ALEX //
Mis diecinueve, veinte y veintiún años de aqui para allá, siempre en Barcelona
Acerca de
Mis diecinueve, mis veinte y mis veintiún años, de aqui para allá, siempre en Barcelona.
Sindicación
 
EXILIO



El pequeño poeta entró al parque agarrado a la cintura de su princesa de ojos verde botella.

Era como una especie de quilla que desde que se conocían y situándola por delante suyo, le hacía entonces más fácil la tarea de navegar, de avanzar dia a dia por un enorme mar por descubrir aún. O un escudo protector ,en plan nave estelar Enterprise, que usar frente a las poderosas embestidas de los Klingon, o lo que es lo mismo de todo y todos nosotros.

Por eso era que nuestro pequeño poeta lo sabía a ciencia cierta, indudablemente sin ella de nuevo su vida volvería a no tener sentido alguno, estaba claro, volvería a resultar algo extremadamente difícil de sobrellevar, inútil, justo como lo había sido antes, ya digo, que los dos empezaran a salir. El aún lo recordaba perfectamente, ya lo creo que si, sin apenas esfuerzo alguno, quedaban esos dias pudiéramos decir a la vuelta de la esquina, demasiado cerca.


Cogidos de la mano esta tarde ambos recorrieron nada más entrar al parque ese camino que conduce hacia esa pequeña plaza con una fuente situada en el centro de la misma, es decir su plaza.

El suelo aunque menos que otras tardes, estaba lleno de pétalos violetas y rosas. El frondoso seto verde les rozaba a ambos la cara al más mínimo descuido y una vez que llegaron por fin a ella, y tras comprobar como siempre que la tranquilidad que había era la misma que l otras muchas tardes, los dos optaron entonces por sentarse sobre el césped en vez de sobre alguno de los bancos de madera que había situados en los extremos de la plaza, que es normalmente donde los dos lo hacen.


El nada más hacerlo, miró sus ojos, su cara y besó tímidamente sus labios.

Ella que se había tumbado sobre el césped y usaba las piernas de él a modo de almohada le sonrió al retirar el pequeño poeta sus labios de los suyos. Y el tiempo como siempre, a partir de ese mismo instante, empezó sin saberlo ellos, envueltos en su silencio permanente de todas las tardes , a pasar igual de rápido o lento que como siempre lo hace, comenzando eso si, a escapárseles, como otras muchas ocasiones, a punto de entrar ya en el verano, totalmente enamorados el uno del otro, nuestro pequeño poeta más feliz que nunca, solo temiendo que algo o alguien viniera a cambiarlo todo, ojalá su vida siguiera igual, igual hasta el final de los dias, los dias de ambos, de la princesa de los ojos verdes y él.



Viéndolos desde lejos él parecía ella, con su media melena de color negro, sus vaqueros ajustados, su camiseta roja muy ceñida y su delgadez casi enfermiza, y ella parecía él, con un pantalon negro, muy delgada también, pelo corto y con una tez de color muy blanca.

Pero eso es lo de menos.




Tan simple como ir hacia ese rincón del jardín de la universidad donde ayer descubrí que mi escocés Colin toma el sol sin camiseta.


Tan simple como en una mirada de dos o tres segundos distinguir un tatuaje en su pierna, sus pequeños pezones en contraste con su piel extremadamente blanca, una incipiente barriguita, o repetirme inútilmente a mi mismo que un es chico muy guapo, increíblemente solitario, que huye de todos, yo incluido.

Tan simple como ponerme a estudiar no muy lejos suyo pero eso si de espaldas a él y luego, al entrar al aula empezar con la sesión de exámenes de este año, un examen, el primero, por cierto mucho más fácil de lo esperado y que me permite dedicar los últimos minutos del mismo a mirarle desde lo más cerca de él que jamás volveré probablemente a estar pues pronto se irá, pronto el curso entero será ya otro recuerdo más, pronto habrá una fiesta de final de curso y él en un momento dado se aburrirá de la misma y entonces una vez que la abandone yo ya nunca más volveré a verlo.




Tan simple como una nueva cita, el pequeño poeta y su princesa de ojos verdes mañana seguro de nuevo en el parque .

Tan simple como tener de nuevo como ellos dos, quince o dieciséis años y estar a las puertas de un verano sin compromiso u obligación alguna.

Tan simple como sus poemas, los cuales él arroja la papelera después de redactarlos rápidamente y leérselos a su princesa, como su amor, irracional, infantil, desprovisto aún de matices, de condiciones y comparaciones.

Tan simple como siempre un “si” , un “te quiero” o un saludo inesperado por parte de alguien que nunca saluda.


Esta tarde yo solo buscaba eso.

 
Comentario:
si vivieras el amor por la ortografía escribirías soberbio como Alá manda, querido tormento
 
Comentario:
Y q tiene de malo ese amor intenso, infantil, puro, sobervio, maravilloso? por qué es menos amor?

Quiero vivir ese amor siempre, entregado, dulce, pasional...

Un besico
No