Incapacidad temporal
Ahora sí que no tengo como echarme para atrás. Ayer tenía tanta rabia con el asunto de las prácticas y las no prácticas que en el impulso envié un mail a mi tutora diciéndole que, visto lo visto (que no hay "tu tía" en mi empresa), mejor consultara si podía ponerme en prácticas a jornada completa. Vamos, que puestos a tirarme de baja los meses que duran las susodichas, mejor quitármelas de una vez. No esperaba que me contestara que sí, pero ésta mañana recibí un mensaje indicando que ya está confirmado: las prácticas a 8 horas diarias a partir del 10 de Abril.
Con lo cual ahora no me queda otra que ensayar muy bien lo que voy a contar al médico para que me de la dichosa baja. Se supone que soy una experta en éstas lides, pero... ¡¡detesto mentir!! Una cosa es inventarse un dolor para faltar al curro dos días, pero ésto es estirar una serie de males durante dos meses y medio.
En teoría no puede ser muy difícil, a juzgar por los varios casos de gente que lleva con la famosa baja por depresión años y años y suma y sigue y nunca les pescan que conozco desde que trabajo en ésto. ¡¡¡Si cuando yo era supervisora había una que venía ella misma, en pleno verano, con el bañador a la vista, a entregar la baja por depresión!!!
Lo peor es que me atacan los cargos de conciencia. ¡¡Se supone que una no hace éstas cosas!! Somos adultos y responsables, pero como dicen por Uruguay, la necesidad tiene cara de hereje. Si no hago las prácticas ya puedo olvidarme de conseguir un empleo decente cuando éstos por fin nos manden al paro luego de haber dado por saco un año entero... Voy a cumplir 33 y ya se sabe: para las empresas los 35 es el límite.
Me voy preparando desde ya para mi actuación magistral cuando llegue el momento.
El viernes pasado estuve con Bogusia tomando café en un hotel de Plaza de Castilla. Al final será cierto lo del principio de inercia: pones en movimiento algo y tiende a seguirse moviendo. En Física está demostrado, pero empiezo a creer que puede extrapolarse a otros órdenes de la vida.
Bogu me estuvo contando sobre la gente de mi antiguo trabajo. La mayoría siguen allí y ella es ahora representante sindical. ¡Ya me gustaría a mí ocupar ese puesto! Me lo pasaría de perlas sacando al sol los trapos sucios de las empresas para defender a los curritos de a pié como una...
Lo cierto es que hablamos de Maribel, una antigua compañera a quien una vez le regalé dos cobayas que habían nacido en casa, para sus hijos. Según ella, había tenido de éstos animales toda su vida y los adoraba, pero le advertí que podían producir alergia. Al menos a mí me pasa (y confieso que ha sido una de mis argucias para coneguir bajas médicas: limpiar la jaula de las cobayas y en pleno ataque de alergia correr al Centro de Salud. No falla.) Pero volviendo al tema, la que aquel día tuvo que irse del curro de prisa y corriendo fué la pobre Maribel. Presa de la incredulidad y la histamina, voló al hospital... y luego se tiró de baja un mes.
Cuando volvió me contó que tuvieron que regalar las cobayas a un pariente porque su presencia en la casa no era compatible con la de Maribel. Los niños, de duelo.
El jueves pasado, en un último intento de resolver por una vía más ética el problema que me generó mi cambio de horario, pedí cita en la asesoría jurídica de Comisiones Obreras. El viernes me personé en la oficina cercana a Atocha bastante antes de la hora acordada y mientras hablaba por teléfono una pareja con dos niños entró en la sala de espera. Mientras el padre intentaba que los pequeños no hicieran confetti con los diversos folletos que poblaban la mesa, la madre me observaba con atención. En cuanto terminé la llamada se acercó. Era Maribel. Me contó que (ésta vez) lleva de baja varios meses y ha tenido que pasar ya por el tribunal médico para que le reconozcan incapacidad permanente, pero se la denegaron. Ahora está en trámites de apelar la sentencia. Le dejé mis números de teléfono para que contactemos y vengan algún fin de semana a comer a casa. Luego me llamaron a mi propia cita donde la abogada me informó que no hay por donde agarrar a mis jefes ya que se mueven en el marco de la legalidad. Presionan, está claro, pero no llegan a pasarse lo bastante como para ameritar una denuncia. Así que hoy cancelé mis vacaciones de Mayo y pedí que me las pasen a Junio (la última semana de prácticas) y recabé la asesoría especializada de Gema para planificar mis movimientos durante las 10 semanas que tengo que estar espantosamente deprimida. Espero que cuele... ¡no quiero ni pensar con qué cara me enfrentaré a mi tutora si no puedo presentarme a la FCT!
Pero como bien dije en otra ocasíón, cuando las cosas no tienen arreglo pues no lo tienen, así que mejor tomarse ésto con calma y dejar de pensar en el asunto.
Con lo cual ahora no me queda otra que ensayar muy bien lo que voy a contar al médico para que me de la dichosa baja. Se supone que soy una experta en éstas lides, pero... ¡¡detesto mentir!! Una cosa es inventarse un dolor para faltar al curro dos días, pero ésto es estirar una serie de males durante dos meses y medio.
En teoría no puede ser muy difícil, a juzgar por los varios casos de gente que lleva con la famosa baja por depresión años y años y suma y sigue y nunca les pescan que conozco desde que trabajo en ésto. ¡¡¡Si cuando yo era supervisora había una que venía ella misma, en pleno verano, con el bañador a la vista, a entregar la baja por depresión!!!
Lo peor es que me atacan los cargos de conciencia. ¡¡Se supone que una no hace éstas cosas!! Somos adultos y responsables, pero como dicen por Uruguay, la necesidad tiene cara de hereje. Si no hago las prácticas ya puedo olvidarme de conseguir un empleo decente cuando éstos por fin nos manden al paro luego de haber dado por saco un año entero... Voy a cumplir 33 y ya se sabe: para las empresas los 35 es el límite.
Me voy preparando desde ya para mi actuación magistral cuando llegue el momento.
El viernes pasado estuve con Bogusia tomando café en un hotel de Plaza de Castilla. Al final será cierto lo del principio de inercia: pones en movimiento algo y tiende a seguirse moviendo. En Física está demostrado, pero empiezo a creer que puede extrapolarse a otros órdenes de la vida.
Bogu me estuvo contando sobre la gente de mi antiguo trabajo. La mayoría siguen allí y ella es ahora representante sindical. ¡Ya me gustaría a mí ocupar ese puesto! Me lo pasaría de perlas sacando al sol los trapos sucios de las empresas para defender a los curritos de a pié como una...
Lo cierto es que hablamos de Maribel, una antigua compañera a quien una vez le regalé dos cobayas que habían nacido en casa, para sus hijos. Según ella, había tenido de éstos animales toda su vida y los adoraba, pero le advertí que podían producir alergia. Al menos a mí me pasa (y confieso que ha sido una de mis argucias para coneguir bajas médicas: limpiar la jaula de las cobayas y en pleno ataque de alergia correr al Centro de Salud. No falla.) Pero volviendo al tema, la que aquel día tuvo que irse del curro de prisa y corriendo fué la pobre Maribel. Presa de la incredulidad y la histamina, voló al hospital... y luego se tiró de baja un mes.
Cuando volvió me contó que tuvieron que regalar las cobayas a un pariente porque su presencia en la casa no era compatible con la de Maribel. Los niños, de duelo.
El jueves pasado, en un último intento de resolver por una vía más ética el problema que me generó mi cambio de horario, pedí cita en la asesoría jurídica de Comisiones Obreras. El viernes me personé en la oficina cercana a Atocha bastante antes de la hora acordada y mientras hablaba por teléfono una pareja con dos niños entró en la sala de espera. Mientras el padre intentaba que los pequeños no hicieran confetti con los diversos folletos que poblaban la mesa, la madre me observaba con atención. En cuanto terminé la llamada se acercó. Era Maribel. Me contó que (ésta vez) lleva de baja varios meses y ha tenido que pasar ya por el tribunal médico para que le reconozcan incapacidad permanente, pero se la denegaron. Ahora está en trámites de apelar la sentencia. Le dejé mis números de teléfono para que contactemos y vengan algún fin de semana a comer a casa. Luego me llamaron a mi propia cita donde la abogada me informó que no hay por donde agarrar a mis jefes ya que se mueven en el marco de la legalidad. Presionan, está claro, pero no llegan a pasarse lo bastante como para ameritar una denuncia. Así que hoy cancelé mis vacaciones de Mayo y pedí que me las pasen a Junio (la última semana de prácticas) y recabé la asesoría especializada de Gema para planificar mis movimientos durante las 10 semanas que tengo que estar espantosamente deprimida. Espero que cuele... ¡no quiero ni pensar con qué cara me enfrentaré a mi tutora si no puedo presentarme a la FCT!
Pero como bien dije en otra ocasíón, cuando las cosas no tienen arreglo pues no lo tienen, así que mejor tomarse ésto con calma y dejar de pensar en el asunto.