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Andrés estaba sentado solo al final del vagón.
Tal y como lo recordaba del colegio, es decir con treinta kilos de más, vestido con unos vaqueros negros ajustados, botines, una camiseta de Iron Maiden y el pelo recogido en una trenza.
Por supuesto que no nos dijimos nada.
Hará un par de meses leí algo acerca suyo en el periódico del barrio y pensé entonces algo parecido a que ojalá no lo volviera a ver ya , no me cruzara con él nunca más. Era algo relacionado con un programa de heavy metal que tiene en una radio local las noches de los domingos y me hizo gracia la verdad, imaginarlo hablando por un micrófono con esa voz tan horrorosa que tiene. Pero a mi no me gusta el heavy metal y además él me cae bastante mal o muy mal mejor dicho, pues en clase no paraba de criticarnos a muchos por la espalda. Recuerdo incluso algo que dijo acerca mio cuando se enteró ha que había ido al Primavera y que en aquel entonces me hizo bastante daño.
El caso es que pasé por delante de él cargado con tres mochilas y detrás mi madre y ni siquiera me molesté en mirarlo.
Yo me acomodé junto a una familia de rumanos que parecían clones los unos de los otros, todos con las mismas caras y gestos.
Eran un chico de unos veinte años enorme, de casi dos metros seguro, su padre al que le faltaba media dentadura y el hermano pequeño por último, de unos catorce aproximadamente y con cara de miedo o al menos eso me pareció a mi, que era el que menos hablaba de los tres ocupado como estaba en mirar por la ventana. Nada más empezar el trayecto me acercaron un anuncio de empleo de “carretilleros/mozos reponedores” al que querían presentarse los tres supongo, señalándome con el dedo la dirección a la que debían ir en Gavá. Yo les dije por gestos que aún quedaban tres paradas y que ya les avisaría cuando llegásemos. Me hizo mucha gracia como me miraron con desconfianza y como luego, al pasar por el Prat, formaron un pequeño revuelo al ver despegar un avión de cerca. No pudieron dejar de hablar sobre eso a continuación, imitando el despegue con la mano, sin dejar de reírse y hablar entre ellos, por fin hermano pequeño incluido. El padre comenzó a explicar minutos más tarde algo relacionado con los aviones que ellos dos debían desconocer a juzgar por lo atentamente que lo miraban. Cuando por fin llegamos a Gava se lo indique como habíamos acordado y entonces tras despedirse los tres de mi atropelladamente se bajaron del tren.
Dirigí entonces mi mirada hacia enfrente que era donde estaba sentada mi madre junto a unos chicos y chicos de mi edad. Vi que como temía, ya estaba plenamente integrada con ellos, riéndose como el perfecto testigo mudo que era, de todas las bromas y chistes que se contaban los unos a los otros. Una chica que sin estar en ese grupo si que debía ir con ellos porque se les acercaba de vez en cuando para hablar con ellos se sentó de repente a mi lado y empezó también a decir tonterías. Todos le rieron las gracias, mi madre incluida que me miró a mi también para ver si yo sonreía. Cuando todo se tranquilizó un poco, la misma chica informó al resto de sus amigos que ella antes era muy tímida pero que afortunadamente ya había dejado de serlo por su propio bien. Volví a fijar mis ojos en mi madre que tenía cara de estar pasándolo genial junto a ellos y me imaginé la comparación que debía de estar estableciendo en esos momentos dentro de su cabeza, entre ese grupo de chicos y chicas y yo, siempre con cara de pocos amigos, con cara de “dolor de estómago” como dice ella, pero con sus mismos años y seguro que a simple vista también muy parecido a todos ellos.
Al cabo de unos diez minutos por fin divisé Garraf a lo lejos.
¿Puede un buen recuerdo atraer hacia si, como una especie de imán, a un montón de malos recuerdos y convertirse entonces en uno más de ellos, pasando pues a formar parte de esa categoría sin comerlo ni beberlo?
El caso es que nada más entrar en la casa fui directamente hacia mi habitación, alli donde había dejado escondido mi móvil para poder de esa forma escapar de él. Y luego bajé al garaje donde había guardado la bici en septiembre , la bici en la que acudí a una de nuestras muchas citas del año pasado. Y me acordé luego también, tumbado en la cama, al mismo tiempo que mi madre preparaba en la cocina los cepillos para limpiar la piscina, de la vez que nos fuimos a un bosque y me desnudo por completo , o de la vez que fui a su casa y la verdad, no pude sino excitarme un poco. Tanto que me dio por llamar a Genis, él es casi siempre quien lo hace, para escuchar su voz a través del aparato por lo menos. A saber que habrá sido de él, si seguirá usando el mismo nick “Papi45” para ciberpajearse, si estará dispuesto a montárselo conmigo de nuevo en el caso que yo se lo pida este verano me dió por pensar.
A las siete, cuando el sol dejó de dar en el jardín, mi padre y yo comenzamos a frotar las paredes y el suelo de la piscina. Y hubo un momento en que lo volví a ver, al darme la vuelta y mirar hacia atrás. Por supuesto el no estaba alli. Son cosas que pasan en mi cabeza únicamente.
Luego por la noche me puse a estudiar y lo que debía haber sido una pausa de diez minutos como que se convirtió en una pausa algo más larga, de una hora y media más o menos, en la que básicamente a lo que me dediqué fué a contactar con todos aquellos que en el chat por su nick podían ser él y que únicamente buscaban masturbarse con alguien por la cam . No hubo suerte sin embargo. Ninguno de ellos resultó ser finalmente Boris. A cada cual era más soso además. Terminé por ponerme de nuevo el bañador encima y dejarlo todo para otra ocasión.
Cuando salí fuera al jardín, ya a punto de amanecer, lo único que se oián eran las olas del mar rompiendo en la playa y el agua saliendo del grifo de la piscina. Estaba medio llena ya, daban ganas la verdad de meterse por fin dentro de ella y hacerse unos largos y después, al amanecer irse a dormir.
Sentado en el borde de la misma me di cuenta que tenía que invitar a Genis a venir aquí, a Julien, a Felipe incluso, a cualquiera, y cuanto antes mejor.
Me conozco demasiado bien.
Sé en que es lo único en lo que puedo pensar en esos momentos en que no tengo a nadie alrededor y estoy aburrido.
Mandé un sms a Genis y esperé sentado su respuesta. El agua ya rozaba la planta de mis pies.
“La noxe aburria. T EXO D MNOS Alex” me contestó
Lo releí un par de veces antes de volver a entrar en casa.
Luego otro par de veces más antes de meterme en la cama, más contento ya, sabiendo que alguien me echa de menos.

Comentario:
Yo también soy capaz ya de salir a la calle con las gafas de pasta dejando las lentillas en casa...
Un beso.
Un beso.
Comentario:
Llevo leyéndote unos meses pero nunca te había firmado. Me gusta mucho todo lo que escribes porque me veo reflejado casi siempre. Tengo 22 y a veces miro mis yos anteriores, luego crezco, luego parezco de 19 otra vez por mis brincos ante un sms... La gente que tenías por amigo desaparece, pero surgen nuevas personas. No hay que detenerse. Por cierto, quién estuviera ahí en tu piscina.
XXX
XXX
Comentario:
Olvídate de Boris. YA.
Tienes mucha gente a tu alrededor que te quiere y con la que te lo pasarás mejor.
Tienes mucha gente a tu alrededor que te quiere y con la que te lo pasarás mejor.
Comentario:
es bonito que te echen de menos. y si encima es verdad, mucho mejor.
aunque no lo creas, y estemos más o menos de acuerdo con algunas cosas que dices, tb a veces se echa de menos conocer a gente como tu.
besos
(joe, en mi salsa, eh?)
aunque no lo creas, y estemos más o menos de acuerdo con algunas cosas que dices, tb a veces se echa de menos conocer a gente como tu.
besos
(joe, en mi salsa, eh?)