ALEX //
Mis diecinueve, veinte y veintiún años de aqui para allá, siempre en Barcelona
Acerca de
Mis diecinueve, mis veinte y mis veintiún años, de aqui para allá, siempre en Barcelona.
Sindicación
 
FUTUROS POSIBLES


· Entró en la cafetería justo a las nueve de la noche.

Era un hombre fuerte de unos cuarenta años vistiendo unos vaqueros ajustados de color negro y una camiseta igualmente ajustada de color naranja con una gorra negra con el nombre de un bar gay inscrita en ella.

Pidió un cerveza tras sentarse en una mesa y un bocadillo de patatas poco después, en cuanto que la camarera depositó la enorme y helada copa delante suyo.

Olía a varias marcas de perfume mezcladas entre si y además un poco a tabaco, pero estaba preparado, se notaba.

Miró de repente tristemente a través del ventanal de la cafetería el como la ciudad despertaba por fin al verano, lo más seguro que definitivamente ya, y jamás llegó a pensar que le dolería tanto, como si le hubieran clavado una aguja en el costado, otra en la espalda, la última atravesando sus globos oculares.

Estaba ya tan lejos de ellos, nunca hubiera podido imaginar que pudiera mediar tanta distancia entre ellos y él, su juventud le resultaba tan ajena, sus mundos, el de los chicos en plena adolescencia o incluso dejándola ya atrás y el suyo propio, tenían tan poco que ver y estaban de antemano tan condenados al fracaso la mayoría de intentos de establecer cualquier tipo de conexión con esos seres tan jóvenes y de lejos tan sumamente adorables....

Todo en ellos le parecía que era especial e irrepetible. Sus ojos, sus labios, su tono de voz, sus andares, sus depiladas piernas al aire.

Pronto él se perdería en otra noche más, entre semana y ya por fin de vacaciones, a la búsqueda y captura de alguna presa que llevarse a casa y probablemente acabaría con algún turista desorientado y veinteañero , sin dinero para pagarse un hostal y que por lo tanto aceptaría encantado de madrugada sus proposiciones

Era triste.

El también había sido bello, envidiado y deseado.

Pero nunca había sospechado en esos dias el dolor, la frustación, la sensación de perdida que hay siempre detrás de cada “no”que uno recibe.




·Entró en la cafetería a las nueve y dieciséis de la noche.

Se sentó en la barra pidiendo por favor una botella de agua mineral , un zumo de melocotón y dos bocadillos vegetales antes de echar un ojo por encima al panorama general que había esa noche dentro del local.

Vestía un pantalón corto de deporte negro y una camiseta de color amarillo y claramente se veía que aún no se había recuperado del todo de la media hora de footing diaria.

Mientras esperaba que le trajeran su merienda-cena para llevar a casa desechó La Vanguardia por parecerle enormemente conservadora, El Periódico por ser un poco provinciano y acabó leyendo finalmente unas veces por encima y otras en profundidad las páginas de El Pais.


Odiaba todo lo relacionado con curas, la religión. El se creía alguien moderno, con las ideas muy claras. Le habían fastidiado la mitad de su vida, veinte años y no había sido hasta cinco años después de desvincularse ya de ellos por completo, a los veintiocho, cuando por fin cualquier rastro de su educación podía considerarse que había desaparecido.

Ahora a punto de los cuarenta estaba en su mejor momento, de eso no le cabía la más mínima duda. Económicamente no le podía ir mejor, tenía un cuerpo mucho más atractivo que hacía diez años y la vida y su particular consideración del amor le sonreían ambas, sin duda.


Pensó en la ridiculez del ambiente gay al ver a ese hombre sentado cerca suyo con publicidad en su gorra de un horrible y destartalado bar.

El iba por libre. Como muchos otros. Por mucho que lo intentaran no todos se sentían a gusto e identificados con ese mundo de drogas, divas gritonas, borracheras y vomiteras y gente con los humos subidos. Podía dar si alguien estaba interesado el nombre de hasta tres chicos que teniendo todas las papeletas para estar metidos hasta el cuello en ese submundo sin embargo ahora mismo renegaban de el.

Cada uno de ellos maravilloso pensó sonriendo.

Si, por supuesto que terminarían o buscándose alguien de su edad o finalmente cayendo en la más absoluta vulgaridad, eso estaba claro, pero él los iba enlazando, los unos con los otros, procurando que no hubiera espacios en blanco entre ellos, teniendo siempre dispuesto un suplente para el caso que alguno le fallara, él tampoco quería complicarse lo más mínimo la vida.

Los invitaba a su casa, a cenar, a conciertos y luego se los follaba disfrutando al máximo de la frescura de su piel, de sus ideas, de sus sueños, tal y como si fueran suyos.

De eso se trataba ¿no?.

De ser feliz.




·Entré en la cafetería cerca de las ocho y media de la tarde.

Recién salido de la piscina y por eso es que me pedí una Coca Cola.

Mi vida suele normalmente oscilar entre el 4.5 y el 7.5 de nota media.

Por eso es que cuando como por ejemplo esta tarde y ante mi sorpresa ella sobrepasó el límite superior, ella, mi vida, pareció ser de repente como otra vida, muy diferente a la mia, prestada por unas pocas horas pero nada más, puesto que debía ser devuelta, la vida que la mayoría de ellos puede sin embargo que lleven pero que yo solo puedo degustar muy de vez en cuando.

Me sentí tan rápido y fuerte, fueron tantas las cosas que en esos momentos me parecieron accesorias, innecesarias, ridículas, que pensé que podría dejar atrás con solo intentarlo. La tristeza, el ir mirando las caras de los chicos dia tras dia imaginado sus posibles virtudes, las maneras posibles de hablar con ellos....

Es como poder volar por unas horas, soñar a lo bestia y que parte de tus sueños entonces se te hagan realidad.
No