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No sé su nombre.
Ni idea de cuantos años puede tener.
Viste como si comprara su ropa en esos pequeños comercios del barrio a los que nadie de menos de treinta y cinco o cuarenta años entra ya a comprar ropa por lo antigua y pasada de moda que esta es.
Y si, quizás tenga veinte años pero también por su aspecto es posible que ya haya cumplido los cuarenta.
Es gordito, con gafas y un poco calvo. Si lo ves, lo más normal es que lleve unos pantalones de tergal grises y una americana negra. Si coincides por lo que voy a contar con él tu también, ya sabes, hablamos de la misma persona.
El año pasado a las siete de la mañana ya se mostraba a al entrada del metro lleno de entusiasmo y encantado de la vida, repartiendo el diario gratuito. Vociferaba y casi te obligaba a que te lo llevaras aunque luego, siempre te daba las gracias por hacerlo.
Y este año como recompensa ahí sigue, pero con otro diario diferente al del año pasado, supongo que le pagan más.
Igualmente, comienza a repartirlo antes que los demás, y con mas entusiasmo y educación por supuesto que ellos.
Yo no tengo casi otra opción que cogérselo a él .
Como casi todos..
Pero además a partir de las diez de la mañana lo puedes ver también trabajando como reponedor en un supermercado Condis. Y haciendo como de costumbre en unos pocos minutos lo que a otros les toma una hora casi.
Se toma en serio su trabajo, lo hace a conciencia, mientras el resto de sus compañeros trabajan con desgana, intercalando conversaciones particulares, chistes, miradas a las chicas que por entre los diferentes expositores pasean.
No se queja de lo que pesan los recipientes de ocho litros de agua que ha de colocar en la estantería más alta. Ni de las preguntas que los clientes le hacen y que interrumpen el ritmo de su trabajo.
Siempre sonríe y por supuesto te da las gracias a ti, como si en realidad no le hubieras molestado lo más mínimo.
Y por eso será que la supervisora de la linea de cajas un dia le dijo que era el mejor, el número uno.
Pero no todo termina aquí.
Los fines de semana por la tarde trabaja en un Fresh & Ready.
Aunque aquí y a diferencia de los dos trabajos anteriores no se muestra tan amable, probablemente debido a que el público con el que tiene que tratar es de lo peor. Turistas en bermudas en pleno mes de noviembre, niñatos , ocupas anti sistema con ganas de pelea recién llegados de cualquier barrio elegante de Barcelona que es donde viven sus padres y de donde en realidad vienen.
Todos se empeñan en hacerle la vida imposible, riéndose de él muchas veces.
Y entonces si que por fin asoma a su cara una expresión de agobio, de odiar su trabajo con todas sus fuerzas, como la mayoría de la gente.
Entre semana, a última hora de la tarde, lo puedo ver en la cafetería que hay al lado de mi gimnasio.
Sentado solo en una mesa al fondo que era precisamente la que yo solía ocupar, tomando un café y leyendo los dos o tres periódicos del dia que están encima de la mesa.
Yo entró alli a tomar una Coca Cola antes de meterme a nadar y vuelvo a hacerlo aproximadamente un par de horas después, ya de vuelta a casa, para comprarme un emparedado vegetal y como que, únicamente él sigue alli ya, con la misma taza café de antes, obviamente vacia, y los periódicos del dia también sobre la mesa de cristal.
No sé hasta que hora se queda alli.
No mucho, supongo porque ya están a punto de cerrar.
Ni donde va después.
Quizás se de un paseo por la Rambla de Cataluña y atravesándola llegue hasta Paseo de Gracia a eso de las diez de la noche.
En cualquier caso no debe retrasarse mucho, mañana tendrá de nuevo que madrugar, estar a las seis y media ya preparado para empezar a repartir los periódicos gratuitos a todos.