ALEX //
Mis diecinueve, veinte y veintiún años de aqui para allá, siempre en Barcelona
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Mis diecinueve, mis veinte y mis veintiún años, de aqui para allá, siempre en Barcelona.
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164 S Y D N E Y B A B Y


No podían quejarse.

Su hijo era exactamente tal y como los dos hace años soñaban que iba a ser, e incluso más, una versión aumentada y más perfecta aún del mismo.

Estaban muy orgullosos de él.


A veces su padre lo echaba de menos, en silencio, sin signos externos de ello.

A veces, mucho más frecuentemente, era su madre la que lo extrañaba.

En esas ocasiones ella siempre optaba por encerrarse sigilosamente en su cuarto, que por cierto permancía igual que cuando él lo había dejado para irse de casa, y asi, sentada en su cama y mirando aquella estantería repleta de libros, pasaba el rato sin más, como ya digo echándole de menos, sin pensar en nada ni en nadie más, si acaso, únicamente levantándose para abrir alguno de ellos, ninguno en particular, uno escogido al azar y su letra escrita en muchas de sus páginas, el colorido de los rotuladores subrayando aquello que él consideró entonces algo sumamente importante, parecía como que se lo devolvía un poco, por unos escasos segundos, situándolo a su lado , tal y como hace diez años, en aquella mesa de estudio, con los codos sobre ella, enormemente concentrado, sin darse cuenta que ella andaba por alli colocándole la ropa limpia en el cajón, una camisa en la percha, los vaqueros sobre una silla, como antes, ya digo, hace tanto tiempo.


“Nos decía tan poco, era tan callado, no parecía muy feliz , por eso su inmejorable situación actual no puede, no debe - ese era su criterio - ser ensombrecida por el hecho de que tanto yo como su padre nos sintamos tan solos, a miles de kilómetros de él, nuestro único hijo.

" El no se lo merece, nosotros dos ya nos arreglaremos, terminaremos que remedio por acostumbrarnos”.

“ Se ha ganado de sobra todo lo bueno que le pasa de eso si que estoy segura”.



Había conocido a Alicia , su mujer, durante ese primer año que pasó trabajando en Nueva York y ella era la típica esposa que todos los padres sueñan para sus hijos. Inteligente, alta, rubia, sociable. Lo había cambiado por supuesto, como todas las mujeres hacen con los hombres con los que se casan, pero a mejor en su caso.

Desde que él estaba con ella se pasaba el dia sonriendo, aparte de haberse vuelto mucho más hablador. Los habían ido además a visitar un par de veces a Estados Unidos y lo habían podido comprobar in situ. Alicia era encantadora, más que a como a sus suegros los había tratado durante esos dias como si fueran sus propios padres y su hijo parecía tan radiante junto a ella. ¿Dónde estaba el problema entonces? se repetía entonces una y otra vez al salir de su habitación para volver a sus quehaceres habituales. ¿Dónde está el problema entonces?.

“Estamos tan solos”, “Estamos tan solos” se decía mentalmente por el pasillo camino de la cocina.

“Ha prometido venir esta Navidad” “Ha prometido venir esta Navidad, una semana al menos, aunque se le nota que ya no le gusta esta, la ciudad en la que creció, parece que tiene miedo a recorrar sus calles, a encontrarse con alguien con el que no quiere encontrarse, será por eso que se recluye en casa” .



La pequeña Estefanía había nacido hacía dos años pero ellos apenas habían podido disfrutar de su nieta durante un par de meses en total, todo junto, entre vacaciones y sus estancias en Estados Unidos . Muy poco.

Su hijo decía que era una niña muy despierta para su edad, inteligente, algo llorona y consentida.

Los sábados y domingos a mediodia ellos se revolucionaban. Antes de acostarla su hijo conectaba la web cam para que sus abuelos en la otra parte del mundo pudieran disfrutar ,al menos de esa forma, un poco de ella. Generalmente estaba jugando recién duchada en el salón y aunque no les prestase mucha atención los dos se ponían entonces a dar gritos y a repetir su nombre de una forma enormemente estúpida e infantil, como si pudieran jugar con ella o estuviera unos pocos centímetros suyo y no a miles de kilómetros. Ambos deseaban con todas sus ganas que fuera verdad, que por lo menos se oyeran sus voces tal y como les aseguraba su hijo que pasaba . Pero siempre les sabía a tan poco aquella media hora que generalmente se interrumpía ante la necesidad de “acostar pronto a la niña”.



Comiendo luego en algún elegante restaurante de la parte alta de la ciudad lod dos comentaban las novedades, lo alta y guapa que estaba, echaban cálculos de lo que aún quedaba para volver a verla.


El resto de la tarde, de vuelta a casa, trancurría de lo más plácidamente para ambos.

El silencio que reinaba por toda la casa solo se veía alterado muy levemente por el sonido proveniente del salón, el marido cambiando constantemente de canal de televisón en busca de algo interesante, o de la cocina, ella cocinando, hirviendo y friendo la guarnición de la cena .



No les apetecía quedar con sus amigos.

No dejaban de hablar de sus nietos, de cómo les iban a buscar a la salida del colegio, los acompañaban a clase, les hacían sentirse tan fuera de lugar, tan solos, tan viejos.


Se acostaban muy pronto pero en realidad ambos apenas dormían ya más de cuatro o cinco horas como mucho, con lo cual siempre de madrugada terminaban por despertarse primero uno y luego el otro.

A ella le daba entonces por ponerse a suspirar. El acto seguido la mandaba callar.

Sabiéndose pues los dos despiertos, no tardaban mucho en alargar cada uno la mano y aferrarse el uno a la del otro, también a mediocamino entre ambas camas.

Asi, juntos, las mayoría de las cosas parecían mucho más llevaderas, la noche no tan larga, el dia que estaba por llegar no tan triste.


 
Comentario:
escribes genial. un amigo me recomendo ver tu blog y así lo hice. me encanta lo que he leido y me gusta que la gente haga algo bueno q merezca la pena para a mirar y leer. sigue así :)
 
Comentario:
Qué va, qué va. Eso no es lo que pasaría. Para empezar, no adorarían a Alicia. El padre puede que simpatizara con ella, "el cabrón de mi hijo ha sabido pescar a una tía buena", pensaría, pero la madre no. Y es que su niño es su niño, y ninguna mujer sería lo suficiente buena para él. "¿Esa?", diría, "Si esa sólo está con él por lo que está, por el dinero, si no, ¿de qué? Si no hace nada, no sabe cocinar, y a la niña la lleva con unas ropas que da pena. Y mira al niño, mira, está más delgado, a saber lo que le guisa esa...". Y mientras el padre asiente mecánicamente fijando la vista en el partido de fútbol, ella sigue: "Una nuera como la de Mariló es lo que me gustaría a mí, adora a su suegra, lleva a los críos que da gusto y vive sólo para el marido, eso es una mujer, y no la pelandusca esta que cada dos por tres está de balnearios y dejando a la niña y al marido con una interna. Vete tú a saber con quién se irá en esos viajes que hace ella sola...".
Y no serían tan infelices. Encontrarían otras cosas que hacer. Echarían de menos al hijo, pero no cerrarían su vida. Prejubilados, irían más al teatro, al cine, probarían restaurantes nuevos. Puede que vendieran el piso, "este ya se nos ha quedado grande" y fueran a vivir a otro más pequeño y cómodo. No sería tan difícil, y es que habrían llegado ya a una edad en la que se conoce una verdad irrebatible: los cambios son inevitables, negarlos es estúpido, y evitarlos inútil, sobre todo porque haciéndolo te pierdes todo lo nuevo que te pueden ofrecer.
 
Comentario:
Mola como escribes tio. Tienes un don. Deberias dedicarte a escribir libros. En cambio mi blog no llega ni a la suela de los zapatos de este. Sigue asi.
No