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Cuatro cenas.
De esas tan típicas de estas fechas, a las que realmente no me apetece ir pero a las que finalmente acabaré acudiendo.
Examinándolas por separado primero y luego juntas me muestran lo que soy y lo que pese a las apariencias y a mis propios deseos también, no soy.
La noche de los Otakus.
Es una tradición.
Nos conocemos como desde hará cinco años más o menos y a lo largo del año solo nos vemos para ir a los dos o tres salones del cómic que se hacen en Barcelona o alrededores y para la dichosa cena. Algunos entre ellos si que se ven con más frecuencia pero yo me temo que me he quedado ya para siempre anclado en esa primera fase casi, cuando nos conocimos a través de una página de internet, y nos intercambiamos los emails quedando entre expectantes y nerviosos, desconfiados, para conocernos en el próximo Salón del Manga que tocase.
Todos los años vamos a un restaurante chino y ahí es donde se me empieza a caer el mundo encima. Ellos, que en su mayoría son realmente feos, y su eterna conversación acerca de más y más tias a las que se follarían, de tal o cual actriz que estuvo en el Festival de Cine Porno de La Farga y que era una guarra etc etc y mientras tanto Angel (no se llama asi) y yo, que permanecemos en silencio o hablando de nuestras cosas al otro lado de la mesa, supongo que cada uno preguntándonos que demonios pintamos alli, sobre todo el que tiene novia y para nada es un chico feo.
Luego tocará emborracharnos, en la calle por supuesto, y finalmente acudir al Karaoke en el Clot de un amigo de ellos, que esa noche nos dejará cantar las sintonías de lo que eran nuestras series favoritas ante la sorpresa y vergüenza ajena que supongo sienten los pocos clientes que suele tener ya a esas horas en la barra.
Para terminar poco a poco, todos abandonaremos el local, diciéndonos que estaremos en contacto, fijando la fecha de nuestra próxima cita.
¿Me echarán en cara el poco tiempo que estuve con ellos en el último salón?.
No lo sé pero es que , la verdad, no me apetecía, no me apetece ya.
La cena de la empresa que es mucho más que una empresa.
Será en uno de los mejores hoteles de Barcelona, cerca de sus oficinas. Por supuesto hay que ir de corbata y J me ha dicho que es totalmente obligatorio mostrarse super entusiasta con todo, especialmente cuando los socios a la entrada del comedor me den la mano, ¡tengo que intentarlo por Dios!, o a la hora de aplaudir el discurso del Socio-Director en los postres. No obligatorio pero si altamente recomendable es quedarse luego bailando hasta las cuatro o las cinco de la madrugada, que es cuando ellos se van. En cuanto a si uno se puede emborrachar o no, pues como que a ellos les gusta que lo hagamos y mucho, aunque eso si, no tanto como para no acudir a trabajar la mañana siguiente. A solas en mi cuarto ensayo el saludo y la sonrisa pero es de lo más frustrante pues no lo consigo nunca creo. Mientras, me pregunto si me será posible bailar en plan normal, no como desde luego lo suelo hacer.
La cena de los amigos que pronto dejarán de serlo
Es cierto, pero yo tengo hasta una habitación en esa casa. Incluso si nadie ha usado esa cama , cosa que dudo, es posible que hasta mi pijama siga bajo su almohada, unas viejas zapatillas de deporte justo a la cabezera de la misma. Pero ese dia nada de esto importará pues pondrán la bebida y los emparedados en el salón, la música a todo volumen, y me sentiré tan extraño como en los peores dias posibles me siento, y por si fuéramos pocos D. se me pegará como siempre que está deprimida lo hace y me explicará eso de que está harta de la carrera, del trabajo que tiene y que como año nuevo vida nueva, incluso está pensado en volverse a su pueblo, a trabajar con sus padres y olvidarse de todos estos últimos cuatro años en Barcelona, pues nada le ha salido como ella esperaba. Y yo le diré que si a todo, cansado, aburrido, enfadado porque ella solo se acuerde de mi en esos momentos, porque parezco ser el único, en vista de cómo todos la evitan, con la paciencia necesaria para aguantarla borracha, en una mala racha, otra más, durante una fiesta de lo más absurda.
Me meteré en el baño pequeño finalmente supongo, cuando me deje libre, apagaré la luz, me pondré la capucha por encima, me taponaré los oidos con los pulgares para no oir casi nada y rezaré para que nadie llame a la puerta y tenga entonces que salir de él, para que el tiempo pase lo más deprisa posible y sin darme cuenta la fiesta ya esté tocando a su fin. Y entonces, si tuviera valor, seguro que quizás luego al salir recogería mis cosas, es decir mi pijama y mis zapatillas, para volvérmelos a llevar a casa, de madrugada, haciendo el camino a la inversa que ese otro dia hicieron, cuando salieron de mi casa. Pero no, no quiero que vean lo extraño que puedo llegar a ser, rozando lo patético e infantil, me da vergüenza, no quiero darles demasiadas pistas en resumidas cuentas de por donde podrían ir los tiros.
La cena de los tiempos mejores.
Me apunté sin dudarlo. Marta y Eva me dijeron que aparte de la gente de clase iba a venir Rafa también que resulta que está saliendo con la primera de ellas y yo ni me había enterado. Y como un péndulo desde entonces voy de un extremo a otro, depende de los dias, pensando unas veces lo genial que puede ser volver a verle, otras lo incómodo del mismo (te mandé un montón de mensajes que ni has contestado, dejé recado a tu madre...)
Alguna noche últimamente ya me ha pasado eso de encender el ordenador y poner una foto suya y quedarme entonces embobado mirándola durante una hora digamos siendo prudentes, totalmente inconsciente de cómo pasa el tiempo, sin pensar en nada en concreto.
Tengo un montón de ellas, tecleó y paso a la siguiente, y las noches son tan largas y silenciosas, que viéndolas me es muy fácil escapar y volver, como Peter Pan ya de madrugada, cuando todos duermen, a ese mundo imaginario en el que yo vivía hace meses, donde pese a que nunca ocurría nada ni en realidad podía ocurrir, todo era tan placentero.
Ver su cara, oir su voz, que su mano rozase la mia, o nos diéramos un beso en la mejilla por sorpresa. Que cenásemos juntos o me invitara a su casa: un segundo solo de aquellos momentos pasados junto a él valen por semanas enteras como las actuales, sin nadie en el horizonte, nadie que altere los latidos de mi corazón al verle, nadie que me haga sentir un ligero mareo al quedar con él, un apretón en el estómago, un pinchazo en la espalda, un pequeño dolor en la nuca nada más empezarle a hablar.
Nunca podré escapar. Solo, con más o menos fortuna, seguir adelante, disimular ante él cuando cada Navidad volvamos a vernos.
Comentario:
Es bonito lo que escribes y muy triste a un tiempo.
Comentario:
supongo que ya lo sabes, pero hoy sábado hay concierto de Camera Obscura en el Centre Cívic Les Basses de la calle Teide, 20 a las 21:00 horas. y es gratis
Comentario:
Prime!