ALEX //
Mis diecinueve, veinte y veintiún años de aqui para allá, siempre en Barcelona
Acerca de
Mis diecinueve, mis veinte y mis veintiún años, de aqui para allá, siempre en Barcelona.
Sindicación
 
23 ABRIL 2008 (V y A)

V

Compró una rosa roja a una anciana que tenía varias metidas en un cubo de color amarillo.

Muchos chicos y chicas, adolescentes en su mayoría, también las vendían por la calle y a menor precio, pero a V. no le apetecía darles a ellos su dinero. Más bien todo lo contrario.


Ella quería ser una más entre todas las demás chicas pero con la mínima carga de vergüenza posible sobre sus espaldas y aquella anciana era una garantía, pues raramente le iba a echar algo en cara o reírse de ella al verla comprándosela para si misma ya que sino nadie se la iba a regalar.


V. solo quería también ,en definitiva, como las demás chicas, pasear orgullosamente por La Rambla agarrada a ella fuertemente, ponerla bien a la vista de todos para que el mundo de esa forma se enterase que si, que había alguien que la quería, que estaba loco por ella y aunque todo era una gran mentira eso era lo de menos. Lo de menos que quede claro.


Nada más levantarse hoy por ejemplo, había llamado a su trabajo para decir que no iría a la oficina amparándose en un imaginario dolor de estómago. Luego se había metido a la ducha con “Un vestido y una flor” de Caetano Veloso sonando por toda la casa al máximo volumen posible, y por fin, tras salir de ella y perfumarse, vestida con unos pantalones blancos, una camisa azul y blanca de manga corta y unas zapatillas Victoria se había lanzado a la calle, como una Amelie más, con la idea de pasar toda la mañana caminando hasta llegar por lo menos al Hotel Skipper y después comer alli, para luego pasar la tarde sentada en una terraza frente al mar , leyendo un buen libro.


Afortunadamente para ella, horas después, a las ocho de la tarde, cuando inició su camino de vuelta a casa, todos sus planes se habían cumplido a la perfección. Bueno , si acaso, tenía algo de pesadez de estómago debida a haber comido no mucho pero si algo más de lo habitual. Y también se notaba bastante apesadumbrada porque ese dia libre se hubiera pasado asi, tan deprisa.


Mañana tocaba de nuevo ir a trabajar, la esclavitud retribuida que gobernaba su vida y que si bien no le hacía infeliz del todo desde luego tampoco le daba alegría alguna.


Sentada en el taxi, como despedida, se puso a recordar a la poca gente con la que había tenido algo de contacto a lo largo de la jornada. Primero esa pareja super enamorada junto a la que había comido, los dos muy modernos, ambos acababan de ver el piso de su vida y entre besos y abrazos habían decidido ,mientras terminaban los postres, alquilarlo.

Luego, esa otra pareja ,esta vez en la cafetería y mucho más vulgares ambos, que había estado discutiendo acerca del posible destino de sus vacaciones estivales, usando ella como único criterio válido para determinar el mismo el ir más lejos que cualquiera de sus amigas.

Por último, la más extraña, la formada por un hombre de unos setenta años y una chica de color de no más de veinticinco que según pudo deducir de lo que escuchó se había pasado todo el dia buscando sin éxito un trabajo para ella y que desmoralizados, a esa hora, volvían también como ella a casa..



A

No tenían nada de especial.

Los miró y parecían de lo más vulgar agarrados a un botellín de cerveza , después de un dia tan agotador. De hecho apenas había escritores entre ellos. Uno era un presentador de televisión, otro un actor, la chica vaya usted a saber qué demonios.

Supuso que por dentro la mayoría se morían de envidia en esos momentos, tan cerca como estaban de esa cola que ocupaba una manzana entera del Paseo de Gracia, miles de lectores en busca de una firma del autor de moda.

A sorteó como pudo a toda esa muchedumbre y acabó entonces refugiándose en una de sus cafeterías favoritas sino la favorita. Cuando el camarero vino finalmente a su mesa él no lo dudó y se pidió un Earl Grey.

Desconectado de aquella realidad se puso a pensar con desgana en que hacía meses que no cogía un libro, su vida ya se reducía a trabajo, universidad , piscina y algo de ocio inocente durante el fin de semana.

No fue hasta que por fin se bebió todo el té de un solo trago que su cabeza se puso de nuevo en marcha.


Había odiado todo eso durante su época del colegio. Los chicos continuamente hablando todo el rato de chicas, borracheras y fútbol pero sin embargo esos mismos temas cantados por Alex Turner y sus Artic Monkeys le parecían algo sublime. Viendo en su última adquisición electrónica al delgado cantante del grupo y oyendo al mismo tiempo en sus cascos esa contagiosa canción por enésima vez, lamentó de verás no haber puesto más interés en su dia en muchas de esas conversaciones, haberlas pasado por alto tan altivamente, quizás eran algo importante .

A continuación fue otro chico guapo quien ocupó de nuevo la pequeña pantalla de aquel extraño objeto, el cantante de The Enemy, cantando eso de “away from home”.

Soy como una maldita criaja adolescente –pensó A. pidiendo un segundo té, en vista que su amigo X. se retrasaba.

Una maldita criaja loca por echarse un novio guapo a imagen y semejanza de sus ídolos y al precio que sea.
















 
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Hay tantas cosas que hariamos por sentirnos amados...
 
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Hay tantas cosas que hariamos por sentirnos amados...
 
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dios mío, y cuando se tiene novio en lo único que se piensa es en dejar de tenerlo. estúpida raza humana.
No