ALEX //
Mis diecinueve, veinte y veintiún años de aqui para allá, siempre en Barcelona
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Mis diecinueve, mis veinte y mis veintiún años, de aqui para allá, siempre en Barcelona.
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VACACIONES / CHICO FRENTE AL ESPEJO

Es la misma tortura de siempre.

Ha tratado de retrasarla lo máximo posible diciendo a su madre que asi es como le gusta a él y está de moda, todos los chicos lo llevan asi, pero una vez que ya le roza el hombro, le tapa por completo las orejas, no han cabido por supuesto más aplazamientos y por eso ahora camina por su calle como si fuera a despedirse de alguien que no va a volver a nunca más, lamentándose que esa es otra de esas muchas cosas que no puede hacer aún libremente. Eso si, algún dia las cosas cambiarán -piensa- tienen que hacerlo.


Entra poco después cabizbajo en el local, espera frente al mostrador que alguien le atienda. Una chica envuelta en una bata de color azul y con un secador en la mano por fin lo hace, tomando nota de su nombre. Le dice a continuación que se siente y aguarde un poco y él obedece, se sienta y se carga de paciencia, pero demasiado nervioso como para ponerse a leer cualquiera de las revistas que hay sobre la mesa o curiosear al resto de peluqueras que hay en esos momentos trabajando.

Se da cuenta que es el único chico alli esa mañana, igual le toman por maricón.

Le gustaría huir o por supuesto, poder dejarse el pelo más largo. O teñírselo de rubio como antes, una vez, ya hizo.



Lo peor empieza cuando la peluquera pronuncia su nombre, le da una fina bata de tela de color blanco que él mismo se ha de poner encima y entonces recorre junto a ella, siguiéndola, la peluquería de una punta a otra. Parece como si todas las mujeres sentadas en sus butacas y mirándose al espejo constantemente o bajo los secadores le estuvieran observando, riéndose de él.


El tampoco tiene más remedio que mirarse al espejo situado enfrente suyo esta mañana, por fin, una vez sentado en su butaca de color negro, cuando claro, la chica le pregunta qué como quiere que se lo corte. El no le dice nada al principio, está repasando todos sus defectos, uno por uno, que en ese espejo se ven tan claros. Pero ,“¿cómo quieres que te lo corte?, ¿qué hacemos?”, sabe que, ha de responder a esas preguntas y cuanto antes mejor y odia hacerlo en realidad, pues le parece como si la peluquera ha omitido a posta la última parte de la pregunta, una especie de coletilla, lo que ella piensa en realidad, es decir, “ si hagamos lo que hagamos vas a seguir tan feo como antes”.

No tiene fuerzas y por eso no se complica la vida esta vez .

”Solo arreglar. Por los lados y detrás me cortas un poco más pero por arriba muy poco”

El daño ya está hecho.


Ella entonces se pone por fin manos a la obra, le moja el pelo y se lo peina hacia atrás y ¡Dios mio, entonces si que se ve horrible!, su piel está tan blanca, su frente es tan huesuda, los granos que hay en la misma y que el pelo antes le tapaba tienen un color rojo tan vivo, son tan grandes.

Cierra los ojos durante un buen rato, ya es más que suficiente.

Durante unos minutos solo se oye el sonido seco y metálico de las tijeras abriéndose y cerrándose, mezclado con algunas conversaciones al fondo. De repente también, hay un secador que alguien enciende, un nuevo cliente esperando en la puerta preguntando si hay mucha gente delante suyo.



Tal y como se temía, al abrir imprudentemente de nuevo los ojos, su cara le gusta aún menos que antes. Ahora además de todo lo anterior se ven, por si éramos pocos, sus enormes orejas.

Está seguro que la peluquera piensa que es uno de los chicos más feos que han pasado por alli últimamente. Por eso decide cerrar los ojos de nuevo, una vez que ella ya ha atendido al cliente que había entrado y vuelve hacia donde está él para continuar con su trabajo.

De nuevo el sonido de las tijeras abriéndose y cerrándose, el de la radio también, alguien ha debido de encenderla.



Vuelve a verse reflejado en el espejo cuando ella ya está a punto de terminar, cuando le dice que eche la cabeza hacia la derecha y mientras, con el pulgar en apoyado en su barbilla, se la levanta un poco . Si, ya estamos próximos al final, va a comenzar a peinarle, ha ido a buscar el espejo con el que le mostrará como ha quedado todo por detrás, le gustaría tanto desaparecer en ese momento.



No quiere gomina, piensa que está destinada a los chicos guapos, y no a él.

Ya en caja pagaré lo justo -piensa-, sin dejar propina alguna, pues siento que la chica ha estado un buen rato riéndose a mi costa. Y en cuanto que saga a la calle y doble la esquina, con la mano, me destrozaré el peinado que me han hecho alli dentro, tan repelente y anticuado. Agitando la cabeza veré entonces, reflejado en un escaparate, mi pelo totalmente a su aire, pero mejor que antes indudablemente.


Asi ya no estaré tan feo piensa mientras empieza a escribir un sms para su novia, aún sentado frente al espejo, esperando que por fin le laven el pelo..


 
Comentario:
Envidio la vida de aquel para el que el mayor trauma o problema es ir a cortarse el pelo. Madura, coño
 
Comentario:
tener novia sí que me parece anticuado
No