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Tokio (1)
A. estaba seguro en los dias previos que al final todo el viaje se iría al garete.
Un dolor muy fuerte de estómago, una gripe veraniega, un mareo que ni siquiera le permitiría ponerse en pie, ya contaba con todos ellos.
Juntos o por separado harían acto de presencia uno o dos dias antes de marchar seguro y todo tendría que suspenderse entonces.
Por eso estuvo tan nervioso y no dejó de estarlo hasta que el avión despegó de Barcelona y luego finalemente de Madrid.
Llegaron a Tokio a mediodía hora local tras un vuelo interminable y aunque en el autobús que los llevaba al hotel muchos optaron por dormir un poco A. permaneció sin pestañear casi, con la nariz pegada al cristal de la ventanilla, no creyéndose que finalmente estuviera alli.
Su hotel resultó ser uno de los últimos además con lo que durante el trayecto ya pudo formarse una primera idea más o menos acertada de la ciudad.
Buscaba en todos los neones publicitarios a Bill Murray anunciando “Santorini” pero obviamente no encontró nada parecido.
A. no había viajado tan lejos nunca . Iba acompañado por sus padres como en casi todos sus viajes. Su madre le agarraba del brazo, incrédula ante lo que estaba viendo, mientras el autobús zizageaba buscando la ruta más corta hacia el siguiente hotel. Su padre de vez en cuando le tocaba la rodilla y al mirar hacia él le sonreía y A. le sonreía también, muy agradecido a ambos porque le hubieran acompañado, contento al ver también que parecían estar disfrutando de todo aquello.
Cuando llegaron al hotel A. tuvo que encargarse de todo y bueno, aunque no resultó muy difícil, no pudo evitar alterarse un poco al ver que nadie parecía hacerles demasiado caso.
Su habitación como era de esperar tenía unas vistas impresionantes y eso que eran las cinco de la tarde.
“Hay que esperar a que anochezca, entonces ya vereís” les advirtió a sus padres.
Al dia siguiente de madrugada A. aprendió que si no había paradas el ascensor tardaba exactamente 41 segundos desde que lo cogía hasta llegar al vestíbulo. Estaba escuchando por casualidad “Ce Matin La” de Air y le gustó tanto que se abrieran las puertas justo cuando la canción se ralentiza, comenzar a continuación a andar por el recibidor del hotel cuando la canción recupera su ritmo, que a partir de ese dia todas las mañanas esperó a estar ya dentro del ascensor para comenzar a escuchar dicha canción. Ojalá no haya hoy tampoco parada alguna, soy un experto en esto de asociar canciones con determinadas cosas pensó.
La cafetería del hotel de A. estaba en la planta baja y A. desayunó allí todos los dias, la mayoría de veces solo pues sus padres no terminaban por acostumbrarse al horario japonés y, esto era lo que le sacaba de quicio a A, tampoco hacían muchos esfuerzos en hacerlo, pues continuaban rigiéndose por el horario español, durmiendo durante gran parte del dia y pasándose la noche en una terraza del hotel leyendo la prensa y viendo las diversas televisiones europeas que alli arriba tenían.
“Esta es la primera vez que viajar con ellos no está resultando como esperaba. Hasta ahora los tres nos cansábamos , teníamos energía al mismo tiempo, queríamos ir a los mismos sitios. ¿Será que se están haciendo mayores o únicamente que soy yo el que se esta haciendo mayor y soy ya un ser autónomo y diferente a ellos?” pensó un dia A sin quitar el ojo a una familia italiana que si que se había adaptado perfectamente al horario japonés.
Eran el padre, la madre y dos hijos vestidos en plan David Beckham, uno un poco mayor que A. y otro probablemente de su edad. A. no les pudo quitar el ojo de encima ya desde esa primera mañana que desayunaron juntos pero no revueltos. Tanto que no pudo evitar seguir al baño a los dos hijos de dicho matrimonio cuando tras haber terminado el café fueron a él.
Al entrar vió que cada uno se había puesto en una esquina, y que o bien se podía ponerse a “mear” entre ellos, eran tres pilas, o bien como finalmente seguro que hacía, cabía también la posibilidad de acobardarse y meterse entonces en un retrete y renunciar a todo.
A fue valiente por una vez y se situó entre ellos.
Y miró disimuladamente hacia ambos lados claro está.
El hermano mayor la tenía normal. Se la descapulló un poco pues ya debía haber acabado y acto seguido se la metió para dentro de nuevo. El otro sin embargo la tenía enorme, tanto larga como gordita, y bueno, justo al salir del baño su hermano, cuando el terminó de mear, también se la empezó a descapullar un poco pero varias veces y cada vez más.
A creyó que iba a caerse redondo alli mismo, mareado, cuando vió como el italiano lejos de irse continuaba ahí, a su lado, jugando con su polla, mostrándole y escondiéndole aquel capullo tan enorme e incoloro comparado con otros que había visto, levántandola como para asegurarse que pudiera verla . Eran solo él y A., participando quizás ambos en un extraño juego de seducción, los dos envueltos en un silencio sepulcral y nada más. Sus miradas de pronto coincidieron. A. juró para si al bajar la vista y volver a verla que la tenía aún mucho más grande que hace unos segundos , que seguro que estaba a punto de ocurrir algo. Y entonces inesperadamente él se la metió dentro del pantalón.
¿Ha pasado un minuto, dos, treinta segundos solo? se preguntó luego A ya a solas en el baño.
“Por favor que mañana vuelvan a desayunar a esta misma hora” pensó A de camino a su habitación de nuevo, nerviosísimo.
Obviamente no sabía que aún coincidirían dos dias más él y aquella familia italiana, a la hora de desayunar claro.
Comentario:
Este es el Alex que me gusta. Un besazo
Comentario:
jobar como me calientan tus historias tio, el rollo en el baño es de un morboso que ufffff
Comentario:
Chaval, tantos dramas que te haces por los vacios de tu vida (te vengo leyendo desde hace tiempo) y nunca te has planteado de dedicarte a escribir profesionalmente??? Lo haces muy bien y estoy seguro que podrías tener mucho éxito...
besos
Tito
besos
Tito
Comentario:
Me he quedado con las ganas de saber más espero que no tardes en continuar ... Un besote