151 SI LOS DIAS NO ACABARAN
Carlos aprovechó aquellos anunciados últimos momentos para recordar que hacía exactamente once años, tres meses y seis dias que él se había ido.
Como no tenía nada mejor que hacer, mentalmente recorrió podríamos decirlo asi todo el proceso. Desde que ese dia que al anochecer se lo dijo, (volvía a casa), pasando por todas esas tristes tardes que se sucedieron a continuación y en las que le ayudó a guardar y recoger todas sus posesiones incluso, en viejas cajas de cartones y maletas que tenía guardadas bajo la cama y que él no había tocado desde que se había instalado alli, terminando por supuesto en esa despedida tan fria que tuvieron el último dia, frente a la furgoneta de alquiler, con miles de kilómetros aún por recorrer en el caso de uno, tantas lágrimas por derramar en su caso. Pudo haberle lanzado algún reproche pero no se sentía legitimado para ello, en le fondo sabía que eso tarde o temprano podía pasar, que era de hecho lo más probable que pasase. Pero si en ese momento alguien le hubiera dicho que ya jamás volvería verlo nunca más no se lo hubiera creído. Se habían entregado mutuamente tantos años, sin un solo reproche o un mal gesto, sin aventuras o engaños que ocultarse el uno al otro, que pensar de esa forma era poco menos que un error o al menos eso es lo que creyó entonces.
Decían en la televisión que el cielo empezaría por ponerse ligeramente anaranjado para pasar en pocos segundos a un rojo color vivo. Las temperaturas entonces subirían y todos sin remedio alguno moriríamos calcinados. No habría ya nada más después de eso o si mejor dicho, pero nadie estaría ya alli para verlo.
Carlos, sentado en su sofá, esa tarde tarde veraniega, en bata, frente a la televisión, parecía algo borracho y sucio, lo estaba, pues había acabado con una botella de Cointreau, el único alcohol que tenía en casa desde hace años, en un par de lingotazos solamente. Probablemente no tenía intención de levantarse de él ya nunca más asi que para que disimular pensó.
Pese al colapso de las líneas telefónicas todavía confiaba en una llamada suya de última hora, de despedida, o de lo que quisiera él que fuera.
Se lo agradecería tanto.
Le preguntaría pero sin el más mínimo tono de reproche, por la razón de su silencio todos estos años, exigiéndole a la vez un breve, ¡que remedio!, resumen de aquello que él había hecho desde su marcha.
Cerraría los ojos y mientras lo imaginaría todo, sin detenerse demasiado en los detalles, extasiado de volver a oir su voz, pudiendo morir tranquilo, de cierta manera no tan solo y fracasado .
Era un meteorito gigantesco del que los principales gobiernos del mundo ya tenían constancia desde hace meses, conociendo perfectamente su trayectoria fatal, el dia y hora exacta del impacto, pero al que astutamente habían decidido ocultar a la población hasta ese mismo dia en que chocase contra la Tierra para evitar la anarquía, el desorden más absoluto, la revolución más estúpida de la historia. Y nadie había sospechado nada y ahora curiosamente ellos, los gobernantes, habían desaparecido, se habían esfumado y seguramente estaban ocultos bajo tierra a cientos de metros de la superficie. ¿Merece la pena sobrevivir en un mundo sin luz, inhóspito, con su pasado ocultado bajo toneladas de polvo en suspensión, a casi cien grados de temperatura? Cada uno tenía sus respuestas, Carlos también, prefería morir, darlo todo ya por finiquitado junto a millones de seres humanos más simultáneamente, no había dudas en su cabeza, ni pena alguna, llevaba meses ya muerto en vida, creía, sin ningún tipo de proyecto vital o interés en algo.
Había encontrado un trabajo mejor. Supuso que mucho mejor de lo que esperaba y simplemente se había olvidado de él. Y él mientras pues, había seguido en ese trabajo miserable en que se conocieron durante muchos más años de lo recomendable y se había hundido, había naufragado al paso de los años, se había acostumbrado a la rutina de que nada pasase en su vida, o como mucho únicamente cosas pequeñas y asi, y no de otra forma fue como pasaron los años, no tenía ahora otra explicación para el asunto. El pequeño pueblo además, tampoco era ya para nada el mismo , pequeño, pues urbanizaciones, nuevos bloques y parques, cientos de familias lo habían cambiado para siempre, aunque claro, por supuesto que todavía había alguna que otra zona inalterada, fiel a aquellos dias, el viejo restaurante por ejemplo que tanto le gustaba y al que Carlos seguía yendo muy de vez en cuando ya eso si a cenar, una o dos veces al año más o menos.
Recordó instantes que en su momento le parecieron vulgares o anodinos pero que de pronto le parecieron de lo más hermoso. Flashes del pasado. Ellos dos en alguna cafetería y afuera las luces de las farolas de la antigua plaza por ejemplo y aquellos niños que jugaban todos los dias en el parque junto a la montaña hoy convertidos ya en hombres de provecho seguramente. Carlos no era mucho de llorar pero como todo ya estaba más que perdido decidió de pronto por fin aflojar un poco, dejar que un par de lágrimas se asomaran por lo menos por el ojo y cayeran después por su mejilla humedeciéndola.
En las grandes ciudades los suicidios y saqueos ya eran lo más corriente desde hacía unas horas según decían en televisión. La gente que no optaba por ellos o o bien se había recluido en sus casas o bien había acudido a determinados sitios a los que profesaban una fé absoluta, iglesias, saunas, sex shops, donde el final sería más placentero, más puro y espiritual.
Un montón de parejas jóvenes se habían reunido también bajo su balcón, a la entrada de la Plaza Mayor del pueblo. Abrazados y besándose esperaban el final. No era un fenómeno aislado, ocurría a lo largo y ancho del planeta. Hombres y mujeres de entre veinte y treinta y cinco años, creyendo que esa era la mejor manera posible de terminar, concentrándose en lugares predeterminados de antemano.
El tiempo se había detenido desde que él se había ido y no le había nunca interesado el volver a reingresar en la vida pero ahora, en el momento de la verdad, se prometía a si mismo que en el caso que todo no terminase en unos minutos, él cambiaría, sería de nuevo como todos esos jóvenes y no tan jóvenes que tenía debajo suyo, un ser humano no a la deriva sino guiado por el deseo de conseguir eso tan manido de la felicidad etc etc.
Tenía que haber habido alguien capaz de cubrir su hueco, ocupar su espacio, pero él ni se había molestado en buscarlo, ¡que estúpido!, ¡que gran dilapilador del tiempo!. Tenía entonces aún, cuando se fue, una edad que todavía le permitía nuevas oportunidades, ser deseado, pero recluirse en su casa, blindarse totalmente gracias dolor sus recuerdos le pareció entonces lo más oportuno.
Brillan algunas estrellas ya en un cielo azul blanquecino. Pronto se empezará a notar.
El mundo se acaba.
Comentario:
El mundo se puede acabar, sí. Ahora hay muchas más posibilidades que en siglos pasados...
Cada día que vivimos puede ser el último. No dudo de que cualquier gobierno lo ocultaría, si fuera inevitable.
Así que actuemos como si fuera la última fiesta. Bailemos hasta el final.
Saludos.
Cada día que vivimos puede ser el último. No dudo de que cualquier gobierno lo ocultaría, si fuera inevitable.
Así que actuemos como si fuera la última fiesta. Bailemos hasta el final.
Saludos.
Comentario:
El mundo se puede acabar, sí. Ahora hay muchas más posibilidades que en siglos pasados...
Cada día que vivimos puede ser el último. No dudo de que cualquier gobierno lo ocultaría, si fuera inevitable.
Así que actuemos como si fuera la última fiesta. Bailemos hasta el final.
Saludos.
Cada día que vivimos puede ser el último. No dudo de que cualquier gobierno lo ocultaría, si fuera inevitable.
Así que actuemos como si fuera la última fiesta. Bailemos hasta el final.
Saludos.
Comentario:
titulo en el post??
q ha pasao???
jjajajjjjajjajajjjjj
molaaaaaaaaaaaa
q ha pasao???
jjajajjjjajjajajjjjj
molaaaaaaaaaaaa
Comentario:
sigue escribiendo chaval, eres un crack