De cómo un tonto perdió su voto...
Escribo este post en el primer día después del día D. No por nada, pero ayer llegué tan cansado que no me costaba alcanzar el estatus de “persona”, y ponerme a escribir delante del ordenador cuando llevaba 18 horas despierto y sin haber comido nada desde hacía unas cuantas… como que no.
El madrugón fue importante. Demasiado como para ser un domingo. El panorama cuando llegué a la mesa electoral fue desolador, teniendo en cuenta que yo contaba con ver alguna cara de mi edad y todo el mundo de mi mesa me duplicaba en años (¿duplicaba? Duplicaba y algo más).
Eso sí. Me recibieron con una enorme sonrisa. Sólo los que eran suplentes, ya que llegando yo se libraban de tener que estar allí. J e je. ¡Un poco de consideración!
Como una máquina, empecé a tomar nombres y más nombres. Al principio bien. Pero ¡ay! cuando sale toda la “juventud” de misa de 11, de 12, de 13…Ahí es cuando se demuestra que la religión y la política están estrechamente unidas. Unidas y escoradas hacia una ideología.
Yo tenía que coger el DNI (o carné de conducir o pasaporte, que fueron mis palabras de todo el día y que después leeréis que me jugaron una mala pasada). Y lo hacía un poco receloso, viendo que la mayoría de la gente ponía “demasiado empeño” en cerrar el sobre, lamiéndolo literalmente de arriba abajo, de abajo a arriba, y así hasta dejarlo baboso cual caracol (esos votos los tendría que abrir y contar yo horas más tarde). También con su DNI (o carné de conducir y pasaporte, vale) ponían mucho empeño en no perdelo, sujetándolo con la boca y los dientes, para acto seguido dármelo. Os juro que después de manosear 1033 DNI’s veis vuestras manos como un foco potente de bacterias. Que viene Sanidad y me las clausura de por vida para operar. Y no me considero aprensivo.
El momento más tenso de todos llegó por la noche. Hacía bastante que no me exaltaba por algo así. Cuando ves que quedan especímenes, y más en un barrio en el que el 83% vota al PP y hubo “decenas” (no digo el número exacto porque no me acuerdo) de votos a la falange española. Especimenes que creías extintos, que te llevan a pensar muy mucho el hecho de que digas “quién eres” a tu alrededor más lejano. A poder expresar tus sentimientos, ideas y vivencias propias libremente, ya que sabes que serás automáticamente rechazado en un ambiente que ha sido el tuyo durante toda la vida. Te guste o no.
SEBASTIÁN, VAS A GANAR TÚ Y TU PUTO NOVIO NEGRO. En un voto de la candidatura del PP. En rojo, al margen de la papeleta y bien grande. Lo abrí yo y se lo enseñé a la mesa, compuesta en el momento del escrutinio por interventores de los dos principales partidos, por un miembro de la Delegación del gobierno y por el representante de mesa del Distrito en ese momento oportuno. Rápidamente se unieron las voces de los del PP para decir que era voto válido, puesto que el escrito “no tachaba ni excluía a los miembros candidatos”; y los del PSOE, que era voto nulo “por supuesto” y que iban a denunciarlo y patatín patatán. Móviles llamando. La representante de la delegación con la guía de las elecciones bajo el brazo (artículo tal tal y tal cual pin pan…). Se llegó a los insultos (os creéis siempre los que os lo sabéis todo, menuda vergüenza de Izquierda, menudos intransigentes los de vuestro partido que aceptáis eso como válido…)
Yo a todo esto con el voto en la mano y ojiplático. Llamaron a la vicepresidencia del distrito y finalmente a un delegado del juez de guardia encargado de nuestra mesa. La determinación fue clara por su parte: “Deciden los miembros de la mesa”. Y decidimos los tres que la componíamos, mis compañeros rápidamente con sendos “nulo” y “válido” y yo me hice un poco más de rogar. Y he de reconocer que fue un acto de chulería decidir el último, pero creo que fue la decisión más importante (democráticamente hablando) en toda mi vida y LA iba a aprovechar. Cogí el libro (que la noche antes me había leído para ir con algo de idea) y leí en voz alta: “Se considera voto nulo aquel en el que se hubiese modificado, añadido, señalado o tachado algo, alterado el nombre de los candidatos o realizado otra modificación, así que para mí ES claramente nulo”
Pusieron quejas, denuncias y hubo dimes y diretes varios. La papeleta con la dedicatoria paró en uno de los sobres que más tarde recibiría el juez de guardia, con nuestras firmas y la decisión de la mesa por escrito.
No puedo quedarme al margen de este hecho. La política me parece, cada vez más, una mierda. Juegan sucio TODOS. Ayer voté por votar. La ilusión que hace tiempo tenía por participar en mis primeras elecciones había desaparecido.Las actitudes que cada representante de los partidos esgrimió ayer para defender su voto nada tenían que ver con lo que en él se ponía. Nada. ¿Qué frialdad, no? Interés propio. Ni a todos los del PSOE les importaba lo que “realmente” ponía, y lo defendían porque sabían que se podían quedar con un voto menos (fíjate, un voto menos, menudo descalabro ¿eh?), ni todos los de PP pensaban en que aquello estuviese bien y no hubiese que defenderlo, pero lo hicieron por defender un voto más (pufff, que sin él no hubiesen ganado, ¿no?)
A mí me metieron en la política el día que recibí la hoja con la que me habían designado miembro de mesa. Podría haberme buscado mil maneras de quedarme en casa (justificante médico lo consigo en nada) y decidí participar y no jugar sucio, aún teniendo tres exámenes. Me tocó decidir. Y decidí. Decidí que el derecho a voto de una persona no fuese válido. Se siente. Me ha tocado a mí estar ahí y decidirlo, y no a ti. Tú puedes expresar lo que quieras en contra de Sebastián y los homosexuales y los negros, y también de los que son negros, homosexuales y encima putos (todo junto) Pero yo estoy en la mesa y decido que no. Que ahí no lo puedes decir. Fíjate. Has ido a parar con “uno de esos gais”, que encima cuenta tu voto. Tú te metes conmigo en parte. Y yo digo que eres tonto porque has perdido tu voto. Agur.
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P.D.: la anécdota (aquella en la que después de repetir que se podía votar con el DNI, carné de conducir o pasaporte mil veces) fue que se presentó una señora nacida en 1909, en silla de ruedas, con sonda nasogástrica y en un estado bastante lamentable, con su hijo, que no encontraba el DNI de su madre para que votase. Y yo (queriendo ayudar) les digo: “también sirve el carné de conducir”. No explico la cara de asesino que me puso el hijo (ni que su madre fuese Alonso). Pero la sensación de “Tierra trágame” la tuve durante un buen rato.
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Esta canción consigue alegrarme en día, y más estos días de tontería subida que tengo
El madrugón fue importante. Demasiado como para ser un domingo. El panorama cuando llegué a la mesa electoral fue desolador, teniendo en cuenta que yo contaba con ver alguna cara de mi edad y todo el mundo de mi mesa me duplicaba en años (¿duplicaba? Duplicaba y algo más).
Eso sí. Me recibieron con una enorme sonrisa. Sólo los que eran suplentes, ya que llegando yo se libraban de tener que estar allí. J e je. ¡Un poco de consideración!
Como una máquina, empecé a tomar nombres y más nombres. Al principio bien. Pero ¡ay! cuando sale toda la “juventud” de misa de 11, de 12, de 13…Ahí es cuando se demuestra que la religión y la política están estrechamente unidas. Unidas y escoradas hacia una ideología.
Yo tenía que coger el DNI (o carné de conducir o pasaporte, que fueron mis palabras de todo el día y que después leeréis que me jugaron una mala pasada). Y lo hacía un poco receloso, viendo que la mayoría de la gente ponía “demasiado empeño” en cerrar el sobre, lamiéndolo literalmente de arriba abajo, de abajo a arriba, y así hasta dejarlo baboso cual caracol (esos votos los tendría que abrir y contar yo horas más tarde). También con su DNI (o carné de conducir y pasaporte, vale) ponían mucho empeño en no perdelo, sujetándolo con la boca y los dientes, para acto seguido dármelo. Os juro que después de manosear 1033 DNI’s veis vuestras manos como un foco potente de bacterias. Que viene Sanidad y me las clausura de por vida para operar. Y no me considero aprensivo.
El momento más tenso de todos llegó por la noche. Hacía bastante que no me exaltaba por algo así. Cuando ves que quedan especímenes, y más en un barrio en el que el 83% vota al PP y hubo “decenas” (no digo el número exacto porque no me acuerdo) de votos a la falange española. Especimenes que creías extintos, que te llevan a pensar muy mucho el hecho de que digas “quién eres” a tu alrededor más lejano. A poder expresar tus sentimientos, ideas y vivencias propias libremente, ya que sabes que serás automáticamente rechazado en un ambiente que ha sido el tuyo durante toda la vida. Te guste o no.
SEBASTIÁN, VAS A GANAR TÚ Y TU PUTO NOVIO NEGRO. En un voto de la candidatura del PP. En rojo, al margen de la papeleta y bien grande. Lo abrí yo y se lo enseñé a la mesa, compuesta en el momento del escrutinio por interventores de los dos principales partidos, por un miembro de la Delegación del gobierno y por el representante de mesa del Distrito en ese momento oportuno. Rápidamente se unieron las voces de los del PP para decir que era voto válido, puesto que el escrito “no tachaba ni excluía a los miembros candidatos”; y los del PSOE, que era voto nulo “por supuesto” y que iban a denunciarlo y patatín patatán. Móviles llamando. La representante de la delegación con la guía de las elecciones bajo el brazo (artículo tal tal y tal cual pin pan…). Se llegó a los insultos (os creéis siempre los que os lo sabéis todo, menuda vergüenza de Izquierda, menudos intransigentes los de vuestro partido que aceptáis eso como válido…)
Yo a todo esto con el voto en la mano y ojiplático. Llamaron a la vicepresidencia del distrito y finalmente a un delegado del juez de guardia encargado de nuestra mesa. La determinación fue clara por su parte: “Deciden los miembros de la mesa”. Y decidimos los tres que la componíamos, mis compañeros rápidamente con sendos “nulo” y “válido” y yo me hice un poco más de rogar. Y he de reconocer que fue un acto de chulería decidir el último, pero creo que fue la decisión más importante (democráticamente hablando) en toda mi vida y LA iba a aprovechar. Cogí el libro (que la noche antes me había leído para ir con algo de idea) y leí en voz alta: “Se considera voto nulo aquel en el que se hubiese modificado, añadido, señalado o tachado algo, alterado el nombre de los candidatos o realizado otra modificación, así que para mí ES claramente nulo”
Pusieron quejas, denuncias y hubo dimes y diretes varios. La papeleta con la dedicatoria paró en uno de los sobres que más tarde recibiría el juez de guardia, con nuestras firmas y la decisión de la mesa por escrito.
No puedo quedarme al margen de este hecho. La política me parece, cada vez más, una mierda. Juegan sucio TODOS. Ayer voté por votar. La ilusión que hace tiempo tenía por participar en mis primeras elecciones había desaparecido.Las actitudes que cada representante de los partidos esgrimió ayer para defender su voto nada tenían que ver con lo que en él se ponía. Nada. ¿Qué frialdad, no? Interés propio. Ni a todos los del PSOE les importaba lo que “realmente” ponía, y lo defendían porque sabían que se podían quedar con un voto menos (fíjate, un voto menos, menudo descalabro ¿eh?), ni todos los de PP pensaban en que aquello estuviese bien y no hubiese que defenderlo, pero lo hicieron por defender un voto más (pufff, que sin él no hubiesen ganado, ¿no?)
A mí me metieron en la política el día que recibí la hoja con la que me habían designado miembro de mesa. Podría haberme buscado mil maneras de quedarme en casa (justificante médico lo consigo en nada) y decidí participar y no jugar sucio, aún teniendo tres exámenes. Me tocó decidir. Y decidí. Decidí que el derecho a voto de una persona no fuese válido. Se siente. Me ha tocado a mí estar ahí y decidirlo, y no a ti. Tú puedes expresar lo que quieras en contra de Sebastián y los homosexuales y los negros, y también de los que son negros, homosexuales y encima putos (todo junto) Pero yo estoy en la mesa y decido que no. Que ahí no lo puedes decir. Fíjate. Has ido a parar con “uno de esos gais”, que encima cuenta tu voto. Tú te metes conmigo en parte. Y yo digo que eres tonto porque has perdido tu voto. Agur.
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P.D.: la anécdota (aquella en la que después de repetir que se podía votar con el DNI, carné de conducir o pasaporte mil veces) fue que se presentó una señora nacida en 1909, en silla de ruedas, con sonda nasogástrica y en un estado bastante lamentable, con su hijo, que no encontraba el DNI de su madre para que votase. Y yo (queriendo ayudar) les digo: “también sirve el carné de conducir”. No explico la cara de asesino que me puso el hijo (ni que su madre fuese Alonso). Pero la sensación de “Tierra trágame” la tuve durante un buen rato.
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Esta canción consigue alegrarme en día, y más estos días de tontería subida que tengo
Comentario:
jajaja... ay que me parto!! El tonto de la papeleta se lo tenía merecido. Oye, llevas una época de anular papeles... jijiji. Un besote GUAPETÓN
Comentario:
Yo estuve en una mesa electoral, siendo el más joven de todos, y encima, era el 2º suplente... 2 días antes del examen de Rayos!!!! (complicadísimo en mi facultad). Estuve casi 15 horas, flipando... luego me fui a cenar con los 53 € que me dieron (menuda miseria.. jeje).
Un abrazo ;)
Un abrazo ;)