INICIALES (2)
Una ansiada cerveza muy fria , finalmente fueron dos.
F, T y Vnc apareciendo de pronto en bloque por la barra para pedirse lo suyo. Un elemento extraño, una especie de alien o virus informático de pronto atacando por sorpresa, carcomiendo toda nuestra amistad, haciendo que yo no me sienta nada cómodo en su presencia después de lo acontecido en el cuarto oscuro.
Un par de tios muy cachas ,de vuelta a las andadas, y que me invitan a una cabina y con los que finalmente acuerdo que me la machaco mientras les veo follar y ya está.
Otra paja más viendo como un abuelo se la chupa al chico de patillas y con el rabo enorme.
T manoseándome el culo a boxer bajado en una esquina, ya muy cansados los dos.
Las luces de repente que se encienden y poco a poco todos que salimos de la discoteca de nuevo a la calle después de haber sido descubiertos, puestos a la vista de los demás...
Más o menos en eso pensaba al dormirme el sábado a primera hora de la mañana . Y diez horas después, al despertar, como que las cosas no habían cambiado demasiado, nada de lo que había pasado la noche anterior había desaparecido todavía de mi cabeza.
Tenía una nota de ellos en la cocina. Se habían ido a la manifestación.
Tenía un sms posterior en el móvil de Vnc. Lo habían pensado dos veces, habían ido a una sauna mejor.
De camino a la misma en un tren de cercanías, coincidiendo con un montón de chavales de catorce o quince años de vuelta de un parque acuático, recordé esos dias en que la vida iba muy despacio y en los que yo suplicaba por algo más de velocidad.
Era muy optimista dentro de mi pesimismo.
Jamás hubiera pensado que se pudiera ir tan deprisa, que acabaría , que todos fuéramos a acabar asi la verdad .
La sauna una vez que llegué a ella parecía por fuera una especie de casa de campo andaluza en plena ciudad. No dejaban entrar a todo el mundo. Estaba hasta arriba. Afortunadamente yo no tuve problema en hacerlo y casi de inmediato me junté a Vnc que andaba por ella como si la conociera ya perfectamente.
Le dije que alguna cara que otra me sonaba de la noche anterior.
El me dijo que a él también.
Al dia siguiente, domingo, la casa de F. y T. se llenó de maricas de todo tipo que ellos habían invitado a comer, como no podía ser de otra forma, después de más de diez años metidos en el ambiente.
Me vinieron a la mente las reuniones familiares de Navidad.
Era algo muy parecido.
Mezclados entre si, alli estaban seres humanos llenos de vitalidad, con toda la vida por delante, junto a seres humanos con el desengaño y el cansancio ya haciendo acto de presencia en sus caras. También había algunos seres humanos ya totalmente aposentados en la plena decadencia física, prácticamente solos, mirando y sin ganas de hablar mucho con nadie, sin apenas nada que recorrer ya por delante, tomándose como un insulto hacia su persona la vitalidad, los bailes y las sonrisas por parte de aquellos a quienes doblaban o triplicaban la edad.
Pensándolo bien, faltaba solo ese típico pariente que en doce meses se ha convertido en alguien completamente diferente a como lo recuerdas del año pasado y que sospechas que nunca vas a volver a ver vivo. Pero Vnc y yo a las 6, hora de los postres todavía, nos fuimos de alli, camino al aeropuerto, teníamos que irremediablemente volver a Barcelona.
A la salida del bloque donde viven F. y T. un grupo de chicos sentados en un banco discutían algo pasándose de mano en mano un botellón de cerveza. Vestían la típica camiseta negra del último grupo punk de moda que compraron seguro a principios del verano y que se ponen a diario, y que por eso tiraran dada de si y descolorida una vez que llegue septiembre y el verano del 2008 pase a la historia. Lo mismo podría decirse de las zapatillas que llevaban puestas.
Ya en el metro, entre Barajas y la T4, una mujer cubana se puso a gritar a su marido, a llamarle de todo. Llevaba un cartón de vino entre las piernas. El iba medio dormido, no parecía hacerle caso alguno. No tardó mucho en empezar a golpearle.
Sin embargo nadie de los que íbamos en el vagón hicimos algo por separarlos, simplemente miramos hacia otro lado.
Por una parte, de alguna forma, la vida puede llegar a ser tan miserable que hasta podríamos justificar el comportamiento de aquella mujer con respecto a él en determinadas circunstancias.
De otra, ¿quiénes somos nosotros para meternos entre ellos?, ¿estamos legitimados para hacerlo?, ¿acaso somos perfectos?.