ALEX //
Mis diecinueve, veinte y veintiún años de aqui para allá, siempre en Barcelona
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Mis diecinueve, mis veinte y mis veintiún años, de aqui para allá, siempre en Barcelona.
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Ojala un par de barcos, uno al entrar al puerto y el otro al salir de él, hubieran chocado a nuestro lado. O sino que alguien al menos hubiera salido dando gritos del restaurante italiano donde estábamos comiendo en la terraza, o del Mc Donalds o del Pans de al lado, montando un escándalo.

Con eso me hubiera valido.

Habría bastado cualquier cosa ya digo, que distrayendo su atención le hubiera hecho detenerse de pronto, fijarse en otra cosa y a la hora de retomar el asunto consecuentemente pensárselo un poco más, callándoselo finalmente, permaneciendo por lo tanto en silencio, guardándoselo solo para él, tras un análisis más frío de la situación.


Cada sílaba, cada palabra que oía, no dejaba de pensar en que por favor algo de lo antes he dicho pasase para que asi por fin Marco callara y por lo tanto de esa forma nunca llegara ese momento en el que yo debería de responderle, decir que si o o bien que no a todas sus preguntas. Obviamente nada extraordinario interrumpió su discurso y todas sus palabras una vez que entraban en mi cabeza eran como una bomba de relojería que estallaba dentro de ella, soltando además toda la metralla que llevaba en su interior para hacerlo todo aún más complicado y difícil.


Cuando intuí que había terminado dejé de jugar con el ravioli que aún quedaba en mi plato, solté el tenedor, me limpié los labios con la servilleta y me quedé mirándole, él no me quitaba los ojos de encima tampoco.


“Alex, no sé si tienes novio o no, como nunca cuentas nada, pero bueno decirte que desde que te conozco no puedo pensar en otra cosa que no seas tu, que me encantaría que por lo menos lo intentáramos etc etc......”


Fui incapaz de dejarle algo en claro luego. Aún no sé decir que no, no soporto, no puedo hacer daño a la gente, al menos de esta forma. Le miré y le miré y bueno, sin decirle que si o que no, parece como que Marco, que es muy listo, se adelantó e hizo entonces su propia interpretación de la situación, “no estás muy seguro pero lo intentamos ¿vale?, venga por favor”, dando supongo por sentado que eso era exactamente lo que pensaba yo en esos momentos, sin duda alguna.


De postre pedí tarta de chocolate para sacar fuerzas pero lo único que pude decirle una vez que la terminé fue lo típico, que a mi, (sin haber tenido ninguna curiosamente), las relaciones me agobian mucho, que no me gusta quedar todos los dias, que me llamen a cada hora y que por supuesto nada de demostraciones de cariño en público.


Marco se rio mucho entonces con esto último, cogiéndome de un dedo de la mano por sorpresa y al mismo tiempo poniéndose a mirar hacia La Barceloneta disimulando asi, como si él no lo hubiera hecho. Al verlo de pronto hacer el tonto no sé porque cambié de opinión, pensé que ¡que demonios!, ¡igual no es tan mala idea intentar por fin ser el novio de alguien, pese a mis dudas! , la realidad y las fantasía raramente coinciden me aconsejé a mi mismo.


Físicamente está claro que no es mi tipo pero quizás eso no sea tan importante me dije , tratando de animarme un poco, de responder un poco a toda su alegría con un mínimo de mi alegría también.

No creo que hiciera lo más apropiado.



¿Qué es lo que hizo variar mi posición de pronto, aparte de mi cobardia para enfrentarme con este tipo de situaciones?.


En primer lugar algo que había pensado unos minutos antes de que Marco se me “declarase”, hablando con él, escuchándole. “De nuevo una conversación interesante” No sé, no es que quiera decir, no es que me queje de Marta Eva y Rafa pero a veces me doy cuenta que lo único que les importa y de lo que saben hablar es de la facultad, de lo que se emborrachan los fines de semana, de tal o cual aparato electrónico, de la liga de fútbol, en resumen parece como si no existiesen más cosas importantes para ellos, o que de hacerlo hablar sobre esas cosas supone una perdida de tiempo, una tontería que nunca les apetece permitirse.
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En segundo lugar que es un poco como yo, siempre atento a las conversaciones ajenas, a todos aquellos que nos rodean, nada más sentarnos en la mesa ya comenzó a criticar a todos los que se habían entregado a nuestro lado a la comida basura y luego me hizo que observase a un padre que había comiendo a solas con su hijo de unos dos años sobre las rodillas. Me gusta esa imagen –me dijo mientras lo hacía- fíjate en sus gestos son casi iguales, ¿a ti no te hace gracia?.

Más tarde por último hizo una observación acerca de la gente que al salir del restaurante parece buscar siempre la ruta más complicada, aquella que molesta más al resto, la cual por cierto es totalmente verdad.



La última razón solo la entenderán aquellos que hayan llevado o lleven gafas como él o como yo hasta hace unas semanas al menos, en que me puse lentillas definitivamente. Me da hasta un poco de vergüenza decirla pero ahi va. Fué como ya dije, cuando le vi mirando hacia la Barceloneta, la Barceloneta que en los cristales de sus gafas aparecía completamente difuminada, deforme, muy pequeña y lejana, completamente distinta a como es.



No tiene nada que ver, lo he comprobado, cuando llevas gafas vives en un mundo propio. Mucho más diminuto limitado y frágil.


No existe ninguna garantía y a veces pasa, puedo jurarlo, ocurre que lo que ves a través de ellas no se corresponde en absoluto con el mundo real, con tal y como son las cosas de verdad.

¿Cómo demonios apareceré yo entonces para que se haya fijado en mi?

¿Cómo será ese mundo suyo que se supone que durante las últimas semanas ha girado a mi alrededor?


Aún ahora me lo pregunto más que sorprendido.



Egoistamente hice de vuelta a casa una lista de todos aquellos que podrían haber hecho lo que hizo Marco ayer sábado y que yo me hubiera muerto por que lo hicieran, pero que, sobran los motivos, nunca lo hicieron. No los nombraré, no es muy difícil imaginarlos. Probablemente nunca entré en sus planes, yo no les interesaba lo más mínimo, les gustaban las chicas o bien otro tipo de chicos muy diferentes a mi.

Esos que les gustan a todo el mundo.

Yo incluido.



 
Comentario:
pues yo intercambio gafas y lentillas y no noto diferencia.
 
Comentario:
"No tiene nada que ver, lo he comprobado, cuando llevas gafas vives en un mundo propio. Mucho más diminuto limitado y frágil..."

yo soy tb gafotas, me ha encantado esta frase...gracias por el regalo!!
No obstante, yo intento, con mayor o menor éxito, asomarme a través de mis cristales, intentar que mi mundo sea más grande y algo más seguro...
besos, suerte con tu chico...quien sabe?
 
Comentario:
No sé porquè... no me sorprende el comentario de Gianis, pero tú no hagas caso, Álex, es un mentiroso embaucador que sólo busca renovar su lista de contactos...
Me encanta tu post, me ha parecido de una belleza muy melancólica, aunque también es que mis gafas están hoy empañadas y, claro, así a cualquiera. Tines el (dudoso) honor de ser el primer blog de Chueca que leo, puesto que mi viejo ordenador, muy bifóbico él, se negaba a concederme entrada...
En fin, suerte y ánimo, que yo veo muy bien tu gran paso... creo que te sobran los motivos. Genial.
 
Comentario:
si lo llego a saber me adelanto a marco.
 
Comentario:
Tienes que ceder un poco ante la vida. Lo que no puedes hacer es estar quejándote siempre de que no tienes lo que quieres, como un niño malcriado al que papá y mamá han dejado en casa de la vecina. ¿Es que vas a apartar a un lado el pollo y dejarte morir de hambre porque no puedes tener faisán?
Además, que teniendo en cuenta lo que te gusta comerte la cabeza, Marco también va a llevarse lo suyo. La relación perfecta no existe, siempre hay un toma y daca en el que todos tenemos que renunciar a algo.
Deja de pensar en príncipes azules. Y dejad que la gente coma lo que quiera, coño.
 
Comentario:
Las cosas que duren lo que tengan que durar... si de verdad llega un momento que no soportas la situación tu mismo te sorprenderas cortandolo por lo sano de mejor o peor manera... ya lo veras... y mientras que eso llega (o no) disfruta de los buenos momentos, la buena compañia y el cariño que te regalan los que te rodean...
No