ALEX //
Mis diecinueve, veinte y veintiún años de aqui para allá, siempre en Barcelona
Acerca de
Mis diecinueve, mis veinte y mis veintiún años, de aqui para allá, siempre en Barcelona.
Sindicación
 
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Cuando todo se acaba tus planes son lo último que necesito.

Cruzo la carretera, me dirijo hacia la estación , me siento en el banco a esperar que pase el tren y me digo a mi mismo que de hoy no pasa, que en cuanto te vea te lo digo y por fin dejo entonces como por arte de magia de sentir que no tengo tiempo para nada, y que tu me controlas además todo el que tengo, muy poco, que te debo una explicación cada vez que no me apetece quedar, hacerlo, hablar mucho, reírme con tus chistes.


Cuando todo se acaba los más afortunados al ver su cara se preguntan ¿qué demonios ha pasado?, ¿dónde está todo eso que yo sentía al ver esta cara, al oir su voz?, ¿qué ha pasado si yo pensaba que lo nuestro casi podría ser para toda la vida?.


Cuando todo se acaba al verte a la salida del metro siento como que me falta el aire y que no he preparado los suficientes temas de conversación para evitar esos silencios tan incómodos que se dan entre nosotros. Y mis piernas parecen entonces pesar el doble mientras que tu ligero beso de bienvenida, en la boca, en plena Plaza de Cataluña, es como un pastel excesivamente dulce que empalaga demasiado, algo ridículo si quieres, que no significa nada ya, al menos para mi.


Cuando todo se acaba se me va el hambre. Y por eso tan solo me pido para cenar un poleo y una manzana que luego, a duras penas consigo finalmente comerme. Y tu mientras te atiborras de emparedados y me cuentas algo de tu vuelta al trabajo al mismo tiempo que yo no tengo nada que decirte, como casi siempre estos últimos dias.

Estoy cansado de verte, de solo salir de casa para quedar contigo, tus palabras se pierden en el aire, ya no me interesan, intento disimularlo eso si, lo mejor que sé.


Cuando todo se acaba hay ,no obstante, sitio aún para todas las dudas del mundo, por ejemplo, cuando nos cambiamos de sitio en la mesa de la cafetería para que yo pueda mirar a la calle desde la mesa y no me agobie por lo pequeño del local. Es entonces, al sentir tu calor aún en la silla que tan amablemente me has cedido conociendo mis neuras, cuando pienso que ya eres tan familiar para mi, y estoy tan acostumbrado a verte casi a diario, que a lo mejor no es tan buena idea cortar lo que sea que haya entre nosotros, o al menos hoy, esta noche, asi que ¿si lo dejamos mejor para mañana?.

NO NO y NO.



Cuando todo se acaba pienso en lo que me van a costar los libros de este año en la universidad mientras me comes el culo. Y cuando me follas en mi cabeza imagino mientras que eres cualquier otra persona.

Alguien con veinte años menos por ejemplo, no será por falta de chicos guapos que veo habitualmente con los que fantasear.

Alguien con una polla como un autobús de grande y no tan justita de tamaño como tu la tienes.

Alguien al que chupársela hasta que se corra sobre mi cara no es una tarea tan pesada una vez que yo ya me he corrido antes , mientras me follabas.


Cuando todo se acaba, después de ducharme, a medianoche me quedo en tu terraza con solo mis boxers rojos puestos y en silencio veo como te fumas un porro tras otro .

Te pregunto si me has comprado algún zumo y voy hacia la nevera y cojo uno de limon que sabiamente has elegido para mi.

Lo hago más que nada porque no me gusta verte asi.

Una hora después, cuando estás tan colocado que me parece que todo te va a hacer gracia, hasta lo que tengo que decirte, yo me decido a soltártelo.

Tu, sin pronunciar una sola palabra, a continuación entras hacia el salón y te pones a llorar sobre el sofá nada más tirarte en plancha en él.


Me amenazas como suponía con suicidarte.

Enumeras las razones, como si las hubieras adivinado, que sospechas me han llevado a cortar contigo. Me ofreces la posibilidad de seguir con lo nuestro liándome yo con quiera aparte tuyo claro está. Me abrazas e intentas arrodillándote comérmela por última vez y me sueltas de nuevo lo del suicidio, lo vacía que es tu vida sin mi.


Cuando todo se acaba huyo de tu casa acordándome de las palabras de XXXXX e YYYYY diciéndome que eres superdramático, que no me preocupe.

Saben que solo les quieres como amigos para cuando no estás con nadie, no tienes planes.

A ellos les da igual, se han acostumbrado a tus lloros y depresiones, a tus amenazas de largarte a Sudamérica para iniciar una nueva vida, es como un ciclo que conocen de sobra, los olvidas por unos meses, vuelves a ellos, los vuelves a olvidar.


Cuando todo se acaba es como si alguien supiera lo que viene después de él en tu vida y tu, entonces, quisieras adivinarlo a toda prisa, sin inútiles esperas ni lutos que no llevan a nada, ante su silencio, lo imposible que le resulta decirte algo, una pequeña pista incluso.

Como si te balancearas en un columpio, ves a los chicos guapos con tan solo una toalla encima, unas veces muy lejos de ti, otras a tu lado, esperando a que te decidas a meterles mano, ves a la felicidad al alcance por fin , pero de repente totalmente y sin saber porque, ya no sabes donde está, ha desaparecido, alguien se la habrá llevado, como al chico tan guapo que se había puesto a tu lado y que otro tio te ha levantado descaradamente ante tu pasividad, ¿A que demonios has venido aquí?.


Cuando todo se acaba no me importa esperar horas y horas para asi poder seguirle a los vestidores y recuperarlo alli cerca de las cuatro de la mañana a base de miradas. No me importa nada, en el vestuario solo hay un par de alemanes cuarentones asi que le bajo su boxer blanco y azul de Calvin Klein y se la chupo un rato hasta que me corro y orgullosamente me retiro, le dejo a medias tumbado sobre el banco de madera, a él, quien me ha salvado la noche, me ha hecho quedarme alli durante horas cuando no tenía planeado hacerlo más que por unos cuantos minutos.


Cuando todo se acaba, al mirarme en el espejo, me doy cuenta, me acuerdo que he cambiado de color mi pelo, que hoy estoy por fin de vacaciones, que no es casualidad,¡qué va!.

El vagón del primer tren del dia va casi vacio pero yo sin embargo me agobio un poco y no sé porque.

Quiero ducharme.

Cierro los ojos.

No quiero que mi mirada coincida ni una sola vez más con las miradas del resto de los pasajeros que vamos en él.

 
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Solo te pido que no te pongas la camiseta y que si me pillas mirándote no te enfades.


Haz lo que tenías pensado hacer.

Sigue paseando por Las Ramblas y déjame seguirte a una distancia prudencial, mirándote maravillado eso si, clavando mis ojos en tu espalda, sintiendo en mis manos sin tocarte el tacto duro que seguro tiene tu cuerpo.

No te preocupes, no pasaré de ahí, no te hablaré, no te seguiré a un baño en caso que entres a uno, no quiero nada más, como ves voy acompañado, no podría ir mas allá.


Pensándolo bien,¿sabes?, hasta me alegro de haberte encontrado.

Quizás tu recuerdo, el recuerdo de esta tarde en que por casualidad ZZZZZZ y yo decidimos salir a dar una vuelta a última hora , a callejear, y te encontramos, me motive, me sirva , me lleve en un absurdo intento de ser como tú , y a partir de Septiembre, más hacia la sala de musculación del gimnasio y menos a la piscina , me haga seguir una rutina de entrenamiento por fin todos los dias .

Si, me acordaré de tu cuerpo cada vez que no pueda más, que como ahora esté empapado en sudor. Sus curvas, sus volúmenes, un color de piel perfecto y tu cara que no desentona con el resto, déjame recordarte por favor, no hago daño a nadie ¿no?.

Gracias, me llamo Alex, ya sé que no te importa, que ni siquiera me lo has preguntado.

Solo por un segundo tu mirada y la mia se han cruzado. Y me has mirado a mi primero y luego a ZZZZZ y a saber lo que has pensado.

Todo tiene un motivo es lo único que podría decirte.

Pero da igual.

Ya no sé si ni siquiera sigues en Barcelona o te has largado lejos de aquí junto a tus amigos, a Ibiza por ejemplo


****

Móntame en tu coche, abre la puerta que ya me encargaré yo de subirme a él y cerrarla en cuanto que arranques.

Casi me has atropellado y la culpa es de los dos, mia por ir a mi bola sin mirar al cruzar, y tuya por no respetar los pasos de cebra.

Te dejaré ser tal y como eres, no me interesa nada cambiarte. Yo me adaptaré a tu música makinera a todo volumen y para no desentonar también me quitaré como tu la camiseta, aunque deberás disculpar eso si mi delgadez, este cuerpo de crio y no de hombre y que en vez de gafas de espejo llevé puestas encima estas gafitas tan pijas que no sé en qué buena hora decidí comprármelas.

Subiremos hasta Horta y luego a toda velocidad saldremos de Barcelona.

Y yo me reiré de todo, tanto de las maricas cursis especializadas en cine chino, como de las dramáticas que lloran y lloran y no dejan de hablarme del coñazo de Antony & the Jhonsons cuando quedan conmigo.

Me ratificaré en mis conclusiones entonces, y sobre todo nada más verte desnudo.

Necesito alguien como tu, sin sentimientos, es decir, un hombre de pelo en pecho que me ponga el culo rojo a base de cachetes cada vez que soy malo, pues el sexo puede hacerte feliz en un arcén de la carretera estácomprobado y el amor solo complicarte la vida, sobre todo cuando ya no crees en él, han pasado a la historia los dias en que si lo hacías.

Arrancas y me dejás atrás sin ni siquiera pedirme perdón o intercambiar una palabra después de casi atropellarme.

¿Qué tocará hoy?. ¿Un profesor de literatura, un aspirante a actor, un bibliotecario?.

En cualquier caso seguro que no alguien como tu.


****

No sé lo que seré para ti, todo ello en el caso que te hayas parado un segundo a pensar en mi claro, que lo más seguro es que ni lo hayas hecho y mejor para ti.


Sigue con tu vida.

Disfruta.

Son los únicos consejos que puedo darte.


¿Me verás como a alguien un poco mayor que tu ( dos o tres años aunque en realidad sean seis la diferencia que nos llevamos) que vive al lado tuyo y parece a veces como si te espiara desde su ventana? ¿A alguien que anda siempre solo por el pueblo y clava su mirada en tu camiseta negra del Pachá al cruzarse contigo?, ¿Seré para ti alguien guapo al menos,o normalito,o incluso feo? por favor dime a esto último que no.


Cada dia convivo con la posibilidad de que ese vaya a ser tu último dia en el pueblo, en el chalet de al lado que ,ya me enterado, tu familia ha alquilado.

¿Te quedarás también en Septiembre o estás ya a punto de recogerlo todo y desaparecer para siempre?.

Hoy estabas jugando en la playa con tu pandilla de amigos y amigas.

Y yo te miraba.

Y la casualidad hizó entonces que el Mp3 eligiera al azar una canción que habla de unos bañistas ajenos a todo tipo de preocupaciones, a los que no les importa lo más mínimo que el mundo sea una mierda y que quizás se acabe poco a poco.


Volvería a tener quince o dieciséis años y volvería de nuevo a tropezar con la misma piedra estúpido de mi.

Solo cambiarían los nombres, tu ocuparías su lugar, y apuesto que nada sería muy diferente a como lo fue.


Me encanta verte feliz.

Junto a tu chica, a tus amigos.

Eso es lo que ,seguro, te hace sonreírme muchas noches cuando nos encontramos, dejando ambos la basura en el contenedor que compartimos.

 
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Yo trato de establecer un calendario de citas pero es imposible.


Y, o bien lo que pasa es que mi perfil interesa tan poco a aquellos a los que les mando un mensaje como a mi lo hacen los de los que han entrado en contacto conmigo, o bien es que estamos en agosto y todo el mundo anda todavía de vacaciones, lejos de sus ordenadores y sin posibilidad alguna de quedar con otras personas de su ciudad.

Todo volverá a ser normal dentro unos dias, justo cuando yo inicie entonces mis vacaciones, pienso como tratándome de darme ánimos, sentado en mi hamburguesería preferida, haciendo únicamente tiempo hasta que salga el tren hacia casa, nada más.


Me acuerdo de la última vez, de que esto de las citas era como una especie de bolsa de trabajo. La primera persona con la quedabas era como tu llave a ese mundo. Te recomendaba ,basándose en su experiencia previa de haberlos conocido ya, con quien debías quedar y con quien no, y a su vez luego, te hacía tan buena publicidad por lo que parece, que de pronto, como que empezabas a recibir mensajes y “flores” de un montón de gente que parecía interesada en conocerte y quedar contigo para lo de siempre, es decir, tomar un café y ver lo que surge, ¿o no?.


El caso es que tengo ganas, me muero por volver a sentirla.

Esa sensación de excitación que se produce cuando al estar conociendo a alguien presientes que esa persona que tienes delante en el mejor de los casos te va a traer de cabeza los próximos meses, va a ocupar durante horas todos tus pensamientos.

Esa sensación de vacio absoluto que se produce cuando la cita termina a punto de amanecer. Y de optimismo irrefrenable también a la vez, pues ha de haber una segunda vez, es de hecho tan fácil imaginarla, y además hay tantas palabras que él me ha dicho que me hacen poder albergar esperanzas y esperar un futuro diferente al presente, completamente diferente al presente.

Esa sensación que algo por fin pasa en tu vida, que eres uno más, como ellos, que no te has quedado tirado o marginado por el camino.



Y es que en la oscuridad de S. todo son prisas y errores.

Unas veces porque sientes como eres tu el que estás dando demasiado en comparación con la otra persona y por consiguiente como que te parece hasta una estupidez que él entonces pierda un poco de tiempo en ti, haciéndote una paja o una mamada, estando tan bueno como está y pudiendo tu en esos momentos estar disfrutando de él y no viceversa que no es lo más lógico.

Otras veces por todo lo contrario precisamente, por estar quieto, simplemente aguantando que me metan mano por todas las partes y no ser luego como el resto de la gente y dejar entonces al terminar las cosas claras. Por confundirlas con un abrazo, con un beso que nunca debí haber dado.

¿Acaso no he vuelto a meterme en problemas de nuevo por lo mismo este verano con ZZZZZ, que muy a mi pesar ya ni se acuerda de su chaval de dieciséis años, ese que le trajo loco el año pasado, y todo gracias a mi, como me dice, que en realidad no hago gran cosa por él?



Son dos mujeres de unos setenta años, típicas catalanas de toda la vida..

Están sentadas a mi lado tomándose un helado, pasando como de puntillas por el Mc Donalds pues han entrado hoy en él por primera vez y última vez como dicen, casi como una broma, y solo por el calor que hace en la calle.

La cara de una de ellas se ilumina nada más ponerse a hablar por teléfono con su nieto.

Está en Ibiza, ha pasado junto a sus padres desde Denia, y el domingo por fin ya se encontrará de vuelta a Barcelona e ira a merendar a su casa, la casa de la abuela, y él le contará entonces todas las novedades de este mes en que no se han visto como sin darles importancia, como si la vida fuera a estar llena de viajes y ser tan excitante siempre. Y a ella le encantará tenerle de vuelta, ya lo creo que si.



Son un padre y su hijo de mi edad aproximadamente.

Discuten en francés, y por lo que entiendo él le echa en cara al padre lo aburrido que está, y el que él nunca le pidió, es más se opuso a este viaje asi que por lo tanto se atenga a las consecuencias.

Y a continuación el padre sin ni siquiera mirarle le dice que si tan mal se lo esta pasando que se vuelva al hotel y mañana mismo se van. Y el chaval entonces sin despedirse, mirándonos a todos con desprecio, como que se abre paso por la estación del metro, dejándolo a él atrás, con su incredulidad como única compañera, aparte de un poco o bastante avergonzado ante nosotros.

Lo curioso es que nunca hubiera pensado que un chico como él iba a ser extranjero y de Francia menos, por su aspecto de bruto, lleno de anillos de oro.

Más bien lo hubiera situado por El Clot o algún otro barrio cercano.



Es solo otro extranjero mas de treinta y muchos años.

Se enfada al subir al tren porque se le cae la botella de agua al suelo al sentarse. Se enfada con el mp3 porque no le reproduce la canción que él quiere. Se enfada con el libro que está leyendo porque de repente sus páginas parecen cobrar vida propia y escurrirse entre sus dedos haciéndole en consecuencia perder el hilo de la historia. Se enfada también con su mochila, antes de que yo cierre los ojos cansado de verle, por haberle escondido en el rincón más alejado posible su teléfono móvil que suena en esos precisos momentos y que como no encuentre pronto no va a poder descolgar para contestar. Se enfada por último con la persona con la que está hablando según oigo, por haber quedado sin su consentimiento, sin tener en cuenta que a lo mejor a él no le apetece salir esta tarde.


Y es que yo no quiero acabar como él, con cara de estar permanente enfadado, de mal humor, agobiado .

Aunque ya empiece a no encontrar gracia a nada, a no separar los viernes y los sábados del resto de los dias de la semana, a sentir que no tengo nada que ver con la gente de mi edad que ni trabaja ni estudia ni nada de nada

¿Me es posible aún escapar?

A veces me da por pensar que no, que como no encuentre urgentemente a alguien que lo cambie todo , ya es demasiado tarde.


 
186 ***FLUORESCENT ADOLESCENT***



El adolescente fluorescente bailaba como un loco en el caluroso verano londinense del 2001.

El adolescente fluorescente no dejaba de visitar en el baño.

El adolescente fluorescente me miró en una de esas ocasiones invitándome a algo, sin ni siquiera dirigirme la palabra.


Decían de él demasiadas cosas.

Como que la primera vez que apareció lo hizo agarrado al brazo de una antigua estrella musical desaparecida en combate. Y puede ser que sea del todo verdad, pues dicha persona se pasaba todas las noches en esa discoteca y con gente diferente cada vez que yo le veía, y llevaba cara siempre de seguir pasándoselo genial, como si no quisiera dar cuenta de su nueva situación, de que habían pasado ya casi diez años años desde que era alguien importante.



El adolescente fluorescente dicen que cobraba a unos si y a otros no.

El adolescente fluorescente la tenía enorme por lo que comentaban.

El adolescente fluorescente se me acercó en uno de sus bailes una noche y me preguntó al oido que como me llamaba y que si acaso había ido solo.


Dicen que su última noche fue gloriosa.

Lo que pasó ,según cuentan, es que cuatro chicos escoceses le invitaron a montarse en su coche para llevarlo a un club en las afueras y él durante el trayecto se la fue chupando uno por uno a todos ellos y luego, no satisfecho, ya dentro de el local, entró a uno de los servicios, el último concretamente, ese que que tenía la bombilla fundida, y sentado sobre la taza, con la puerta abierta, se la empezó entonces tamnién a chupar a todo el que le gustaba y quería, y claro, no tardó en formarse una cola delante suyo, y aunque todos aquellos a los que él rechazaba se ponían de lo más pesado muchas veces, los que aún esperaban su turno abroncándolos rápidamente los echaban fuera gracias a Dios. Estaban con la polla ya fuera en muchos casos, deseosos que aquel chico quizás si accediese a chupársela a ellos, ójala.




El adolescente fluorescente me susurró que de qué iba, que había tomado.

El adolescente fluorescente no me creyó cuando le dije que nada.


Me preguntó que que me gustaba hacer en la cama y yo, sonriéndole no supe muy bien que responderle. Acabábamos de empezar a conocernos. Y al quedar con él dos dias después yo ya estaba enamorado absurdamente de él, sin haberle conocido casi. Y asi es como todo comenzó, pensó el treintañero sentado en su salón de pequeño e impersonal apartamento en su última noche en Londres, recién llegado, en silencio, rodeado de cuatro maletas recién hechas, tres grandes cajas de cartón cerradas con unas cuerdas y con su nueva dirección escrita en ellas, algunas bolsas de plástico sobre la mesa y una botella de vino blanco que tenía intención de liquidarse a lo largo de esa noche tan lluviosa y que agarraba por su cuello como si le fuera la vida en ello.



El adolescente fluorescente solo daba problemas recuerda.

El adolescente fluorescente me llamó a mediodia, después de lo de los escoceses, después de haberse chupado veinte o treinta pollas de seguido.

Yo no le contesté, opté por escuchar su mensaje mejor. Parecía en el mismo que lloraba y según decía, no sabía donde estaba y por eso me daba un par de nombres de calles como referencia para que fuera a buscarle. Yo no acudí alli donde él me decía que me esperaba, esa de hecho fue la última vez que supe algo suyo, hablamos de la primavera del 2003. Ya nunca más nadie volvió a verlo.


El adolescente fluorescente era real. Tenía una cara, demasiado blanca y con muchas pecas en las mejillas, pelo, endiabladamente rizado y una voz, muy grave, como la de un hombre mayor.

El adolescente fluorescente solo era ojos y huesos.

Sin embargo ,entre semana, él era frágil, triste, tímido , muy amante del aburrimiento.

Solo yo sé eso, y los demás, es cierto, lo recuerdan de otra forma a como yo lo hago, pero es que ellos no estaban alli, ellos no compartieron tantas tardes de lunes a jueves con él como yo lo hice en ese terrible barrio del sur de Londres con tan mala fama, rodeado de lo peor del pueblo inglés y junto a pakistaníes, indios y árabes que solo soñaban con poner una bomba y convertirse en mártires por arte de magia.



El adolescente fluorescente;

Al recordar tumbado en el sofá como una tarde del verano hace un par de años, al llamar a su casa y oir a su madre al otro lado del aparato, le hubiera gustado salir , valga el simil, buceando del auricular y recorrer su casa en su busca para saber que había sido de él, el treintañero siente de repente un pinchazo en el estómago, bastante fuerte aunque desde luego no tanto como el que acaba de sentir muy lejos de alli Jimmy.



De vuelta a su casa resulta que algunos de sus compañeros de su selecto colegio le estaban esperando a la salida del metro.

Primero fueron ya digo, y simultáneamente, una patada en los huevos y un puñetazo en la tripa, luego ya no lo podría decir, los golpes en la cara y la tripa, las patadas por las piernas, los escupitajos se mezclaron en su cabeza , sin que pudiera ya establecer una secuencia determinada para los mismos, o sea que vino primero y que vino después.

Solo recuerda haber pensado en esos instantes que aquello que tanto temía ya se estaba produciendo y que ojalá no fuera a durar mucho.

Solo recuerda haberse puesto a llorar mucho antes de lo que él tenía planeado hacerlo.

A veces todos parecían actuar conjuntamente, otras era solo uno el que le golpeaba, le escupía, le tiraba un cubo de basura encima y le gritaba como despedida.



Hasta que de repente por fin solo ya escuchó la lluvia cayendo sobre la calzada e incorporándose unos segundos después, muy dolorido, vió que no había ya nadie en la calle.

Enfadado consigo mismo entonces no pensó en el resto de su ropa, o en sus zapatillas deportivas. Daba igual, podría comprarlas alli donde fuera con la Visa porque si había algo claro era que él se marchaba de Inglaterra ya mismo.

Solo buscaba, renqueante, una pista.

Esta por fin apareció en una papelera, o mejor dicho en el espacio reservado a publicitad de la misma.

Un anuncio publicitario de color naranja ofrecía un vuelo por un precio realmente ridículo hacia Barcelona, España.

Perfecto se dijo a si mismo.

Hasta dentro de muchísimos meses, Inglaterra.





 
185 *** By Picadilly Statioon I Sat Down And Wept***





Estaba bastante orgulloso de su uniforme.

Aquellos pantalones de tergal grises, la camisa blanca, el jersey verde con el famoso escudo bordado en él y los zapatos negros brillantes parecían impresionar en su conjunto bastante a los demás, indicando su procedencia además: Uno de los mas prestigiosos colegios al norte de Londres, ese mismo de donde saldrían los futuros dirigentes del pais a todos los niveles lo mas seguro, si es que todo salía bien y se desarrollaba de acuerdo a los planes que alguien había trazado para sus estudiantes.

Esa tarde, Jimmy, a bastantes metros por debajo del suelo, en el vagón del metro se fijó en como la gente aún llevaba la ropa bastante húmeda e incluso también en como algunas pequeñas gotas de lluvia parecían querer resistirse a evaporarse, varios minutos después de haber caido por primera vez sobre ellos. Adheridas a su pelo, o sobre los cristales de las gafas que llevaban, eran los restos de esa tipica tarde invernal londinense que él acababa de dejar atrás en la calle pero que todavía camparía a sus anchas a lo largo y ancho de todo Londres seguro..

Afuera ya habría anochecido del todo, pensó al conseguir por fin un sitio libre donde poder sentarse.

La mayoría de la gente del vagón le pareció de repente tan miserable vista desde su nueva posición.

¿Y si se volvía atrás, se dirigía de nuevo hacia su casa y dejaba para mas adelante, es decir otro dia, lo de ir a Picadilly?

No.

Tenia que ir alli sin falta, airearse un poco.



Llevaba unos dias en que todos en el colegio parecían quererle hacer la vida imposible. Y no era para menos. Desde que aquel dia el desgraciado de Walter había por casualidad cotilleado dentro de su correo electrónico y más concretamente se había encontrado con aquellas fotos en que el y y Sam, un cincuentón de Belgravia aparecían medio borrachos y casi sin ropa en su casa, cada dia era una nueva lección de supervivencia para él , de seguir tirando hacia delante, sin saber muy bien el porque o el motivo para seguir haciéndolo, la dirección en que ir y para que.


Si, aquello había sido el desencadenante de todas sus desgracias, pues la noticia a continuación se extendió rápidamente por el resto del edificio, pasando de boca en boca, y unas horas después ya eran muchos los que iban a por él, querían darle y bien, y él, solo podía ya digo, huir , retrasando lo que suponía era inevitable lo máximo posible eso si.


Un chico que apenas conocía y cuyo nombre nada importa se lo dijo por los pasillos "Si yo llevase tu vida no se como lo aguantaría, me suicidaría antes de ser tu ".

No las había planeado seguro, o elegido una a una las palabras que iba a decir a conciencia, pero le habian hecho tanto daño que casi había estado a punto minutos después de oirlas de dejar el colegio, su propio pais incluso, aunque al final, cargado con un par de mochilas al hombro, muy cerca ya de Heathrow Jimmy decidió afortunadamente dar macha atrás, reconsiderar la cuestión y afrontarlo todo en vez de huir.

No recordaba que nadie le hubiera dicho algo tan brutal como aquello, ni por asomo.

No recordaba haberse sentido nunca tan herido como en ese instante que se las dijeron se sintió.



Se despertó del todo, volviendo al dia de hoy, nada más poner un pie minutos después en la estación de Picadilly Circus, y para cuando dejó atrás su hall circular y subió las escaleras ya se sentía de nuevo en plenitud de facultades. Un chico guapo, de diecisiete años y en busca de alguien a quien sabría reconocer nada más ver entre toda esa gente que siempre parecía estar vagando por la plaza, alguien con el que pasar el resto de su vida.

Eso es lo que era él.

Lo que buscaba.



Ya era de noche.

Llovía muchísimo.

Abrió por eso el paraguas y en vista del panorama dudó hacia donde dirigirse.

Podía ir hacia esa calle que Bowie había utilizado en los años 70 para fotografiarse, más tarde sería la portada de uno de sus discos.

O sino podía ir como el otro dia hacia el barrio chino, en busca de esa cafetería a la que Pulp habían dedicado una canción y en la que él otro dia ya había estado. Cerca de ella estaba además ese oscuro y decadente bar gay donde había conocido a Sam. La edad media dentro de él rondaba los cincuenta, no era su sitio ideal desde luego, pero inexplicablemente una parte de él solo le pedía desde hace dias el ir alli de nuevo, en busca de Sam o su sustituto.

La gente con la que se cruzaba en la calle iba siempre demasiado atareada como para darse cuenta de que él existía, además ¿Cómo demonios iban a ponerse a hablar asi, sin más con alguien, solo por que sus miradas se hubieran cruzado y sentido ambos algo extraño en su interior?.

Se pediría algo, un café y algo de fruta, leería las últimas páginas del libro que le tenía ocupado y después se metería de nuevo en ese tugurio gay de mierda.

Quizás hasta tuviera suerte de nuevo con alguno de aquellos hombres tan gruesos que permanecían en la misma postura recostados en los sofás durante tanto tiempo, en busca de poder hacer coincidir su mirada con la de alguien más, pero sin perder eso si de vista la película pornográfica de turno.

Quizás aquello no fuera tan malo como a priori parecía.




Sus miradas parecieron quedar durante décimas de segundo como enganchadas la una de la otra a la entrada de la cafetería.

El chico de diecisiete entraba a la misma y el treintañero salía de alli y era como si de nuevo los dos tendrían que volverse a ver cara a cara para poder desengancharlas y poder uno salir de nuevo a la calle y el otro entrar al local.

Pero no.

El chico finalmente llegó a la barra sin que nadie reclamara su atención detrás suyo, y al darse la vuelta con decepción lo comprobó, él ni siquiera estaba ya dentro del local, no había significado nada pues su encuentro con él, una vez más le había vuelto a pasar, pero tampoco era tan grave recapacitó, sentándose en una pequeña mesa con la prensa gratuita de la tarde sobre la misma.



Afuera, camino de la estación del metro, el treintañero de repente se detuvo preguntándose si acaso no debía de volver a la cafetería inmediatamente para entablar conversación con aquel chico tan guapo que le había clavado tan claramente sus ojos verdes, ocultos tras su flequillo castaño, pidiendo ir más allá.

Volvió a ponerse en marcha sin embargo.

Aquella era su última noche en Londres. Había llegado a él hace siete años procedente de ese mismo pueblo al norte al que ahora se disponía a regresar. Ya solo quería tranquilidad. Era consciente por fin, siete años le había costado darse cuenta, de que nunca tendría a nadie, y que se las tendría que apañar solo el resto de su vida. Podría haber vuelto sobre sus pasos de acuerdo, pero ya estaba demasiado cansado de aquella ciudad, de intentarlo una y otra vez, de depender tanto de los demás para ser feliz. Ese chico solo era uno más, no era nada especial, quizás se lo llevaría a su pequeño cuarto para follárselo de acuerdo pero ¿y que?. A él solo le estimulaban ya ese pequeño piso que iba a ocupar a partir de mañana en la parte baja del pueblo, y el número indeterminado de meses que iba a poder tomarse libres, para hacer lo qu ele viniera en gana, hasta que sus ahorros de todos estos años se esfumasen y tuviera de nuevo que ponerse a trabajar.

Antes de meterse dentro de la estación de metro observó los anuncios luminosos bajo la lluvia y recordó lo excitante que le era verlos cuando él acababa de llegar a Londres.

La de noches de fiesta que había empezado bajo ellos, a la de gente que había esperado fijándose en ellos para hacerlo todo más llevadero.

- Adios Picadilly se dijo a si mismo pues eso era lo que tocaba.

- Hasta dentro de muchísimos años.

 
184


Gracias a un catarro, el típico resfriado de verano, puedo volver a hacerlo, puedo por un dia volver a quedarme en casa sin tener que ir a trabajar.

Me levanto tarde pero no mucho, desayuno algo de helado que hay en el congelador aprovechando que nadie me vigila, veo las series de dibujos animados del K3 y me conecto a internet y hago cola para poder pajearme con alguien por la cam, pues descubro que por las mañanas, recién levantados supongo, la mayoría de la gente que hay en los chats parece buscar precisamente eso. Poco antes de comer por fin me ducho pero vuelvo a pajearme de nuevo con otro tio buenísimo que por casualidad aparece, mientras los canelones se calientan en el microondas. Incluso debo de ignorar a un tercero al que tengo en espera poco después de correrme.

Y ZZZZZZ también me llama al móvil para quedar para lo que yo sé, pero no, no me apetece quedar con él, sobre todo desde que nos medio enrollamos y parece andar salido a todas horas, y solo quiere verme para lo mismo.




Me encanta el cruising la verdad, o al menos lo que sea esto que yo hago, he de decirlo, aunque quede fatal.

Pasar la tarde en un centro comercial de Castelldefels, escuchando a LCD Soundsystem a todo volumen en el mp3 y viendo tios buenos por todas partes y siguiéndolos por supuesto, de planta en planta, de una tienda a otra. Tios buenos que andan acompañando a sus delgadísimas novias, tios buenos que enseñan medio culo junto a sus amigos y que andan persiguiendo a unas tias superpedorras que los traen de cabeza y supercachonos seguro y alli que estoy yo para verlo, tios buenos que tratan de vender un aparato de masajes o un seguro del Racc al resto del público pero no a mi precisamente que estaría dispuesto a comprárselos a cambio que me follasen alli mismo.....


ZZZZZ dice que lo que yo hago es ridículo, que lo que hay que hacer es entrar en los baños un montón de veces y ver si se cuece algo o sino ponerse a hacer que meas para ver si se te acerca alguien. Pero yo ,en este tipo de sitios, como que solo voy a los baños si alguien que me interesa lo hace también y por eso la mayoría de las veces acabo sin poner ni el pie en ellos, y el noventa y nueve por ciento de las ocasiones a dos velas y con los pies reventados, pero pensando eso si, en lo estupenda que va a ser la paja que voy a hacerme nada más llegar en casa con todo lo que he podido ver, haciendo que en mi cabeza las cosas si sucedan de la forma y el modo en que yo quiero que sucedan, o sea , todo lo contrario a lo que en la realidad pasa.



La soledad puede llegar a reducirlo todo a una sola cosa.

En mi caso, sexo.

Puede que para por la tarde yo ya lleve cuatro en mi marcador particular y ni se me levante, pero en el caso de que alguien me pida que conecte la cam y que volvamos a corrernos juntos, no te quepa la más mínima duda, lo volveré a intentar al menos.

La soledad, es lo bueno que tiene, no te deja pasar por alto sin que la aproveches, ni una sola oportunidad.

La soledad, en caso que sea dia tras dia y no por unas horas tan solo, hasta que mis padres vuelvan a casa, puede eso si, volverte un poco loco la verdad, hacerte vivir en un mundo que raramente se parece en algo al mundo real.

La soledad te da tiempo, te hace recordar a personas y momentos que ya creias olvidados para siempre, como Beatriz, que aunque entonces me parecía muy mayor, resulta que no tenía sino mi misma edad de ahora, veintiuno.



Venía a recogerme a casa a mediodía que era cuando mi madre se iba a trabajar. Su misión era darme de comer y luego, llevarme a la plaza junto a los demás chicos, a ver si por fin hacía amigos. Sin embargo raramente era eso lo que finalmente hacíamos.
Con el dinero que le daba mi madre nos montábamos en su coche y nos íbamos a dar una vuelta por Sitges unas veces, otras íbamos incluso a Barcelona a ver tiendas o pasear por la playa. Yo tenía unos diez años, y era una casi como una niña, seguro, por la manera que hablaba, me movía. Ella sabía que yo no me iba a chivar, pues veía en mis ojos, cada vez que los tenía cerca, el miedo que me daban el resto de los chicos del pueblo, sus bicicletas y gritos, sus miradas, los insultos que salían de sus bocas casi siempre.



Siempre que las cosas te van bien te esfuerzas porque nada cambie, porque las cosas se eternicen tal y como están en ese momento, pero raramente lo consigues por mucho tiempo, todo parece estar sujeto a un constante cambio, escapar a tus deseos.

Y cuando las cosas van mal es justo lo contrario, quieres cambiarlo todo, no dejar que nada siga igual desde que ese instante, un dia cualquiera, se te torcieron las cosas. Y sin embargo nada cambia, te pones plazos y al llegar a ellos, uno tras otro, observas que como todo sigue igual, o muy parecido.


Y ya no sabes que hacer.


Mari Carmen era mi profesora de piano. La de todos los Lunes por la tarde...


Es curioso la de gente que ha pasado por nuestra vida por mucho que esta haya sido de lo más solitaria.

Es curioso la de gente que olvidamos y que pasamos años sin acordarnos de ella.


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Un susurro.

Ni se puede distinguir lo que digo.

De hecho pienso que voy a decir una cosa y acabo diciendo otra que, aunque parecida, no es la misma.

Caminando por la calle, a la salida de la piscina, que es cuando sucede, apenas se entiende algo y casi nadie puede escucharlo además.


Cansado: esa es la única palabra que coincide entre la frase inicialmente prevista por mi y la que finalmente termino por decir.

Quizás, eso si, puede que lo haya entendido alguien.


Cansado:

De mi ciudad.

De mi trabajo.

De mi vida.

De mi futuro.

De mi presente.

De mi pasado, incluso del que nunca me enteré.


Los polvos que llegan demasiado tarde.

Pero no porque disfrute ahora de ellos, años después de lo que hubiera sido lo deseable, sino porque.....resulta que existieron y yo ni me enteré.

Puede resultar incomprensible pero trataré de explicarlo un poco y me volveré para ello a situar alli donde yo estaba hace dos domingos, después mi aventura con el chico rubio de la camiseta sin mangas, nada más salir de S. junto a ZZZZZ.

Era en una de las saunas más céntricas de Barcelona, poco antes de las siete de la mañana.

Dándote una vuelta por ella, nada más salir de los vestuarios, ya te dabas cuenta que apenas cabíamos más gente de la que ya estábamos alli dentro, restregándonos los unos contra los otros cada vez que nos teníamos que poner en movimiento y a veces sin tener incluso que hacerlo, solamente para probar un poco el material.

Ocurrió que apenas pusimos un pie, ZZZZZ me lo comentó al oido, “oye aquel de alli no te quita el ojo de encima” y yo, nada más dirigir mi vista hacia él, caí entonces en la cuenta que esa persona que efectivamente me miraba con cierta asiduidad, no era sino el amigo del gimnasio del Joan, un tio super musculado y medio calvo, con perilla, que alli dentro por cierto ya ni se molestaba en llevar toalla.


Las cosas a partir de ese momento, o mejor dicho minutos después, cuando también él se percató que yo también le miraba, se aceleraron pero no en el sentido que cabría esperar, simplemente él se acercó a mi, me preguntó si no prefería que nos fuéramos a la calle a tomar algo en vez de estar alli dentro, y yo le dije que si.


Básicamente hablamos de Joan. Y de mi también. Al parecer, y según lo que el mismo Joan le había contado, a él no le gustaban ya los tios, sobre todo después de que una vez me hubiera dejado comérsela para poder comprobarlo y disipar asi sus dudas. Y yo, la historia continuaba, estúpido de mi, me había encaprichado a partir de ese momento de él y se la había acabado comiendo en muchas otras ocasiones durante ese último año en que fuimos amigos, hasta que, claro, un dia con todo el “dolor de su corazón” , él, Joan decidió que lo nuestro no podía continuar y debía de acabar lo antes posible.


Supongo que pude haberlo hecho, que sentado en esa cafetería yo podría haber bajado por un momento de la nube en que me encontraba escuchando aquella historia y haberle dicho la verdad a M. que es como se llama.

Pero la verdad ni se me pasó por la cabeza poner en tela de juicio la historia del Joan, no sé porque. Hasta prefería que él me viese de esa manera que de la que yo sé que es la verdadera. No me hubiera creído además, seguro, asi que ¿para que intentarlo?.

Para empezar Joan también le había rechazado a él cuando ya estaba a punto de llevárselo a la cama, y ¿viéndome a mi en una sauna con un tio de cuarenta a mi lado y comiéndomela a ratos, que fuerza de convicción iba a tener mi versión de la historia?

Ninguna.


La gente desaparece.

Cambian de móvil.

Se abren una nueva dirección de email.

Se mudan a otra casa.


Tengo muchas ganas de que un montón de gente desaparezca ya para siempre de mi vida.

Daría lo que fuera para que el cartel que hay en su casa indicando que está en venta desapareciera ya y asi supiera que no voy a tener que verlo algún que otro dia más, en el pueblo, la playa, por las noches en la terraza donde trabaja de camarero.

Vale que él era el guapo, el que sabía jugar a fútbol, el popular, quien a veces defendía lo que yo no sabia defender y marcaba encima los goles, pero eso no da derecho a todo....


¿Debería al encontrarme un dia de estos con él darle las gracias cínicamente por todas esas veces en que se la sacó y se sacrificó, tan solo para que yo no estuviera tan triste, tan frustrado, y tuviera al menos un recuerdo al que aferrarme?

¿Por qué parece querer sabotearlo todo para convertirlo todo en mierda?

¿Acaso no quiere que guarde ni un buen recuerdo suyo? O ¿ Busca únicamente dejar un cuarto de lo que ha sido mi vida completamente vacio, sin sentido?




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(2)


Puede que fuera demasiado altivo con el chico sin camiseta que se puso a bailar a su lado, dejando a la vista la mitad de sus calzoncillos, de los mismos colores que la bandera brasileña para dar más detalles.

Pero puede también, que en esos momentos, estuviera mirando medio embobado a uno de esos chicos a los que en caso de no moverse de alli donde estaba, él podría pasarse la noche entera observando desde la distancia, imaginando un futuro a su lado.

Puede entonces ser que él le molestara, no le dejara observarlo con la suficiente tranquilidad.


Se mordía los labios una vez más. Sentía en su boca con toda intensidad el sabor ese que tienen y dejan las cosas a las que uno renuncia porque sabe que le son inalcanzables y que poco a poco por cierto se van acumulando en nuestra memoria, en una especie de categoría aparte, titulada “sensaciones vividas pero no con la máxima intensidad” o algo parecido. Y de pronto, enfrente suyo , ocurrió, cuando todo parecía perdido, surgió él, un chico rubio en camiseta sin mangas, con el pelo rapado casi al cero por los costados, con un pendiente bastante grande en forma de cruz en la oreja izquierda.

Era un chico muy guapo que le miraba fijamente, con cara seria, y que le hacía perder el ritmo de la canción que se encontraba bailando.

Finalmente , como era de esperar, no tuvo más remedio que pararse por unos segundos para asi, poder mirarle a el también con igual descaro, y sonreírle también un poco cuando él le sonrió un poco.

Si, hasta sintió un escalofrío por dentro al hacerlo, debo reconocerlo.

Parecía que conocía a aquel chico de toda la vida, aunque no se habían visto o hablado nunca antes jamás. ¿Habria entre ellos algo especial y no la misma historia de siempre, esa repetida en muchas otras veces con anterioridad? .


Puede que todo eso le ocurriera porque se sentía un poco solo pese a haber entrado con tanta gente a la discoteca, o porque no encontraba a sus viejos amigos en ninguno de los rincones donde antes solían ponerse, o porque las palabras que uno de ellos una vez pronunció relativas a que muchos cuarentones lo miraban como una especie de hijito al que podían “adoptar” y a la vez follarse, estuvieran de pronto más presentes que nunca en su cabeza, en esos momentos en que ZZZZZZ estaba tan pesado y no dejaba de subirle el boxer por detrás en plan de broma, pero cada vez metiendo sus dedos más abajo y a punto ya de comenzarle de un momento a otro a acariciarle el culo, ante su pasividad, ante su lema de esa noche “para una vez que salgo mejor alguien, cualquiera, que nadie, mejor ceder que volver a casa de vacio”, ese que por supuesto minutos después lo situó en uno de esos rincones que antes examinaba detenidamente, dejándose meter mano por ZZZZZ que por su parte parecía estar fuera de si, diciendo toda las guarradas que nunca dice, dejando olvidada toda su timidez en alguna otra parte de su cuerpo lejana de sus manos.



Pero el chico seguía alli.

De nuevo en la pista de baile y solo, el chico rubio no tardó mucho en entrarle y casi al mismo tiempo besarle en la boca.

De nuevo, entre bromas, en unos pocos minutos, los dos ya se encerraban en un baño y acto seguido, el chico rubio comenzó a chupársela. Y después de casi dos meses, creo, sin que un tio se la hubiera comido, pues claro, él se sentía a punto de explotar, y por eso, los primeros segundos con su polla dentro de su boca fueron tan increíbles. Incluso hasta tuvo que decirle en un momento dado que parara porque sino se correría alli mismo, en su boca, mucho antes de lo que lo quería hacer.


La polla del chico rubio al retirarle el boxer de color carne resultó ser bastante pequeña pero no por eso dejo de chupársela con autentica pasión ni por un solo momento, desde el primer segundo que la sintió sobre su lengua hasta que poco antes de correrse se la sacó de la boca.


A él le gustaban las pollas grandes, esas que te ahogan casi, pero de pronto arrodillado ante él, con los brazos extendidos, sus dedos pellizcándole los pezones y sintiendo su cuerpo tan musculado bajo los mismos, ese tema, el tamaño, como que le pareció algo secundario, no demasiado importante. Hasta le resultaba excitante, que un tio tan bueno como él la tuviera tan pequeña.

Comenzó a comerle los huevos justo cuando él se lo dijo y de reojo entonces vió como se sacudía hacia arriba bruscamente, soltando casi al mismo tiempo un montón de leche por su parte superior. Fue a caer sobre su espalda, y al bajar rápidamente por la misma notó como se le humedecía ligeramente la ropa interior por su culpa, como incluso se metía por debajo de la misma, mezclándose con su propio sudor.

El chico rubio entonces, tras subirse los pantalones y ponerse la camiseta sin mangas, le masturbó sin ni siquiera mirarle a la cara durante unos pocos segundos que fue lo que él necesitó para correrse.

Y ahí, fue donde acabó la historia, aunque lo vió salir de S. a toda prisa y casualmente cruzándose con el chico especial, que ni siquiera le saludaba ya, por orgullo supongo, y que iba con nueva compañía tras haber sido dejado por él hace unas cuantas semanas.



¿Se equivocó?

Le dijo entonces para cortar que el que ninguno de los dos fuera muy feliz era motivo suficiente para tener una relación entre ambos. Y el chico especial se enfadó muchísimo, como nunca, se lo tomó fatal vamos, gritándole que el desgraciado lo sería él, pues él estaba muy satisfecho con su vida.

“Es la peor excusa que he oido para dejar a alguien, imbécil” fueros sus últimas palabras.


Le resultó extraño verlo por alli. Fue como si tras haber escrito varias páginas en el libro de su vida, él ya no lo hiciera, y el chico que lo acompañaba hubiera tomado el relevo.

¿Lo haría peor o no?

¿Se lo pasaría también mejor con él?




El chico quiere llorar.

Han elegido uno de esos pocos parques en los que un domingo apenas hay gente paseando por sus caminos.

Desde el mismo instante en que se han encontrado, él se ha dado cuenta que esa Luna no se parece en nada ya a la Luna de ayer mismo, que parecía querer comerse el mundo en una sola tarde.

Ve desde la mesa de la terraza donde los dos se han sentado a descansar, como ella va hacia el baño y minutos después vuelve hacia la mesa, sorteando como puede las mesas del comedor, las carreras del los niños, las madres que enfadadas primero y avergonzadas después al verla, no facilitan para nada su camino.


Está su pequeño rostro y la mueca que se dibuja en el mismo, primero de fastidio, luego de enfado, posteriormente de esfuerzo y finalmente de frustración nada más sentarse de nuevo a su lado.

Está también él, sentado a su lado, con las horas de sueño justas para mantenerse en pie y poco más.

No quiere contarle nada de lo del chico de ayer, o de los polvos que llegan demasiado tarde y no cuando deberían de haber llegado.

Siente como una lágrima por fin se asoma por su ojo izquierdo y otra casi simultáneamente hace lo mismo por el derecho.

Siente como ambas caen por sus mejillas lentamente, dejando un rastro húmedo tras de si.

Lleva las gafas de sol puestas, asi que no hay problema pues.

Coloca disimuladamente su dedo índice sobre la mejilla izquierda primero y una vez que la ha detenido y su piel la ha absorbido, repite la misma operación en la mejilla derecha, nadie se ha dado cuenta, perfecto.


Luna le dice poco después que le duele la cabeza .


El próximo fin de semana no podrán quedar pues ella estará fuera y los dos siguientes tampoco, ella ya se habrá ido de vacaciones.


Nos será ya hasta septiembre pues, cuando los dos vuelvan a encontrarse.

Demasiado tempo quizás piensan.