ALEX //
Mis diecinueve, veinte y veintiún años de aqui para allá, siempre en Barcelona
Acerca de
Mis diecinueve, mis veinte y mis veintiún años, de aqui para allá, siempre en Barcelona.
Sindicación
 
NUNCA DUERME
ELLA dice que ese dia me llegará incluso a mi, pues nadie puede escaparse.

El dia en que de repente y gradualmente el pasado empieza a volver, pasa las primeras facturas, y se apropia entonces de todos tus tiempos muertos, esos en que no estás obligado a pensar en nada, a hablar, a sonreír, a fingir, esos que antes en su gran mayoría antes ocupaba el futuro..

Imágenes de años pasados, de amigos tuyos de los que has perdido la pista, recuerdos de un chico de un largo pelo lacio castaño andando detrás siempre de uno de pelo oscuro muy corto, frases que alguien dijo alguna vez y por las que deberías haberle odiado en vez de haberte enganchado más a él, edificios que ya no están, barrios a los que ya no vas, canciones que ya no escuchas, libros que ya no lees, sensaciones que ya no sientes, sueños que ya no valen , que tumbado en la cama pero sin estar dormido ya no te evaden como antes, no avanzan , no prosperan dentro de tu cabeza ya con la misma facilidad con que lo hacían hace unos años y el futuro que ya no es un territorio como antes lo era, completamente virgen, inexplorado y sobre el que por lo tanto ya no cabe tanta especulación, tanta imaginación..

Sin dejar de recordar todo parece haber sido ridículo en tu vida, fingido, una mentira, fruto quizás de una excesiva ingenuidad. Ahora probablemente eres más tú que nunca pero eso como que a la gente parece no gustarle.


ELLA a veces se pone de lo más profunda y melancólica.

Hoy por ejemplo, revisando mis últimos seis meses en el trabajo, dentro de su equipo.

Recordando balances, cuentas de pérdidas y ganancias, amortizaciones, consolidaciones y demás tonterías que tantas horas nos han tenido ocupados a los dos, una veces formando equipo en empresas extrañas, a finales y principios de año, y en las que sus empleados nos miraban con recelo y desconfianza y otras, cada uno a solas en su mesa, aislados del resto del mundo, de nosotros mismos incluso me atrevería a decir.

Ese dia llegará, quizás hasta ya lo haya hecho.

Aunque ELLA no lo sepa.




Fue algo de este verano.

Especialmente relacionado con mis vacaciones.

Esos primeros días de Septiembre en que no quería, no me apetecía nada el salir de casa sino era para ir a la playa, solo.

Esos primeros días días de Septiembre en que no contesté a ninguna llamada telefónica, no invité a nadie a la piscina, no llamé para preguntar por los exámenes a todos aquellos a los que si debería haber llamado.

El caso es que ocurrió una noche de madrugada en que yendo de una web a otra sin saber porque acabé en ella.

Nathan era un chico polaco entre otros muchos otros chicos, uno que se mostraba en chándal Adidas y siempre sin la parte de arriba, presumiendo de unas abdominales casi perfectas embadurnadas en aceite corporal .

No podías esperar más de él que ese semidesnudo suyo claro, y las correspondientes poses provocativas de vez en cuando, salvo que hubieras pagado para acceder a un privado con él a 1.99 Euros al minuto, y bueno, las dos primeras noches como que con eso me bastó y por eso ya casi amaneciendo por fin me corrí viéndolo, en uno de esos muchos intermedios que se tomaba entre cliente y cliente suyo de verdad.

Apenas enseñó algo del calzoncillo por fin, se pudo distinguir entonces la forma que tenía y fue suficiente para mi.



La tercera noche Nathan ya conmigo a solas y cerca de las dos comenzó a desnudarse, dejando al aire su pequeña polla, su maravilloso culo, colocándose a cuatro patas sobre la cama tal y como le pedí.

Quería verle correrse , esparcir toda su leche por sus labios y por su cara pero además también estaba conectado Daniel recordé, un chico colombiano con una polla que prometía ser enorme y que encima si tu querías te insultaba mientras virtualmente te follaba..

O Hardrock, desnudo por completo siempre y con su pinta de delincuente a cuestas…


A la mañana siguiente al despertarme seguía sin querer ver a nadie.

El mundo real era demasiado complicado, decepcionante, peligroso.

Al subir la persiana y encontrarme con el primer dia nuboso de mis vacaciones me di cuenta que por primera vez el verano del 2008 podía ser ya historia, algo finiquitado.

Daba igual.

Seguro que si.

 
HISTORIAS NUEVAS
El chico que nunca bailaba ni siquiera pasó a los postres. Las chica de las intenciones más que claras se lo llevó a su cuarto ante el asombro de su propia compañera de piso. Media hora más tarde los dos volvieron a salir del mismo sonrientes y algo cansados y solo fue entonces cuando por primera vez y en serio, el chico que nunca bailaba pensó en su novia, la chica que creía que lo suyo era para siempre, pero claro, mientras se zampaba una porción enorme de tarta de chocolate en la cocina de la chica de las intenciones más que claras, lo tuvo más que claro: sería lo suficientemente listo como para que ella no llegase a enterarse, todos sus amigos asi lo hacían ¿Por qué él no?.


Los dos vivían en un pequeño apartamento que ,con su nomina de supervisora de un call center, en su mayoría pagaba la chica que creía que lo suyo era para siempre . A las doce y media de la noche el chico que nunca bailaba dubitativamente entró el mismo y nada más cerrar la puerta de la casa y atravesar la cocina la vió envuelta en una manta Y tirada en el sofá medio dormida viendo la televisión se suponía. Al besarla notó que sus labios aún sabían a una mezcla de sopa de fideos , mermelada de ciruela y cereales y a él no sé le ocurrió pensar otra cosa que también quería que lo suyo fuera para siempre, pese a lo de esa noche, a lo que pudiera pasar otras muchas más noches.

Nada más meterse en la cama los dos ,unos minutos después,el chico que nunca bailaba notó que la chica que creía que lo suyo era para siempre buscaba guerra. ¿No estabas tan cansada que ni te apetecía venir a cenar con la gente del trabajo? le susurró sonriendo notando como la mano de ella ya se había introducido dentro de su bóxer y acariciaba su polla suavemente. Ella sonrió también entonces encendiendo la lámpara de su mesilla y tras sentarse encima suyo se despojó de la parte de arriba de su pijama dejando al aire sus pechos, la parte de abajo ya se la había quitado antes ansiosa como estaba de su ración habitual de sexo de cada viernes por la noche.


A ella le gustaba que él la follase por delante, por detrás, por la boca, de cualquier forma que a los dos se les pudiera ocurrir (imagino). A ella le volvía loca chupar aquella polla enorme y cabezona, sentir sus embestidas en su coño, en su boca (imagino). A ella le sorprendió que al correrse él no soltase esa noche demasiada leche (imagino)y que por eso, al hacerlo no le dejase como siempre primero la cara toda embadurnada y luego los pezones de sus pechos ,que a él tanto le gustaba ver, manchados, ahogados en su propia leche. “Estoy muy cansado” fué su excusa. “Ya, pero llevamos toda la semana sin hacerlo” le contestó ella. “Bueno yo alguna que otra mañana me he hecho alguna paja…en la ducha, tenemos tantas prisas al levantarnos” dubitativamente concluyó él, deseando darlo todo por zanjado y poderse entonces dormir (imagino también).

Buenas noches

Buenas noches

Y asi fue como los dos poco a poco cayeron dormidos esa noche, ignorante uno de haber sido engañado y el otro de que aquel pequeño secreto a ocultar se iba a ir extendiendo en la semana siguiente poco a poco por todo el trabajo, hasta llegar a los oídos de la chica que creía que lo suyo era para siempre y a cuyo cargo y formando parte de ese equipo de quince agentes telefónicos estaban ambos por cierto.


Entonces entró en esta historia el chico que a veces escribía en sus libretas cosas que nadie quería que leyese. En el primer fin de semana de soltera de ella. Sentada a su lado en la cabina de dj en un pequeño bar de Gracia, observando como ponía un disco tras otro, el chico que escribía en sus libretas cosas que nadie quería que leyese fué la primera persona a la que se lo contó. Había decidido cortar por lo sano, mañana mismo se lo diría a el chico que nunca bailaba. Tendría que recoger sus cosas, dejar la casa y volver con sus padres y ella se buscaría mientras alguien para compartir gastos. El chico que a veces escribía en sus libretas cosas que nadie quería que leyese fué en quien primero pensó y al primero que se lo propuso. Cada uno tendría su propio cuarto y podría traer a casa tantos chicos como quisiese. El chico que a veces escribía en sus libretas cosas que nadie quería que leyese, sabiendo de antemano no habérselo pensado demasiado, le dijo que si.

Ella le sonrió.

Y él siguió con su música, como si nada.



Historias nuevas en la Plaza del Sol, sentados los dos en una acera muy borrachos a los dos de madrugada.

La chica que creía que lo suyo era para siempre que resulta que también ha tenido una aventurilla por ahí este verano, en su pueblo, con un viejo novio de su adolescencia.

Historias nuevas que no dejan de sucedernos, que me demuestran, nos demuestran que no somos ni mucho menos aquello que creíamos ser.

Quizás somos jóvenes aún, está claro , y en contra que lo que hasta hace poco yo pensaba no es esta una buena edad para buscar algo serio. No ,no vas a sentirte orgulloso de tener un novio, de serle fiel, de no pensar en nadie más que él, ¡que va!, vas a estar a la que salta, buscando, tratando de encontrar algo más.

Quizás si, consigas engañar a los demás si lo intentas, quizás todos crean tus historias, pero eso en el fondo no sirve de nada o de casi nada.
 
LLUVIA
Llovía y por eso en la parada del autobús todos nos miraron no como de costumbre, evaluando en su cabeza las posibilidades que teníamos de poder llegar a ser amigos suyos.

Más bien lo hicieron como diciéndonos a la cara “lo siento, no podeís refugiaros de la lluvia junto a nosotros, hemos llegado antes, haber espabilado”.

Cristina, una chica de clase que me acompañaba, en vista del panorama, se ató fuertemente la bufanda al cuello y se aseguró que la capucha no se le iba a ir hacia atrás debido al fuerte viento descubriendo su cabeza de nuevo. Mientras, yo dejé la mochila en el suelo y también me ajusté la capucha a la cabeza lo máximo posible.

Los dos a esas horas de la tarde noche éramos solo unos par de ojos y una boca, apenas se distinguía algo más de nuestra cara y no sé, me dio por pensar lo bien que hubiera quedado el uno delante del otro si de repente hubiera dicho que su novio venía a buscarle, pues no podía soportar imaginar una situación asi sin acudir en su ayuda .

Pero no, los dos estamos solos por lo que parece, o mejor dicho sin nadie que se preocupe en exceso por nosotros.




Llovía y por eso nada más sentarme en el asiento del autobús pude ponerme a dibujar algo en el cristal empañado, una vez que este a dos paradas de mi destino final se vació casi por completo, permitiéndoseme entonces por fin sentarme.

Primero fue una cara, un círculo con dos ojos y una boca sonriente, que sin embargo no tardó en transformarse en una especie de sol con diez rayos exactamente, para a continuación pasar a ser una rueda, una rueda de una bicicleta que a continuación me puse a dibujar y que justó terminé al llegar a Pelayo. Al bajar de nuevo a la calle me puse de nuevo la mochila y empecé a caminar. Mis zapatillas no de marca, las de entre semana cuando me da tiempo a cambiarme, me di cuenta que ya calaban un poco. Las compré hará un par de meses pero últimamente camino mucho, aunque siempre por los mismos sitios, sin salirme apenas de ellos. De hecho la suela está ya bastante desgastada.



Llovía, las calles excepcionalmente vacias de Barcelona te hacían pensar en que realmente te hallabas en otra ciudad cualquiera, a muchos kilómetros al norte, y por eso al pasar enfrente del cibercafé estuve tentado de volver a entrar en él aunque por supuesto no lo hice.

No me apetecía ponerme a chatear sin más y además me dieron miedo los recuerdos que guardo de todas esas seis o siete noches consumidas allí casi por entero, entre 2003 y 2005, en busca de alguien. Si hoy tuviera que volver a estar tan solo como entonces lo estaba, a tener que llevar sobre mis hombros ese peso tan incómodo, no sé si podría hacerlo otra vez la verdad, creo que no. La soledad una vez que conoces y sientes , aunque sea mínimamente, como es el mundo de diversión y alegría de todos aquellos que precisamente nunca están solos, debe ser mucho más dura que la soledad que sientes cuando solo la conoces a ella, no tienes con que compararla, no tienes a nada ni nadie más.