pater
El sábado me estaba explicando mi padre como ingertar en un árbol una rama de otro fruto distinto, me decía que esa rama dentro de un par de años darían fruto y yo en mi confunsión le preguntaba si el árbol daría el fruto antiguo o el nuevo... Mi padre me llamó bobilla y lo acepté. Me dejó claro que solo pueden ingertarse frutos de pipa con pipa, de hueso con hueso.. Y que un mismo tronco puede dar naranjas y limones a la vez.
Después de toda su charla reflexioné en la magia de la Naturaleza y pensé en mi, en lo que me queda por aprender y en lo maravilloso que resulta tener un árbol al que le puedas recoger manzanas y peras a la vez...
No me quito de la cabeza el pensar que los árboles son como las personas, o mejor dicho, que nosotros somos como los árboles.. somos capaces de sentirnos mal pero a la vez dar cobijo a las tristezas de los otros.
Gracias, blogeros.
Después de toda su charla reflexioné en la magia de la Naturaleza y pensé en mi, en lo que me queda por aprender y en lo maravilloso que resulta tener un árbol al que le puedas recoger manzanas y peras a la vez...
No me quito de la cabeza el pensar que los árboles son como las personas, o mejor dicho, que nosotros somos como los árboles.. somos capaces de sentirnos mal pero a la vez dar cobijo a las tristezas de los otros.
Gracias, blogeros.
Comentario:
Me gustaría ser vegetal y recibir un injerto en mi cuerpo, nueva sabia. Una rosa, si, injertarme un rosal en mi alma, y esperar la primavera, que no llega, que no quiere llegar, y a pesar de todo florecer... Un beso.
Comentario:
Recuerdo un ciruelo del jardín (de Perobequez ;-) ) que daba cuatro tipos distintos de frutas...
Supongo que, como pedía el Cardenal Knox en una oración preciosa -que no recuerdo bien-, habría que saber ver las tristezas de los demás para darles a las propias la medida justa y relegarlas (y consolarse) ayudando al otro.
Me ha gustado muchísimo tu historia, y ese parangón arborícora que nos has regalado.
Un beso, diley!
Saf ;-))
Supongo que, como pedía el Cardenal Knox en una oración preciosa -que no recuerdo bien-, habría que saber ver las tristezas de los demás para darles a las propias la medida justa y relegarlas (y consolarse) ayudando al otro.
Me ha gustado muchísimo tu historia, y ese parangón arborícora que nos has regalado.
Un beso, diley!
Saf ;-))
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Sea como sea, todo sigue su curso. Baci ragazza