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Tokio ( y 2)
Visto desde fuera y durante el dia era una enorme esfera de color gris metálico.
En cuanto que anochecía se convertía sin embargo en una especie de gran pecera, hecha toda ella de cristal rosado.
Podías por lo tanto ver desde lejos y a través suyo, una mínima parte lo que dentro de ella ocurría si es que estabas interesado en hacerlo.
Cabía, le dijeron, también la posibilidad de acceder directamente a ella desde el hotel, no desde la calle, a través de un túnel situado en la primera planta del garage.
Una vez dentro, asomándose uno en la escalera, resultaba difícil poder adivinar en cuantos pisos estaba dividido todo aquello, parecía que en cinco, pero claro, en cada uno de ellos había un montón de escaleras que subían y bajaban ¿a otro piso?, ¿a un nivel inferior o superior pero de la misma planta?.
Lo que estaba claro es que en las plantas superiores era donde estaban las tiendas más grandes y caras y que a medida que bajabas el tamaño y los precios de las mismas se iban reduciendo. Asi hasta llegar a la planta baja que aparecía repleta de locales de comida rápida americana y japonesa, mezclados entre ellos, colocados los unos enfrente de los otros en estrechas callejuelas artificiales en las que había que andar con sumo cuidado debido a lo resbaladizo del suelo, lleno de vasos de plástico ya vacios y envoltorios de bocadillos, a la existencia de ladrones profesionales especializados en el turismo occidental según se advertía por megafonía constantemente.
Dentro de aquel centro comercial tan monstruoso, bajo su enorme cúpula de cristal, A. encontró por fin lo más parecido a un directorio.
A los pocos minutos ya estaba en un Mc Donalds cenando o merendando a solas, haciendo balance del dia.
Se fijó de nuevo en el pelo del chico de la caja, el mismo que le había atendido, negro oscuro y con mechas rojas y se decidió por fin a hacerlo.
Cuando una hora después volvió al hotel, al verle sus padres con el pelo igual que como lo tenía aquel cajero, antes que se lo echaran en cara, él rápidamente reaccionó y encontró la excusa perfecta que darles“me dejais tanto tiempo a solas que algo tengo que hacer”.
Al dia siguiente:
A.fracasó en todos sus planes con respecto a sus chicos italianos
A.visitó un templo en lo alto de un monte
A.comió junto al resto de la expedición en un restaurante junto al mar
A.se durmió en la habitación del hotel nada más volver a él.
A.volvió a soñar con el maldito directorio, solo que esta vez si que la encontraba en él y entonces bajaba a toda prisa hacia la penúltima planta que era donde aparecía en una esquina situada la sauna para hombres XXXXXX.
Su ridícula pollita occidental que a nadie impresionaba alli de donde venía:
A. deseaba y fantaseaba con que en Tokio fuera más apreciada, más que nada por la fama que tenían los orientales de tenerla pequeña.
Los chicos japoneses envueltos en una toalla y con el pecho húmedo por el sudor peleándose por ella en la oscuridad, los ancianos mirándosela y pasando la lengua por sus labios deseosos de poder chupársela. Algo parecido a esto pasó por su cabeza durante esos pocos minutos en que consiguió conciliar el sueño esa tarde.
Luego, al despertarse, como hacía todos los dias, se fue hacia el parque xxxxx.
Un pequeño lago circular de no más de tres metros de diámetro, repleto de velas encendidas flotando en el agua.
Un banco de piedra blanca a su alrededor y en el que A. siempre se sentaba.
Le encantaba estar alli unos minutos, cuantos dependía del dia, para no ser NADIE, no pensar en NADA, no pertenecer a NINGUN LUGAR en concreto.
¿Qué pasará ese dia en que ya no pueda venir aquí porque me encuentre volando de vuelta a casa? se preguntaba obsesivamente.
¿Cómo estará todo esto cuando haya regresado de nuevo a mi vida normal?. ¿Puede una de esas velas, este mismo banco, cualquiera de los pequeños árboles que me rodean echar de menos a una persona tanto como esa persona los echa a ellos de menos en la otra parte del mundo?.
A se rió de todas las tonterías que a veces le da por pensar y se levantó para estar de vuela en el hotel antes de las siete.
“Creo que tanto budismo me empieza a afectar” concluyó.
La mañana siguiente en pleno desayuno A. se levantó de la mesa en cuanto que vio que los chicos italianos estaban a punto de hacerlo para ir al baño.
Cuando entró en el A se colocó en la pila del medio y esperó nerviosamente en vano a que se oyeran sus voces primero, sus pies golpeando la puerta después como hace dos dias había sucedido.
Al salir del baño cansado de esperarles observó como toda la familia se encontraba al otro lado del cristal, en recepción, junto a unas maletas, dispuesta para irse ya definitivamente de vuelta a su pais.
Para colmo descubrió además le habían retirado el desayuno de la mesa.
El camarero le pidió disculpas ofreciéndose a traerle uno nuevo.
DA IGUAL le dijo A.
Visto desde fuera y durante el dia era una enorme esfera de color gris metálico.
En cuanto que anochecía se convertía sin embargo en una especie de gran pecera, hecha toda ella de cristal rosado.
Podías por lo tanto ver desde lejos y a través suyo, una mínima parte lo que dentro de ella ocurría si es que estabas interesado en hacerlo.
Cabía, le dijeron, también la posibilidad de acceder directamente a ella desde el hotel, no desde la calle, a través de un túnel situado en la primera planta del garage.
Una vez dentro, asomándose uno en la escalera, resultaba difícil poder adivinar en cuantos pisos estaba dividido todo aquello, parecía que en cinco, pero claro, en cada uno de ellos había un montón de escaleras que subían y bajaban ¿a otro piso?, ¿a un nivel inferior o superior pero de la misma planta?.
Lo que estaba claro es que en las plantas superiores era donde estaban las tiendas más grandes y caras y que a medida que bajabas el tamaño y los precios de las mismas se iban reduciendo. Asi hasta llegar a la planta baja que aparecía repleta de locales de comida rápida americana y japonesa, mezclados entre ellos, colocados los unos enfrente de los otros en estrechas callejuelas artificiales en las que había que andar con sumo cuidado debido a lo resbaladizo del suelo, lleno de vasos de plástico ya vacios y envoltorios de bocadillos, a la existencia de ladrones profesionales especializados en el turismo occidental según se advertía por megafonía constantemente.
Dentro de aquel centro comercial tan monstruoso, bajo su enorme cúpula de cristal, A. encontró por fin lo más parecido a un directorio.
A los pocos minutos ya estaba en un Mc Donalds cenando o merendando a solas, haciendo balance del dia.
Se fijó de nuevo en el pelo del chico de la caja, el mismo que le había atendido, negro oscuro y con mechas rojas y se decidió por fin a hacerlo.
Cuando una hora después volvió al hotel, al verle sus padres con el pelo igual que como lo tenía aquel cajero, antes que se lo echaran en cara, él rápidamente reaccionó y encontró la excusa perfecta que darles“me dejais tanto tiempo a solas que algo tengo que hacer”.
Al dia siguiente:
A.fracasó en todos sus planes con respecto a sus chicos italianos
A.visitó un templo en lo alto de un monte
A.comió junto al resto de la expedición en un restaurante junto al mar
A.se durmió en la habitación del hotel nada más volver a él.
A.volvió a soñar con el maldito directorio, solo que esta vez si que la encontraba en él y entonces bajaba a toda prisa hacia la penúltima planta que era donde aparecía en una esquina situada la sauna para hombres XXXXXX.
Su ridícula pollita occidental que a nadie impresionaba alli de donde venía:
A. deseaba y fantaseaba con que en Tokio fuera más apreciada, más que nada por la fama que tenían los orientales de tenerla pequeña.
Los chicos japoneses envueltos en una toalla y con el pecho húmedo por el sudor peleándose por ella en la oscuridad, los ancianos mirándosela y pasando la lengua por sus labios deseosos de poder chupársela. Algo parecido a esto pasó por su cabeza durante esos pocos minutos en que consiguió conciliar el sueño esa tarde.
Luego, al despertarse, como hacía todos los dias, se fue hacia el parque xxxxx.
Un pequeño lago circular de no más de tres metros de diámetro, repleto de velas encendidas flotando en el agua.
Un banco de piedra blanca a su alrededor y en el que A. siempre se sentaba.
Le encantaba estar alli unos minutos, cuantos dependía del dia, para no ser NADIE, no pensar en NADA, no pertenecer a NINGUN LUGAR en concreto.
¿Qué pasará ese dia en que ya no pueda venir aquí porque me encuentre volando de vuelta a casa? se preguntaba obsesivamente.
¿Cómo estará todo esto cuando haya regresado de nuevo a mi vida normal?. ¿Puede una de esas velas, este mismo banco, cualquiera de los pequeños árboles que me rodean echar de menos a una persona tanto como esa persona los echa a ellos de menos en la otra parte del mundo?.
A se rió de todas las tonterías que a veces le da por pensar y se levantó para estar de vuela en el hotel antes de las siete.
“Creo que tanto budismo me empieza a afectar” concluyó.
La mañana siguiente en pleno desayuno A. se levantó de la mesa en cuanto que vio que los chicos italianos estaban a punto de hacerlo para ir al baño.
Cuando entró en el A se colocó en la pila del medio y esperó nerviosamente en vano a que se oyeran sus voces primero, sus pies golpeando la puerta después como hace dos dias había sucedido.
Al salir del baño cansado de esperarles observó como toda la familia se encontraba al otro lado del cristal, en recepción, junto a unas maletas, dispuesta para irse ya definitivamente de vuelta a su pais.
Para colmo descubrió además le habían retirado el desayuno de la mesa.
El camarero le pidió disculpas ofreciéndose a traerle uno nuevo.
DA IGUAL le dijo A.
Comentario:
Sigue escribiendo loca. Me haces evadirme por un rato de mi mundo para leer a la Ally McBeal española. Me encanta tu blog.
Comentario:
Creo que vives demasiado en tu mundo y deberias aposentar los pies un poco más en la tierra. Creo que deberias dejarte menos de fantasear y dejarte llevar más, pero sin pasarse. Un cosa es dejars ellevar y otra hacer el cabra loca
Un saludo
Me encnata leerte, ya ves que desde q te conozco soy uno de los primeros que leo y te comento lo que pienso
Un saludo
Me encnata leerte, ya ves que desde q te conozco soy uno de los primeros que leo y te comento lo que pienso