160
"Quedamos en la esquina de la calle Mallorca con la calle Valencia vale?
Estoy en la cafeteria de la Universidad junto a Marta. Acabo de teclear este mensaje y mandarlo.
"Como te reconocere?"
Marta no puede evitar el preguntarme unos pocos minutos después, que quien me está bombardeando a sms y yo le digo que es Felipe aunque por supuesto no lo es.
"Voy vestido de negro, unos vaqueros y una camiseta y llevaré en bandolera una bolsa roja que pone Happy Pack"
Nervioso, termino las frases que Marta empieza y no sabe como acabar, para que se piense que la escucho y no la ignoro por completo. Repaso el sms por última vez para si he cometido algun error y finalmente acepto enviarlo.
"Te llamabas Alex no?
"Si" le respondo camino a clase, pensando que ahora caera en la cuenta y verá mi perfil y se dará de inmediato cuenta al ver mi foto de perfil, mi foto junto a una amiga haciendo el tonto en un baño que yo soy uno que un dia, hace mucho no le molo y por eso ni siquiera se molestó en contestar.
"Pues a las nueve ya sabes junto al kiosko, yo llevare unos vaqueros azules y una camiseta con el numero 23"
No me lo puedo creer, la clase acaba de empezar, en dos horas o asi voy a estar con él. Me limito entonces, a partir de ese momento, a escuchar lo que dice el profesor y a vigilar que Eva toma bien los apuntes de hoy. En dos o tres horas estaré con él.
Ya habia olvidado esa sensacion.
Sentirme torpe a veces, gracioso otras, guapo durante un rato, feo durante otro, sucesivamente incapaz de mantener una conversacion o por el contrario demasiado hablador, tanto que no dejo que el otro participe.
Ya no me acordaba del repentino retorcijon de tripas, del cosquilleo en las manos, del deseo que un completo desconocido hasta hace unos pocos minutos puede hacer de repente surgir en ti.
Hacia semanas que no miraba a los ojos directamente a alguien que mientras, me hablaba,totalmente embobado y meses desde que no queria que algo terminase asi, tan pronto.
No nos despedimos a medianoche con la calle desierta ya por completo como unico testigo, y la promesa de volver a quedar cuanto antes flotando entre ambos.
No , nos despedimos después de tomar una Coca Cola yo y él un Nestea, aburridos, dos personas que apenas que hablan, con gustos opuestos, que buscan cosas diferentes.
Cuando no tenía amigos gays tenía mucha fé en todas y cada una de estas citas a ciegas que aún todavía hoy acuerdo con desconocidos.
Apareceria un chico muy guapo, simpático, comprensivo y mi vida cambiaría de arriba a abajo.
Ahora que, por tenerlos ya, no necesito más amigos gays, no sé muy bien porque sigo quedando de esta forma. Quizás porque es excitante, porque aún , en el fondo estúpido que es uno, sigo pensando y creyendo en príncipes azules, o esperando que un desconocido me follé como Dios y me regale el polvo de mi vida.
No hay nada más peligroso que un chico guapo, que una mirada en sus ojos a tu juicio triste, como si también él te necesitara .
No hay nada más dañino que eso.
Una historia que sucede a otra y está última a su vez otra y asi hasta que casi enloqueces, o bien te despiertan.
Mi madre nada más llegar ayer a casa me felicitó y me llenó de besos.
Mi padre también.
Yo fui a la habitación y vacié la mochila.
El papel de plata envolviendo lo que a mediodía me había dejado del bocadillo, la botella de agua vacía, los libros y apuntes, el portatil del trabajo, unas pocas hojas grapadas con mi firma estampada y un garabato y un sello sobre él.Bueno, es lo que quería, ¿no?.
Puedo estar contento.
159
Estos son más o menos con quienes que voy últimamente:
XXXXXXXXX que es un tio de treinta y bastantes años y que pesa más de cien kilos y a cuya casa vamos a cenar todos los sábados, es un cocinero de primera, pero que luego va y resulta que nunca se viene con nosotros a S. a continuar la fiesta, pues dice que no le gusta nada salir y que ya tiene a su Sid para todo lo que él quiera, es decir sexo.
YYYYYYYY que es el novio de Felipe, también treinta añero y algo gordito pero desde luego no tanto como XXXXXXXXX, y que es con quien quedo siempre en Liceu para juntos, irle a buscar a continuación a casa de unas amigas suyas, vecinas de XXXXXXX, que él es donde pasa la tarde entera en el caso que no tenga que estar trabajando en la piscina del gimnasio, en plan vigilante, asegurándose que nadie se ahoga alli .
ZZZZZZ que es el más raro y el mayor de todos ellos y que no habla mucho, nada apenas, y que parece estar en su propio mundo y mejor asi, pues cuando sale de él solo lo hace para arremeter contra estos dias que vivimos, comparándolos con los de hace veinte años y lamentándose a posteriori que todo haya ido a peor, de una manera tan superlativa, un plasta en resumidas cuentas, la mayoría de las veces al menos.
XXXXXX siempre nos abre la puerta con tan solo una bata de seda encima y con una copa de vino en la mano y una vez ya en su salón procede a agasajarnos a todos con licores de todo tipo que él mismo elige por nosotros, haciendo tiempo hasta que la cena está preparada, sumamente atento a la vez y desde la cocina a todo lo que comentamos entre nosotros.
YYYYYYYY y Felipe mientras, en el sofá, siempre terminan por abrazarse y aunque esa sea una de esas pocas veces en que se muestran en ese plan el uno con el otro, viéndolos de lejos, entre la penumbra que producen las velas moradas que XXXXXX coloca, observando sus caras, sin lugar a dudas yo apostaría porque si, porque están hechos el uno para el otro y seguro que seguirán juntos dentro de veinte años o más, pese a la libertad que tiene cada uno de acostarse con quien quiera sin rendirle cuentas al otro, a la frialdad con que la mayoría del tiempo se tratan.
ZZZZZZZZ mientras suele estar revolviendo entre los dvds de XXXXXXXXX.
Este sábado tocó cocina japonesa intercalada con los comentarios de XXXXXX acerca de lo caro que le sale el tal Sid, los de YYYYYYY acerca de los últimos cotilleos y los típicos chistecillos guarros que soltamos Felipe y yo y que nos rien únicamente quizás porque somos diez años mínimo más pequeños que ellos y porque los tres nos miran con un exceso de benevolencia, como si no tuviéramos defectos, fuéramos perfectos, al menos eso es lo que yo siento.
En cualquier caso de nuevo y en cuanto que pudieron, a la hora del postre, XXXXXX e YYYYYY como que volvieron a hablar del famoso Sid , mencionando entre otras cosas su polla enorme, lo bien que te folla y las tarifas tan altas que tiene últimamente y lo comprometido que está siempre por desgracia.
Felipe y yo empezamos a cotillear desde la terraza poco después, viendo a la gente que pasaba por debajo nuestro, por la pequeña calle en la que XXXXXX vive, y nos reímos un poco hablando de mil tonterías, y Felipe también por cierto me entregó unos pases gratuitos para el gimnasio tan lleno de gays al que el va a última hora de Lunes a Viernes, a ver si me animo algún dia a ir.
El dormitorio es muy amplio, una cama enorme siempre desecha y un par de mesillas azuladas, el baño es nuevo se nota, con una ducha de cabina que te da masajes y todo ese rollo y es que al parecer XXXXXXX gana un montón de pasta pese a lo que se deja en chaperos , o mejor dicho chapero. Las paredes del pasillo están cubiertas en su totalidad por un par de cuadros enormes muy coloristas y el salón tiene esa decoración tan acogedora que supongo que solo las personas que se pasan la vida encerradas en su casa saben dar a la misma.
Cuando los dos terminamos con nuestro recorrido habitual por el piso ellos tres estaban en torno a un modernísimo ordenador en el que boquiabiertos veían algo de porno que XXXXXX a petición suya les había bajado y grabado. Tiene cientos de Cd-Rs en las estanterías, todos organizados perfectamente por temas, chavalines, culos, moritos, mamadas etc etc, un tesoro vamos, que como me ha dicho sonriéndome le ha costado más diez años reunir y que él dia que yo quiera me lo enseña.
Felipe y yo solemos acabar siempre y mientras ellos siguen a lo suyo, medio abrazados en el sofá, aunque sin hacer nada más, bueno si, solo meternos un poco la mano por debajo del pantalón pero sin que ellos en el caso de darse la vuelta puedan darse cuenta.
A Felipe le encanta este plan de todos los sábados, primero casa de XXXXXX, luego S. y finalmente Sauna C.
Cerca de las dos es cuando por fin los cuatro nos ponemos en marcha rumbo a S.
Y seguro que es también cuando XXXXXX llama a Sid para que vaya a la casa. O bien se hace una paja pensando en él, en Felipe, o en esos chicos tan explosivos que guarda en su ordenador, o en mi quien sabe.
Hace unos meses iba con una gente completamente diferente a esta, cenaba en el Mc Donalds del Portal del Angel- reflexionó cerca de Universidad.
Ya casi no queda nadie de ese grupo, la mayoría parecen haber desaparecido.
158
Una mañana libre, aunque quizás eso si, no muy sabiamente escogida.
Ahora que, en el caso que no tengan ya la decisión tomada desde hace tiempo, yo debería trabajar más que nunca, voy y falto al trabajo.
Como en los exámenes, cuando en los dos dias previos a hacerlos por fin, soy ya incapaz de estudiar apenas, pues si más o menos es lo que he hecho hoy. Espero que les basten estos últimos seis meses, o que los enchufes de Maria no sean tan determinantes como presiento que van a serlo en su decisión final.
En todo caso da igual, o casi igual. Ya tengo el “plan B” preparado. Ese plan no es otro que en cuanto que termine el curso convertirme en carne de after y asi, delgado y pálido empalmar dias seguidos de fiesta, uno tras otro, en pantalón corto y chaqueta de chándal no dejar de vagar por la oscuridad de las discotecas más radicales, dejándome follar por medio Barcelona. También probar todo tipo de drogas, hacer de las saunas a las que me inviten, mi casa, durante los fines de semana, entre otras muchas otras casas más.
Sideral que suena mientras en mis cascos nada más colgar a J. para decirle que hoy no me siento bien y no iré a la oficina, no hace más que meses antes de todo, dar alas a mis planes, haciéndolos totalmente verosímiles, plenamente realizables a fecha de hoy. (Put my finger on the trigger for the years to come you can share my dream)
Un grupo de escolares sentados en la acera frente al centro de cultura Santa Monica dibujándolo. Algunos ancianos como tirados ya desde la primera hora de la mañana al sol en los bancos y medio dormidos cerca del puerto, como si los hubieran dejado alli y al final del dia alguien se fuera a encargar de recogerlos y devoverlos a sus casas. Los turistas guardando cola delante de Las Golondrinas, a la espera de que el barco llegue y les haga la travesía por todo el litoral de la ciudad antes que haga demasiado calor, en lo que parece que va a ser otro dia de verano en pleno mes de Abril: Más o menos y por ese orden esas han sido las primeras imágenes de esta mañana sin acudir al trabajo, cuando aún la tenía toda por delante. He desayunado también, y visto algo de ropa, y me he jurado de nuevo que va a ser posible, que no voy a volverme atrás, que en realidad no tengo nada que perder y puedo ser otro.
Me he metido finalmente en un cibercafé cerca de las once, simplemente porque estaba ya empezando a sudar demasiado de tanto andar y más que nada,no quería acabar “alli”.
No creo en las casualidades. Esa es la única verdad.
Pero lo cierto es que cuando llevaba ya casi cuarenta minutos consumidos frente a la pantalla de un terminal, totalmente aburrido ante el panorama que había en el chat, de pronto Julien se ha conectado al Messenger y la verdad, casi no me ha dado tiempo a pensar en si le decía algo o no, pues rápidamente él me ha saludado, pidiéndome que conectara mi cam también.
Llevaba más de seis meses sin saber nada de él, desde que se fue de Barcelona.
¿Dónde estás?
¿Qué haces?
He respondido a esas dos preguntas y de pronto su imagen ha ocupado por entero mi pantalla.
Delgado, con el pelo más largo y oscuro y barba de varios dias, con sus ojos verdes mirándome fijamente.
No he podido esta mañana evitar el excitarme recordando esas veces que nos enrollamos el año pasado, y sobre todo ese gran polvo que nos quedó pendiente por su repentina marcha a Paris y para el que ya lo había preparado todo, desde casa hasta bebida.
Le he contado que estaba en la parte baja de Las Ramblas y él me ha hablado de su cibercafé, situado al lado de una estación de tren en pleno Paris, junto a una plaza.
El como yo también había decidido no ir al trabajo hoy y no sabía muy bien que hacer en su defecto.
Me echa mucho de menos me ha dicho y se acuerda de mi casi a diario. Me ha invitado a ir este verano a su casa cuando su madre se vaya de vacaciones y también a largarme este otoño a Irlanda con él a iniciar una nueva etapa los dos.
He sentido en esos minutos que hemos estado hablando como si estuviera a mi lado de nuevo, como si hubiera vuelto por fin o nunca se hubiera ido del todo.
Ahora mismo le diría que si a todo pero ya veremos dentro de unos meses he pensado al salir de nuevo a la calle.
Es otra opción, un “plan C” por asi decirlo me he dicho a mi mismo.
Al volver luego a clase esta misma tarde estaba tan fresco y optimista, parecía como si en vez de tan solo una mañana libre hubiera tenido un mes de vacaciones.
Esta noche de camino a casa además Julien me ha llamado al móvil.
Yo creo que aparte de estar fumadísimo, simplemente lo que le ha pasado es que hoy no le han salido bien las cosas, esa cita que andaba buscando, o bien es que le han echado una bronca por faltar sin avisar en el trabajo, y es por eso que me ha dicho lo que me ha dicho.
Yo me he dejado llevar un poco también ,lo reconozco, y en una especie de nube creo que he respondido tal y como él necesitaba que le respondieran, al fin y al cabo él me había dicho con anterioridad lo más bonito que le puede decir un chico a otro chico, y los dos por lo que parece necesitamos un colchón, una red porque nuestra vida tal y como ha sido estos últimos meses se tambalea y quizás pueda venirse debajo de un momento a otro.
“Mi casa está abierta para ti, vente cualquier fin de semana a Barcelona, yo también te quiero” asi es como he dado por finalizada mi conversación con él hace tan solo unos minutos.
Y sigo en una nube ¿Por qué negarlo?.

Ahora que, en el caso que no tengan ya la decisión tomada desde hace tiempo, yo debería trabajar más que nunca, voy y falto al trabajo.
Como en los exámenes, cuando en los dos dias previos a hacerlos por fin, soy ya incapaz de estudiar apenas, pues si más o menos es lo que he hecho hoy. Espero que les basten estos últimos seis meses, o que los enchufes de Maria no sean tan determinantes como presiento que van a serlo en su decisión final.
En todo caso da igual, o casi igual. Ya tengo el “plan B” preparado. Ese plan no es otro que en cuanto que termine el curso convertirme en carne de after y asi, delgado y pálido empalmar dias seguidos de fiesta, uno tras otro, en pantalón corto y chaqueta de chándal no dejar de vagar por la oscuridad de las discotecas más radicales, dejándome follar por medio Barcelona. También probar todo tipo de drogas, hacer de las saunas a las que me inviten, mi casa, durante los fines de semana, entre otras muchas otras casas más.
Sideral que suena mientras en mis cascos nada más colgar a J. para decirle que hoy no me siento bien y no iré a la oficina, no hace más que meses antes de todo, dar alas a mis planes, haciéndolos totalmente verosímiles, plenamente realizables a fecha de hoy. (Put my finger on the trigger for the years to come you can share my dream)
Un grupo de escolares sentados en la acera frente al centro de cultura Santa Monica dibujándolo. Algunos ancianos como tirados ya desde la primera hora de la mañana al sol en los bancos y medio dormidos cerca del puerto, como si los hubieran dejado alli y al final del dia alguien se fuera a encargar de recogerlos y devoverlos a sus casas. Los turistas guardando cola delante de Las Golondrinas, a la espera de que el barco llegue y les haga la travesía por todo el litoral de la ciudad antes que haga demasiado calor, en lo que parece que va a ser otro dia de verano en pleno mes de Abril: Más o menos y por ese orden esas han sido las primeras imágenes de esta mañana sin acudir al trabajo, cuando aún la tenía toda por delante. He desayunado también, y visto algo de ropa, y me he jurado de nuevo que va a ser posible, que no voy a volverme atrás, que en realidad no tengo nada que perder y puedo ser otro.
Me he metido finalmente en un cibercafé cerca de las once, simplemente porque estaba ya empezando a sudar demasiado de tanto andar y más que nada,no quería acabar “alli”.
No creo en las casualidades. Esa es la única verdad.
Pero lo cierto es que cuando llevaba ya casi cuarenta minutos consumidos frente a la pantalla de un terminal, totalmente aburrido ante el panorama que había en el chat, de pronto Julien se ha conectado al Messenger y la verdad, casi no me ha dado tiempo a pensar en si le decía algo o no, pues rápidamente él me ha saludado, pidiéndome que conectara mi cam también.
Llevaba más de seis meses sin saber nada de él, desde que se fue de Barcelona.
¿Dónde estás?
¿Qué haces?
He respondido a esas dos preguntas y de pronto su imagen ha ocupado por entero mi pantalla.
Delgado, con el pelo más largo y oscuro y barba de varios dias, con sus ojos verdes mirándome fijamente.
No he podido esta mañana evitar el excitarme recordando esas veces que nos enrollamos el año pasado, y sobre todo ese gran polvo que nos quedó pendiente por su repentina marcha a Paris y para el que ya lo había preparado todo, desde casa hasta bebida.
Le he contado que estaba en la parte baja de Las Ramblas y él me ha hablado de su cibercafé, situado al lado de una estación de tren en pleno Paris, junto a una plaza.
El como yo también había decidido no ir al trabajo hoy y no sabía muy bien que hacer en su defecto.
Me echa mucho de menos me ha dicho y se acuerda de mi casi a diario. Me ha invitado a ir este verano a su casa cuando su madre se vaya de vacaciones y también a largarme este otoño a Irlanda con él a iniciar una nueva etapa los dos.
He sentido en esos minutos que hemos estado hablando como si estuviera a mi lado de nuevo, como si hubiera vuelto por fin o nunca se hubiera ido del todo.
Ahora mismo le diría que si a todo pero ya veremos dentro de unos meses he pensado al salir de nuevo a la calle.
Es otra opción, un “plan C” por asi decirlo me he dicho a mi mismo.
Al volver luego a clase esta misma tarde estaba tan fresco y optimista, parecía como si en vez de tan solo una mañana libre hubiera tenido un mes de vacaciones.
Esta noche de camino a casa además Julien me ha llamado al móvil.
Yo creo que aparte de estar fumadísimo, simplemente lo que le ha pasado es que hoy no le han salido bien las cosas, esa cita que andaba buscando, o bien es que le han echado una bronca por faltar sin avisar en el trabajo, y es por eso que me ha dicho lo que me ha dicho.
Yo me he dejado llevar un poco también ,lo reconozco, y en una especie de nube creo que he respondido tal y como él necesitaba que le respondieran, al fin y al cabo él me había dicho con anterioridad lo más bonito que le puede decir un chico a otro chico, y los dos por lo que parece necesitamos un colchón, una red porque nuestra vida tal y como ha sido estos últimos meses se tambalea y quizás pueda venirse debajo de un momento a otro.
“Mi casa está abierta para ti, vente cualquier fin de semana a Barcelona, yo también te quiero” asi es como he dado por finalizada mi conversación con él hace tan solo unos minutos.
Y sigo en una nube ¿Por qué negarlo?.

157
El hombre mayor se paró en el semáforo y giró la cabeza hacia la izquierda, en dirección a un chico de veintidós o veintitrés años que hablaba en inglés e iba acompañado por dos chicas. Era delgado y con el pelo muy negro, bajito y no había duda, llevaba una mochila con el arco iris estampado en ella.
Le miró descaradamente durante diez o veinte segundos pero nada, no hubo respuesta por su parte. Ya era como un viejo árbol, o un automóvil abandonado, o una bicicleta con las ruedas dobladas, algo que nadie quería a su lado, en quien nadie se fijaba, que no importaba lo más mínimo al resto.
Como era inevitable el semáforo no tardó mucho más en ponerse en verde y aquel chico y sus dos amigas se le adelantaron, colocándose por delante suyo.
El también se puso finalmente en marcha fijando su vista en su pequeña cabeza, sus andares tan amanerados. Iban en dirección opuesta a la suya y se encendió un cigarrillo a modo de despedida, cuando observó como se metían para Portaferrisa. El debía ir hacia la Fnac y no lo dudó ni por un momento, no iba a alterar sus planes por ellos, pese a lo guapo que era aquel chico.
El hombre mayor se fijó en sus anchas piernas arqueadas, en su fuertes pectorales embutidos perfectamente en una estrecha camiseta, en su pelo rizado y su cara morena, en sus ojos verdes, en sus dientes de color blanco .
El chico acababa de llegar a aquel elegante restaurante situado en la esquina de Rambla de Catalunya con Gran Via, junto a sus padres y su hermana pequeña y había pedido una ensalada de Cogollos de lechuga con anchoa, lo mismo que él . Y cuando ya, tras haber comprado media Fnac, nuestro hombre mayor por fin se disponía, nada más terminar con el postre, a volver a su casa y medio borracho pasar la tarde sin más, un poco triste lo sabía, él y su familia habían aparecido para alterar un poco eso si , sus inamovibles planes, menuda gracia.
Vió aquellos calzoncillos de color verde caqui sobresaliendo de su pantalón, cada vez se llevaban los pantalones más bajos, marcándole perfectamente el culo, dejándolo a su vista y perdió de repente todo el apetito, ya no le apetecía ni un bocado más de esa hace unos segundos tan exquisita tarta de queso con frambuesas. Se lo imaginaba desnudo, duchándose y no tuvo más remedio que encenderse otro cigarrillo y pedir que le trajeran la cuenta lo más rápido posible. Maldijo la belleza, no debería existir, alguien debería de borrarla de la faz de la tierra si solo está como está al alcance de unos pocos.
El hombre mayor clavó su mirada en él nada más verlo en S.
Rodeado de sus amigos, con una camiseta roja ajustada, agarrado a un cubata que parecía que nunca iba a soltar.
Bailando.
Con la mirada perdida, como estando alli pero a la vez también muy lejos de alli, pensando en que quizás esa iba a ser la última vez, que para dentro de siete dias las cosas habrían cambiado por completo y a lo mejor no tendría ya ganas de nada.
No habrá mal que por bien no venga -parecía decirse a si mismo el chico- eso me obligará a dar un giro, a hacer algo relevante, importante, que me lo altere todo.
El hombre mayor no habló por fin con él hasta pasadas las cuatro.
Al principio lleno de miedo y nervios, porque sin rechazarle aquel chico tampoco ponía mucho interés, pero poco después nuestro hombre mayor como que por fin encontró la llave que le abriría todas las puertas, empezar a hablar de las últimas películas que ambos habían visto y que sorprendentemente eran las mismas. Se pasaron a partir de entonces casi una hora pisándose el uno al otro esas frases que se susurraban al oido, rozándose con los labios la piel al decirlas, percibiendo su calor.
El, que era conocedor de su triunfo, solo dudó del mismo una vez, cuando a la hora de llevárselo a casa sus amigos se lo secuestraron y trataron de hacerle entrar en razón.
No podía irse con un .......¿cincuentón?, con un viejo en definitiva.
¿No tenía ya ojos en la cara?.
¿Tanto había bebido?
Eso le dijeron
Se tumbó, ya en su casa, boca abajo en la cama con tan solo sus boxers negros puestos.
El hombre mayor se avalanzó sobre él y bajándoselos descubrió uno de los culos más bonitos que había visto en su vida. Muy blanco y suave. Decía que estaba a punto de cumplir veintiuno pero él no le echaba más de dieciocho, seguro que esa era su verdadera edad.
Pensó casi de inmediato en follárselo pero como no tenía preservativos a mano y además no creía que se le fuera a empalmar tanto como para disfrutar, casi de inmediato abandonó dicho plan.
Tumbado sobre él comenzó a lamerle el cuello.
Olía de maravilla aquel chico.
En las axilas si que se percibía un cierto olor a sudor pero aún asi era suave y ligero, propio de un cuerpo muy joven aún y que pronto se recuperaría de aquel esfuerzo extra, no como el suyo, un olor mucho más fuerte y desagradable, de un viejo cuerpo que nunca volvería a ser joven.
Restregándosela contra su espalda no tardo mucho en correrse, manchando con su leche toda la parte baja de la espalda y la ropa interior de su joven víctima .
Por su parte el chico también se había corrido, restregándosela a su vez contra el colchón, poniendo sucias las sábanas recién estrenadas.
El hombre mayor pensó en reñirle por eso pero después de ver cómo le había pringado a él, no le pareció lo más apropiado hacerlo y finalmente se encaminó hacia la ducha.
Cuando volvió el chico ya se había dormido.
Dudó entre darle un beso o no en el culete y aunque le bajó un poco el boxer no se atrevió a hacerlo, estaba amaneciendo, se quedó mirándoselo un buen rato nada más..
El hombre mayor al mediodía siguiente en la planta superior de su duplex de la zona alta de Barcelona, dibujando sobre unos planos, de pronto oyó como el chico de levantaba de la cama y a continuación subía por las escaleras hacia donde él estaba.
Antes que llegara , cansado de que todavía anduviera por casa, le dijo que tenía zumos en la nevera, de varios sabores, y galletas de todo tipo en el armario, y que cuando se fuera por favor cerrara la puerta bien.
El chico entonces paró en seco y volvió sobre sus pasos.
Y a los pocos minutos, tras ducharse y robarle algo de colonia, abandonó aquella casa.
Esperando al autobús, viendo su ciudad alli abajo, solo pensó entonces en escapar, en desaparecer, en caso que las cosas salieran tal y como él temía que iban a salir.
Era la única salida ya a esas alturas

Le miró descaradamente durante diez o veinte segundos pero nada, no hubo respuesta por su parte. Ya era como un viejo árbol, o un automóvil abandonado, o una bicicleta con las ruedas dobladas, algo que nadie quería a su lado, en quien nadie se fijaba, que no importaba lo más mínimo al resto.
Como era inevitable el semáforo no tardó mucho más en ponerse en verde y aquel chico y sus dos amigas se le adelantaron, colocándose por delante suyo.
El también se puso finalmente en marcha fijando su vista en su pequeña cabeza, sus andares tan amanerados. Iban en dirección opuesta a la suya y se encendió un cigarrillo a modo de despedida, cuando observó como se metían para Portaferrisa. El debía ir hacia la Fnac y no lo dudó ni por un momento, no iba a alterar sus planes por ellos, pese a lo guapo que era aquel chico.
El hombre mayor se fijó en sus anchas piernas arqueadas, en su fuertes pectorales embutidos perfectamente en una estrecha camiseta, en su pelo rizado y su cara morena, en sus ojos verdes, en sus dientes de color blanco .
El chico acababa de llegar a aquel elegante restaurante situado en la esquina de Rambla de Catalunya con Gran Via, junto a sus padres y su hermana pequeña y había pedido una ensalada de Cogollos de lechuga con anchoa, lo mismo que él . Y cuando ya, tras haber comprado media Fnac, nuestro hombre mayor por fin se disponía, nada más terminar con el postre, a volver a su casa y medio borracho pasar la tarde sin más, un poco triste lo sabía, él y su familia habían aparecido para alterar un poco eso si , sus inamovibles planes, menuda gracia.
Vió aquellos calzoncillos de color verde caqui sobresaliendo de su pantalón, cada vez se llevaban los pantalones más bajos, marcándole perfectamente el culo, dejándolo a su vista y perdió de repente todo el apetito, ya no le apetecía ni un bocado más de esa hace unos segundos tan exquisita tarta de queso con frambuesas. Se lo imaginaba desnudo, duchándose y no tuvo más remedio que encenderse otro cigarrillo y pedir que le trajeran la cuenta lo más rápido posible. Maldijo la belleza, no debería existir, alguien debería de borrarla de la faz de la tierra si solo está como está al alcance de unos pocos.
El hombre mayor clavó su mirada en él nada más verlo en S.
Rodeado de sus amigos, con una camiseta roja ajustada, agarrado a un cubata que parecía que nunca iba a soltar.
Bailando.
Con la mirada perdida, como estando alli pero a la vez también muy lejos de alli, pensando en que quizás esa iba a ser la última vez, que para dentro de siete dias las cosas habrían cambiado por completo y a lo mejor no tendría ya ganas de nada.
No habrá mal que por bien no venga -parecía decirse a si mismo el chico- eso me obligará a dar un giro, a hacer algo relevante, importante, que me lo altere todo.
El hombre mayor no habló por fin con él hasta pasadas las cuatro.
Al principio lleno de miedo y nervios, porque sin rechazarle aquel chico tampoco ponía mucho interés, pero poco después nuestro hombre mayor como que por fin encontró la llave que le abriría todas las puertas, empezar a hablar de las últimas películas que ambos habían visto y que sorprendentemente eran las mismas. Se pasaron a partir de entonces casi una hora pisándose el uno al otro esas frases que se susurraban al oido, rozándose con los labios la piel al decirlas, percibiendo su calor.
El, que era conocedor de su triunfo, solo dudó del mismo una vez, cuando a la hora de llevárselo a casa sus amigos se lo secuestraron y trataron de hacerle entrar en razón.
No podía irse con un .......¿cincuentón?, con un viejo en definitiva.
¿No tenía ya ojos en la cara?.
¿Tanto había bebido?
Eso le dijeron
Se tumbó, ya en su casa, boca abajo en la cama con tan solo sus boxers negros puestos.
El hombre mayor se avalanzó sobre él y bajándoselos descubrió uno de los culos más bonitos que había visto en su vida. Muy blanco y suave. Decía que estaba a punto de cumplir veintiuno pero él no le echaba más de dieciocho, seguro que esa era su verdadera edad.
Pensó casi de inmediato en follárselo pero como no tenía preservativos a mano y además no creía que se le fuera a empalmar tanto como para disfrutar, casi de inmediato abandonó dicho plan.
Tumbado sobre él comenzó a lamerle el cuello.
Olía de maravilla aquel chico.
En las axilas si que se percibía un cierto olor a sudor pero aún asi era suave y ligero, propio de un cuerpo muy joven aún y que pronto se recuperaría de aquel esfuerzo extra, no como el suyo, un olor mucho más fuerte y desagradable, de un viejo cuerpo que nunca volvería a ser joven.
Restregándosela contra su espalda no tardo mucho en correrse, manchando con su leche toda la parte baja de la espalda y la ropa interior de su joven víctima .
Por su parte el chico también se había corrido, restregándosela a su vez contra el colchón, poniendo sucias las sábanas recién estrenadas.
El hombre mayor pensó en reñirle por eso pero después de ver cómo le había pringado a él, no le pareció lo más apropiado hacerlo y finalmente se encaminó hacia la ducha.
Cuando volvió el chico ya se había dormido.
Dudó entre darle un beso o no en el culete y aunque le bajó un poco el boxer no se atrevió a hacerlo, estaba amaneciendo, se quedó mirándoselo un buen rato nada más..
El hombre mayor al mediodía siguiente en la planta superior de su duplex de la zona alta de Barcelona, dibujando sobre unos planos, de pronto oyó como el chico de levantaba de la cama y a continuación subía por las escaleras hacia donde él estaba.
Antes que llegara , cansado de que todavía anduviera por casa, le dijo que tenía zumos en la nevera, de varios sabores, y galletas de todo tipo en el armario, y que cuando se fuera por favor cerrara la puerta bien.
El chico entonces paró en seco y volvió sobre sus pasos.
Y a los pocos minutos, tras ducharse y robarle algo de colonia, abandonó aquella casa.
Esperando al autobús, viendo su ciudad alli abajo, solo pensó entonces en escapar, en desaparecer, en caso que las cosas salieran tal y como él temía que iban a salir.
Era la única salida ya a esas alturas

156
Como hace nueve dias todo vuelve a caber perfectamente dentro de la mochila.
El pantalón del chándal, las dos camisetas, cuatro boxers limpios, el neceser, tres pares de calcetines blancos, el cargador del movil, el discman y tres compactos, Air, Morrisey y Dorian, no podía ser de otra manera ¿no?.
Las maricas y nuestras mochilas, bolsos o bandoleras depende –pienso- siempre a punto de estallar, gracias al libro que estamos leyendo o fingimos leer, a la música que escuchamos, a los pases de cuatro o cinco discotecas que guardamos como oro en paño, al dvd que vamos a prestar o nos han dejado, a la fruta de media mañana, al móvil, a la botella de agua para no deshidratarnos y tener la voz siempre clara, pero también para quitarnos de vez en cuando el sabor que nos ha dejado una polla que inesperadamente hemos chupado y que ya, a toro pasado, nos da tanto asco haberlo hecho.
Recorro la parte superior de la casa asegurándome que todas las ventanas están cerradas, mi padre hace lo mismo pero en la planta baja. Como hace nueve dias visto unos vaqueros y una camiseta a rayas negras y rosas y las paredes, aprovechándose del silencio que reina ya a estas horas, parecen susurrarme alli donde quiera que voy “quédate, este es tu sitio, no te vayas” valiéndose ya digo, que por primera vez en dias la televisión del salón está apagada y de mi cuarto no sale música alguna.
No debo hacerles caso sin embargo.
Cuando empiezo a bajar las escaleras mi padre enciende la alarma y bueno, ya solo queda repetirlo una vez más, o sea el proceso de cerrar la casa, montarnos en el coche y volver de nuevo a Barcelona, lo mismo de otras muchas primaveras y veranos pero que sin embargo es algo a lo que por lo que parece, nunca termino de acostumbrarme, que nunca me deja indiferente.
“Si por mi fuera viviríamos aquí” me repito una y otra vez hasta que llegamos a la carretera principal y nos incorporamos a ella a las 12h37, que viene a ser más o menos la hora en que las vacaciones comienzan a acabarse para nosotros tres lo queramos o no.
La vida real no es esto supongo, no está situada en este pequeño pueblo, en sus calles.
La vida real no es levantarme a las once, desayunar y volver a dormir hasta la una. No es montarme en bici y a toda velocidad, pedaleando, sentirme situado por fin muy por delante de mis preocupaciones, en ventaja con respecto a ellas. La vida real no es comer tranquilamente después y echarse la siesta y al despertarme entonces enporrarme como un bestia y pasar las horas muertas a continuación únicamente viendo entonces la lluvia caer a través de la ventana, escuchando a Sigur Ros. ¡Qué va, no puede ser, no puede tener nada que ver con bajar a la playa el jueves por la tarde por fin, aprovechando que el tiempo ha cambiado, o perder una mañana entera preparando junto a mi madre el jardín para el verano, o quedar a la puerta del Club Marítimo con alguien que finalmente no se presenta!. Que Felipe venga el Domingo, que yo le enseñe el pueblo, que me la chupe a media tarde en mi cuarto con mis padres abajo y sin cerrar la puerta, que yo le lleve después por todos esos lugares que tengo marcados y asociados a fracasos varios con Joan, solo son entretenimientos, nada más que eso. He recuperado el color, no tengo ojeras, pero solo se trata ya digo de un pequeño paréntesis, nada más, pronto volverán, no soy tan ingenuo, sobre todo cuando desde hace horas ya estoy de nuevo en la ciudad y no tengo, no hay ya oportunidad para serlo.
Nos miramos.
El está de pie con su bolsa de viaje entre las piernas. Es bastante alto, delgado, con barba y está un poco calvo.
Nos volvemos a mirar.
Yo, al menos aquí soy novato, no sé muy bien como van las cosas, que hay que hacer.
Es la primera vez que vengo y por recomendación de Felipe únicamente, que me ha asegurado que la Estación de Francia es la bomba en estos dias.
Pero el proceso es el mismo que en cualquier otro sitio, no cambia en lo más mínimo.
Nos seguimos el uno al otro y yo entro al baño y me coloco en la zona de los lavabos esperando a que alguién deje por fin un retrete libre donde los dos podamos meternos.
El se coloca más y más cerca mio a cada segundo que pasamos esperando, y al mirarle y verlo casi a mi lado descubro de repente que no me gusta, que tiene la piel muy seca y está demasiado delgado, que es horrible en resumidas cuentas. Y sin esperar pues a que nadie salga soy yo entonces el que abandona de pronto el baño de hombres y a toda prisa se encamina hacia la salida de la estación, hacia la calle, territorio seguro supongo.
Hubiera sido mucho más poético que resultará haber muerto o sin ser tan extremistas que estuviera postrado en la cama del hospital pero con la intención de en cuanto que se recuperara llamarme de nuevo.
Pero no.
El chico de la moto y yo nos cruzamos muy cerca de Urquinaona y yo no sé si él me vió a mi antes que yo le viera a él y dismuló después al cruzarnos, o simplemente no se dio en ningún momento cuenta de mi presencia y por eso no me dedicó ni una sola mirada.
Iba acompañado de otro chico no muy guapo la verdad.
Yo aún tengo su casco, ese que me regaló, debajo de la mesa. Su número de móvil sigue en mi agenda. De vez en cuando hasta me pongo esos slips verdes y blancos del H&M que él se olvidó la última vez que estuvo en mi casa y que yo no he lavado por supuesto.
Y bueno, no es que me excite ya como al principio lo hacía el ponerme algo tan íntimo suyo, no, no es que piense que lo nuestro era amor, aunque si desde luego llegué en su momento a creer que por supuesto, desde luego, resultaba ser algo más que un rollo pasajero.
La vida real no es ir de un extremo a otro, no es soñar durante dias con encontrar a alguien diferente que me quiera y luego acabar en los mismos sitios de siempre, la vida real no es mirar más de un tiempo prudente, o sea dos minutos, una vieja fotografía, que junto al caso es lo único que me queda ya suyo.
¿O si?

155
Ella acerca su cara a su cara, colocándose a unos pocos centímetros suyo. Con pulso firme comienza entonces a cortarle el flequillo. Va uniformada con unos pantalones blancos ajustados y una camiseta naranja. A. nota su respiración, sus nudillos acariciándole la cara y se pone a pensar que eso es lo más cerca que ha estado nunca que le acaricie una chica, de sentir su aliento. Antes tenía curiosidad por ellas pero ya no, está casi seguro que no le interesan lo más mínimo, su futuro no puede ir ligado a una de ellas. Por cierto, ya no hay ni rastro de su peluquera habitual, S., o de alguna de sus compañeras. Ha pensado en preguntar a la gerente, que vestida de negro y con unas botas de tacón va y viene constantemente desde el almacén a la entrada, pero le da casi igual. Por un lado está bien, pues ya no tiene que evitar o poner excusas ante las locuras que ella tenía y le planteaba, pero por otro le gustaba tanto que ella le dijera siempre que venía lo guapo que estaba, augurando que iba a poner al mundo a sus pies, él que tenía siempre al mundo encima suyo y que pese a los saltos que daba raramente lo conseguía alcanzar.
A. se examina su nuevo pelo color caoba, más corto pero bastante largo en relación a como lo llevaba por ejemplo el año pasado. Aprovecha uno de esos pocos segundos en que ella le deja a solas, antes de quitarle la bata y despedirse de él y dejarle frente a la encargada para que pague.
Luego, nada más poner un pie en la calle A. vuelve a pensar en ello. Tiene quince dias de vacaciones por delante, quince dias en que no habrá que madrugar y en los que al menos en la mitad de ellos tampoco tendrá que ir a clase por las tardes.
Entra entonces en su hamburguesería favorita.
Llevaba planeándolo desde hace mucho tiempo, comer alli a solas de nuevo.
Mira esperando a ser atendido algunas de las fotos que hizo ayer con el móvil. Al menos hasta que esta noche se monte en el tren y vaya hacia la casa de la playa, que es donde va a pasar las vacaciones, A. decide que va a ponerle a él como salvapantallas. Ayer y junto a Marta Eva Rafa se emborracharon todos de verdad. Y Rafa volvió a ser tan simpático como antes e incluso hasta le abrazó durante unos minutos, sentados los dos frente a las chicas en el salón del piso de ellas , tomándose un chupito tras otro. Y A. pensó en muchas cosas entonces. En como cambiaría su vida, la de cosas que dejaría de hacer y buscar, lo feliz que sería si a él le gustase. Y A. como que ya lo veis, sigue pensando en lo mismo más o menos ahora, es tan peligroso que alguien te parezca mucho más guapo de lo que todos dicen que es, y por eso es que no se entera que la chica del mostrador le está hablando y no se acuerda de pronto tampoco de aquello que quería pedir.
“Estásmuyguapo” le escribe y a continuación guarda el móvil, sabiendo que no a a haber respuesta por su parte.
Se lo imagina comentándoselo a su novia, pero las cosas y han cambiado tanto, ella ya sabe que a él le gusta y hasta bromean acerca de ello y además está tan seguro que cuando Rafa ponga cara de fastidio, ella le contará todo entonces lo que vió hace una semana cuando las dos salieron con A y sus amigos por la noche.
Le hablará de un chico muy guapo,castaño y alto, Felipe, que es profesor de natación y que se pasó toda la noche abrazado a él, metiéndole mano y junto al que poco antes de amanecer desapareció con la excusa de ir ambos al baño a mear. Le hablará de su novio treintañero, el de Felipe, y de sus amigos gorditos, muy afeminados pero divertidísimos que van todos detrás suyo y que se lo dicen a la cara y también le meten mano ya borrachos todos, sin rodeos. Le dirá lo diferente que es el A. de clase al A. nocturno y entonces él no podrá pensar para nada algo parecido a “que tio tan pesado”, “pobrecito”,
“seguro que no se lia con nadie, que está por mi aún”, ¡qué va!, tendrá por fin una versión completamente diferente de la historia, no sabrá a que atenerse, no tendrá más remedio que bajarse de ese pedestal al que A. le elevó hace meses, con sus miradas y sus pocas palabras, sus sueños, que él nunca supo pero que creyó intuir: por lo que parece ya ha sido ocupado por muchos otros que han tomado mi lugar será su conclusión, errónea, pues A. desde anoche ha vuelto a pensar en él casi con tanta intensidad como antes lo hacía, en realidad nunca dejó de hacerlo con mayor o menor frecuencia, A. vuelve a verlo hoy por todas las partes, vuelve a oirlo en pleno silencio.
A. se conforma ya con que él solo sea su amigo eso si, nada más ni nada menos, no pide más aunque lo necesitaría, es prudente.
Hay chicos muy guapos alrededor del Corte Inglés. También bajando, por la zona de la catedral, recién apeaos de su autobús procedente de Lloret seguro. “Si hiciera buen tiempo muchos de ellos irían sin camiseta pero desgraciadamente diluvia” piensa A. camino de la estación de tren.
Hay chicos muy guapos en el vagón fumando y bebiendo pese a que ambas cosas está prohibidas hacerlas alli dentro. Quizás por eso sean tan guapos.
No hay chicos muy guapos en el pequeño pueblo, camino de su casa, gracias a Dios.
A y su padre quisieran vivir aquí, en vez de en Barcelona. Al pie de la montaña, rodeados de pinos. Su madre sin embargo se opone a ello frontalmente.
A se ha encerrado en el invernadero después de cenar y oye la lluvia golpear con fuerza en el techo del mismo. A no puede oir ni su propia voz al gritar y eso le gusta.
A se mete en la cama y piensa en como cambiaría su vida, la de cosas que dejaría de hacer y buscar, lo feliz que sería si se mudaran aquí.
A sigue esperando que algo importante de verdad pase en su vida.
Algo que marque un antes y un después.
