la causo a mi. Era moreno, con el pelo rapado, muy fuerte, un poco bajito, parecía un soldado que acababa de salir de un cuartel y había venido a buscarme a eso de las once de la noche, al lado de casa, donde mi calle se cruza con la Diagonal, que es un sitio ideal para quedar, sin perdida alguna, que casi todo el mundo conoce.

Me senté en un banco a esperarle.

La calle estaba casi desierta, incluso apenas se acumulaban no más de tres o cuatro coches en el semáforo que había a mi lado cada vez que se ponía en rojo.

Hacía mucho frio también.


El vino por fin en una Renault Kangoo y la aparcó justo enfrente mio, dejando las luces de emergencia encendidas por si acaso. Luego se bajó sonriendo de la misma y se acercó hacia mi dándome la mano, ofreciéndome subirme a la misma para charlar alli mejor que en la calle.

Yo, por desconfianza, le dije que prefería que él se sentase en el banco y habláramos alli mismo.

El aceptó.


Había, según me dijo, bajado desde su pueblo a Barcelona a montar unos muebles asi que era cuestión de quedar hoy o no quedar nunca mas después de tantas citas fallidas.

Como había terminado además mucho antes de lo previsto y para matar el tiempo, antes de quedar conmigo, lo había hecho tambien con otra persona a la que había conocido como a mi y que le invito a ir a "una mierda de esas" en sus propias palabras, o sea el Boyberry, un sex shop gay.

Lo mandé alli mismo a la mierda -me dijo con cara de disgusto- gracias a Dios que vivo lejos de aqui que sino acabaría loco como la mayoría de los gays de Barcelona pareceís estar.


"No se, te veo demasiado preocupado por el futuro, yo no le doy muchas vueltas, ya veremos, ahora te gustan, nos gustan, pero dentro de unos años igual no, nunca se sabe, no te obsesiones, igual tu futuro no tiene nada que ver con tal y como tu crees que va a ser" me aconsejó posteriormente como respuesta a algo que le dije.


Un tio noble de verdad o al menos eso parecía.

Hacia tanto tiempo que no daba con uno.

Entre esos cuya máxima preocupación es pasar por encima de los demás, o lo que es lo mismo que no pase nadie por encima de ellos, y que para conseguirlo sin dudarlo despliegan su mejor sonrisa fingida, su colección de halagos fáciles, sus palmadas en la espalda en el momento apropiado o esos otros, que no se a que juegan cuando dicen lo que piensan estudiando en un sitio como en el que estudiamos, teniendo las familias que tienen, ¿alguien puede creerse que sean tan modernos, tan de izquierdas pero curiosamente en el marco de una universidad catolica y vestidos con ropa de marca inaccesible para el ochenta por ciento de la gente?. Entre las maricas del fin de semana, los borrachos del tren a esas horas, conmigo mismo adaptándome a cada situación dependiendo de con quien esté, ya casi ni me acordaba de que hay gente como el, a quien no le importa de verdad, parece, lo que dice o hace la mayoría, que es fiel a su propio camino y nada más.



Normalmente hablo como por inercia, con desgana, sin arriesgarme, usando las mismas palabras, sabiendo de antemano la reacción que estas provocaran en mi interlocutor.

Pero con el, esta noche, ha sido diferente, me he sentido como en la obligación de esforzarme ,de tratar de buscar las palabras mas adecuadas siempre, en cada ocasión en que me tocase hablar, nunca la primera que se me viniera a la mente, no porque lo que fuera a decir pudiera ser algo importante para él, seguro que no, sino para mi, pues llevo tantas semanas de conversaciones como programadas de antemano,desde su principio a su final, su tema, conversaciones triviales y conversaciones para matar el tiempo nada más y no sentir la incomodidad del silencio...

Cuando me dijo que ya era tarde y tenia que volver a su pueblo, a media hora de Barcelona, miré hacia el suelo y a través del hueco que había entre las dos tablas de madera del banco vi uno de los periodicos gratuitos del dia tirado en el suelo. Y en esas me dio por pensar en lo solo que en realidad llevo toda la vida, casi tanto como esas pocas hojas tiradas en el suelo esta noche, a unos minutos de caducar para siempre.


Me fije en el rotulo de su furgoneta al arrancar.

Una empresa de muebles de un pueblo con un nombre horrible.

Vi como se incorporaba de nuevo al trafico y esperaba acelerando a que el semáforo se pusiera en verde.

Al arrancar y alejarse definitivamente me levanté del banco por fin.

Crees que te llamara otro dia para quedar?

Por la experiencia que tengo, casi seguro te diría que no - deduje en esos momentos.

Busca a alguien como él.