152
(2)
La habitación a la que debía de ir estaba en el piso de arriba y al final del pasillo.
Una chica con ojos de estar muy borracha, con el pelo rapado y la palabra lesbiana escrita en la cara me abrió la puerta sorprendiéndose al verme.
Yo le tuve que contar toda la historia para justificar un poco el que me quedase alli a dormir con ella, aunque la verdad, realmente no parecía importarle lo más mínimo aquello que yo le decía, parecía darle totalmente igual.
Era una habitación muy parecida a la mia, mismo tono de pintura, mismas camas, mismos muebles en el mismo sitio. Lo único diferente era el cuadro que había entre ambas camas, más bonito el de mi habitación propiamente dicha que el de esa , y ella a continuación, tras dejarme entrar por fin , cerró la puerta tras de mi y me dijo que mi cama era la que estaba pegando a la ventana, igual que la antigua.
Acto seguido ella agarró una botella de Güisqui y se tumbo acurrucada en su cama con los ojos clavados en la tele donde estaba a punto de comenzar el mundial de Fórmula 1. Tenía un culo enorme me fijé.
Le dije algo un poco amaneradamente por si ella al ver que yo era de los suyos le daba por hablar algo conmigo pero ni por esas. Yo esperaba algo de conversación por su parte, tipo “esta empresa es una mierda, no escuches lo que te dice la gente de fuera, lárgate ahora que puedes” o cualquier otra, pero ya digo, ni siquiera una sola palabra me dirigió.
Debí de quedarme dormido pues lo siguiente que recuerdo es J sacudiéndome para despertarme la mañana siguiente, domingo, y diciéndome que todo el mundo había desayunado ya y me estaba esperando impaciente en el autobús.
Se hicieron las típicas bromas acerca mio nada más subirme yo en él y es que por muchas cosas que hayan pasado, por muchos tios que me la hayan chupado, o a los que yo se la he chupado, por muchos golpes que haya recibido, como en el colegio, basta que se junten mas de seis o siete personas para que yo automáticamente me convierta en en el panoli del grupo, parece algo irremediable, inevitable que suceda.
J me miró nada más sentarse y en su mirada parecía leerse algo parecido “la llevas cagando todo el fin de semana chaval”.
“Menudo asco de tio” pensé.
Aunque por lo menos se había acordado de mi para ser sinceros.
“Puedo disimular unas cuantas horas nada más, pero en cuanto que ellas pasan como que es tarea imposible ocultarles que algo no funciona muy bien dentro de mi cabeza”.
J no parecía comprender como yo no había encajado lo más mínimo con el resto de la gente si aquella era la mejor gente posible al menos en su opinion . Supongo que alguien le habría contado lo de mi pasotismo, mi estar alli pero con la cabeza en otra parte.
El proceso de facturar, sacar el billete, pasar el control, esperar y finalmente embarcar no resultó luego en Madrid nada diferente a como lo había sido en Barcelona.
Una vez que el avión despegó de nuevo las ideas más extrañas volvieron a tomar por completo mi cabeza.
“La gente que hace dicho trayecto todas las semanas parece estar como abotargada, ahogada bajo toneladas de resignación. No consideran obviamente la vista que desde el avión tenemos como algo muy oportuno o digno de ser disfrutado. Todo lo contrario que yo”.
Me fijé en casi todos los pequeños pueblos que desde la altura se divisaban. Pueblos en su mayoría supuse sin ningún atractivo especial y que nadie visita, en los que solo los que viven alli a diario andan por sus calles o visitan asiduamente sus tiendas y cafeterías, pueblos sin historia, anónimos, que casi nadie llega a conocer pero a los que quizás yo podría huir en un momento determinado, refugiándome en ellos para iniciar una nueva vida que nadie sea capaz de descubrir.
Tengo bastante ahorrado, seguro que alguien en uno de ellos necesita un camarero, un administrativo, un dependiente. Podría irme todo mucho mejor si me instalase en uno al azar y buscase trabajo, ¿o no?.
Aterrizamos justo al mediodía y mentí a mis padres diciéndoles que fueran a buscarme al puente aereo en vez de la terminal B que era por donde estábamos saliendo.
Todo eran risas y abrazos y hasta mañanas.
J se abrazó a su mujer como si nada.
Elena a su novio.
Yo salí fuera a la calle y andando caminé después torciendo hacia derecha durante unos cinco minutos hasta que por fin divisé el coche de mis padres sin nada o nadie alrededor.
Por supuesto me echaron una pequeña bronca por hacerles ir alli en vez de a donde todo el mundo iba. ¿Qué demonios me había pasado? me preguntaron exigiéndome una respuesta de lo más convincente que por supuesto no tuve.
No quería que me vieran con ellos.
Que su apariencia les engañase y se sintieran orgullosos de mi por ir a su lado, en su mismo vuelo.
No me gusta toda la mierda acumulada que tienen camuflada en sus putas oficinas de la Diagonal. Ni sus envidias, celos y carreras. Horas extras, favores, zancadillas.
Mis padres apenas tienen amigos. No son muy felices pero tampoco desgraciados. Y yo soy exactamente como ellos por mucho que a veces destierren esa idea y esperen algo “más” de mi.
Hay mundos a los que es totalmente imposible que uno pueda llegar a pertenecer.
Horas después yo disimuladamente miraba bajo mi flequillo al chico de los pantalones negros de chándal y la sudadera roja que en el espejo de la cafetería de al lado de casa repetía todos los gestos que yo hacía mientras esperaba a mis amigas.
Era yo mismo claro está pero también era ese de hace veinticuatro horas y a seiscientos kilómetros de aquí ¡quien lo diría!.
Marta y Eva llegaron por fin con tres Fantas de Limón, cinco sandwiches y dos tartas de chocolate.
Cuéntanos me dijeron las dos .
La habitación a la que debía de ir estaba en el piso de arriba y al final del pasillo.
Una chica con ojos de estar muy borracha, con el pelo rapado y la palabra lesbiana escrita en la cara me abrió la puerta sorprendiéndose al verme.
Yo le tuve que contar toda la historia para justificar un poco el que me quedase alli a dormir con ella, aunque la verdad, realmente no parecía importarle lo más mínimo aquello que yo le decía, parecía darle totalmente igual.
Era una habitación muy parecida a la mia, mismo tono de pintura, mismas camas, mismos muebles en el mismo sitio. Lo único diferente era el cuadro que había entre ambas camas, más bonito el de mi habitación propiamente dicha que el de esa , y ella a continuación, tras dejarme entrar por fin , cerró la puerta tras de mi y me dijo que mi cama era la que estaba pegando a la ventana, igual que la antigua.
Acto seguido ella agarró una botella de Güisqui y se tumbo acurrucada en su cama con los ojos clavados en la tele donde estaba a punto de comenzar el mundial de Fórmula 1. Tenía un culo enorme me fijé.
Le dije algo un poco amaneradamente por si ella al ver que yo era de los suyos le daba por hablar algo conmigo pero ni por esas. Yo esperaba algo de conversación por su parte, tipo “esta empresa es una mierda, no escuches lo que te dice la gente de fuera, lárgate ahora que puedes” o cualquier otra, pero ya digo, ni siquiera una sola palabra me dirigió.
Debí de quedarme dormido pues lo siguiente que recuerdo es J sacudiéndome para despertarme la mañana siguiente, domingo, y diciéndome que todo el mundo había desayunado ya y me estaba esperando impaciente en el autobús.
Se hicieron las típicas bromas acerca mio nada más subirme yo en él y es que por muchas cosas que hayan pasado, por muchos tios que me la hayan chupado, o a los que yo se la he chupado, por muchos golpes que haya recibido, como en el colegio, basta que se junten mas de seis o siete personas para que yo automáticamente me convierta en en el panoli del grupo, parece algo irremediable, inevitable que suceda.
J me miró nada más sentarse y en su mirada parecía leerse algo parecido “la llevas cagando todo el fin de semana chaval”.
“Menudo asco de tio” pensé.
Aunque por lo menos se había acordado de mi para ser sinceros.
“Puedo disimular unas cuantas horas nada más, pero en cuanto que ellas pasan como que es tarea imposible ocultarles que algo no funciona muy bien dentro de mi cabeza”.
J no parecía comprender como yo no había encajado lo más mínimo con el resto de la gente si aquella era la mejor gente posible al menos en su opinion . Supongo que alguien le habría contado lo de mi pasotismo, mi estar alli pero con la cabeza en otra parte.
El proceso de facturar, sacar el billete, pasar el control, esperar y finalmente embarcar no resultó luego en Madrid nada diferente a como lo había sido en Barcelona.
Una vez que el avión despegó de nuevo las ideas más extrañas volvieron a tomar por completo mi cabeza.
“La gente que hace dicho trayecto todas las semanas parece estar como abotargada, ahogada bajo toneladas de resignación. No consideran obviamente la vista que desde el avión tenemos como algo muy oportuno o digno de ser disfrutado. Todo lo contrario que yo”.
Me fijé en casi todos los pequeños pueblos que desde la altura se divisaban. Pueblos en su mayoría supuse sin ningún atractivo especial y que nadie visita, en los que solo los que viven alli a diario andan por sus calles o visitan asiduamente sus tiendas y cafeterías, pueblos sin historia, anónimos, que casi nadie llega a conocer pero a los que quizás yo podría huir en un momento determinado, refugiándome en ellos para iniciar una nueva vida que nadie sea capaz de descubrir.
Tengo bastante ahorrado, seguro que alguien en uno de ellos necesita un camarero, un administrativo, un dependiente. Podría irme todo mucho mejor si me instalase en uno al azar y buscase trabajo, ¿o no?.
Aterrizamos justo al mediodía y mentí a mis padres diciéndoles que fueran a buscarme al puente aereo en vez de la terminal B que era por donde estábamos saliendo.
Todo eran risas y abrazos y hasta mañanas.
J se abrazó a su mujer como si nada.
Elena a su novio.
Yo salí fuera a la calle y andando caminé después torciendo hacia derecha durante unos cinco minutos hasta que por fin divisé el coche de mis padres sin nada o nadie alrededor.
Por supuesto me echaron una pequeña bronca por hacerles ir alli en vez de a donde todo el mundo iba. ¿Qué demonios me había pasado? me preguntaron exigiéndome una respuesta de lo más convincente que por supuesto no tuve.
No quería que me vieran con ellos.
Que su apariencia les engañase y se sintieran orgullosos de mi por ir a su lado, en su mismo vuelo.
No me gusta toda la mierda acumulada que tienen camuflada en sus putas oficinas de la Diagonal. Ni sus envidias, celos y carreras. Horas extras, favores, zancadillas.
Mis padres apenas tienen amigos. No son muy felices pero tampoco desgraciados. Y yo soy exactamente como ellos por mucho que a veces destierren esa idea y esperen algo “más” de mi.
Hay mundos a los que es totalmente imposible que uno pueda llegar a pertenecer.
Horas después yo disimuladamente miraba bajo mi flequillo al chico de los pantalones negros de chándal y la sudadera roja que en el espejo de la cafetería de al lado de casa repetía todos los gestos que yo hacía mientras esperaba a mis amigas.
Era yo mismo claro está pero también era ese de hace veinticuatro horas y a seiscientos kilómetros de aquí ¡quien lo diría!.
Marta y Eva llegaron por fin con tres Fantas de Limón, cinco sandwiches y dos tartas de chocolate.
Cuéntanos me dijeron las dos .
Comentario:
pasas de mi en el msn asta em hace gracia
necesitas una ostia, un problema de verdad o un bue amigo
sigue mirando al suelo, pero elcielo está más arrba
necesitas una ostia, un problema de verdad o un bue amigo
sigue mirando al suelo, pero elcielo está más arrba
Comentario:
al menos si te buscaras un curro en uno de esos pueblos serías el maricón del pueblo. menos da una piedra.