ALEX //
Mis diecinueve, veinte y veintiún años de aqui para allá, siempre en Barcelona
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Mis diecinueve, mis veinte y mis veintiún años, de aqui para allá, siempre en Barcelona.
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He vuelto al discman. Supongo que por unos dias solamente. Y al salir del trabajo, de clase, de la piscina, como siempre solamente me quito los auriculares de la oreja en caso que sea totalmente imprescindible el hacerlo y no quepa otra opción.

Por ejemplo, cuando el chico de la hamburguesería a mediodía me cobra el menú grande en vez del mediano, o me advierte que si pago con ticket- restaurante y un par de Euros pierdo todo el cambio, y he entonces de advertirle de su error y desgraciadamente salir de nuevo al mundo exterior.


He vuelto al discman, a todos esos discos austrohúngaros del 2001-2002 que a fecha de hoy me suenan tan....¿ridículos?, pero que aún asi, pese a todo, son tan fieles testimonios de un mundo pasado, de todas sus mentiras , que consiguen hasta asustarme un poco la verdad al volver a oirlos por primera vez en años.

Y por cierto, si, Sandie Bcn y El Chico Gris ,autores de los primeros blogs que leí en su web, nunca llegamos a conocernos entre nosotros pese a que siempre hablábamos de quedar para ir a comprar discos al centro o acudir a algún concierto juntos.
Supongo que era yo el más necesitado de todos ellos, que los dos mucho mayores que yo ya tenían más o menos estructurada su vida y no necesitaban complicársela conmigo. Y yo también tenía a Joan que era como tener nada aunque a mi me bastaba.

Hoy los chistes que entonces me hacían sonreir han perdido toda su vigencia, la frivolidad de sus letras me doy cuenta que lo que quizás escondía era una alarmante falta de talento.

Hoy es uno de esos dias que parece que no termina nunca de amanecer en Barcelona.

A las dos del mediodía y gracias a la niebla parece que te acabas de levantar y subir la persiana del dormitorio, y aparentemente en vez de ir a comer lo que tienes que hacer es ir a desayunar. ¿O no?




¿Puede hacerse un Big Mac con bacón? discuten a gritos en la planta de abajo, lo suficientemente alto como para captar mi atención y hacerme presionar el pause.

Por un lado está el chico que me atendió antes, gordito, torpe, con un bigote incipiente, seguro que en su primer dia de trabajo y por eso sonriendo por puro nerviosismo únicamente a todos los clientes, tratando de ocultar el desastre que se avecina, y por otro, tres tios que descubro que son de mi trabajo acorralándolo, envalentonados por ser los tres muy brillantes y listos y él tan solo un puto hamburguesero con su nombre escrito en una placa para que todo les resulte más fácil.

Al final la supervisora aparece y en unos pocos segundos todo arreglado, todos contentos. Ellos tienen su comida para llevarse a toda prisa a la oficina tal y como la quieren y el chico en otra caja está ya atendiendo a unas chicas que parecen ser mucho más amables que ellos y no tan problemáticas.

Vuelta a Chico y Chica pues, sin más dilación.




En el fondo las cosas en algunos aspectos no han cambiado demasiado demasiado.


El colegio estaba lleno de gente feliz que se lo pasaba genial, lo mismo que la facultad después, y el trabajo ahora. Por supuesto que no puede ser cierto, que tiene que haber muchos disimulando , pero eso es algo que he aprendido hace relativamente poco, algo que hace seis años yo desconocía por completo. Y es difícil ser, o mejor dicho sentirse el chico más triste de todo Barcelona, ese que ve de color blanco aquello que todos los demás ven de color negro, que dice si a todo lo que los demás dicen no.




Por eso me gusta quedar con el chico de Collblanc aunque es cierto que no hacemos gran cosa.

Este domingo por la tarde nada más sentarme yo en su sofá él ya empezó a manosearme el paquete y acto seguido obviamente los dos acabamos masturbándonos mutuamente. Primero en dicho sofá y luego pasada una media hora ya desnudos en su cama, los dos mirando hacia el techo, machacándomela él a mi y yo a él.

Son las reglas que él estableció y la verdad, empieza ser una costumbre el recibir un sms suyo el domingo a mediodía para ir a su casa a hacer lo mismo de hace siete dias.

Yo siempre digo que si, sin exigir nada más a cambio, aunque esta última vez como novedad, él si que apoyo su cara en mi hombro al terminar y yo claro le abracé, tumbado en la cama a su lado como estaba.


Pero me gustar mirarle a los ojos y ver que está hecho un lio, al pensar en su novia, en su otra vida, cuyas fotos por cierto llenan un tablón de corcho que tiene sobre la cama y nada hacen presagiar lo que él yo hemos hecho en su casa los tres últimos fines de semana.

Supongo que le gustaría tocarme otra cosa aparte de mi polla, lo mismo que yo a él la verdad, hacer más cosas de las que hacemos, pero eso ya sería engañarla como me dijo en nuestro estreno cuando yo ya se propuse y el se negó.

Dice que no le gustan los chicos, que le gusto yo y punto y solo para pajearnos y nada más.

Pero por la manera que se lanza sobre mi nada más abrirme la puerta de su casa diría que no es del todo verdad.

Y por su mirada al despedirnos pues lo mismo.
No