Jueves de concierto
Y un poco tarde. Porque es sábado, once menos cuarto, y lo he ido dejando pero… ¿cómo no comentar ese pedazo de concierto de Dover y La oreja de Van Gogh? El mismo que nos hizo botar a Caris y a mí hasta que nuestras rodillas pareciesen muñones, gritar hasta quedarnos afónicos y disfrutar de un concierto como no lo habíamos hecho en mucho tiempo.
Sólo un pero. ¿Por qué tengo que ser alérgico? ¿Y por qué tenía que ser en la Casa de Campo, lugar donde la concentración de polen se eleva a 10000? Aún así, las lágrimas provocadas por este no mi impidieron disfrutar de lo lindo.
Llegamos, y como habíamos planeado salir como con dos horas de casa pensando que el Madrid Arena está como que aquí a Burgos cuando en realidad se tarda 15 minutos en metro, nos fuimos a dar una vuelta por el Lago, ya que la tarde de primavera que hubo lo pedía a gritos.
Justo al entrar, nos debieron ver con cara de terroristas como para quitar el tapón (de plástico) a una botella de agua mineral, no sea que de lo borrachos que nos íbamos a poner se lo fuésemos a tirar al que cantaba y provocarle un traumatismo. Cosas de la vida, que según nos hizo tirarlo al contenedor y dar como unos 10 metros, nos encontramos un tapón en el suelo. Nos agachamos como si nada, y se pusimos. No te digo.
A mí no me gusta Coti. De las tres actuaciones que se esperaban aquella noche, era la que menos me entusiasmaba, pero he de reconocer que su directo está muy bien y que consiguió levantar al Arena.
Tras unos 15 minutos de espera, en la que no pararon de ponernos en las macropantallas Rock Dj De Robbie Williams (otra más no por favor!), Dover salío al escenario. Espectáculo de luz, sonido y… ¿Cómo conseguía no ahogarse después de hacer esos movimientos de cuello, brazos, piernas, saltos etc…? Cuando llegó el momento en el que cantó la canción con la que todo el mundo entró en éxtasis, pensábamos que se iba a descoyuntar. ¡El cuello de esa mujer es de plastilina!

Y por último los grandes. La oreja de Van Gogh. Ahí fue cuando caímos en la cuenta de que no estábamos solos Caris y yo. Eso parecía un gran armario. A derecha, a izquierda, en frente… Era alucinante. Incluso pusieron la bandera del orgullo en formato 1000x10000 en la macropantalla. ¿Cómo podía la Oreja congregar a tantos homosexuales? Nos miramos y no pudimos más que reír hasta desternillarnos. Fue todo increíble. Una gran experiencia que no olvidaremos en mucho tiempo ( como tampoco lo haremos de lo que es no sentir absolutamente nada de ombligo para abajo. 3 Horas y media botando. Botando felices)
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