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Nunca podré adivinar de que línea de autobuses se trataba o el porque si nunca jamás ha pasado ninguno de ellos por mi calle, esta noche de repente ese si que lo hizo.
Nunca podré saber el motivo por el que subí al mismo teniendo algunos planes ya hechos de antemano, o que me hizo situarme justo a su lado tan inconscientemente.
Hace unas pocas horas Barcelona era la ciudad mas navideña del mundo. Bajo una enorme nevada que comenzaba ya a cuajar en los tejados y las copas de los árboles, los niños acompañados de sus madres por fin invadían las calles mas amplias de la ciudad mientras que los chicos de mi edad, a base de alcohol, celebrábamos junto a todos los compañeros de clase, el final del trimestre en las calles mas estrechas que uno pueda imaginarse, a la puerta de cualquier bar cochambroso.
Yo caminaba sin rumbo fijo, bajo los reflejos de cientos de luces de colores verde rojo y blanco, como una especie de Holden Cauldfield catalán, y de repente ocurrió, apareció por mi calle.
Era un autobús plateado, de esos americanos tan amplios que aparecen en las películas, con una fuerte iluminación en su interior como pude comprobar luego, atestado de gente según se podía distinguir a través de sus ventanas. Al frenar justo en mi portal vi como un chorro de vapor salía de sus entrañas por el hueco de las ruedas y a medida que me iba acercando a el, sin saber porque, comencé a sentirme entonces más y más solo y triste que nunca, entre tanto y tanto copo de nieve que caía y bajo todas aquellas pequeñas ventanas iluminadas que encajadas en los grandes edificios, seguro que escondían a alguien observándome de lejos.
Tanto fue que para cuando por fin me situé a la altura de su puerta de entrada no dude ya ni un segundo en subir a el. Parecía además como que me esperaba, y que no iba a arrancar sin llevarme en su interior hacia Dios sabe donde, pues había mirado la placa que señalaba su ruta y ni una sola calle me resultaba familiar, no tenia la mas mínima idea de donde podía estar.
No hacia falta billete. Mire hacia el pasillo y al instante casi me di cuenta que aunque desconocidas, todas las caras alli dentro me sonaban de algo, aunque sin saber de que claro está . Nada mas cerrarse las puertas, al mismo tiempo que nos poníamos en marcha, sonaron entonces por los altavoces unos redobles de tambor a los que siguieron luego las primeras notas de un xilófono y una voz de chica en plan anos 50 entonando un villancico desconocido para mi y de lo mas triste, que no dejaba de enumerar las cosas que uno pierde por el camino, deja atrás de un año para otro.
Había demasiada gente en cualquier caso como para poder sentarme en un asiento o ponerme cómodo asi que me agarré como única opción posible a la barra del techo y colocándome justo enfrente suyo me fijé al fin en sus ojos negrísimos por primera vez, y luego bajé hacia sus manos claro , asombrándome al descubrirlas alli, unas heridas a punto de cicatrizar en sus muñecas que el rápidamente tapó con sus muñequeras, enfadado y avergonzado por que alguien se las hubiera visto.
De nuevo me fije en sus ojos, oscuros y misteriosos y ante mi sorpresa, emergiendo de los mismos, la historia completa tomó forma delante mío. El estaba desnudo dentro de una bañera, la sangre manchaba ya gran parte del suelo y no se daba ningún tipo de arrepentimiento dentro su cabeza, no había motivos para volverse atrás. Su familia mientras, ajena a todo, veía la televisión en el salón, se reía, discutía acerca de donde ir en vacaciones. Fue su padre quien entonces de pronto preguntó por el y al no encontrarlo se puso a buscarlo por toda la casa.
De pronto el autobús iba mucho mas deprisa y vacío por completo además a excepción suya, que ya se había sentado, y mía. La nieve se posaba en los cristales y resbalaba a continuación a lo largo y ancho de los mismos hasta desaparecer lentamente cayendo a la carretera.
Fue como convertirme en un hombre anuncio - me dijo el caminando por una plaza en las afueras de Barcelona en la nunca antes había estado y cuyo nombre jamás había escuchado que era donde terminaba la ruta del autobús- solo que en vez de publicitar algo en su lugar llevaba escrito por ambos lados las razones por las que había hecho lo que había hecho, las razones por las que según ellos debía arrepentirme y mirar al futuro con optimismo.
Ya no nevaba, las calles casi a oscuras estaban llenas de charcos enormes, de hojas tiradas por los suelos.
Llevaba también en los bolsillos más razones no te creas, por si a alguien no les parecían suficientes las que estaban a la vista de todos, en ambos lados del anuncio, era cuestión de sacarlas a la luz también en caso que fuese necesario–concluyó.
El villancico volvió de pronto a sonar. Los redobles de tambor, el xilófono, la chica cantando. La única diferencia era que en ese momento, en un pequeño bar vacío de baldosas blancas, junto a él, un chico delgadísmo, muy blanco, de grandes ojos oscuros y marcadas ojeras, con unas muñequeras rojas, que se reía siempre sacando la lengua como un guasón más, de pronto a mi me pareció la canción más alegre del mundo, con la letra más optimista que haya oido jamás.
¿Cuántos años tienes? le pregunté.
Dieciséis me respondió y a punto estuve de ponerme rojo como un tomate por nuestra diferencia de edad, cuatro años. A punto porque en ese mismo instante el me tendió una foto que acababa de hacerme nada más entrar en su casa y en ella , ante mi sorpresa, por lo que reflejaba la misma, yo también volvía a tener dieciséis años, el pelo mucho más largo que ahora y efectivamente, escuchándome a mi mismo hablaba como entonces lo hacía, es decir, mucho más bajo de cómo lo hago hoy en dia, con muy poca o nada confianza en mi mismo. ¿Dónde habrá ido a parar ese viejo jersey rojo que entonces llevaba? ¿Estará por casa aún?, tengo que buscarlo.
Aquí –los dos ya en su cuarto situado junto al garage del chalet- es como si siempre fuera de noche. Apenas se oye nunca nada fuera, además tenemos un montón de árboles que nos roban la luz solar cada dia más. Cierras los ojos y como ya te digo Alex, no importa que hora sea, siempre es de noche.
Estábamos sentados en su cama, apoyados en el cabezal, fumándonos un porro tras otro, tal y como yo hacía a los dieciséis hasta que ya no podía más, no sentía casi nada, me caía del mareo y tumbándome en la cama tenía que empezar a gesticular lo máximo posible con la cara para asegurarme que aún tenía algo de control sobre mi cuerpo.
¿Te he hablado ya del Carambolas? – él, que ni siquiera me había dicho su nombre, no paraba ya de hablar mientras yo , tumbado en su cama, comenzaba a sentir una especie de sudor frio brotándome por la frente- pues, era el tio con más suerte que jamás haya visto jugando al fútbol, todos queríamos ir con él y no es que fuera muy habilidoso pero es que para todo parecía tener todo de cara ¿y del Santón?, no creo que no te contado lo que un dia... – lo curioso es que hablaba de todos ellos en pasado, como si ya no existieran o fueran amigos suyos y yo aunque si que escuchaba nombres y más nombres era totalmente incapaz a esas alturas de seguir ninguna de sus historias, temblando, muy mareado, a punto de caer dormido.
-Tienes que irte ya – me dijo de pronto, pasada una hora o asi, quedándose por fin en silencio, medio despertándome.
-No quiero – le respondí.
- Sabes que tienes que hacerlo, que no hay otro remedio.
- ¿Cómo podría volver a verte?
- Sabes que es imposible, no tienes pinta de no haber tenido nunca un amigo imaginario chico.
- He tenido muchos – repliqué pensando en una cantidad aproximada-pero a veces me los he vuelto a encontrar y no solo me han salvado una tarde sino muchas, incluso veranos enteros.
- Es cuestión de suerte ya sabes, quizás a partir de esta noche ya no nos vayas a necesitar nunca más.
-No creo –susurré abriendo los ojos y levantándome de la cama.
- Ahora ya sabes, toca ducharse, vestirse y bueno, ver lo que esta noche te puede deparar -me pareció oirle decir.

Comentario:
(Sin comentarios y con los pelos como escarpias)
Comentario:
Me gustado mucho tu particular cuento de Navidad.Espero que puedas superar la visita de los 3 fantasmas: pasado,presente y futuro. Espero que en el futuro nos encontremos. De momento compartimos ciudad.
Comentario:
escribes muy muy bien.
Sigue así
Sigue así