ALEX //
Mis diecinueve, veinte y veintiún años de aqui para allá, siempre en Barcelona
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Mis diecinueve, mis veinte y mis veintiún años, de aqui para allá, siempre en Barcelona.
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La noche antes de partir no dejó de pensar en que todo era un capricho, algo típico de una persona como el, a la que a lo largo de su vida le habían consentido todo.

Al despegar su avión dicha sensación se fue incrementando poco a poco, pero estaba claro, a miles de kilómetros de su casa ya no se podía volver atrás, negar todo aquello con lo que llevaba meses soñando.

Nada mas poner un pie sin embargo en el aeropuerto de Gatwick comenzó a sentirse mejor, era casi como si su pasado hubiera desaparecido o fuera todo mentira . El futuro era el suelo que sus pies pisaban, ese tren que ansiosamente esperaba en el andén.


Ya de noche ,y nada mas dejar la maleta sobre la cama de su hotel, mi americanito no pudo evitar el dirigirse hacia el mismo centro de la ciudad, en busca de diversión y aventura, libre del todo por primera vez.

Por supuesto ligó esa primera noche y la tarde siguiente por las calles del Soho también.

Y a los dos dias, trabajando en una hamburguesería en la plaza del ferrocarril de Ealing, un hombre maduro, cayendo presa de sus ojos azules y sus rizado pelo rubio, hasta le ofreció dejar su trabajo para comenzar a servir copas en su bar, cerca de Oxford Street y claro, él no lo dudó, mi americanito aceptó encantado.

Debía llevar solo unos pantalones cortos de deporte, con eso sobraba, nada más aparte de unas John Smith blancas sin cordones también. Su pecho blanquecino,sus pequenos pezones permanecerían de esa forma al aire.

Obvia decir que nada mas empezar a servir copas los clientes se lo comieron con la mirada, le llenaron sus oidos de esos piropos que el ya estaba acostumbrado a oir pero de boca de chicas únicamente, pero claro, él ya era libre, y tenia las mañanas para dormir, las tardes para pasear por las calles más famosas de la ciudad escuchando "The London Boys" de David Bowie, sintiéndose reflejado en esa canción. Y solo por las noches debía de trabajar, bueno si es que a eso se le podía llamar trabajar ,pues mi americanito se lo pasaba tan bien alli, sintiéndose el rey del mundo, que para nada se parece a eso que yo habitualmente hago sentado aqui, deseando otro tipo de vida.


Pudo haberse llevado a su cuarto durante esos dias , de madrugada, dos o tres hombres por noche pero sin embargo solo un dia se despertó acompañado. Calmada la sed, le apetecía buscar a alguien especial.

Uno de esos rechazados comenzó por venganza poco después a hacerle la vida imposible, tanto que de un dia para otro mi americanito no tuvo mas remedio que dejar atrás su trabajo y Londres y aparecer por la Barcelona de ese lejano y caluroso verano de dos mil cinco, poco antes de volverse definitivamente a su casa.


Yo andaba esos dias desesperado por encontrar a alguien y supongo que por eso coincidimos en un chat y más tarde él me “hizo un hombre”. Barcelona –me dijo él después de llevar todo el dia callejeando por su cuenta- estaba llena de chicos guapos pero con cara de enfado, como si el resto el mundo no estuviera a su nivel, fuese horrible.


Los sentimientos, los recuerdos, los olores y palabras que tuve, que se produjeron, que yo pronuncié en esas pocas horas en que ocurrieron más cosas que en toda mi vida hasta entonces, se mezclan desde entonces en una especie de remolino que lo reviste todo de claridad, de olores suaves, colores chillones que quizás nunca existieron o estuvieron alli.


Mi americanito ha vuelto a Barcelona esta semana, dos años después, pero ya no es mi americanito pues ha crecido, ha engordado y además ha venido acompañando de sus amigos.

Hemos quedado en el centro, a la salida del metro, muy cerca de donde nos conocimos.

Hemos tomado una hamburguesa y luego él se ha vuelto a su hotel pues mañana tiene que madrugar.

Y yo que pensaba que quería repetir ingenuo de mi.


No