LITERATURA GAY...
Hoy me voy pronto a la cama -Quijote estará contento conmigo- porque hoy por la tarde no caí en brazos de Morfeo. Con un poco de suerte esta noche descansaré hasta el punto de no necesitar mañana dormir siesta y poder ir al gimnasio.
La tarde ha cundido. He visitado a mi hermana, he adquirido un buen regalo para un amigo que se casa el mes que viene, he comprado flores para una amiga que celebraba hoy su cumpleaños, he buscado algo de comida para el almuerzo de mañana y hasta me entretuve en ver algún libro.
Sí, en la librería Beta de Viapol no hay tanta gente como en Sierpes y puedes llevarte horas mirando los libros con tranquilidad. Además me encanta la voz del dependiente argentino y el pub irlandés cercano me ofrece un buen sitio para quedar con mi amiga y darle las flores. Je, je, es que soy un encanto. (Tranquilos no quiero nada con ella).
Entre las novedades algunos libros interesantes. Tuve en mis manos el último de Álvaro Pombo, que espero comprarme pronto, pero eran mas de 20 euros y no estoy para excesos. Las hipotecas son muuuu malas.
Así pues ojeé por allí un rato hasta que dudé entre la intriga en “Yesterday”, de Miguel Fernández, o el humor de Juan González en el “Manual del maricón desenfadado”. Me decidí por éste último. Son solo siete euritos. Si no se me cierran los ojos me leeré algún capitulo antes de apagar la luz.
La compra de un libro como éste me ha hecho reflexionar (¡que raro! , yo pensando) y me he dado cuenta de que las primeras salidas del armario estuvieron precisamente relacionadas con libros y revistas.
Antes incluso de cualquier imaginado encuentro con algún chico, ya empezaba a leer ávido algunas de las páginas del Nuevo Vale en las que se hablaba de sexo, o novelas como El amante de Lady Chaterlay.
Tras el primer y precoz encuentro sexual mantenido con un vecino mayor que yo, el kiosko me proporcionaba interesantes y excitantes publicaciones como Lyb, Mensual, Playgirl, o Las cartas de Pen.
Sí, vale, vale, pensareis que soy un guarro. O que lo era. Pero en mi descargo tengo que decir que las hormonas no se detenían en plena adolescencia y uno no solo vivía de apretar granos.
El caso es que el vendedor de prensa fue la primera persona en saber que “me iban” esas revistas y que por lo tanto “me iban” tanto los chicos como las chicas.
Es cierto que compraba las típicas publicaciones con chicas desnudas en el kiosko mas cercano a casa y que me iba siempre hasta un barrio lejano para comprar las de los chicos. Estas últimas no era tan habituales, frente a las dirigidas al público masculino hetero, y verlas en los expositores con portadas en las que se mostraban chicos desnudos posando en provocativas posturas eróticas era poco frecuente. Y menor el número de clientes dispuestos a adquirirlas. O eso creía yo. Iluso....
Siempre lo pasé mal para poder comprarlas. Daba mil vueltas alrededor del kiosko una y otra vez hasta que me cercioraba de que nadie iba a comprar. Rápidamente, en el momento justo, una petición al kioskero rezando para que nadie llegara en ese momento y un salir veloz hacia casa con el ejemplar doblado bajo el brazo.
Y directo al baño, claro.
Mi vendedor de prensa, fue pues, testigo de una salida del armario imposible de evitar. Era un hombre de mediana edad, y nunca me puso mala cara, ni sonrió, ni me miró de forma especial durante la venta. Con el tiempo me di cuenta de que para él mi compra no se diferenciaba mucho de la que hacía la “Mary” del 4º Piso con su Pronto o el Marca de la mayoría de los chicos del barrio.
Junto a estas primeras lecturas prohibidas y lo que conllevaban el portarlas semiescondidas hasta el baño, vinieron los primeros escarceos sexuales con un vecino unos años mayor que yo. Y tras ello, el paso de las revistas a los libros.
Los vendedores de El Corte Inglés y Beta se convirtieron ahora en testigos de mis aficiones literarias. Otra salida imposible de evitar del armario.
Siempre me gustó leer, desde pequeño. Y cualquiera que mire detenidamente en mi colección y “entienda” lo suficiente, sospecharía de mi interés por comprar libros de autores y temática homosexual. Claro que para eso hay que identificarlos.
Sin embargo, ni mis novias, demasiado entretenidas en otras cosas en casa; ni mi familia, co-responsables de su limpieza; ni mis amigos, que han llegado a rebuscar algún que otro libro interesante para leer, parecieron jamás percatarse de tan elevado número de obras gays en mis repisas.
Cernuda, Oscar Wilde, Federico García Lorca, Tomas Mann, y otros autores homosexuales o filogays disimulaban libros con contenido mucho más explicito como “Las noches salvajes” de Cyril Collard; el “Maurice” de E. M. Foster; las “Historias del Kronen” de José Ángel Mañas; “El palomo cojo” de Eduardo Mendicutti; “El muchacho persa” de Mary Renault; el casi pornográfico “Un asunto de vida y muerte” de Oscar Moore; o los libros de mi adorado Jaime Baily (que guapo de joven) con su “No se lo digas a nadie”, aunque luego me defraudara con “Fue ayer y no me acuerdo”, o “La noche virgen”.
Comentario aparte merece David Leavitt. Fue el gran descubrimiento. Existía una literatura gay.
Con “El lenguaje perdido de las gruas”, “Mientras Inglaterra duerme”, “Amores iguales”,“Baile en familia”... salían del armario mis neuronas.
David Leavitt es uno de los más claros ejemplos de los que hoy se entiende por “literatura gay”, sobre todo en el mundo anglosajón. Utiliza un lenguaje directo cuando se aproxima al centro de las situaciones planteadas en sus novelas. Su popularidad es enorme dentro de la comunidad gay y sus libros suelen colocarse rápidamente en las listas de best-sellers de las librerías gays de EE.UU. e Inglaterra.
Cuando tenía tan sólo 20 años, la prestigiosa revista neoyorquina The New Yorker publicó su primera obra, Baile en familia, una recopilación de historias cortas de los más variados temas. Dos de las historias se centran en la enfermedad del cáncer, que su propia madre sufrió y que en sus obras posteriores aparecerá de una manera recurrente. Baile en familia tuvo una extraordinaria acogida por parte de la crítica y el público y le consagró como una de las figuras de la joven literatura norteamericana.
Leavitt es un autor abierto y explícito sobre su homosexualidad y la de los personajes de sus novelas, rodeados de personajes heterosexuales que deben confrontarla. Los sectores más conservadores le han criticado principalmente por su novela Mientras Inglaterra duerme, por la escenas de amor y sexo explícito entre sus personajes. Es una opinión, lógicamente, que los lectores gays no comparten en absoluto. En realidad, Leavitt refleja una realidad cotidiana entre la comunidad gay masculina occidental: obsesión por la imagen, los bares y discotecas orientados hacia el sexo fácil y anónimo ... así que la crítica no es justificada.
Incisivo, punzante, sincero, escéptico, irónico ... Leavitt dedica buena parte de su obra a analizar la típica y tópica familia de clase-media americana acomodada de nuestros días, con todas sus incoherencias e insuficiencias emotivas, multiplicadas por el efecto omnipresente de la televisión, los medios de comunicación y la cultura de masas.
Si no lo habéis leído os lo recomiendo.
Y ya os contaré que me parecen las historias del maricón éste desenfadado.
La tarde ha cundido. He visitado a mi hermana, he adquirido un buen regalo para un amigo que se casa el mes que viene, he comprado flores para una amiga que celebraba hoy su cumpleaños, he buscado algo de comida para el almuerzo de mañana y hasta me entretuve en ver algún libro.
Sí, en la librería Beta de Viapol no hay tanta gente como en Sierpes y puedes llevarte horas mirando los libros con tranquilidad. Además me encanta la voz del dependiente argentino y el pub irlandés cercano me ofrece un buen sitio para quedar con mi amiga y darle las flores. Je, je, es que soy un encanto. (Tranquilos no quiero nada con ella).Entre las novedades algunos libros interesantes. Tuve en mis manos el último de Álvaro Pombo, que espero comprarme pronto, pero eran mas de 20 euros y no estoy para excesos. Las hipotecas son muuuu malas.
Así pues ojeé por allí un rato hasta que dudé entre la intriga en “Yesterday”, de Miguel Fernández, o el humor de Juan González en el “Manual del maricón desenfadado”. Me decidí por éste último. Son solo siete euritos. Si no se me cierran los ojos me leeré algún capitulo antes de apagar la luz.
La compra de un libro como éste me ha hecho reflexionar (¡que raro! , yo pensando) y me he dado cuenta de que las primeras salidas del armario estuvieron precisamente relacionadas con libros y revistas.
Antes incluso de cualquier imaginado encuentro con algún chico, ya empezaba a leer ávido algunas de las páginas del Nuevo Vale en las que se hablaba de sexo, o novelas como El amante de Lady Chaterlay.
Sí, vale, vale, pensareis que soy un guarro. O que lo era. Pero en mi descargo tengo que decir que las hormonas no se detenían en plena adolescencia y uno no solo vivía de apretar granos.
El caso es que el vendedor de prensa fue la primera persona en saber que “me iban” esas revistas y que por lo tanto “me iban” tanto los chicos como las chicas.
Es cierto que compraba las típicas publicaciones con chicas desnudas en el kiosko mas cercano a casa y que me iba siempre hasta un barrio lejano para comprar las de los chicos. Estas últimas no era tan habituales, frente a las dirigidas al público masculino hetero, y verlas en los expositores con portadas en las que se mostraban chicos desnudos posando en provocativas posturas eróticas era poco frecuente. Y menor el número de clientes dispuestos a adquirirlas. O eso creía yo. Iluso....Siempre lo pasé mal para poder comprarlas. Daba mil vueltas alrededor del kiosko una y otra vez hasta que me cercioraba de que nadie iba a comprar. Rápidamente, en el momento justo, una petición al kioskero rezando para que nadie llegara en ese momento y un salir veloz hacia casa con el ejemplar doblado bajo el brazo.
Y directo al baño, claro.
Mi vendedor de prensa, fue pues, testigo de una salida del armario imposible de evitar. Era un hombre de mediana edad, y nunca me puso mala cara, ni sonrió, ni me miró de forma especial durante la venta. Con el tiempo me di cuenta de que para él mi compra no se diferenciaba mucho de la que hacía la “Mary” del 4º Piso con su Pronto o el Marca de la mayoría de los chicos del barrio.
Junto a estas primeras lecturas prohibidas y lo que conllevaban el portarlas semiescondidas hasta el baño, vinieron los primeros escarceos sexuales con un vecino unos años mayor que yo. Y tras ello, el paso de las revistas a los libros.Los vendedores de El Corte Inglés y Beta se convirtieron ahora en testigos de mis aficiones literarias. Otra salida imposible de evitar del armario.
Siempre me gustó leer, desde pequeño. Y cualquiera que mire detenidamente en mi colección y “entienda” lo suficiente, sospecharía de mi interés por comprar libros de autores y temática homosexual. Claro que para eso hay que identificarlos.
Sin embargo, ni mis novias, demasiado entretenidas en otras cosas en casa; ni mi familia, co-responsables de su limpieza; ni mis amigos, que han llegado a rebuscar algún que otro libro interesante para leer, parecieron jamás percatarse de tan elevado número de obras gays en mis repisas.
Cernuda, Oscar Wilde, Federico García Lorca, Tomas Mann, y otros autores homosexuales o filogays disimulaban libros con contenido mucho más explicito como “Las noches salvajes” de Cyril Collard; el “Maurice” de E. M. Foster; las “Historias del Kronen” de José Ángel Mañas; “El palomo cojo” de Eduardo Mendicutti; “El muchacho persa” de Mary Renault; el casi pornográfico “Un asunto de vida y muerte” de Oscar Moore; o los libros de mi adorado Jaime Baily (que guapo de joven) con su “No se lo digas a nadie”, aunque luego me defraudara con “Fue ayer y no me acuerdo”, o “La noche virgen”.Comentario aparte merece David Leavitt. Fue el gran descubrimiento. Existía una literatura gay.
Con “El lenguaje perdido de las gruas”, “Mientras Inglaterra duerme”, “Amores iguales”,“Baile en familia”... salían del armario mis neuronas.
David Leavitt es uno de los más claros ejemplos de los que hoy se entiende por “literatura gay”, sobre todo en el mundo anglosajón. Utiliza un lenguaje directo cuando se aproxima al centro de las situaciones planteadas en sus novelas. Su popularidad es enorme dentro de la comunidad gay y sus libros suelen colocarse rápidamente en las listas de best-sellers de las librerías gays de EE.UU. e Inglaterra.
Cuando tenía tan sólo 20 años, la prestigiosa revista neoyorquina The New Yorker publicó su primera obra, Baile en familia, una recopilación de historias cortas de los más variados temas. Dos de las historias se centran en la enfermedad del cáncer, que su propia madre sufrió y que en sus obras posteriores aparecerá de una manera recurrente. Baile en familia tuvo una extraordinaria acogida por parte de la crítica y el público y le consagró como una de las figuras de la joven literatura norteamericana.
Leavitt es un autor abierto y explícito sobre su homosexualidad y la de los personajes de sus novelas, rodeados de personajes heterosexuales que deben confrontarla. Los sectores más conservadores le han criticado principalmente por su novela Mientras Inglaterra duerme, por la escenas de amor y sexo explícito entre sus personajes. Es una opinión, lógicamente, que los lectores gays no comparten en absoluto. En realidad, Leavitt refleja una realidad cotidiana entre la comunidad gay masculina occidental: obsesión por la imagen, los bares y discotecas orientados hacia el sexo fácil y anónimo ... así que la crítica no es justificada. Incisivo, punzante, sincero, escéptico, irónico ... Leavitt dedica buena parte de su obra a analizar la típica y tópica familia de clase-media americana acomodada de nuestros días, con todas sus incoherencias e insuficiencias emotivas, multiplicadas por el efecto omnipresente de la televisión, los medios de comunicación y la cultura de masas.
Si no lo habéis leído os lo recomiendo.
Y ya os contaré que me parecen las historias del maricón éste desenfadado.
Comentario:
Yo he leido poca literatura gay. Recuerdo que un amigo me dijo que de la literatura gay americana había Cooper que era el más heavy -me leí "Contacto" y me impactó- mezcla sexo y muerto y snof-movies y defecación etc, y sinceramente no es lo mío. Luego me dijo que había Leavitt que es el más mojigato y Edmund White que es un intermedio ni duro ni mojigato. Le leí - de White- "La hermosa habitación está vacía" y me gustó mucho. Y de Leavitt empecé uno. Creo que "el lenguaje perdido de las gruas" pero lo tuve que dejar por causas ajenas. Aunque creo que preferí a White que hablaba más sin tapujos, sin ser morboso, pero describiendo y mostrando de forma natural sus deseos.
Comentario:
Hola de nuevo!
Comparto contigo la admiración por Leavitt, a mí también me gusta mucho. De hecho después de esto me estoy planteando releer "Mientras Inglaterra duerme", que es mi preferido. No sé si conoces a Alan Hollinghurst, hay varias novelas suyas en anagrama. No te lo pierdas...
Y hay una novela que me gusta mucho y que leí hace tiempo, en la que más que el tema gay expuesto tan directamente prima la ambigüedad, la experimentación de los protas, expuesto todo de un modo genial, se llama "Los misterios de Pittsbugh", de Michael Chabon. Ya me contarás si la lees.
Por cierto tendré que ir a la Beta del Viapol, tanto habláis del argentino ese que me ha picado la curiosidad jejeje
Comparto contigo la admiración por Leavitt, a mí también me gusta mucho. De hecho después de esto me estoy planteando releer "Mientras Inglaterra duerme", que es mi preferido. No sé si conoces a Alan Hollinghurst, hay varias novelas suyas en anagrama. No te lo pierdas...
Y hay una novela que me gusta mucho y que leí hace tiempo, en la que más que el tema gay expuesto tan directamente prima la ambigüedad, la experimentación de los protas, expuesto todo de un modo genial, se llama "Los misterios de Pittsbugh", de Michael Chabon. Ya me contarás si la lees.
Por cierto tendré que ir a la Beta del Viapol, tanto habláis del argentino ese que me ha picado la curiosidad jejeje
Comentario:
que salidos que sois... ains... jajaja. yo siempre recordare una revista que me encontre en la calle (era de contactos creo) en la que venia un relato de un tio en la playa al que se le "izaba el mastil".
P.D. yo tambien leia el vale.. jajaja
P.D. yo tambien leia el vale.. jajaja
Comentario:
Yo me inicié muy prontito con las revistas porno. La verdad es que tenía las hormonas dando volteretas. ¡Qué época aquella! Mi primo, más golfo que yo, las compraba y yo me aprovechaba de aquello. Luego llegó la primera señal de ¿alarma?: me fijaba más en los tíos que en las tías. Así que terminé comprando revistas gay y escondiéndolas en mi armario. Y es verdad... ¡qué bueno que luego llegara Internet!
Me has hecho pensar. Tengo muchos libros y no soy mal lector pero tengo muy poco de literatura gay. Casi nada. Tomo nota de Leavitt, autor que he estado a punto de leer más de una vez.
Uno de mis deportes favoritos es pasarme horas en las librerías buscando libros. Y las miradas fugaces de los que andan por allí... ¡Cuántas historias en tan poco espacio! ...
Y una vez más coincido contigo: me encanta esa voz que gasta el dependiente argentino de la librería Beta de Viapol.
Estoy de vuelta. :-)
Me has hecho pensar. Tengo muchos libros y no soy mal lector pero tengo muy poco de literatura gay. Casi nada. Tomo nota de Leavitt, autor que he estado a punto de leer más de una vez.
Uno de mis deportes favoritos es pasarme horas en las librerías buscando libros. Y las miradas fugaces de los que andan por allí... ¡Cuántas historias en tan poco espacio! ...
Y una vez más coincido contigo: me encanta esa voz que gasta el dependiente argentino de la librería Beta de Viapol.
Estoy de vuelta. :-)
Comentario:
Eso, eso, cuentanos a ver si merece la pena el libro...
Respecto a lo de las revistas, yo nunca compré ninguna pq nunca me atreví, menos mal q llegó a mi vida el Via Digital con el Taquilla XY e Internet q si no, no sé q hubiera sido de mi adolescencia
Espero q te dure la temporada de dormir
Respecto a lo de las revistas, yo nunca compré ninguna pq nunca me atreví, menos mal q llegó a mi vida el Via Digital con el Taquilla XY e Internet q si no, no sé q hubiera sido de mi adolescencia
Espero q te dure la temporada de dormir