ALEX //
Mis diecinueve, veinte y veintiún años de aqui para allá, siempre en Barcelona
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Mis diecinueve, mis veinte y mis veintiún años, de aqui para allá, siempre en Barcelona.
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Hay un gran número de chicos lánguidos allá donde mires.

Depende de zonas, pero no tardarás mucho en encontrar uno en tu camino, o verlo reflejado en el espejo que hay situado frente a ti.

Un chico lánguido vestido con un una chaqueta a rayas, de esas que antes llevaban solo encima los abuelos pero que ahora alguien ha decidido que todos debemos tener una. El mismo que mientras da los primeros sorbos a un zumo de manzana y zanahoria, recién salido del gimnasio , envuelto en diferentes olores de todo tipo que él combina despreocupadamente, champú, gel, acondicinador, desodorante, colonia, a la vez que lee el periódico se fija en otro chico lánguido que está mirándole desde el otro lado del cristal, afuera en la calle y por cierto que va a una cita , a toda prisa, a encontrarse con su novio supone, otro chico lánguido que no lo es tanto en realidad seguro, pues todo en él es pura fachada, desde sus sentimientos a su apariencia.


Paseando luego con su bolsa de deportes años setenta comprada de segunda mano en El Camello de repente duda en si hacerlo o no al pasar frente a una librería, la más grande de Barcelona. Sin embargo ha decidido que eso se acabó ¿no?, que ya no va a volver a entrar alli jamás pues está harto de escribir, de ser ignorado, rechazado, de leer también. Bueno, entrará esta vez, acuerda consigo mismo, pero solo por curiosidad, que quede claro, para ver que tipo de público hay , es decir, otro chico lánguido como él, extremadamente delgado ojeando las últimas novedades, creyendo aún que se puede vivir gracias a historias ajenas que lo hacen todo más fácil, y un tercero de mismo tipo también, que parece ser amigo suyo, y que va teñido de rubio y con una enorme bandolera Desigual del Bread & Butter, apuntando por lo que parece direcciones de pequeñas editoriales en un papel, por si el “contacto familiar” que le hado su hermana, metida en ese mundillo, finalmente resulta inútil le comenta.



Si, es cierto, se siente permanentemente excitado desde hace casi veinticuatro horas, pese a mostrarse tan apático en su pose, creyendo que al cubrir su cara con la capucha resultará entonces menos vulnerable, y ha llegado sin darse cuenta en su paseo hasta la puerta de la discoteca Metro que , obviamente, está cerrada a primera hora de la tarde.



Más lánguido que nunca recuerda, ya por fin de vuelta a su casa, como en la facultad ayer rompió una de sus reglas sagradas, esa que dice que no debe de comportarse dentro de ese edificio, entre sus cuatro paredes , como el maricón sin remedio que es , o sea que no debe de hacer alli dentro lo que fuera si que normalmente realiza sin preocupación casi.





Como los saludos entre ambos , con aquel chico extranjero, es cierto, habían ido poco a poco desapareciendo, esfumándose, no era o bien su amistad por un lado o ser un maricón sin más por el otro, como había pasado con Rafa. Ahora aquello entre lo que se debatía nuestro chico lánguido era la nada , la nada más absoluta, por un lado y por otro, el ser un maricón también, pero dentro de un lugar tan respetable y católico como aquel, y eso si, un maricón con un pequeño triunfo guardado en la manga . Y eligió esto segundo claro, no pudo resistirse más.



Su polla , más que nada porque apenas resultaba visible, los baños de la facultad no facilitan precisamente la tarea, no le pareció al principio nada espectacular. Fue nada más sacarse él su pequeña pene semi flácido cuando ocurrió, cuando el chico inglés inconscientemente se separó entonces un poco de la pila para poder hablar con un amigo suyo que acababa de entrar y él entonces por fin, pudo percatarse plenamente de aquella maravilla que se encontraba a su derecha. Enorme, muy blanca, gordísima y descapullada del todo, no debió de estar más de diez segundos mirándola es cierto, diez segundos en los que nada relacionado con la prudencia o el saber disimular al menos un poco, importaron lo más mínimo para el chico lánguido que tenía más que claro cual era su prioridad.


Se quedó a solas en el baño y se encerró en uno de los wateres. Se bajó los pantalones y empezó a masturbarse pensando en esa polla que acababa de ver metida en su boca, follándole, corriéndose encima suyo. Se imaginó a ese chico completamente desnudo sobre ese skate que usaba todos los dias para ir a clase pero se dio cuenta que no podía correrse alli, al menos antes de terminar las clases, no tuvo más remedio pues que parar, eso si el corazón estaba a punto de salírsele del pecho, las piernas le temblaban y no podía pensar en otra cosa.





Una polla de ese tipo solo puede llevar a otras muchas otras pollas posteriormente, desde luego no tan perfectas. Uno no se puede conformar, uno no puede evitar poner una especie de reclamación por lo injusto de la situación, un chico ya tan guapo como él y encima heterosexual y con semejante “aparato”.


Por eso el chico lánguido vio dos o tres pollas más a lo largo de ayer por la tarde. Ninguna tan espectacular. Dos típicas de abuelo que tras horas entrando y saliendo de alli y en vista que pronto van a cerrar el centro comercial ya deciden que es por fin hora de correrse, la leche ni siquiera les sale disparada, les sale sin fuerza alguna y se les cae al suelo, dan ganas de vomitar al verlo, de borrarse para siempre de estas actividades, y la otra de otro chico tan lánguido como él, que resulta que le había visto en la tienda de ropa sin que él se hubiera dado cuenta, le había seguido y había decidido proponerle gestualmente ir a encerrarse a una cabina.


Dejaron sus mochilas una al lado de la otra. El chico lánguido del jersey de rayas se apoyó entonces en la pared dejando que el otro tomaran la iniciativa. No, las cosas no funcionaban, el buscaba a alguien que le aplastase contra el mosaico de la pared, le besara a lo bestia, le intentara follar salvajemente, no alguien que besase tan desganadamente desde luego, y por eso se lo dijo, pero entonces el otro chico le rogó que no se fuera, al mismo tiempo que le bajó los pantalones hasta la rodilla y empezó a comérsela, hace casi un año que no estoy con nadie, lo necesito desesperadamente le dijo.


No dejó que le tocara apenas.

No se había depilado.

“Soy demasiado peludo, lo siento, te largarías” le explicó a punto de concluir su tarea.

“¡Avísame cuando te vayas a correr eh ¡”





 
Comentario:
adoro a los chicos lánguidos.
y a los no-lánguidos también.
 
Comentario:
Ahí estás tú. Chaval en bici al 100 por cien.
 
Comentario:
me encantan estos vomitos sinceros
No