133
El mundo visto desde mis dieciséis años era algo inhóspito, algo siempre sin término medio.
Una habitación solitaria a oscuras unas veces o una repleta de luces y gente otras. Un dia soleado frente a otro de tormenta. Agua helada contenida en cualquier recipiente en contraposición a esa misma agua hirviendo pocos minutos después.
No es de extrañar pues que debido a esto y en cuestión de horas mis amigos pasaran de ser las mejoras personas del mundo a lo más cabrón que uno podía encontrarse, que a semanas en las que me apetecía estudiar siguieran otras en que ni abría los libros e incluso desaparecía del colegio, sin que casi nadie supiera de mi paradero, por donde vagabundeaba.
El mundo nada más empezar a verlo desde los dieciséis años ya me dio un duro embite y justo en ese mismo primer dia en que dejaba de tener quince años . No creo que mi madre o mi padre se acuerden de lo que aconteció en esa tarde pero yo nunca podré olvidarlo me temo. Fue una tontería asi, visto desde afuera, no es para tanto seguro. Simplemente ocurrió que tras darme un beso de felicitación una amiga de mis padres mirándome a los ojos me dijo que ya era todo un hombre, y aquello me sonó terrible la verdad.
Yo entonces e incluso ahora mismo no quiero para nada ser un hombre, es lo último que me apetece.
Estaba apoyado contra la pared de la cocina y a los dieciséis como que lo único que yo quería seguir siendo era un niño y nada más que eso. Así de simple.
Creo que ha sido amor a primera vista.
Al menos por mi parte.
El primer dia estaba acurrucado en el fondo de la jaula de cristal de una impersonal tienda de animales del centro comercial y no se movía de alli ni por nada ni por nadie. El segundo pues más o menos igual. Al tercero sin embargo al verme se levantó y se acercó a mi, y lo mismo ocurrió al dia siguiente y al siguiente también. Hoy, como todas las tardes he vuelto a pasar por esa tienda y me he quedado embobado viéndolo una vez más y él de nuevo ha venido hacia mi, ha sacado su lengua, se ha desperezado justo delante de mis ojos. Finalmente ha ocurrido y me lo he comprado, junto a una cuna y un par de juguetes para él que es en realidad donde se me ha ido más el dinero.
Es un pequeño gato al que muy nervioso por el frio que hacía he llevado lo más rápido posible a mi casa, en taxi, abrigándole incluso con mi bufanda no fuera a ser que nada más sacarlo de la tienda por mi culpa cayera enfermo.
No podrá salir de mi cuarto y del pequeño baño que tengo al lado ha dicho mi madre poco después de verlo por primera vez.
“No quiero que me destroce el piso” me ha repetido incansable a la hora de cenar.
Nos hemos tumbado en la cama los dos después.
Hemos estado en silencio mirándonos.
Le he prometido pasar el máximo tiempo posible con él, lo que me deje el trabajo y la universidad, no voy a volver a salir de noche en una buena temporada, por eso no debe preocuparse.
Le he puesto la cuna en una esquina de la habitación y a veces se escapa de mi alcance, salta de la cama al suelo y lo curiosea todo temeroso pero afortunadamente no tarda mucho de nuevo en volver y subirse poco a poco y con mi ayuda a la misma de nuevo.
A los dieciséis años mi vida giraba muchas veces a su alrededor pues todo lo había construido tal y como él me había dicho que debía hacerlo, siguiendo sus consejos, no tenía más opciones.
Hoy, cuatro años después, pasó que no pude evitar quedarme mirándole a través del cristal que separa el pasillo de la sala de aparatos de gimnasio.
Tentado de quedarme escondido bajo las escaleras hasta que el entrase al vestuario y entonces yo pudiera entrar detrás suyo me sorprendí a mi mismo de repente.
Por lo menos compartir una ducha de agua casi hirviendo desnudos los dos antes de que acabe el año, más o menos eso fue lo que me propuse.
Desengáñate, Joan es un papel de una película que yo mismo escribí y que ya ha terminado, un actor y lo que hay detrás del cristal pese a las apariencias no tiene nada que ver con mis recuerdos, con los años pasados. Nada que ver. Pensando en esto desistí pasados unos pocos minutos, yéndome en consecuencia directamente hacia la piscina, pues hay un número increíble de chicos guapos a esas horas de la tarde, con los que por unos dias, mientras no haya clase, voy a poder coincidir, a los que sin lugar a dudas voy a examinar detenidamente.
A los dieciséis años ni se me hubiera podido pasar por la imaginación que iba a acabar asi, de mirón, en los vestuarios, pues siempre supuse que una chica haría acto de aparición en el momento más oportuno.
Sin embargo desde los veinte me es tan fácil verme dentro de veinte años, o sea a los cuarenta, exactamente como tal y como estoy hoy, es decir espiándoles desde lejos, calibrando sus pollas, manoseando con los ojos todos sus cuerpos y babeando por ellos en definitiva, que por fin creo que me he dado cuenta de quien soy y que es lo que me espera lo quiera o no.
“...en la vida de los hombres hay un punto a partir del cual ya no podemos retroceder. Y en algunos casos existe otro a partir del cual ya no podemos seguir avanzando. Y cuando llegamos a ese punto para bien o para mal, lo único que podemos hacer es callarnos y aceptarlo. Y seguir viviendo de esta forma”
Haruki Murakami “Kafka en la orilla pgn 207”
Comentario:
bonita novela llena de metáforas y de esperanza para todos aquellos que no han descubierto todavía qué significa vivir
Comentario:
La vida sera lo que tu quieras que sea. Feliz Navidad. Que pase pronto.
Comentario:
me estoy leyendo el mismo libro que tu ahora :) ya me sentí muy identificado con Tokio Blues y espero que este sea tan bueno como el anterior ;)
un abrazo.
un abrazo.
Comentario:
¿Qué nombre vas a ponerle?
Feliz Navidad.
Feliz Navidad.