HOOLIGANS
De pronto, un dia, en uno de esos dos o tres sitios a los que cada mediodía te diriges a comer antes de entrar a clase, descubres lo mucho que su sola presencia ha cambiado el aspecto de Barcelona , o al menos de la zona donde tu estás.
Son hombres fuertes. Los más adultos bastante entrados en carnes, en la mayoría de los casos. Los más jóvenes, muy delgados, con el pelo muy corto y vistiendo unos pantalones de chándal de color verde que a veces les marcan a la perfección aquello que tanto te gustaría ver.
Si , son hombres fuertes, de verdad, que jamás entrarán al sitio en que te encuentras, que nunca pedirán una ensalada oriental y la acompañaran con una bebida como zumo de tomate. Hombres masculinos y duros a los que no les importa lo más mínimo Jiro Taniguchi y que por lo tanto no escribirán jamás en la vida nada sobre él como tu haces nada más terminar con tu plato escuchando a Golfrapp. Hombres amantes de la cerveza, el fútbol y las mujeres, hombres que en dias de lluvia o frios nunca llevarán encima un paraguas, un gorro y una bufanda Burberry, y que no olerán por supuesto a Happy , o a Gio , faltaría más.
¿Dormirán los padres con sus hijos en sus hoteles? O ¿Los padres lo harán con otros padres y los hijos por su cuenta , todos revueltos? te preguntas de repente excitándote terriblemente encerrado alli dentro, entre las enormes cristaleras del restaurante que aislan tu mesa, sin que eso por supuesto entrara en tus planes.
¿Habrá cabida para el sexo en estas excursiones al extranjero que ellos se montan?
Les elegiste a ellos y frente a unos chicos italianos de instituto que también andaban por alli y de los que imaginaste a sus padres matándose a trabajar para poder pagarles a sus hijos todo ese catálogo de ropa, gafas y zapatillas de marca que llevaban encima.
Y acertaste.
Pronto todos los hooligans iniciaron un constante goteo, un lento peregrinaje por grupos, hacia los baños.
Y tuviste suerte además, pues tanto a la derecha como a la izquierda se te pusieron dos chicos muy guapos, apestando a cerveza y fritos y aunque de uno de ellos ni rastro de su polla, del otro no había ni que esforzarse demasiado para poder vérsela de lo separado que meaba de la pila.
Una polla muy blanca, descapullada por completo, lanzando un fortísimo chorro de orina , y como regalo, los huevos también fuera de ese slip rojo que se veía que llevaba bajo el chándal.
Y él que ,al dejar de pronto mear, empezó a agitarla hacia arriba y hacia abajo, varias veces, y tu que entonces no te atreviste a enseñarle la tuya, y él que se fué , terminó por irse, justo cuando la suya ,jurarías, que empezaba a ganar ya volumen.
Y otra vez que no lo sabrás, si todo ha sido una casualidad y por lo tanto imaginaciones tuyas o realmente era que ese chico si quería algo contigo.
Te atormentará esta idea durante los próximos minutos, lo sabes, es inevitable, pensaste saliendo del establecimiento.
Un hombre de sesenta años tropezando con un negro que vendía en plena calle unos bolsos que había puesto en suelo, sobre una sábana, y poniendo muy mala cara a continuación, mirándole, culpándole casi de haberse caído, recordando los años en que gente como él no existían apenas en su ciudad.
Una mujer de su misma edad parada frente a un grupo de sudamericanos que tocan una canción con sus guitarras y que por cierto, al terminar la misma, no duda en dirigirse a ellos diciéndoles que esa canción le trae muy buenos recuerdos de su juventud y que ojalá hubiera habido alli alguien dispuesto a bailarla con ella en plena calle.
Sonríes al recordarlo todo, minutos después, ya en clase.
No puedes evitarlo tampoco
Comentario:
Me gusta leerte, que lo sepas (ya lo sabes). Lo que escribes aquà podrÃa ser una muy buena novela de aprendizaje. Falta que tú te apliques las posibles enseñanzas. Un abrazo
Comentario:
Me encantan esos pequeños detalles. Detalles que poco a poco se van uniendo entre sí, creando, al final, un ambiente extraño que solo tu, obserbador de la escena, ves. Digno de una escena de Amelie.
petons
petons