ALEX //
Mis diecinueve, veinte y veintiún años de aqui para allá, siempre en Barcelona
Acerca de
Mis diecinueve, mis veinte y mis veintiún años, de aqui para allá, siempre en Barcelona.
Sindicación
 
...Y DESPUES DE LA RUPTURA....

Dolía.

Incluso semanas después de dejarse.

Y sin saber el porqué , pues ahora si que podía hacerlo, había cejado en su constante búsqueda sexo anónimo, infructuosa siempre, y se había concentrado en el trabajo.

Todo le daba asco, apenas sentía excitación alguna salvo que se pusiera a pensar en él, lo recordará.

Se había refugiado en el trabajo ya digo y sobre todo dentro de si mismo, y así, a base de tristeza construía dia a dia unos cada vez más inexpugnables muros que le protegerían y aislarían del dolor, que serían su salvación a la postre.


Paseando hoy por el centro de Barcelona maldijo esos cientos de bombillas que sobre su cabeza adornaban las calles donde se concentraban los grandes comercios a los que todo el mundo iba y de repente, sin precio aviso, le sobrevino un escalofrío al recordar su imagen de ayer por la noche, recién aterrizado después de un agotador viaje de negocios, cuando se vió reflejado en el cristal del tren tal y como era, otro gay maduro más solo, algo demacrado, cruzado de piernas, con unos elegantes zapatos y un traje carísimo, la cabeza apoyada sobre la mano y los dedos llenos de anillos y como siempre quizás a la búsqueda de una oportunidad....


Llevaba ya casi tres horas caminando esta tarde sin parar. Pero no se sentía cansado. La selección musical de su Ipod mientras, estaba resultado perfecta, muy deprimente, pero la adecuada para la ocasión, las canciones que sonaban le empujaban a seguir y seguir, a no concederse pausa alguna.

Marc Almond y Anthony con “The ballad of the sad young man” . Pocas letras tan poco alentadoras.

Un bloque de los Planetas con “Que no sea Kang por favor”, “Negras intenciones” y “Nunca me entero de nada”, o sea el tipo de canciones que harían a sus detractores si las conocieran odiar aún más a Los Planetas.

“Elephant” de Damien Rice...


Etc etc


Si, es cierto, pese a todo, sentía una especie de vacio en el estómago, de hueco dentro de si, provocado por la ausencia total de noticias suyas, pero por lo demás estaba bien, nada importaba demasiado.

Hace unos diez dias que se había ido a su ciudad de origen a pasar estas fiestas y desde entonces como que no sabía nada suyo. Antes por supuesto era raro el dia en que no se veían, asi que tendría que acostumbrarse ya a que a partir de ahora las cosas fueran ya a ser totalmente diferentes.

Yo también podría irme a casa -reflexionó escuchando la voz de su madre reclamando su presencia para Nochebuena- pero sin embargo es lo último que me apetece, no, definitivamente no apareceré por alli.



Entrando en unos grandes almacenes algo ansiosamente comenzó a especular acerca de cuando se pondría en marcha de nuevo, iniciaría una nueva etapa.

¿Qué haría ahora mismo esa gente por conocer aún y que formaría ya, en digamos X dias, parte esencial de su vida?. ¿Cómo serían?. Porque habría una nueva etapa seguro ¿no?, tenía que haberla. No podía quedarse apartado tan pronto, recién cumplidos los cuare.......demasiado años en definitiva como para poder garantizarlo a ciencia cierta.




El último tren hacía la pequeña ciudad donde vivía salió de la estación de siempre pasadas las once de la noche, como casi siempre vacio por completo, aparte de los tres o cuatro ocupantes habituales.

Luego, a medida que pasaban por más estaciones, se iba llenado pero como mucho llegarían a ser cinco personas por vagón, no más, lo tenía perfectamente calculado.


Este era su tren, el de ambos, en el cual tras cenar en algún restaurante, sentados en alguna de sus esquinas para tener más intimidad, los dos iniciaban siempre el pesado camino de vuelta a casa. Y “Down in Albion” de repente dejo de sonar en su Ipod, por fin se habían agotado la batería , y tal y como cabía esperar, el sonido del mundo real una vez más le pareció de lo más insoportable.



Se animó pensando en que no volvía con las manos vacías.

Nueve números tenían la culpa.

Se había puesto a chatear desde su portátil en una cafetería, medio cenando y asi, había conocido a un chico agobiado por los exámenes que se acababa de levantar a esas horas
y que estudiaría entonces hasta que amaneciese y que luego se iría a trabajar para volver de nuevo a casa a las tres de la tarde que sería justo cuando se metiera de nuevo en la cama para dormir toda la tarde, hasta que empezara “Montser en el K3, pues le encantaba despertarse con su sintonía todos los dias y seguir el episodio envuelto entre las sábanas . Luego se volvería a poner a estudiar tras la cena toda la noche de nuevo.

Se habían contado brevemente sus historias.

Malditos exámenes podía haberse titulado la de él.

Malditos hombres la suya.

Hablaron no mucho, es cierto, como mucho una hora, pero en cualquier caso fue lo suficiente como para poder intercambiarse los dos los móviles y emails y verse a través de una webcam, además de tener ya ambos, por fin, un nuevo motivo para ser algo más optimistas con respecto a su futuro, a sus vidas.

Las próximas semanas si que podrían quedar ya, estando ya ambos de vacaciones.

Eso acordaron.


Cerró los ojos.

Recordó su cara.

Tenía ganas de conocerle.

No era guapo pero tampoco era feo.

Era simplemente uno de esos chicos que a diario ni siquiera nos damos cuenta que pasan a nuestro lado y se fijan en nosotros - pènsó.


********cerrado por examenes***********
No