ALEX //
Mis diecinueve, veinte y veintiún años de aqui para allá, siempre en Barcelona
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Mis diecinueve, mis veinte y mis veintiún años, de aqui para allá, siempre en Barcelona.
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Aún quedan unos pocos. Los veo en la biblioteca, concentrados en sus apuntes y libros, a primera hora de la tarde. Son los últimos en terminar el curso, los que siguen alli todavía mientras que el resto fuimos poco a poco a desapareciendo de su vista a medida que junio se consumía, integrándonos poco a poco al verano que entonces acaba de comenzar.

Sus caras parecen decirlo todo y cuando uno de ellos, el chico de la camiseta de Puma negra, me mira al pasar a su lado, entonces me entran unas ganas enorme de decirle que porque no me acompaña afuera y nos vamos a dar una vuelta, que juntos podemos hacer ¿porque no?de este verano algo divertido e inolvidable para variar.



El bibliotecario es alguien que aunque solo de vista conozco de S. y él parece que también como que se ha quedado con mi cara.

La primera vez cuando le entregé un libro solo me miro fijamente a los ojos. Dos dias después al devolverlo ya me sonrió. Cuando el viernes le pedí permiso para usar la fotocopiadora ya hasta me llamó por mi nombre. Asi que es cuestión de tiempo que me hable, estoy seguro, pero hasta entonces, hasta que llegue ese dia, pues, vendré aquí y lo primero siempre será buscar al chico de la camiseta negra de Puma en su esquina, para tratar de memorizar definitivamente su cara en unos pocos segundos, que es el tiempo que tengo para mirarlo y no levantar sospechas. Un dia cualquiera vendré y ya no estará,lo sé, habrá terminado su curso y disfrutará ya lo máximo de sus vacaciones. Y él no necesitará volver aquí a por lecturas porque ya digo, su verano no será aburrido, sin planes, sino todo lo contrario.


Sentado en la misma mesa frente a él, hoy por fin me atreví a dar ese paso estando el resto de las mesas vacias, me faltaba el aire, me latía el corazon con tanta fuerza que hasta me daba corte que él lo pudiera escuchar.

El silencio entre ambos sin embargo parecía que iba a romperse en cualquier momento y por cualquier tontería, a él se le caería un lapiz , yo se lo recogería, el me diría “gracias” y asi comenzaría todo.

Parecíamos estar tan predestinados a conocernos, o al menos en mi cabeza eso parecía, que salir luego a la calle sin que hubiera pasado nada entre ambos, fue como dejar olvidado algo alli dentro y tener mañana que volver para recogerlo, pero claro, sin saber si lo voy a encontrar o resulta que lo he perdido ya para siempre, o al menos hasta el próximo otoño, que ya será demasiado tarde probablemente, pues me dará hasta vergüenza volver a mirarle a la cara, no vaya a ser que pueda adivinar por la misma, por mi expresión, la de tardes del verano que yo llené hace meses imaginando que los dos eramos amigos, tomando de paso prestada su alegría y su risa yal y como yo la imaginaba que podía ser..




No se oye ni el sonido de las duchas.

Me las prometí muy felices.

A esas horas en las vacaciones de Navidad y Semana Santa los vestuarios siempre estaban llenos de chicos que estaban buenísimos o bien medio en pelotas o desnudos ya por completo bajo las duchas.

Pero eso ya es historia, me temo, pues estos dias siempre tengo la piscina casi para mi solo, lo mismo que las duchas, la sauna o el gimnasio en caso que fuera a él.



Mi padre me recoge en coche todos los dias a las seis y media en la esquina de casa y juntos nos vamos ya hacia la casa de la playa.

Cuando me pregunta que qué tocaba hoy si biblioteca o piscina, no sé muy bien porque me da por mentirle y asi, el dia que he estado, después de salir del trabajo y comer, en la biblioteca como que le digo que he ido a la piscina, y viceversa también claro.

Y él me cree o eso parece.


Mi madre me conoce mejor.

El sabado cuando le dije por la tarde que me bajaba a Barcelona ella me preguntó que para que, cosa que nunca suele hacer ya.

Supongo que pensaba que podía ser que yo fuera a ir a la manifestación con ese chico que no deja de llamarme, junto al resto de mis amigos.

Pero no. A las nueve estaba de vuelta a casa ante su sorpresa, probablemente no me esperaba hasta las primeras horas del domingo, y sin intención alguna de salir por la noche, cargado además con una bolsa del “Continuara” y otra de la Fnac.



En realidad el chico especial y yo en principio si que teníamos intención de ir.

Ibamos de hecho preparados cada uno con nuestra gorra y las gafas de sol para asi, camuflarnos entre la multitud, pero finalmente yo no me atreví.

Y a él la verdad, se le notó aliviado con mi decisión.

Y entonces, desde la acera les vimos pasar, mirándolos nosotros a ellos y mirándonos ellos a nosotros.

El proximo año será dijo el chico especial quitándome la gorra de la cabeza.









 
Comentario:
Se te echó en falta. Qué pasó ? Vergüenza o miedo? A mí también me ha pasado eso alguna ocasión pero una vez dentro te lo pasas bien y gritas y hasta cantamos aquienleimporta todos a grito pelao entrando en sant jaume. estuvo bien. un abrazo
No