ALEX //
Mis diecinueve, veinte y veintiún años de aqui para allá, siempre en Barcelona
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Mis diecinueve, mis veinte y mis veintiún años, de aqui para allá, siempre en Barcelona.
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2 La chica más cansada y desquiciada


La chica más cansada y desquiciada no apartó la vista del reloj hasta que este marcó las dieciséis horas cuarenta y ocho minutos y 22 segundos.

En ese momento hacía veinticuatro horas justas desde que Fabio la había dejado de abrazar, por primera y última vez en toda su vida quizás.

Desde la distancia se vió a si misma en el aeropuerto de Milán, alejada junto a sus padres del grupo principal, avergonzada de ellos, y un poco más tarde ,por entretenerse tanto en despedirse, en el último lugar de la cola de facturación y no pudo evitarlo, pero sintió tanta pena de si misma, por aquel abrazo tan breve del que él muy pronto ni se acordaría pero que a ella le había hecho sentirse extremadamente delicada, como de cristal y le había cambiado la vida.

Había sido un abrazo de amigo, aunque no eran amigos, quizás hasta un poco de burla si me apurais, Fabio la había visto y la había estrechado impulsivamente entre sus brazos celebrando que ya estaban por fin a salvo de los padres y eran casi libres, Barcelona estaba a tan solo unas pocas horas ya. Luego, es cierto, había abrazado a un montón de chicas más pero eso a ella no le pareció relevante en aquel momento.


Por supuesto que no la sentaron cerca de él en el avión y que no se atrevió como otras chicas a pedir a los amigos de Fabio que le cambiaran el sitio para estar junto a él.
¡Qué estúpida que había sido! pensaba ahora pues Laura , que fue la que se sentó al lado suyo durante el vuelo, se convirtió horas más tarde ya de noche y medio borracha en la afortunada que se enrolló con él e incluso burlando la vigilancia de los profesores hasta en la que “durmió” en su cama junto a él.


Se habían ido a descansar todos a eso de las seis de la mañana pero ella había sido incapaz de pegar ojo muerta de envidia y excitadísima, la de cosas que se dejaría hacer por él, la palabra “NO” sería algo prohibido a su lado desde luego.



Mirándolo friamente Fabio era un poco estúpido de acuerdo pensó varias veces durante esas horas robadas al sueño. Sus conversaciones se ceñían al fútbol prácticamente, sus grandes preocupaciones eran algo parecido a si las gafas de sol le quedaban bien, el pelo lo tenía suficientemente en punta, o los vaqueros le marcaban bien el culo. Pero ella veía su cara y... él parecía hablarle aunque obviamente no lo hacía, de esos temas de ecología que tanto le gustaban a ella, y parecía ser tan educado y cortés, tan sensible, obviamente justo todo lo contrario a como él era en realidad.


-¡Vamos Cristina que pierdes el tren! le grito Ana, su compañera de pupitre desde el otro extremo del andén a punto de subirse al mismo.

La chica mas cansada y desquiciada no tuvo más remedio que correr entonces por toda la estación.

Una vez ya en el tren, entonces, descubrió con pavor que solamente había un sitio libre muy cerca de Fabio. Estaría rodeada eso si de sus peores enemigas, Laura incluida.

Se puso de espalda a todas ellas.

Le ponían enferma con sus conversaciones.

Todas las chicas de clase se habían maquillado como putas, se habían puesto su ropa más sexy y no dejaban de revolotear alrededor de los chicos más guapos de la clase. Vió con solo darse la vuelta un par de segundos las bragas negras de encaje de Paola, el tanga de Laura, el sujetador de Cristina , ellas nunca iban vestidas asi a clase, estaba claro cuales eran sus intenciones.

Le entró miedo de repente, pues no supo distinguir que sería dentro de lo malo lo peor;
O bien que dentro de unos dias la empezaran a acosar los chicos más feos de la clase, en previsión que si no era con ella con ninguna del resto de las chicas de clase lo iban a conseguir, o bien que la ignoraran absolutamente otra vez, prefirieran volver a Italia sin estrenarse, vírgenes antes que estar con ella.



La chica más cansada y desquiciada ya no era virgen. Probablemente era de las pocas de clase que lo había hecho. Solo una vez, hacía un año, en los wateres de la biblioteca del barrio con un universitario al que probablemente le había puesto de lo más cachondo sin quererlo ella, al principio al menos, con su falda escocesa y sus medias negras, su camiseta de My Chemical Romance. Ella se había abierto un poco de piernas para que él la siguiera mirando desde su mesa, se había remangado la falda para que no decayera su interés, él mientras se manoseaba el paquete lleno de deseo. Sin saber porque ella se levantó y entró al baño y él la siguió por supuesto. Se morrearon alli dentro, pero acabaron saliendo a la calle debido al calor que hacía, un sol irrepetible le parecía ahora, que se colaba por los pequeños ventanales y les daba directamente en la cabeza, el calor era ya digo insufrible. En su coche él finalmente se la folló. Tenía veintidós años. Ella se echó uno más por si acaso, dieciséis. No fue gran cosa.


Se fija de pronto en un chico extremadamente delgado que atraviesa el vagón y que se la queda mirando. “No es guapo, pero tiene un algo especial” se dice a si misma cerrando los ojos.


Ella tiene mucho sueño, lleva casi un dia entero despierta y por eso está a punto de dormirse, oyendo las risas de sus compañeros, imaginándose a la vez como va a conseguir soportar los seis dias que aún le quedan.


Una voz desgarrada que oye desafinando en una canción que no conoce, por curiosidad le hace abrir los ojos. Es una mujer muy vieja con una guitarra comprueba. Fabio se levanta y se rie de ella en sus narices, como él, pronto, muchos de los chicos de clase le siguen, los insultos llenan de pronto todo el vagón.

La chica más cansada y desquiciada se fija en sus boxers negros que sobresalen por encima del pantalón. Está loca por él. Esta mañana se subió incluso a la taza del water pues se oía su voz mientras se estaba duchando. Tenía la esperanza de por fin verlo desnudo. No lo consiguió, no era lo suficientemente alta como para ver por encima de la pared que le separaba de él. ¡Dios mio si me llegan a pillar! ¿Qué me hubiera pasado? se recrimina en silencio.

Una revisora de aspecto cómico y desgarbado aparece de pronto en escena.

Decide cerrar los ojos.

Todo es una maldita pesadilla, con personajes irreales, tiene que serlo se dice a si misma.

Quizás hasta acabe como ella – piensa la chica más cansada y desquiciada – medio alcohólica, vagabundeando, sin un lugar ni nadie en el mundo.


Ella es la única que todavía no ha probado ni una gota de alcohol en lo que va de viaje, o se ha fumado un porro.

Pero es precisamente por eso por lo que cree que sucederá.



 
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1 El chico más delgado y pálido


El chico más delgado y pálido sabía de antemano lo que le esperaba cuando el viernes el profesor dio por concluida la última clase de la tarde.

Permaneció por eso sentado en su pupitre recogiendo sus cosas impasiblemente, mientras muchos de sus compañeros de fila le acribillaron por turnos a collejas e incluso patadas al salir del aula, y luego, cuando la clase se quedó por fin vacia, él entonces se levantó y rápidamente saliendo fuera , bajó las escaleras hacia la calle para intentar llegar a ella antes que todos los demás, que aún permanecían hablando en grupos por los pasillos, dando gritos, o sentados en las escaleras incluso, fabricando planes.




Cogió el tren.

El viernes pasado había ido hasta Badalona. Este viernes le tocaba pues acercarse al Prat.




El primer vagón estaba lleno de chicos y chicas de su edad pero italianos montando jaleo asi que ni se le ocurrió sentarse en él pese a que había una chica que le había llamado bastante la atención, no guapa pero si bastante especial.

El segundo estaba semivacío, por lo tanto le venía como anillo al dedo.


En una de las paradas una mujer de unos cincuenta años, con pinta de alcohólica se subió a su vagón y comenzó a cantar, acompañando su desagradable voz con una vieja guitarra desafinada y entonando una canción de Amaral.

Ni él ni el otro hombre que iba también en ese vagón le dieron nada de dinero cuando terminó.

Luego pasó al siguiente vagón, desde el cual pocos segundos después comenzó a llegar el sonido de grandes carcajadas mezcladas con insultos en italiano y castellano, que se intercambian aquellos estudiantes y esa pobre mujer.

Una revisora muy delgada y altísima, tanto que se tenía que agachar al pasar de un vagón a otro, con apariencia al menos de ser muy torpe, apareció de pronto ante aquel estruendo, cruzando como una exhalación su vagón, intentado llegar al otro lo antes posible.

Tampoco parece que consiguiera mucho, los gritos e insultos rebajaron el tono es cierto, pero solamente desaparecieron por completo en la siguiente parada, en que él también se bajó y la vió delante suyo, arrastrando la guitarra por el suelo de la estación, pidiendo algo de dinero a todo aquel con quien se encontraba, desapareciendo finalmente en un bar.



Cruzó la calle.

Entró al centro comercial.

El chico más delgado y pálido primero se puso a escuchar música y luego se fue a la zona de los videojuegos.

Miró algo de ropa barata también antes de comenzar a recorrer el departamento de electrodomésticos arrastrando los pies.

Tenía tres horas desgraciadamente aún por delante.

Quería que su madre pensase que estaba por ahí, pasándoselo bien como los demás chicos. No podía volver a casa, no quería volver a casa.

En un par de años, cuando tuviera dieciocho y le dejaran salir hasta las once o las doce de la noche, entonces si que iba a tener un problema de verdad, pensó. ¿Qué demonios iba a hacer?. No lo sabía.

Los centros comerciales cerraban a las diez, pero si ya le aburría pasar más de una hora dentro de ellos ¿Cómo iba a hacerlo para pasarse tres o cuatro alli sin deprimirse más todavía?

Quedaban los cines.

Las tiendas veinticuatro horas.

El dar y dar más y más vueltas sin un destino fijo por las calles del centro de la ciudad, como un zombie sin más.

Puede también que para entonces ya tuviera amigos, aunque no lo veía muy factible la verdad.

En cualquier caso lo que estaba claro era que su madre y su padre no podían enterarse que no tenía a nadie. Ya se las arreglaría.



A las nueve de la noche cargado con una bolsa volvió al tren otra vez para hacer de nuevo el mismo trayecto pero a la inversa.


Se había comprado unas zapatillas negras y rosas baratas, imitación de las Victoria que estaban de moda, a un cuarto del precio de estas por cierto. Estaba muy cansado.


A las diez, su hora, ya estaba de vuelta en casa.

Le dijo a su madre que se lo había pasado genial cuando esta le preguntó..


Como no le apetecía cenar se encerró con pestillo en su cuarto y frente al espejo comenzó a desnudarse. Primero la camiseta, luego las zapatillas y los calcetines, finalmente los pantalones.

Le encantaba ponerse frente a aquel espejo en ropa interior únicamente.

Unos minúsculos slips negros le marcaban lo que era una de dos, o una polla enorme debajo de ellos o una polla normal de tamaño pero empalmada ya.

Se sentó frente a él para verse perfectamente reflejado y sacando el móvil comenzó a hacerse fotos.

Las dos primeras vestido, las otras tres o cuatro ya desnudo por completo,a doptando poses provocativas.

Su piel tan blanca, sin un solo pelo, su pequeño culo, AQUELLO en reposo todavía entre medio de sus piernas, su cara y su boca tan pequeñas ambas.


Se levantó de repente.

De dentro del armario sacó entonces una percha que tenía escondida, de esas con una pinza en cada extremo y que su padre usaba para colgar sus pantalones.

Abrió una de sus pinzas y con ella aprisionó un pedazo de piel suya muy cercana a su pezón izquierdo. Repitió a continuación la operación con la otra, pellizcándose esta vez eso si, tras dudarlo un poco , el pezón derecho en pleno.

El dolor inicial era lo peor lo sabía.

Tenía que aguantar cinco minutos al menos.

Si lo hacia, pese a las apariencias, el era evidentemente mucho más hombre que cualquiera de su clase, por mucho que dijeran, además aquello le gustaba en el fondo, ¿por qué no reconocerlo?.

A base de compararla con la de sus compañeros ya sabía que su polla era enorme.

De hecho muchas de ellas daban risa comparándola con la suya.

En esos momentos estaba además en su máximo esplendor. A más dolor, más y más placer que su pequeño cuerpo sentía en cada de sus células.

Pensaba en algunas chicas cerrando los ojos pero era su aguante ante aquel dolor cada vez más insufrible lo que realmente le excitaba.

El era más hombre que cualquiera de ellos, podía aguantar mucho tiempo con las pinzas oprimiendo brutalmente su piel, dejaban luego dos moratones que él se encargaba orgulloso de ocultar, su polla era el doble que la del resto de los chicos.

Se corrió tumbado en el suelo, casi si tocarse.

Su leche blanca y muy abundante fue directa hacia el espejo como otras veces, no llegando tan alto como el pasado viernes lo había hecho.

Con un pañuelo, incorporándose, como de costumbre comenzó a limpiarla para que nadie pudiera notar nada.

Finalmente frente a él de nuevo y desnudo se vió por última vez antes de comenzar a acostarse.

La polla aún pringada, le brillaba tanto bajo por la luz del flexo.

Se la tocó un poco más como si no hubiera quedado satisfecho del todo.

Tenía asma, ese era el fallo, y por lo tanto no podía hacer gimnasia y entrar a los vestuarios, desvestirse, ducharse y vestirse junto a los demás chicos.

Quizás si ellos se la vieran un dia a lo mejor su papel en la clase cambiara pensaba.

Alguien un un aparato asi no podía ser tratado como a él hasta ahora le trataban creyó otra noche de viernes más.


 
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(2)



La habitación a la que debía de ir estaba en el piso de arriba y al final del pasillo.

Una chica con ojos de estar muy borracha, con el pelo rapado y la palabra lesbiana escrita en la cara me abrió la puerta sorprendiéndose al verme.

Yo le tuve que contar toda la historia para justificar un poco el que me quedase alli a dormir con ella, aunque la verdad, realmente no parecía importarle lo más mínimo aquello que yo le decía, parecía darle totalmente igual.


Era una habitación muy parecida a la mia, mismo tono de pintura, mismas camas, mismos muebles en el mismo sitio. Lo único diferente era el cuadro que había entre ambas camas, más bonito el de mi habitación propiamente dicha que el de esa , y ella a continuación, tras dejarme entrar por fin , cerró la puerta tras de mi y me dijo que mi cama era la que estaba pegando a la ventana, igual que la antigua.

Acto seguido ella agarró una botella de Güisqui y se tumbo acurrucada en su cama con los ojos clavados en la tele donde estaba a punto de comenzar el mundial de Fórmula 1. Tenía un culo enorme me fijé.

Le dije algo un poco amaneradamente por si ella al ver que yo era de los suyos le daba por hablar algo conmigo pero ni por esas. Yo esperaba algo de conversación por su parte, tipo “esta empresa es una mierda, no escuches lo que te dice la gente de fuera, lárgate ahora que puedes” o cualquier otra, pero ya digo, ni siquiera una sola palabra me dirigió.


Debí de quedarme dormido pues lo siguiente que recuerdo es J sacudiéndome para despertarme la mañana siguiente, domingo, y diciéndome que todo el mundo había desayunado ya y me estaba esperando impaciente en el autobús.

Se hicieron las típicas bromas acerca mio nada más subirme yo en él y es que por muchas cosas que hayan pasado, por muchos tios que me la hayan chupado, o a los que yo se la he chupado, por muchos golpes que haya recibido, como en el colegio, basta que se junten mas de seis o siete personas para que yo automáticamente me convierta en en el panoli del grupo, parece algo irremediable, inevitable que suceda.

J me miró nada más sentarse y en su mirada parecía leerse algo parecido “la llevas cagando todo el fin de semana chaval”.

“Menudo asco de tio” pensé.

Aunque por lo menos se había acordado de mi para ser sinceros.



“Puedo disimular unas cuantas horas nada más, pero en cuanto que ellas pasan como que es tarea imposible ocultarles que algo no funciona muy bien dentro de mi cabeza”.

J no parecía comprender como yo no había encajado lo más mínimo con el resto de la gente si aquella era la mejor gente posible al menos en su opinion . Supongo que alguien le habría contado lo de mi pasotismo, mi estar alli pero con la cabeza en otra parte.



El proceso de facturar, sacar el billete, pasar el control, esperar y finalmente embarcar no resultó luego en Madrid nada diferente a como lo había sido en Barcelona.

Una vez que el avión despegó de nuevo las ideas más extrañas volvieron a tomar por completo mi cabeza.


“La gente que hace dicho trayecto todas las semanas parece estar como abotargada, ahogada bajo toneladas de resignación. No consideran obviamente la vista que desde el avión tenemos como algo muy oportuno o digno de ser disfrutado. Todo lo contrario que yo”.



Me fijé en casi todos los pequeños pueblos que desde la altura se divisaban. Pueblos en su mayoría supuse sin ningún atractivo especial y que nadie visita, en los que solo los que viven alli a diario andan por sus calles o visitan asiduamente sus tiendas y cafeterías, pueblos sin historia, anónimos, que casi nadie llega a conocer pero a los que quizás yo podría huir en un momento determinado, refugiándome en ellos para iniciar una nueva vida que nadie sea capaz de descubrir.

Tengo bastante ahorrado, seguro que alguien en uno de ellos necesita un camarero, un administrativo, un dependiente. Podría irme todo mucho mejor si me instalase en uno al azar y buscase trabajo, ¿o no?.



Aterrizamos justo al mediodía y mentí a mis padres diciéndoles que fueran a buscarme al puente aereo en vez de la terminal B que era por donde estábamos saliendo.

Todo eran risas y abrazos y hasta mañanas.

J se abrazó a su mujer como si nada.

Elena a su novio.

Yo salí fuera a la calle y andando caminé después torciendo hacia derecha durante unos cinco minutos hasta que por fin divisé el coche de mis padres sin nada o nadie alrededor.

Por supuesto me echaron una pequeña bronca por hacerles ir alli en vez de a donde todo el mundo iba. ¿Qué demonios me había pasado? me preguntaron exigiéndome una respuesta de lo más convincente que por supuesto no tuve.



No quería que me vieran con ellos.

Que su apariencia les engañase y se sintieran orgullosos de mi por ir a su lado, en su mismo vuelo.

No me gusta toda la mierda acumulada que tienen camuflada en sus putas oficinas de la Diagonal. Ni sus envidias, celos y carreras. Horas extras, favores, zancadillas.


Mis padres apenas tienen amigos. No son muy felices pero tampoco desgraciados. Y yo soy exactamente como ellos por mucho que a veces destierren esa idea y esperen algo “más” de mi.


Hay mundos a los que es totalmente imposible que uno pueda llegar a pertenecer.


Horas después yo disimuladamente miraba bajo mi flequillo al chico de los pantalones negros de chándal y la sudadera roja que en el espejo de la cafetería de al lado de casa repetía todos los gestos que yo hacía mientras esperaba a mis amigas.

Era yo mismo claro está pero también era ese de hace veinticuatro horas y a seiscientos kilómetros de aquí ¡quien lo diría!.

Marta y Eva llegaron por fin con tres Fantas de Limón, cinco sandwiches y dos tartas de chocolate.

Cuéntanos me dijeron las dos .

 
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El módulo 2 del terminal B del Aeropuerto del Prat por lo que parece se encuentra todos los viernes a eso de las diez de la noche repleto de gente que por diversos motivos, trabajo principalmente, no puede llevar su vida alli donde quisiera.

Todos hablan impacientemente por teléfono, unos con sus amigos preparando donde van a quedar esa misma noche para ir a emborracharse, otros con sus parejas que les cuentan asi por encima los planes que han hecho para el fin de semana, lo que hay que hacer, donde ir con los niños para pasarlo lo mejor posible según les han contado. Ellos, al otro lado del teléfono sonríen sabiendo que ya es cuestión de un par de horas el volver a estar alli donde deberían estar, aunque el poco tiempo que disponen para estar con sus hijos, sus amigos, pesará y mucho a lo largo de todo el fin de semana seguro. Cada vez que les abracen, le llamen papa, les hagan sonreir, ellos lo más seguro es que mentalmente calculen lo que aún les resta, lo que falta hasta el domingo por la noche en que de nuevo la vida les obligará a separarse de ellos por otros cinco dias al menos.


Una chica muy parecida a Paulina Rubio se sentó enfrente mio en la sala de espera. Estaba hablando con su novio. Llevaba unos pantalones negros muy ajustados y una chaqueta y una corbata del mismo calor sobre una camisa rosa. Pensé que se trataba de otra alta ejecutiva más de vuelta a su casa pero al verle unos zapatos destrozados y sucios y oir un poco como hablaba como que me quedó claro que no. Llevaba un pin de Tecnocasa en la solapa y me parece que hablaba de que no había conseguido cerrar una venta que ella esperaba haber podido cerrar esta misma semana.

No pude enterarme de más pues J., que estaba más eufórico que nunca con lo del curso de formación en Madrid al que íbamos, me interrumpió para avisarme que embarcábamos. Vestía unos vaqueros desgastados y una sudadera típica de universitario deportista americano aunque obviamente él hace ya años que no es universitario y nunca ha sido ni deportista ni americano según parece a simple vista.

Nada más comenzar el avión a coger altura, me vinieron a la cabeza pensamientos de lo más raro tipo cuanto quiero a mis padres, que majos son mis amigos que pese a todo me aguantan y no hay fin de semana en que no me incluyan en sus planes. No sé , cosas de los vuelos supongo.


Un minibús nos recogió una hora y media más tarde en Barajas pasada medianoche y nos llevó hacia Las Rozas, un pueblo a las afueras de Madrid, que era donde íbamos a pasar el fin de semana recluidos en un chalet, aprendiendo aquello que ellos nos quisieran enseñar.

Ya en la habitación que compartíamos J y yo, tras dejar las bolsas de viaje, esperé a ver si el se desnudaba delante mio o iba al baño a ponerse el pijama. Eligió la primera opción asi que yo no tuve más remedio que hacerlo también y él me miró la verdad de lo más fijamente cuando me quede en boxers y camiseta únicamente.

Luego cada uno nos metimos en nuestra cama pero él, a la vista del movimiento que parecía haber por toda la planta, se oían gritos y carreras, como que no pudo aguantar más y acabó por levantarse a los cinco minutos, marchándose del cuarto y dejándome solo.

No pude dormir nada en esa primera noche allí.

A las dos o asi cogí de la mesilla, entonces todavía no había tenido tenido tiempo de bajármelo, el discman y me puse a escuchar el ultimo disco de Air que me había comprado en el aeropuerto. A oscuras, muerto de frio, bajo las sábanas me dio por pensar que es curioso que siempre que voy a sitios, como este viaje, en los que sé que no voy a hablar ni divertirme mucho, tiro siempre de la música instrumental, sin apenas voces. Será para no sentir remordimientos de conciencia por ser tan tímido a veces, pasota otras, en mi propio mundo siempre, por no hablar cuando se supone que debo de hacerlo.



Tras el desayuno, el sábado ya a eso de las diez, nos dividieron en dos grupos y a los nuevos en la empresa nos llevarón a una especie de salón enorme donde poniéndonos de pie nos hicieron presentarnos primero para luego decir a continuación porque estábamos tan orgullosos de pertenecer a la puta empresa. Oí muchas tonterías, muchísmas, vi a la gente sonriendo patéticamente al hablar y al escuchar aquello que se decía y por fin cuando llegó mi turno, y como no soy especialmente valiente o brillante, como que me limité a repetir un pupurrí de lo que otros ya habían dicho, eso si sin sonreir, con cara de cansado supongo, sin mucha fé en lo que decía.


Nos hablaron de su historia, de su fundador, del número de empleados y paises en la que está representada pero yo la verdad desconecté por completo enseguida y me puse a pensar que este no puede ser mi sitio ni por asomo. Me imaginé mientras fingía escuchar y tomar notas una historia acerca del chico mas extraño y pálido de un lugar que no existe. Me prometí a mi mismo que como yo no he nacido para esto tengo que volver a intentarlo y mandar la maldita novela que nadie quiere a más editoriales o sino terminar cuanto antes en la que estoy ahora. Me puse de lo más pesimista la verdad y los juegos que más tarde hicimos después de comer como que no me animaron demasiado.


No me gusta ir con los ojos vendados y cogido de la mano a dos compañeros en fila india guiado exclusivamente por uno de nosotros al que no le han vendado los ojos. No me gusta la responsabilidad de tener que hacerlo yo luego y que si una persona se cae sea entonces culpa mia.


Después de la cena vino la "fiesta" y la peor música posible, como me temía, comenzó a sonar por los altavoces que habían colocado a toda velocidad en ese mismo salón que nos había acogido por la mañana a todos los novatos.


Era obligatorio emborracharse, bailar, desfasar incluso y les eché tanto de menos a mis amigos que no pude evitar subir a mi cuarto para mandarles un sms a todos esos que a veces solo quiero que me dejen en paz pero que cuando lo hacen solo quiero entonces que me llamen. Los mismos mensajes de siempre invitándome a ir con ellos, informándome de cómo iban a quedar, un mensaje de Rafa que por error me había mandado seguro y que me informaba del boicot que ese fin de semana había que hacer al Razzmatazz por querer subir la entrada.


Fui incapaz de contestarles la verdad en parte porque me daba mucha pena estar tan lejos de ellos y en parte porque J. me pilló con el móvil, algo que habían prohibido en todo el dia, y se mosqueó un poco conmigo por ello.


Bailé, bebí bastante, me emborraché como hacía semanas que no lo hacía, intenté meterme en varias conversaciones pero no funcionó y a las tres cuando entré al cuarto dispuesto a dormir por fin, de pronto un J. desnudo por completo y nervioso con su camisa cubriéndole los huevos me lo impidió justo en la misma puerta de entrada, donde había él llegado a rastras. Estaba con una tia al parecer, y no era su mujer obviamente.

La chica desde el fondo de la habitación le gritó el número del cuarto suyo, que era donde yo podía ir a dormir si quería y bueno fui tan estúpido que hasta les dí a ambos las gracias por eso mientras cerraba la puerta.
 
151 SI LOS DIAS NO ACABARAN

Carlos aprovechó aquellos anunciados últimos momentos para recordar que hacía exactamente once años, tres meses y seis dias que él se había ido.

Como no tenía nada mejor que hacer, mentalmente recorrió podríamos decirlo asi todo el proceso. Desde que ese dia que al anochecer se lo dijo, (volvía a casa), pasando por todas esas tristes tardes que se sucedieron a continuación y en las que le ayudó a guardar y recoger todas sus posesiones incluso, en viejas cajas de cartones y maletas que tenía guardadas bajo la cama y que él no había tocado desde que se había instalado alli, terminando por supuesto en esa despedida tan fria que tuvieron el último dia, frente a la furgoneta de alquiler, con miles de kilómetros aún por recorrer en el caso de uno, tantas lágrimas por derramar en su caso. Pudo haberle lanzado algún reproche pero no se sentía legitimado para ello, en le fondo sabía que eso tarde o temprano podía pasar, que era de hecho lo más probable que pasase. Pero si en ese momento alguien le hubiera dicho que ya jamás volvería verlo nunca más no se lo hubiera creído. Se habían entregado mutuamente tantos años, sin un solo reproche o un mal gesto, sin aventuras o engaños que ocultarse el uno al otro, que pensar de esa forma era poco menos que un error o al menos eso es lo que creyó entonces.



Decían en la televisión que el cielo empezaría por ponerse ligeramente anaranjado para pasar en pocos segundos a un rojo color vivo. Las temperaturas entonces subirían y todos sin remedio alguno moriríamos calcinados. No habría ya nada más después de eso o si mejor dicho, pero nadie estaría ya alli para verlo.



Carlos, sentado en su sofá, esa tarde tarde veraniega, en bata, frente a la televisión, parecía algo borracho y sucio, lo estaba, pues había acabado con una botella de Cointreau, el único alcohol que tenía en casa desde hace años, en un par de lingotazos solamente. Probablemente no tenía intención de levantarse de él ya nunca más asi que para que disimular pensó.

Pese al colapso de las líneas telefónicas todavía confiaba en una llamada suya de última hora, de despedida, o de lo que quisiera él que fuera.

Se lo agradecería tanto.

Le preguntaría pero sin el más mínimo tono de reproche, por la razón de su silencio todos estos años, exigiéndole a la vez un breve, ¡que remedio!, resumen de aquello que él había hecho desde su marcha.

Cerraría los ojos y mientras lo imaginaría todo, sin detenerse demasiado en los detalles, extasiado de volver a oir su voz, pudiendo morir tranquilo, de cierta manera no tan solo y fracasado .




Era un meteorito gigantesco del que los principales gobiernos del mundo ya tenían constancia desde hace meses, conociendo perfectamente su trayectoria fatal, el dia y hora exacta del impacto, pero al que astutamente habían decidido ocultar a la población hasta ese mismo dia en que chocase contra la Tierra para evitar la anarquía, el desorden más absoluto, la revolución más estúpida de la historia. Y nadie había sospechado nada y ahora curiosamente ellos, los gobernantes, habían desaparecido, se habían esfumado y seguramente estaban ocultos bajo tierra a cientos de metros de la superficie. ¿Merece la pena sobrevivir en un mundo sin luz, inhóspito, con su pasado ocultado bajo toneladas de polvo en suspensión, a casi cien grados de temperatura? Cada uno tenía sus respuestas, Carlos también, prefería morir, darlo todo ya por finiquitado junto a millones de seres humanos más simultáneamente, no había dudas en su cabeza, ni pena alguna, llevaba meses ya muerto en vida, creía, sin ningún tipo de proyecto vital o interés en algo.




Había encontrado un trabajo mejor. Supuso que mucho mejor de lo que esperaba y simplemente se había olvidado de él. Y él mientras pues, había seguido en ese trabajo miserable en que se conocieron durante muchos más años de lo recomendable y se había hundido, había naufragado al paso de los años, se había acostumbrado a la rutina de que nada pasase en su vida, o como mucho únicamente cosas pequeñas y asi, y no de otra forma fue como pasaron los años, no tenía ahora otra explicación para el asunto. El pequeño pueblo además, tampoco era ya para nada el mismo , pequeño, pues urbanizaciones, nuevos bloques y parques, cientos de familias lo habían cambiado para siempre, aunque claro, por supuesto que todavía había alguna que otra zona inalterada, fiel a aquellos dias, el viejo restaurante por ejemplo que tanto le gustaba y al que Carlos seguía yendo muy de vez en cuando ya eso si a cenar, una o dos veces al año más o menos.

Recordó instantes que en su momento le parecieron vulgares o anodinos pero que de pronto le parecieron de lo más hermoso. Flashes del pasado. Ellos dos en alguna cafetería y afuera las luces de las farolas de la antigua plaza por ejemplo y aquellos niños que jugaban todos los dias en el parque junto a la montaña hoy convertidos ya en hombres de provecho seguramente. Carlos no era mucho de llorar pero como todo ya estaba más que perdido decidió de pronto por fin aflojar un poco, dejar que un par de lágrimas se asomaran por lo menos por el ojo y cayeran después por su mejilla humedeciéndola.



En las grandes ciudades los suicidios y saqueos ya eran lo más corriente desde hacía unas horas según decían en televisión. La gente que no optaba por ellos o o bien se había recluido en sus casas o bien había acudido a determinados sitios a los que profesaban una fé absoluta, iglesias, saunas, sex shops, donde el final sería más placentero, más puro y espiritual.

Un montón de parejas jóvenes se habían reunido también bajo su balcón, a la entrada de la Plaza Mayor del pueblo. Abrazados y besándose esperaban el final. No era un fenómeno aislado, ocurría a lo largo y ancho del planeta. Hombres y mujeres de entre veinte y treinta y cinco años, creyendo que esa era la mejor manera posible de terminar, concentrándose en lugares predeterminados de antemano.

El tiempo se había detenido desde que él se había ido y no le había nunca interesado el volver a reingresar en la vida pero ahora, en el momento de la verdad, se prometía a si mismo que en el caso que todo no terminase en unos minutos, él cambiaría, sería de nuevo como todos esos jóvenes y no tan jóvenes que tenía debajo suyo, un ser humano no a la deriva sino guiado por el deseo de conseguir eso tan manido de la felicidad etc etc.

Tenía que haber habido alguien capaz de cubrir su hueco, ocupar su espacio, pero él ni se había molestado en buscarlo, ¡que estúpido!, ¡que gran dilapilador del tiempo!. Tenía entonces aún, cuando se fue, una edad que todavía le permitía nuevas oportunidades, ser deseado, pero recluirse en su casa, blindarse totalmente gracias dolor sus recuerdos le pareció entonces lo más oportuno.


Brillan algunas estrellas ya en un cielo azul blanquecino. Pronto se empezará a notar.

El mundo se acaba.

 
150


Me desperté.

Los números digitales de color verde del despertador marcaban las 05h01 am.

Es lo malo, tomarme dos tilas antes de dormir me posibilita descansar todo lo que necesito,es cierto, pero al mismo tiempo hace que siempre tenga que levantarme al baño antes que el despertaror suene finalmente -pensé al mear.

Al volver a la cama, medio zombie, sentí como si en realidad nunca me hubiera levantado de ella. Las sábanas permanecían calientes, la almohada estaba doblada por su sitio justo, con el hueco para meter mis manos incluso. Creo que me dormí de inmediato. No recuerdo haber perdido ni un solo minuto para tratar de volver a hacerlo.



Estaba tumbado en la playa y el chico se acercó a mi para invitarme a jugar con un par de palas al lado del mar

Era muy guapo y tenía el pelo largo pero peinado todo hacia arriba, muy revuelto, la boca muy pequeña, los ojos muy azules.

Aquello era un milagro, pensé a los pocos minutos de haber empezado el partido. No solo se había fijado en mi para invitarme, sino que de repente mi cuerpo era muy ligero y yo no tenía que pensar en nada, por si mismo decidía que músculo tenía que mover y en que dirección, ya no era tan enormemente torpe para los deportes como habitualmente lo soy, a él,se le vía en la cara, le empezaba a gustar mi revés y aunque ponía toda la carne en el asador para poder ganarme sin embargo no lo conseguía.

Muy sudados los dos, tras dar por terminado el partido, él y yo poco a poco nos metimos en ell mar pero una ola muy fuerte entonces de repente lanzó su cuerpo contra el mio y los dos fuimos a caer sobre la arena, medio abrazados, sintiendo ambos, diferentes partes del otro sobre nuestro cuerpo.

Nadamos durante horas y en contra de lo que pensaba él era más rápido que yo en cualquier estilo, pero no mucho más eso si.

Comimos luego sobre mi toalla, un bocadillo cada uno y una lata de Coca Cola que compartimos como dos buenos amigos de toda la vida, aunque nos acabáramos de conocer, y al finalizar el uno junto al otro dormimos una profunda siesta nada más empezar la tarde.

Hacía mucho calor, la playa se había quedado vacia por completo, solo se oía el ruido de las olas, y de vez en cuando alguna gaviota también que pasaba por encima nuestro se unía a este silencioso panorama, divisando desde su altura una pequeña cala desierta, con un par de chicos tirados osbre una toalla roja, y el mar brillando como fondo a todo, en contraste con un un cielo profundamente azul.

Fuimos al cine nada más despertarnos. Nos sentamos juntos. En la penumbra los dos nos reíamos perfectamente sincronizados, cambiábamos de postura a la vez, respirábamos al mismo ritmo y de vez en cuando nos mirábamos y nos sonreíamos sin saber muy bien el porque.

A medianoche, después de haber dado varias vueltas por todo el pueblo, sigilosamente, para no despertar a mis padres entramos por el jardín de mi casa y subimos a mi cuarto.

De repente los dos estábamos sin camiseta, descalzos, solo con los vaqueros encima y entonces, colocándose él frente a mi, recorrió con sus manos todo mi antebrazo hasta agarrarme muy fuertemente. Y yo claro, pues hice lo mismo.

Estábamos muy cerca, ¿Sentiría alguna vez la parte delantera de su pantalón contra la mia?, ¿Querría algo conmigo? me preguntaba sudando a mares por el calor que hacía alli dentro, igual que él.

Pronto empece a notarla, al principio muy levemente, su entrepierna casualmente rozándose contra la mia, luego ya sin ningún tipo de reparos o vergüenza.

Comenzamos a besarnos y respectivamente notamos como algo que se había despertado bajo nuestros vaqueros hacía más y más placentero aquel roce del uno contra el otro. Percibíamos ligeramente además cada uno la forma , el tamaño, la dureza que tenía ya la del otro, asi que nos lanzamos rápidamente sobre la cama.

Nuestras pieles ardían y olían a crema para después de la playa. Estaban las dos tan suaves que parecía que teníamos quince o dieciséis años en vez de veinte, y si, era increíble, estábamos echando ese polvo que debíamos haber echado a esa edad y que sin ambargo nunca echamos, ese polvo que nos hubiera hecho unas personas completamente diferentes de las que somos ahora , que nos hubiera llevado por caminos completamente opuestos a los que luego resulta que por obligación seguimos.

Su calozoncillos blancos se confundían con su piel y por fin me decidí a meter mi mano por debajo de ellos para...



Me despierto bruscamente.

Debe ser tardísimo.

Ha debido sonar el despertador y no he debido de oirlo de lo profundamente dormido que estaba.

No pienso levantarme, por un dia que no vaya a trabajar no pasa nada.

A las diez mi madre abrirá la puerta y ante su sorpresa me encontrará aún en la cama, yo le diré entonces que no me encuentro muy bien.

Me doy la vuelta para saber la hora que es de todas formas, calculo que serán las nueve o asi, pero son las ¡¡¡¡05h37h am!!!, todo eso que he vivido en mi sueño apenas ha sido en realidad más de media hora de tiempo real, del de verdad!. Me resulta muy difícil y duro de creer la verdad. Demuestra lo poco importantes que son los sueños que uno tiene.


A las 07h00 el despertador emite como todos los dias su pitido habitual y yo, otra vez más, me levanto y me dirigo a la ducha, desayuno, bajo al metro y le veo en el andén a él, el chico de mi sueño, o mejor dicho su doble exacto, su réplica idéntica en el mundo real, el causante de todo. Está como todos los dias rodeado de sus amigos, con una chaqueta blanca, el pelo peinado hacia arriba, sus ojos azules, la boca tan pequeña.

Le miro pero un dia más, ni se da cuenta de que estoy haciéndolo. Como novedad hoy, le podría decir he soñado con él y que éramos amigos, y que nos acostábamos al final del dia.

Es muy guapo, ya sé que lo he dicho, exactamente como lo he soñado, y ha hecho que hoy me levante de nuevo como hueco por dentro, ardiendo, deseando otra vez, después de mucho tiempo sin hacerlo, a alguien a mi lado que me quiera un poco, me abrace, me diga tonterías al oido.


Nunca se monta en el mismo tren que yo.

Tanto él como sus amigos parecen esperar a alguien más siempre que llega más tarde que yo.

Le miro a través de la ventanilla , pues el tren también como todos los dias se pone en movimiento dejándolo atrás.

Hasta mañana le digo en silencio.
 
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Desde principios del 2004, justo casi dos años, sé ya con toda seguridad que no voy a encontrarme con ella.

Antes de dicha fecha tampoco es que existieran muchas posibilidades, pero sin embargo, ingenuo que es uno, tan obsesionado con ella como lo estaba, durante un prolongado período de tiempo hasta concebí que dicha posibilidad algún dia pudiera convirtirse en realidad, pese a todos los contras, al sentido común al frente de ellos.

Yo, debido a mi soledad, la sabría descubrir pensaba. Tras aquella anciana es sus ultimos años de vida, elegantemente vestida con un abrigo negro largo y el pelo recogido en una trenza como si de una colegiala se tratara, y que se apoyaba en un baston y en una pariente cercana a partes iguales al pasear, sin ninguna dificultad yo la reconoceria, la veria tal y como aparecía en las escasas fotos suyas que yo tenia, y ella entonces me miraría y al ver como yo la observaba de lejos, sabría adivinar también entonces que yo habia leido algún libro suyo, y que sí, algo me había gustado y quizás hasta me hiciera un gesto para que fuera a su encuentro y tras entablar una conversacion incluso me invitara a continuación a su casa y asi, al fin, yo podría preguntarle de esa forma todo aquello de lo que tenía tantas ganas de enterarme y que nadie parecía conocer.



Fue como un oasis dentro de la aburrida clase de Literatura la verdad.

En principio no esperaba mucho, pero apenas leidas un par de paginas ya supe que no tardaría ni un solo dia en terminar de leerlo.

Por supuesto la mayoria de la gente de clase ni lo leyo, o lo hizo a trozos, y su apreciación acerca del mismo como que no fue sino la de siempre, es decir , "menudo rollazo" .

Quizás tuvo que ver con que la accion se desarrollaba a unas pocas calles de la mia y aún hoy si paso por ellas trato de verlo todo como la protagonista del libro o su autora, da lo mismo, lo pudo haber visto setenta años atrás.

La misma calle , en tonos sepias, no puede haber variado tanto pese al transcurso del tiempo me gusta pensar, los grandes edificios señoriales siguen siendo al fin y al cabo los mismos en su mayoria aunque reformados ahora y ocupados por oficinas , y con respecto a los arboles tampoco han debido cambiar tanto, lo mismo que la tristeza que estoy seguro que es lo mismo hoy que hace casi un siglo, aunque claro, la gente que camina por las aceras colindantes, es decir nosotros, ¡esos si que hemos cambiado!.

De aquella famila humilde, nada queda ya, lo mismo que de la gente hambrienta y harapienta paseando por la Barcelona de esos años y sustituida por los que ahora vivimos en ella, preocupados unicamente por nosotros mismos, sin poder ver mas alla de lo obvio, ocupados como estamos en llevar las mejores zapatillas posibles, las tejanos mas a la moda, el ipod mas pequeño o si es posible, el móvil desde el cual podemos acceder a todo y creyendonos el centro del mundo. O en el peor de los caos también por la gente mas hortera del mundo, con su carga de ropa barata y llamativa y creyéndose lo mas, adorando lo peor del mundo en que vivimos, poseedores de opiniones acerca de todo y para todo, y a las que nadie por cierto puede llevar la contraria.






Podiamos decir que él es relativamente famoso.

Salia hacia años en una television local, luego dio el salto a una nacional pero la verdad es que llevo meses sin verlo en ningún programa, ¿acabara rodando los anuncios de la teletienda?, ¿o presentando un programa de llamadas picantes a altas horas de la madrugada?.


Felipe me advirtio que no me quitaba el ojo de encima. Estábamos en la sesion dominical de A. , rodeados de crios que parecian poner todo su empeno en sacar la máxima pluma posible y finalmente y tal y como Felipe predijo, él termino por acercarse donde estábamos para ponerse a hablar con nosotros.

Se notaba que iba hasta arriba, y no sé, a mi como, desde cuando lo veia en la tele me repateaba la verdad bastante, como que su conversacion acerca de discotecas que habia que ir empalmando una tras otra para no parar en todo el fin de semana me importaba más bien poco.

Felipe lo notó por supuesto y excusandose ante él y llevandome al baño del brazo a continuación me lo planteo claramente. Si a mi no me interesaba resultaba que a él si que lo hacía.

Le dije que todo suyo, que a mi no me gustaba mucho y que ademas me tenia que volver ya para casa.

El no me creyo pero es la verdad.Los tios superbuenos en el sentido gay de la palabra, esos en los que casi todos coinciden en decir que está buenisimos,como que a mi no me dicen gran cosa.

Me miró con cara de incredulidad por última vez cuando le insistí de nuevo a pocos pasos suyo que podia quedarselo todo entero para él.

Le animé incluso a que lo hiciera.


Camino a casa, al cruzar Córcega, una hora después, recordé vagamente esa historia que había sucedido hace un año más o menos y que a él no le había contado, no sé muy bien porque la verdad, y en la que estaba ligeramente implicado su adorado presentador.

En los baños de La Illa, el presentador de la tele local, entonces con el pelo más corto y más delgado de cara y cuerpo, se me puso a lado haciendo que meaba y sin ningún tipo de pudor me miró entonces la polla y yo orgullosamente se la enseñe, no muy empalmada aún, pero tan solo a unos pocos segundos de hacerlo definitivamente .

El me la estuvo ojeando unos pocos segundos, tocándosela a la vez, la suya no muy grande pese a estar totalmente empalmada pero repentinamente se la guardó, marchándose de alli a toda prisa, en busca de una nueva oportunidad supongo.



Felipe hoy me lo ha vuelto a repetir, cenando cerca de mi casa.¿Cómo puedo decir que no a un tio tan bueno como él?

Yo he sonreído.

A veces NADA es lo mejor que puede pasarte en determinados momentos de la vida -más o menos le he respondido.

 
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No quería que nadie le molestase.

Por eso Chicoalquecasinadieconoce bajó al máximo el volumen de su teléfono unos pocos minutos antes de medianoche, nada más colgar a Chicoconnovioperolibre.

Enfadado, rápidamente notó casi a continuación como todas aquellas palabras que debía de haberle dicho, pero que sin embargo por desgracia no se le habían ocurrido en el momento preciso, se le acumulaban en la boca, reclamaban ser dichas de cualquier forma, aunque nadie ya pudiera escucharlas.

Chicoalquenadieconoce comenzó entonces a hablar solo.


Subió el volumen del televisor.

Cerró la puerta del pasillo.

Se tumbó boca abajo en la cama colocando sus manos alrededor de su boca.

Todo encaminado a amortiguar el sonido sus propias palabras, nunca dichas hasta ese momento pero que necesariamente debía sacar fuera de él, en el caso que quisiera dormir algo y no pasar la noche dando más y más vueltas en la cama, enfadado,harto de todos.


¡Qué se habían creido!

¡Menudos imbéciles que son! .

¡Chicogorditoqueparecesimpáticoperonoloes, Chicocuyasaventurasamorosasnadiesecree y chicoinconscientequeloquelegustaestáclaramentefueradesualcance, sobre todo!

¡Decir que si él llevaba dos semanas sin salir era porque la experiencia de la sauna le había traumatizado!

¿Qué demonios sabrían ellos tres?


Chicoalquecasinadieconoce al cabo de un rato se dio la vuelta más que nada porque boca abajo, cerca de la una ya le faltaba aire que respirar y tenía un poco de calor.

A continuación cogiendo el movil comenzó a redactar un mensaje dirigido a Chicoqueestábuenisimoyquelehaceaunoperderlospapeles.


Podría preguntarle que como le va todo.

No.


Si está trabajando o no.

Tampoco.


Podría no dar más rodeos y decirle que lo he estado meditando a fondo, y que la mayoría de las veces pienso que merece la pena comprarle esas dichosas zapatillas a cambio de que me folle y que por lo tanto a ver cuando y como quedamos.

Tampoco.



Chicoqueparecíaquereralgoconél sigue sin dar señales de vida pensó dejando el móvil finalmente en la mesa sin escribir nada.

Tanta llamada entre semana para luego, cuando llega el finde semana, nunca cumplir sus promesas recapacitó en silencio


Sin saber a lo que atenerse Chicoalquecasinadieconoce se quitó por fin la ropa pasada la una, colocándose en pijama frente al ordenador.La web cam le enfocaba la cara.

Entrando en el messenger, Chicoalquecasinadieconoce esperó poder encontrarse una vez más con Chicoquequiereserbailarinynosabeaúnqueesguapo para poder hablar con él un buen rato.


Sin embargo esa noche como que no estaba conectado, habitualmente si que lo está .


Entonces, como casi a diario lo hace, se dio una vuelta por el fotolog de Chicoquequiereserbailarínynosabeanqueesguapo.

Siempre aparece rodeado de amigos que, asegura, que son de lo mejor que hay.

Cuando uno pasa por eso, tiende a ser algo excesivo, a mostrar a todo el mundo, a simples conocidos como a verdaderos amigos, para que le dejen en paz básicamente, no sepan cual es la situación real en la que se encuentra, que no es otra que, está y se siente muy pero que muy solo, en su pequeño pueblo,casi tanto como Chicoalquecasinadieconoce, y por eso será que cada vez que se pone a hablar con él, casi al borde de las lágrimas, Chicoquecasinadieconoce siente mucha pena y ruega a Dios ¿??porque esa poca gente en la que Chicoquequiereserbailarinynosabeaúnqueesguapo ha depositado tantas esperanzas nunca le llegue a fallar, le deje más solo de lo que ya está.


Es más que probable que este verano, en Junio, Chicoalquenadieconoce al fin se decida
y un dia coja el tren y vaya a su pueblo a conocerle.

¿Saltarán chispas entre ambos al verse por fin cara a cara?.

No lo sabe, aún quedan muchos meses por delante.