ALEX //
Mis diecinueve, veinte y veintiún años de aqui para allá, siempre en Barcelona
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Mis diecinueve, mis veinte y mis veintiún años, de aqui para allá, siempre en Barcelona.
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AHORA Y ENTONCES


Quedamos siempre en Urquinaona, linea roja.

Lo he hecho en muchos otros sitios a lo largo de estos últimos años, Paseo de Gracia, Cataluña, Universidad, Fondo, todo ha ido dependiendo de la gente con que la que en ese momento iba, de cuales eran nuestros planes.

Vnc y el resto por ejemplo, siempre se ven para cenar en Diagonal Mar y luego vienen hacia el centro, por eso es lo de Urquinaona.

Con otros amigos que he tenido y que en su mayoría o han desaparecido o se han convertido en alguien muy diferente a lo que eran, si que íbamos a cenar al Mc Donalds del Portal del Angel antes de empezar a emborracharnos. Pero con estos no, ya digo, simplemente nos encontramos y vamos directamente al asunto, ya cenados, unos en casa como yo, otros fuera, como casi todos ellos. Asi de simple.

Voy con ellos desde luego no hace mucho tiempo aunque lo contrario tampoco. Casi desde principio de año. Sus nombres son lo de menos. En cada grupo de amigos que he tenido realmente solo ha habido una persona dentro del mismo importante para mi, o como mucho dos, los demás nunca han importado demasiado, simplemente estaban alli, de paso.

Dentro de todo este ruidoso grupo de amigos de ahora mismo, primavera 2008, Vnc es esa persona, el resto son mera compañía, extras, contenido adicional.

Por la noche, al irme encontrando con alguno de los que antes que Vnc apareciera ocupaban su lugar, lo intento, presentándolos entre ellos para que se conozcan pero claro, la magia no surge, no saben que decirse, mantienen las distancias, no tienen el más mínimo interés el uno en el otro, es imposible pues constituir un nuevo grupo de amigos con lo mejor de cada grupo, lleno de amigos de verdad.





Ya de madrugada, esta última noche, me fijé en él.

Tenía el pelo corto y llevaba una camiseta blanca muy ajustada debajo de un chaleco negro.

Igual le da por fijarse en mi pensé viendo como se acercaba hacia donde estábamos nosotros bailando.

Era un amigo de un amigo de alguien que era amigo de uno mio.

Suficiente.


A la hora o asi él ya me besó en los labios e introdujo su mano por debajo de mi pantalón y de mi ropa interior para ver como andaba yo de polla. Y yo hice lo mismo y no era muy grande, aquel chico por cierto no usaba ropa interior.

Estaba totalmente empalmada y con eso también bastaba, era suficiente.


- Alex tengo una amiga que nos puede dejar su casa esta noche, estoy a cien, quiero follarte ya, Pepaaaaaaaaaa,

- No espera..........vamos a un baño mejor y....... ¿no?

-Bueno vale




Horas después, a la salida de esa discoteca, la ciudad amaneció como si el invierno hubiese vuelto de nuevo. Llovía fuertemente, hacía viento, apenas había gente por la calle y el chico del chaleco negro mientras pegaba mi cuerpo al suyo insistiéndome en dejar a mis amigos alli mismo para ir a casa de su amiga Pepa a follar por fin como era debido.

Llevábamos dos mamadas cada uno. El se había corrido enseguida en ambas ocasiones pero yo le había tenido comiéndomela casi media hora cada vez.

Enfadado a eso de las ocho por fin decidió irse dejándome su móvil por si por la tarde cambiaba de opinión y me apetecía.


Hubo un tiempo en que yo también salía solo como él –pensé al despedirle dándole un par de besos- a la aventura, solo que yo no conocía a nadie. Un tiempo en que yo primero cenaba fuera, en el Mc Donalds cerca de casa a eso de las once para dar más señas, y luego me iba al Easycafé para encontrar a alguien por los chats. Un tiempo en que luego paseaba y paseaba por aquí cerca haciendo tiempo, para evitar entrar a una discoteca aún vacia y que todo el mundo me viera hacerlo asi, sin nadie, totalmente solo.

Era un tiempo en el que raramente los planes me salían bien obviamente y por eso aún recuerdo esa sensación de estar apoyado durante horas en la pared cercana a la pista de baile, simplemente viendo a la gente disfrutar y pasándoselo de maravilla.

Aún recuerdo como se construía una historia de amor detrás de cada mirada que se clavaba en mi y que en realidad buscaba todo menos amor.

Aún recuerdo esa sensación permanente de frio provocada por el aire acondicionado saliendo a mi espalda mezclada con el sabor que tenían los cubitos de hielo al chocar contra mis dientes una vez que el refresco se había acabado.

Aún recuerdo la más solitaria y posible visión de todo ese mundo nocturno visto a primero a través de los cristales de mis gafas, un mundo lleno de promesas para cuando por fin consigues ser parte de él, y luego a través del cristal del vaso de tubo al que por aquel entonces me aferraba como si me fuera la vida en ello.
No