veintitres
de como recuperar mi suerte
Sindicación
 
Pasados Por Agua
Dicen que todo empieza como termina. Es cierto... aunque todo deja sus recuerdos, sus enseñanzas, sus sinsabores, sus buenos ratos... Siempre es igual: aguantas el chaparrón, lo das todo por salir adelante pensando, como dice Florencia, que una vez que tocas fondo ya no queda otra dirección que hacia arriba. Intentas salir del marrón con alguna enseñanza al menos, para sentirte menos inútil, menos insustancial, menos perdida...

Esta mañana llovía en toda la sierra. A cántaros.

El 10 de enero de 2002 también llovía.
Me levanté a las 6:30; Sergio también. Mientras salíamos al pasillo de
casa de Nuria en pijama y con los ojos pegados por el sueño, oí a Laura canturrear alegremente en el baño algo de los Mojinos Escozios acerca de un niño que pegaba los mocos en la pared...
Tomamos café como todos los días, me vestí, nos arreglamos más que a diario y partimos hacia Madrid. Autobús, tren de Cercanías y el Metro. Laura se dedicó a documentarlo todo con la cámara de video de Nuria.
En la estación de Metro de Sol compré unos pendientes. Algo nuevo. Lo prestado era el perfume de Laura. Lo usado, mis enseres de maquillaje. Lo azul... no lo recuerdo ya. Mientras esperábamos a la familia en la Plaza Mayor, leí mi horóscopo del día. "Posibilidad de un arreglo muy provechoso".
El funcionario que tenía que oficiar la ceremonia llegó tarde hablando
acerca de un atasco.
Dijimos "sí, quiero". Nos leyó un poema de amor. Nos hicimos fotos, lo festejamos... Mientras la familia nos arrojaba arroz y rosas, el funcionario daba vueltas ridículamente por la Plaza Mayor en un trineo tirado por perros. Algo relacionado con la carrera transpirenaica que empezaba días después...
No teníamos anillos de boda. En lugar de eso nos pusimos un pendiente en la lengua que aún llevo. Sergio se lo quitó hace años...

Esta mañana llovía en toda la sierra. A cántaros.

A las 9:15 llegamos al Juzgado de San Lorenzo de El Escorial y firmamos el divorcio. En 20 días más o menos estrenaré mi tercer estado civil.

De vuelta a Villalba me acordé de mil imágenes de los seis años que pasé casada con Sergio. Como fotos que desfilan por la cabeza aunque no quieras verlas... Nuestro primer piso, vacío, con sus paredes pintadas de aquel color salmón espantoso... nosotros mismos manchados de pintura el día que pusimos manos a la obra para arreglarlo... las paredes roídas por Siriana cuando era cachorra, luego los hamsters... ¿cuantos fueron? ¿cuatro? ¿ocho? A veces se escapaban y yo me deshacía de risa mientras Sergio los buscaba por todas partes como un poseso, nuestro escorpión blanco, que pasó muerto una semana en su terrario mientras ninguno de los dos se atrevía a meter allí la mano para sacarlo dudando que efectivamente, estuviese muerto...
Y de pronto los buenos ratos empezaron a diluírse, cada vez eran menos, cada vez más cortos. Una vez Gabriel me dijo que una relación amorosa es como una balanza: de un lado los buenos momentos, del otro los malos. Cuando llega el día en que los malos ratos inclinan la balanza hacia su lado, es difícil que vuelva al equilibrio... o al lado contrario. Decía Gabriel que el truco era darse cuenta de que había llegado el momento de replantearse la relación. Y ahí, o decidías dejarlo y seguir de buenas como amigos o podías aceptar una falsa realidad y sufrir mucho más mientras durara y después.
Un día me dí cuenta de que Sergio estaba harto de mí. En algunos momentos tengo que confesar que a mí también me superaban algunas situaciones. No estuve enamorada realmente de él, pero éramos compinches, nos llevábamos bien... Nos ganó el hastío.
Aquella vez cuando le dije a Lorena que ya no creía en el amor, era cierto. Estaba tan cansada de la misma vieja historia... conoces a alguien, empiezas a descubrir cosas en común, te entusiasmas, al principio todo es pasión. Luego empiezan los desencuentros, las negativas, el aburrimiento. A los pocos meses ya me parece que sigo porque no tengo nada mejor que hacer. Las luces de alarma saltan, para no apagarse más, cuando de pronto me sorprendo a mí misma preguntándome ¿qué estoy haciendo aquí? Los últimos años con Sergio me hice muchas veces esa pregunta. Demasiadas como para seguirme creyendo el cuento... y sin embargo hoy, volviendo del Juzgado, la pena me volvió a ganar la partida.

Llegué empapada al trabajo, con la música a todo volúmen en el MP3. Techno del duro, del que aturde, del que no deja pensar.
Llego y soy un torbellino de actividad; no paro ni un segundo. Tengo que compensar las horas de retraso.
Un rato después afloja la lluvia. A las dos todos se van a comer. Me quedo en el taller sola, en compañía del zumbido de fondo de los 60 o 70 equipos que están probándose y las gotitas de lluvia fina que golpean el techo de la nave industrial, la música de tres o cuatro equipos que suenan bajito, mezclando canciones que no tienen nada que ver...

No tengo ganas de comer, ni de escribir, ni de pensar...

No me gusta lo de copiar material ajeno, pero hoy se coló en el batiburrillo de equipos musicales en pruebas una canción que pareció encajar con todo ésto... ¿casualidad? A lo mejor.

"Ella le pidió que la llevara al fin de mundo,
él puso a su nombre todas las olas del mar.
Se miraron un segundo
como dos desconocidos.

Todas las ciudades eran pocas a sus ojos,
ella quiso barcos y él no supo qué pescar.
Y al final números rojos
en la cuenta del olvido,
y hubo tanto ruido
que al final llegó el final.

Mucho, mucho ruido,
ruido de ventanas,
nidos de manzanas
que se acaban por pudrir.
Mucho, mucho ruido,
tanto, tanto ruido,
tanto ruido y al final
por fin el fin.
Tanto ruido y al final...

Hubo un accidente, se perdieron las postales,
quiso Carnavales y encontró fatalidad.
Porque todos los finales
son el mismo repetido
y con tanto ruido
no escucharon el final.

Descubrieron que los besos no sabían a nada,
hubo una epidemia de tristeza en la ciudad.
Se borraron las pisadas,
se apagaron los latidos,
y con tanto ruido
no se oyó el ruido del mar.

Mucho, mucho ruido,
ruido de tijeras,
ruido de escaleras
que se acaban por bajar.
Mucho, mucho ruido,
tanto, tanto ruido.
Tanto ruido y al final...
Tanto ruido y al final...
Tanto ruido y al final
la soledad.

Ruido de tenazas,
ruido de estaciones,
ruido de amenazas,
ruido de escorpiones.
Tanto, tanto ruido.

Ruido de abogados,
ruido compartido,
ruido envenenado,
demasiado ruido.

Ruido platos rotos,
ruido años perdidos,
ruido viejas fotos,
ruido empedernido.

Ruido de cristales,
ruido de gemidos,
ruidos animales,
contagioso ruido.

Ruido mentiroso,
ruido entrometido,
ruido escandaloso,
silencioso ruido.

Ruido acomplejado,
ruido introvertido,
ruido del pasado,
desgastado ruido.

Ruido de conjuros,
ruido malnacido,
ruido tan oscuro
puro y duro ruido.

Ruido, ¿qué me has hecho?,
ruido yo no he sido,
ruido insatisfecho,
ruido, ¿a qué has venido?.

Ruidos como sables,
ruido enloquecido,
ruido intolerable,
ruido incomprendido.

Ruido de frenazos,
ruido sin sentido,
ruido de arañazos,
ruido, ruido, ruido."

Joaquín Sabina
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Comentario:
patito.jpg
Me alegro de que publiques,esas pequeñas cosas las que nos alegran la vida
...sigue soñando... descubre un mundo nuevo de sensaciones y formas diferentes de divertirse, ;)
No