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de como recuperar mi suerte
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Gajes del Oficio II
Gajes del Oficio II

Tal y como estaba planeado, hace ya siete semanas que comencé mis prácticas de Formación Profesional y dentro de otras tres, si todo sigue como va, tendré mi título.
También es muy probable que tenga un nuevo trabajo, con lo cual no tuve lo que se dice una verdadera despedida de mi anterior (bueno, técnicamente, actual) empresa empleadora.
Según me cuentan mis futuras ex-compañeras (técnicamente, ya ex-compañeras), no queda casi nadie de la antigua banda de la mesa del fondo por allí.
A Oscar le trasladaron a otra campaña y está buscando otro empleo para dejarla; Ale, mi compañera de mates y charletas de los sábados por la mañana, se largó luego de que la sentaran junto al jefazo para tenerla controlada bajo la acusación de haber insultado a un cliente... y así mil historias.
Sería muy triste volver allí y no encontrarme a todas esas caras, y ver a las que quedan largas por la incertidumbre de no saber cuánto más durará ese desastre en pié.
Así que llamo periódicamente a cada una, intercambio mails y espero verles a todos de nuevo pronto.

Mientras tanto, me voy integrando poco a poco a la plantilla de mis nuevos compañeros de trabajo. Me han ofrecido quedarme contratada cuando acaben las prácticas y aunque las condiciones en cuanto a salario y otros detalles son algo peores que en mi, técnicamente, aún actual empresa, creo que terminaré por aceptar.
Soy la única mujer en el Departamento Técnico. En la parte administrativa, todas son mujeres menos el director de la empresa. La mayoría son gente joven y/o de mente abierta.
Fiel a mi costumbre de llegar pronto, el primer día lo hice 20 minutos antes de la hora y fuí conociendo a mis compañeros a medida que, uno a uno, iban apareciendo con cara de lunes. El último en llegar fué el que tenía la llave, así que, ya presentados todos, nos condujeron a "los becarios" (Víctor y yo) escaleras arriba hablando alto para hacernos oír sobre el ruido de la lluvia torrencial en el techo de zinc.
La empresa está en un polígono industrial de Villalba, y según dicen, no pasaría una inspección técnica si alguna vez viniera. Para empezar, las ventanas no pueden abrirse. Para continuar, la Ley Antitabaco de Zapatitos no parece haber llegado allí, y por último, el taller está situado en una entreplanta donde según las ordenanzas, no pueden instalarse talleres. Y además tiene goteras.
Presidía el taller un cubo vacío de pintura con la inscripción "TP-23" como único indicativo de lo que alguna vez contuvo y que cumple, según descubrí enseguida, la función de atajar una gotera que da justo donde se van amontonando los equipos listos para envío. Con las horas fuimos descubriendo otros cubos estratégicamente situados bajo sus respectivas goteras y días después me tocó a mí personalmente ubicarlos cuando un chaparrón me sorprendió sola en el taller a la hora de la comida.
Hacia las dos de la tarde la mayoría se van a comer. Yo arreglé quedarme allí y reengancharme al trabajo a las tres a fin de poder marcharme a las seis y pillar mi tren a casa, si no tendría que esperar ya al de las ocho y veinte y no es plan. Asi que luego del trajín de la mañana al mediodía todo queda tranquilo y la actividad recomienza hacia las cuatro. Trabajar, lo que se dice trabajar, no es precisamente la actividad que se desarrolla el 100% de ese tiempo. Como en la mayoría de empresas españolas, el presentismo cuenta por encima de la productividad. Esta empresa ha descubierto el filón de aceptar estudiantes en prácticas que le vienen bien para sacar el trabajo que se acumula sin pagar un duro y además cobrar lo que por ello le paga la Seguridad Social. Eso trae como consecuencia una alta rotación de personal, ya que los que quedan contratados aprovechan allí unos meses para hacer experiencia y luego buscan otros horizontes más esperanzadores. Se trabaja cómodo, el horario es flexible y el personal agradable, pero el trabajo es monóntono donde los haya y quien tenga expectativas de no estancarse no puede quedarse mucho tiempo allí.
A la semana de empezar Victor y yo las prácticas, Roberto tomó otro camino. Era el más "veterano" de los técnicos que desarrollan nuestra actual actividad y además el que mejor controlaba el asunto, no solo a nivel técnico sino también a nivel humano, ya que manejaba con impecable mano izquierda el caótico método de trabajo del sector administrativo (léase, la esposa del jefe) y organizaba a los técnicos evitando, entre otras cosas, que cerraran como "listo para utilizar" equipos sin disco duro o sin placas de memoria o pasaran el 50% del tiempo navegando por Internet.
Ha pasado poco más de un mes desde que Rober se fué y empiezan a verse las consecuencias. Entre algunos factores logísticos fuera de control y los humanos descontrolados, aquello empieza a parecerse a un partido de fútbol sin árbitro. Cada cual hace lo que puede/quiere y de alguna milagrosa forma, algunos equipos se entregan a tiempo.
En medio del caos es fácil hacerse una reputación de persona trabajadora, lo cual procuro porque me interesa quedarme allí por un tiempo. Luego ya veré.
Así, mientras intento sacar los equipos atrasados (al menos los más atrasados) y aprender los vericuetos del funcionamiento del sistema de la empresa, mis compañeros rebuscan gangas en Ebay (empezaron con consolas portátiles y por alguna oscura derivación dialéctica terminaron buscando consoladores) o teléfonos móviles baratos con el engaña-pichangas del programa de puntos de Movistar. Al menos han tenido el tino de quitar los sonidos al ordenador que usan para eso porque si no, al galimatías de decenas de equipos musicales testeándose a la vez se sumaría el constante pitido de los amigos que se conectan al messenger y avisos de "tienes un correo nuevo".
Yo aprovecho mi horita de comida para esos menesteres pero el resto del tiempo procuro ser productiva. Estoy contenta con mi futuro nuevo trabajo y espero hacerlo bien.

TLT ya empezaba a parecer cosa del pasado (a falta simplemente de dar el preaviso correspondiente para dejar la empresa) cuando me llegó por correo certificado una carta amenazante de una empresa llamada Nexgrup, contratada a su vez por TLT y que se presenta ante los trabajadores de baja médica con los que contacta con la intención de "ayudarle a recuperarse lo antes posible", mientras que en su página web no se andan con tantos tapujos y ofrecen sus servicios a empresas como meros controladores de absentismo. Me conminan a presentarme en unos días ante una doctora de esa empresa para un reconocimiento médico y a aportar informes acerca de la dolencia que me impide trabajar, así que mañana me tocará de nuevo llamar a la abogada de Comisiones Obreras a ver si realmente tengo que atender a ese requerimiento. Y si es así, habrá que volver a ensayar la llantina, los estragos que supuestamente hace en mi vida mi desgracia matrinonial e incluso tomarme aunque sea un par de días los dichosos antidepresivos por si me hacen algún análisis de sangre. Da igual. En unos días entregaré mi renuncia y adiós muy buenas.
Pasar página y... Volver a Empezar.
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