157
El hombre mayor se paró en el semáforo y giró la cabeza hacia la izquierda, en dirección a un chico de veintidós o veintitrés años que hablaba en inglés e iba acompañado por dos chicas. Era delgado y con el pelo muy negro, bajito y no había duda, llevaba una mochila con el arco iris estampado en ella.
Le miró descaradamente durante diez o veinte segundos pero nada, no hubo respuesta por su parte. Ya era como un viejo árbol, o un automóvil abandonado, o una bicicleta con las ruedas dobladas, algo que nadie quería a su lado, en quien nadie se fijaba, que no importaba lo más mínimo al resto.
Como era inevitable el semáforo no tardó mucho más en ponerse en verde y aquel chico y sus dos amigas se le adelantaron, colocándose por delante suyo.
El también se puso finalmente en marcha fijando su vista en su pequeña cabeza, sus andares tan amanerados. Iban en dirección opuesta a la suya y se encendió un cigarrillo a modo de despedida, cuando observó como se metían para Portaferrisa. El debía ir hacia la Fnac y no lo dudó ni por un momento, no iba a alterar sus planes por ellos, pese a lo guapo que era aquel chico.
El hombre mayor se fijó en sus anchas piernas arqueadas, en su fuertes pectorales embutidos perfectamente en una estrecha camiseta, en su pelo rizado y su cara morena, en sus ojos verdes, en sus dientes de color blanco .
El chico acababa de llegar a aquel elegante restaurante situado en la esquina de Rambla de Catalunya con Gran Via, junto a sus padres y su hermana pequeña y había pedido una ensalada de Cogollos de lechuga con anchoa, lo mismo que él . Y cuando ya, tras haber comprado media Fnac, nuestro hombre mayor por fin se disponía, nada más terminar con el postre, a volver a su casa y medio borracho pasar la tarde sin más, un poco triste lo sabía, él y su familia habían aparecido para alterar un poco eso si , sus inamovibles planes, menuda gracia.
Vió aquellos calzoncillos de color verde caqui sobresaliendo de su pantalón, cada vez se llevaban los pantalones más bajos, marcándole perfectamente el culo, dejándolo a su vista y perdió de repente todo el apetito, ya no le apetecía ni un bocado más de esa hace unos segundos tan exquisita tarta de queso con frambuesas. Se lo imaginaba desnudo, duchándose y no tuvo más remedio que encenderse otro cigarrillo y pedir que le trajeran la cuenta lo más rápido posible. Maldijo la belleza, no debería existir, alguien debería de borrarla de la faz de la tierra si solo está como está al alcance de unos pocos.
El hombre mayor clavó su mirada en él nada más verlo en S.
Rodeado de sus amigos, con una camiseta roja ajustada, agarrado a un cubata que parecía que nunca iba a soltar.
Bailando.
Con la mirada perdida, como estando alli pero a la vez también muy lejos de alli, pensando en que quizás esa iba a ser la última vez, que para dentro de siete dias las cosas habrían cambiado por completo y a lo mejor no tendría ya ganas de nada.
No habrá mal que por bien no venga -parecía decirse a si mismo el chico- eso me obligará a dar un giro, a hacer algo relevante, importante, que me lo altere todo.
El hombre mayor no habló por fin con él hasta pasadas las cuatro.
Al principio lleno de miedo y nervios, porque sin rechazarle aquel chico tampoco ponía mucho interés, pero poco después nuestro hombre mayor como que por fin encontró la llave que le abriría todas las puertas, empezar a hablar de las últimas películas que ambos habían visto y que sorprendentemente eran las mismas. Se pasaron a partir de entonces casi una hora pisándose el uno al otro esas frases que se susurraban al oido, rozándose con los labios la piel al decirlas, percibiendo su calor.
El, que era conocedor de su triunfo, solo dudó del mismo una vez, cuando a la hora de llevárselo a casa sus amigos se lo secuestraron y trataron de hacerle entrar en razón.
No podía irse con un .......¿cincuentón?, con un viejo en definitiva.
¿No tenía ya ojos en la cara?.
¿Tanto había bebido?
Eso le dijeron
Se tumbó, ya en su casa, boca abajo en la cama con tan solo sus boxers negros puestos.
El hombre mayor se avalanzó sobre él y bajándoselos descubrió uno de los culos más bonitos que había visto en su vida. Muy blanco y suave. Decía que estaba a punto de cumplir veintiuno pero él no le echaba más de dieciocho, seguro que esa era su verdadera edad.
Pensó casi de inmediato en follárselo pero como no tenía preservativos a mano y además no creía que se le fuera a empalmar tanto como para disfrutar, casi de inmediato abandonó dicho plan.
Tumbado sobre él comenzó a lamerle el cuello.
Olía de maravilla aquel chico.
En las axilas si que se percibía un cierto olor a sudor pero aún asi era suave y ligero, propio de un cuerpo muy joven aún y que pronto se recuperaría de aquel esfuerzo extra, no como el suyo, un olor mucho más fuerte y desagradable, de un viejo cuerpo que nunca volvería a ser joven.
Restregándosela contra su espalda no tardo mucho en correrse, manchando con su leche toda la parte baja de la espalda y la ropa interior de su joven víctima .
Por su parte el chico también se había corrido, restregándosela a su vez contra el colchón, poniendo sucias las sábanas recién estrenadas.
El hombre mayor pensó en reñirle por eso pero después de ver cómo le había pringado a él, no le pareció lo más apropiado hacerlo y finalmente se encaminó hacia la ducha.
Cuando volvió el chico ya se había dormido.
Dudó entre darle un beso o no en el culete y aunque le bajó un poco el boxer no se atrevió a hacerlo, estaba amaneciendo, se quedó mirándoselo un buen rato nada más..
El hombre mayor al mediodía siguiente en la planta superior de su duplex de la zona alta de Barcelona, dibujando sobre unos planos, de pronto oyó como el chico de levantaba de la cama y a continuación subía por las escaleras hacia donde él estaba.
Antes que llegara , cansado de que todavía anduviera por casa, le dijo que tenía zumos en la nevera, de varios sabores, y galletas de todo tipo en el armario, y que cuando se fuera por favor cerrara la puerta bien.
El chico entonces paró en seco y volvió sobre sus pasos.
Y a los pocos minutos, tras ducharse y robarle algo de colonia, abandonó aquella casa.
Esperando al autobús, viendo su ciudad alli abajo, solo pensó entonces en escapar, en desaparecer, en caso que las cosas salieran tal y como él temía que iban a salir.
Era la única salida ya a esas alturas

Le miró descaradamente durante diez o veinte segundos pero nada, no hubo respuesta por su parte. Ya era como un viejo árbol, o un automóvil abandonado, o una bicicleta con las ruedas dobladas, algo que nadie quería a su lado, en quien nadie se fijaba, que no importaba lo más mínimo al resto.
Como era inevitable el semáforo no tardó mucho más en ponerse en verde y aquel chico y sus dos amigas se le adelantaron, colocándose por delante suyo.
El también se puso finalmente en marcha fijando su vista en su pequeña cabeza, sus andares tan amanerados. Iban en dirección opuesta a la suya y se encendió un cigarrillo a modo de despedida, cuando observó como se metían para Portaferrisa. El debía ir hacia la Fnac y no lo dudó ni por un momento, no iba a alterar sus planes por ellos, pese a lo guapo que era aquel chico.
El hombre mayor se fijó en sus anchas piernas arqueadas, en su fuertes pectorales embutidos perfectamente en una estrecha camiseta, en su pelo rizado y su cara morena, en sus ojos verdes, en sus dientes de color blanco .
El chico acababa de llegar a aquel elegante restaurante situado en la esquina de Rambla de Catalunya con Gran Via, junto a sus padres y su hermana pequeña y había pedido una ensalada de Cogollos de lechuga con anchoa, lo mismo que él . Y cuando ya, tras haber comprado media Fnac, nuestro hombre mayor por fin se disponía, nada más terminar con el postre, a volver a su casa y medio borracho pasar la tarde sin más, un poco triste lo sabía, él y su familia habían aparecido para alterar un poco eso si , sus inamovibles planes, menuda gracia.
Vió aquellos calzoncillos de color verde caqui sobresaliendo de su pantalón, cada vez se llevaban los pantalones más bajos, marcándole perfectamente el culo, dejándolo a su vista y perdió de repente todo el apetito, ya no le apetecía ni un bocado más de esa hace unos segundos tan exquisita tarta de queso con frambuesas. Se lo imaginaba desnudo, duchándose y no tuvo más remedio que encenderse otro cigarrillo y pedir que le trajeran la cuenta lo más rápido posible. Maldijo la belleza, no debería existir, alguien debería de borrarla de la faz de la tierra si solo está como está al alcance de unos pocos.
El hombre mayor clavó su mirada en él nada más verlo en S.
Rodeado de sus amigos, con una camiseta roja ajustada, agarrado a un cubata que parecía que nunca iba a soltar.
Bailando.
Con la mirada perdida, como estando alli pero a la vez también muy lejos de alli, pensando en que quizás esa iba a ser la última vez, que para dentro de siete dias las cosas habrían cambiado por completo y a lo mejor no tendría ya ganas de nada.
No habrá mal que por bien no venga -parecía decirse a si mismo el chico- eso me obligará a dar un giro, a hacer algo relevante, importante, que me lo altere todo.
El hombre mayor no habló por fin con él hasta pasadas las cuatro.
Al principio lleno de miedo y nervios, porque sin rechazarle aquel chico tampoco ponía mucho interés, pero poco después nuestro hombre mayor como que por fin encontró la llave que le abriría todas las puertas, empezar a hablar de las últimas películas que ambos habían visto y que sorprendentemente eran las mismas. Se pasaron a partir de entonces casi una hora pisándose el uno al otro esas frases que se susurraban al oido, rozándose con los labios la piel al decirlas, percibiendo su calor.
El, que era conocedor de su triunfo, solo dudó del mismo una vez, cuando a la hora de llevárselo a casa sus amigos se lo secuestraron y trataron de hacerle entrar en razón.
No podía irse con un .......¿cincuentón?, con un viejo en definitiva.
¿No tenía ya ojos en la cara?.
¿Tanto había bebido?
Eso le dijeron
Se tumbó, ya en su casa, boca abajo en la cama con tan solo sus boxers negros puestos.
El hombre mayor se avalanzó sobre él y bajándoselos descubrió uno de los culos más bonitos que había visto en su vida. Muy blanco y suave. Decía que estaba a punto de cumplir veintiuno pero él no le echaba más de dieciocho, seguro que esa era su verdadera edad.
Pensó casi de inmediato en follárselo pero como no tenía preservativos a mano y además no creía que se le fuera a empalmar tanto como para disfrutar, casi de inmediato abandonó dicho plan.
Tumbado sobre él comenzó a lamerle el cuello.
Olía de maravilla aquel chico.
En las axilas si que se percibía un cierto olor a sudor pero aún asi era suave y ligero, propio de un cuerpo muy joven aún y que pronto se recuperaría de aquel esfuerzo extra, no como el suyo, un olor mucho más fuerte y desagradable, de un viejo cuerpo que nunca volvería a ser joven.
Restregándosela contra su espalda no tardo mucho en correrse, manchando con su leche toda la parte baja de la espalda y la ropa interior de su joven víctima .
Por su parte el chico también se había corrido, restregándosela a su vez contra el colchón, poniendo sucias las sábanas recién estrenadas.
El hombre mayor pensó en reñirle por eso pero después de ver cómo le había pringado a él, no le pareció lo más apropiado hacerlo y finalmente se encaminó hacia la ducha.
Cuando volvió el chico ya se había dormido.
Dudó entre darle un beso o no en el culete y aunque le bajó un poco el boxer no se atrevió a hacerlo, estaba amaneciendo, se quedó mirándoselo un buen rato nada más..
El hombre mayor al mediodía siguiente en la planta superior de su duplex de la zona alta de Barcelona, dibujando sobre unos planos, de pronto oyó como el chico de levantaba de la cama y a continuación subía por las escaleras hacia donde él estaba.
Antes que llegara , cansado de que todavía anduviera por casa, le dijo que tenía zumos en la nevera, de varios sabores, y galletas de todo tipo en el armario, y que cuando se fuera por favor cerrara la puerta bien.
El chico entonces paró en seco y volvió sobre sus pasos.
Y a los pocos minutos, tras ducharse y robarle algo de colonia, abandonó aquella casa.
Esperando al autobús, viendo su ciudad alli abajo, solo pensó entonces en escapar, en desaparecer, en caso que las cosas salieran tal y como él temía que iban a salir.
Era la única salida ya a esas alturas

Comentario:
explorar me dice que hay software espia en tu página.
Comentario:
realidad o ficción? vaya hospitalidad la del payo.
Comentario:
.