ALEX //
Mis diecinueve, veinte y veintiún años de aqui para allá, siempre en Barcelona
Acerca de
Mis diecinueve, mis veinte y mis veintiún años, de aqui para allá, siempre en Barcelona.
Sindicación
 
216


Puede ser que me sonara de "eso".

Pero no pondría la mano en el fuego pues, además de no fijarme mucho en la gente de su edad, allí dentro supongo que todos debemos de tener una expresión en la cara de lo más rara entre los nervios, las ganas de chupar una buena polla o que nos la chupe algún un tio superbueno arrodillado delante nuestro, los esfuerzos que hacemos por parecer medianamente atractivos a los demás para que asi, nuestro rostro no les haga apartar la mirada ya definitivamente, desecharnos como opción valida a la espera que algo mejor.


El caso es que dentro de ese rito que es en Navidades para mi ir por lo menos una vez a merendar a la cafetería del Corte Inglés de Plaza de Cataluña, si es posible acompañado pero si no lo es solo que es como este año me tocó ir , hace unos dias, la camarera me sentó a su lado, bueno no solo suyo, ya que aquel hombre que me sonaba de los lavabos de otro Corte Inglés no muy lejano estaba en su mesa acompañado por una mujer de su misma edad, unos sesenta y cinco años aproximadamente, su esposa supongo, la hija de ambos y su pequeño nieto, que si bien nada mas acomodarme yo en mi mesa si estaba muy formal ,a los pocos minutos ya comenzó a levantarse para acto seguido empezar a incordiarnos a todos un poco, en mayor o menor medida, según lo lejos que estuviéramos de su mesa..


Este hombre mayor, muy delgado, con un abrigo gris puesto y el pelo cano, ligeramente encorvado, pareció reconocerme en una de las muchas veces en que nuestras miradas coincidieron, sonriéndome francamente, como si él y yo supiéramos un secreto que nadie más a nuestro alrededor conocía. Todavía, pronto las cosas cambiarían, se encontraba haciendo ese papel de perfecto abuelo que tan a su medida otros parecían haber diseñado para él. Sin embargo, quedaba poco, pues pasados unos cinco minutos, nada más tirarle su nieto un vaso de agua encima de su pantalón, las cosas de repente cambiaron por completo, y el abuelo que todos los niños desearían tener, sin previo aviso, dio paso a ya una especie de ogro que gritaba pero que no conseguía apenas articular palabra alguna, que incluso hasta casi estaba a punto de abofetear a su nieto por los gestos que hacía, ante las miradas de reprobación de su propia hija e incluso de su mujer, que se temían lo peor, que no fuera a ser capaz de controlarse.


Tras abandonar la mesa de mala manera, más o menos, ellas dos tuvieron una conversación parecida a esta:

-¡Dios mio, perdónale Clara, que tu padre está fatal, no sabemos lo mal que lo estará pasando!

-Por muy mal que lo pase no se puede hacer esto madre, todo el mundo se nos ha quedado mirando, no son formas

-Ya, pero acuérdate de cómo era antes, de lo activo, de las ganas de hacer cosas que tenía, imagínate como debe de sentirse ahora, desde que le dio el infarto y apenas puede hablar, está tan torpe...




¡¡¡P U TAAAA!!!!


Dos mujeres de unos cincuenta años ocuparon poco después la mesa, una vez que la madre sentó al niño en la silla de bebe, la abuela pagó y ambas se pusieron de acuerdo en la propina a dejar.


Una de estas nuevas ocupantes de la mesa, esa que parecía por la expresión de su cara haber pasado mucho más tiempo del recomendable de mal humor, disfrutó enormemente llamándoselo en voz baja a una tercera no presente alli por supuesto.

Disfrutó con la P, increíblemente gozosa para ella fue la pronunciación de la U, mas tranquila la T, y el cenit llegó con una A alargada en el tiempo, susurrada, soltando ella todo el aire que guardaba en sus pulmones poco a poco, agarrando mientras a su acompañante por la mano para hacerla asi, quizás, más participe de su desprecio.


La otra mujer, con cara de no haber roto un plato en la vida, ni que decir tiene que le dió entonces la razón en todo, aunque no sé si muy sinceramente.

Esa tercera no presente ,de la que tanto hablaban, debería estar en su casa, con sus hijos, ya crecidos eso si, y no en cualquier otro lugar dijeron.

¿Qué era eso de liarse con alguien once años más joven que ella apenas unos meses después de habérsele muerto el marido?. ¿Y eso de salir a bailar con casi cincuenta años todos los sábados?.

¡¡¡P U TAAAA!!!! volvió a llamarla nada más irse la camarera de mi mesa, con la misma pasión que antes, poniendo fin a la historia, apenas hablando algo más entre ellas durante los minutos siguientes.


Agarradas la una a la otra, cargadas de bolsas, a toda prisa pues el marido de una de ellas llevaba ya casi veinte minutos esperándolas en una zapatería cercana, asi es como ambas finalmente se fueron, desaparecieron de mi vista cerca de las ocho.



Yo hice resumen.

Una tarta de chocolate, un Cacaolat, una de queso y fresa, otro Cacaolat.

¿De qué coño me sirve no tener ni un maldito gramo de grasa encima, matarme a nadar ? me pregunté

De nada me dije a mi mismo
 
Comentario:
Feliz navidad guapisimo, de eso sirve
No