Una alegría
Siempre me da por releer los libros. Cuando ha pasado algún tiempo desde que los leí por última vez.
Con los viajes largos suele coincidir alguna relectura, y nunca mejor dicho, porque uso los libros para amontonar dentro los cientos de papelitos que, inevitablemente, aparecen al viajar. Así, en cada viaje largo releo el libro... y la historia del viaje anterior en forma de viejas tarjetas de embarque, billetes de trenes, autobuses y metro de ciudades ajenas, apuntes, planos... Algunos de mis libros están forrados con planos de ciudades que visité.
Curiosamente, no me da por empezar libros nuevos al viajar. Es como si quisiera llevarme conmigo a donde vaya algo conocido, siempre esperando que lo nuevo por conocer esté a la vuelta de la esquina.
Florencia me presentó a Leo casi al final de la fiesta de bautismo de Julieta y la verdad es que la presentación sobró. Hacía ya rato que veníamos tirándonos los tejos y solo faltaba el intercambio final de números de teléfono, que luego de la intervención descarada de Flor, no tardó ni dos minutos en llegar.
La verdad es que siempre he sido tremendamente despistada a la hora de darme cuenta cuando alguien se interesa por mí y seguramente bastante torpe para enfrentar éstas situaciones, pero eso tendrán que juzgarlo otros. En todo caso, hasta que Dani no apareció esa noche por casa de Flor a comentar los pormenores de la fiesta, no entendí del todo por qué ella y Damián insistían tanto en decirme a cada rato: "es ideal para vos!!!"
-Yo te soy sincera, -decía Flor, mirándome de reojo cada pocos segundos -hasta el último minuto nosotros dudamos de que ese tipo fuera a aparecer. Ya nos veíamos con los invitados en la fiesta y sin nada de comer. Pero la verdad...
-El tipo será un zumbado pero se portó joya. -completó Damián.
-A mí me pareció un cagada todo lo que hizo. -se quejó Dani.
Cada cual tenía su teoría. La de Dani, que el tipo había tratado mal a todo el mundo. La mía, que Dani se había metido un par de veces donde nadie lo había llamado (o sea, en la barra de bebidas) y finalmente había sido necesario ponerlo en su sitio; y la de papá, que el tipo en cuestión había tratado mucho más cariñosamente a la esposa de Dani que al propio Dani... y éste se había dado cuenta.
Como sea, la luz de alarma giraba cada vez más brillante en mi cabeza mientras Flor proseguía con su relato:
-Lo contratamos por la revista del cable. ¡¡Yo no podía creer la entrevista que nos hizo para preparar todo!! No tiene agenda, apunta todo en papelitos sueltos y lleva una bolsa llena de esos papelitos. Cada vez que necesita un dato, revuelve ahí ¡¡¡y lo encuentra!!! No tiene teléfono móvil. Es anti-móviles. No sabe lo que es el correo electrónico y siempre nos llamaba a horas horribles, con Julieta ya dormida... Menos mal que Ester lo conoce y nos pudo dar referencias... la verdad es que cumplió todo lo pactado a rajatabla. Yo no me lo esperaba...
A esas alturas mi cara debía de ser un poema porque Damián ya no miraba de reojo ni disimulaba las risitas. Tampoco se aguantó de hacer su aporte y sacó al tapete otro punto candente:
-Le compró a un tipo un coche hecho pelota por tres lucas... sí, creo que me dijo que fueron tres lucas. ¡¡Pero no le funciona nada!! Lo tuvo que llevar al mecánico para hacerlo todo de nuevo!!!... embrague... no arrancaba... bueno, no lo viste?! Estaba parado en la puerta del salón ésta mañana!!
-No me digas que era ese coche negro...
Nunca sabré cómo se las arregla Florencia para decir cosas así con una cara tan seria.
-¡¡¡Ese mismo!!!
Los comentarios siguieron durante cinco o seis minutos más, hasta que, harta de que todos (menos Damián) me miraran de reojo, pregunté alguna estupidéz como para demostrar un justo y calculado desinterés. Florencia, seria como una tumba, volvió a soltarme la frase que llevaba oyendo todo el día:
-Ya te dije, es perfecto para vos.
-¡¿Y no podías haberme avisado todo eso antes de que yo quedara con él para el lunes?! -ya me habían irritado del todo.
Cuando por fin se fué Dani y tuve tiempo para reflexionar en calma, mi habitual sentido de la aventura se impuso nuevamente. Dejando de la do el que todo el mundo me asociara con bichos raros, ¿que importaba que el tipo fuera un zumbado, no tuviera móvil ni agenda y se moviera en un coche hecho polvo? Nada de eso le haría una mala persona. Yo tengo un coche y no tengo carnet de conducir, vivo en una aldea en medio de la nada rodeada de vacas y aunque trabajé cuatro años vendiendo móviles, el mío lo uso sólo como despertador. Y ya puestos, mi sistema para recordar las cosas no difiere mucho del de Leo... por cierto, ¿cuándo habrá sido la última vez que tiré a la basura los cientos de papelitos con apuntes que abarrotan mi cartera, o me decidí a pasarlos en limpio en el ordenador? Justo antes de venir de España me tocaba hacer la declaración de la renta y me puse a buscar el pepelerío que se necesita para eso... ¡¡y encontré todos los papeles de los dos ejercicios anteriores antes de ubicar los correspondientes al 2007!! No dije nada de todo eso a Flor y Dami ni a papá. Me limité a resumirlo en una sola frase:
-Lo peor que puede pasarme es acabar en un baile de cumbias. ¡¡Y si viene a buscarme en ese coche que ustedes dicen, le pediré que me deje conducirlo para tener algo nuevo que contar cuando llegue a Madrid!!
Pero no pasó lo peor ni tampoco lo otro. En lugar de un baile de cumbias, acabé en una casa indescriptiblemente desordenada en una población cercana a San Miguel cuyo nombre nunca me quedó del todo claro mirando una película de suspenso en una tele y el programa de Marcelo Tinelli en otra mientras Leo me preparaba la cena. Y no tuve el honor de conducir su coche. Él tampoco, ya que el aludido vehículo se dió por vencido del todo después de la fiesta de bautismo y para el lunes ya estaba descansando de nuevo en el taller mecánico.
----------------
Basta de vueltas.
Con ésta ya van dos noches que me siento frente al bloc de notas en blanco pensando qué escribir sobre Leo. Preguntándome por qué me fuí de su casa a la mañana siguiente sin contestarle cómo se hace para adorar a las mujeres, sin contestarle por qué decía que no debería haber ido esa noche a esa cita... Sin decirle que no quería irme sin más... más de sus risas, sus historias delirantes, o no, sus besos que más que a nada, me supieron a pocos, los mimos simpáticos de su perrillo desmelenado... ¿A quien se le ocurre llamarle a su perro Sadam Hussein? A alguien joven, fresco, de ideas curiosas, de vida bohemia, de amores efímeros, y esa noche, claro está, de algerías incompletas... A alguien perfecto para mí.
No sabía que decirle, así que no le dije nada. Solo pregunté "¿te voy a ver de nuevo alguna vez?" El tampoco contestó. Me hizo apuntarle mis datos en un papelito. Otro más para la colección, supongo.
Le pedí que me dejara en la parada del autobús sin despedidas ni historias. No me hizo caso.
Cuando, dentro de meses o años abra de nuevo esa aburrida historia policial ambientada en la Inglaterra victoriana, encontraré un papel arrugado, publicidad de una autoescuela de una población del extrarradio de Buenos Aires que, al dorso, tiene apuntado un número de teléfono desprolijo y dos palabras que invitan, urgentes: "Leo, 24 hs".
Con los viajes largos suele coincidir alguna relectura, y nunca mejor dicho, porque uso los libros para amontonar dentro los cientos de papelitos que, inevitablemente, aparecen al viajar. Así, en cada viaje largo releo el libro... y la historia del viaje anterior en forma de viejas tarjetas de embarque, billetes de trenes, autobuses y metro de ciudades ajenas, apuntes, planos... Algunos de mis libros están forrados con planos de ciudades que visité.
Curiosamente, no me da por empezar libros nuevos al viajar. Es como si quisiera llevarme conmigo a donde vaya algo conocido, siempre esperando que lo nuevo por conocer esté a la vuelta de la esquina.
Florencia me presentó a Leo casi al final de la fiesta de bautismo de Julieta y la verdad es que la presentación sobró. Hacía ya rato que veníamos tirándonos los tejos y solo faltaba el intercambio final de números de teléfono, que luego de la intervención descarada de Flor, no tardó ni dos minutos en llegar.
La verdad es que siempre he sido tremendamente despistada a la hora de darme cuenta cuando alguien se interesa por mí y seguramente bastante torpe para enfrentar éstas situaciones, pero eso tendrán que juzgarlo otros. En todo caso, hasta que Dani no apareció esa noche por casa de Flor a comentar los pormenores de la fiesta, no entendí del todo por qué ella y Damián insistían tanto en decirme a cada rato: "es ideal para vos!!!"
-Yo te soy sincera, -decía Flor, mirándome de reojo cada pocos segundos -hasta el último minuto nosotros dudamos de que ese tipo fuera a aparecer. Ya nos veíamos con los invitados en la fiesta y sin nada de comer. Pero la verdad...
-El tipo será un zumbado pero se portó joya. -completó Damián.
-A mí me pareció un cagada todo lo que hizo. -se quejó Dani.
Cada cual tenía su teoría. La de Dani, que el tipo había tratado mal a todo el mundo. La mía, que Dani se había metido un par de veces donde nadie lo había llamado (o sea, en la barra de bebidas) y finalmente había sido necesario ponerlo en su sitio; y la de papá, que el tipo en cuestión había tratado mucho más cariñosamente a la esposa de Dani que al propio Dani... y éste se había dado cuenta.
Como sea, la luz de alarma giraba cada vez más brillante en mi cabeza mientras Flor proseguía con su relato:
-Lo contratamos por la revista del cable. ¡¡Yo no podía creer la entrevista que nos hizo para preparar todo!! No tiene agenda, apunta todo en papelitos sueltos y lleva una bolsa llena de esos papelitos. Cada vez que necesita un dato, revuelve ahí ¡¡¡y lo encuentra!!! No tiene teléfono móvil. Es anti-móviles. No sabe lo que es el correo electrónico y siempre nos llamaba a horas horribles, con Julieta ya dormida... Menos mal que Ester lo conoce y nos pudo dar referencias... la verdad es que cumplió todo lo pactado a rajatabla. Yo no me lo esperaba...
A esas alturas mi cara debía de ser un poema porque Damián ya no miraba de reojo ni disimulaba las risitas. Tampoco se aguantó de hacer su aporte y sacó al tapete otro punto candente:
-Le compró a un tipo un coche hecho pelota por tres lucas... sí, creo que me dijo que fueron tres lucas. ¡¡Pero no le funciona nada!! Lo tuvo que llevar al mecánico para hacerlo todo de nuevo!!!... embrague... no arrancaba... bueno, no lo viste?! Estaba parado en la puerta del salón ésta mañana!!
-No me digas que era ese coche negro...
Nunca sabré cómo se las arregla Florencia para decir cosas así con una cara tan seria.
-¡¡¡Ese mismo!!!
Los comentarios siguieron durante cinco o seis minutos más, hasta que, harta de que todos (menos Damián) me miraran de reojo, pregunté alguna estupidéz como para demostrar un justo y calculado desinterés. Florencia, seria como una tumba, volvió a soltarme la frase que llevaba oyendo todo el día:
-Ya te dije, es perfecto para vos.
-¡¿Y no podías haberme avisado todo eso antes de que yo quedara con él para el lunes?! -ya me habían irritado del todo.
Cuando por fin se fué Dani y tuve tiempo para reflexionar en calma, mi habitual sentido de la aventura se impuso nuevamente. Dejando de la do el que todo el mundo me asociara con bichos raros, ¿que importaba que el tipo fuera un zumbado, no tuviera móvil ni agenda y se moviera en un coche hecho polvo? Nada de eso le haría una mala persona. Yo tengo un coche y no tengo carnet de conducir, vivo en una aldea en medio de la nada rodeada de vacas y aunque trabajé cuatro años vendiendo móviles, el mío lo uso sólo como despertador. Y ya puestos, mi sistema para recordar las cosas no difiere mucho del de Leo... por cierto, ¿cuándo habrá sido la última vez que tiré a la basura los cientos de papelitos con apuntes que abarrotan mi cartera, o me decidí a pasarlos en limpio en el ordenador? Justo antes de venir de España me tocaba hacer la declaración de la renta y me puse a buscar el pepelerío que se necesita para eso... ¡¡y encontré todos los papeles de los dos ejercicios anteriores antes de ubicar los correspondientes al 2007!! No dije nada de todo eso a Flor y Dami ni a papá. Me limité a resumirlo en una sola frase:
-Lo peor que puede pasarme es acabar en un baile de cumbias. ¡¡Y si viene a buscarme en ese coche que ustedes dicen, le pediré que me deje conducirlo para tener algo nuevo que contar cuando llegue a Madrid!!
Pero no pasó lo peor ni tampoco lo otro. En lugar de un baile de cumbias, acabé en una casa indescriptiblemente desordenada en una población cercana a San Miguel cuyo nombre nunca me quedó del todo claro mirando una película de suspenso en una tele y el programa de Marcelo Tinelli en otra mientras Leo me preparaba la cena. Y no tuve el honor de conducir su coche. Él tampoco, ya que el aludido vehículo se dió por vencido del todo después de la fiesta de bautismo y para el lunes ya estaba descansando de nuevo en el taller mecánico.
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Basta de vueltas.
Con ésta ya van dos noches que me siento frente al bloc de notas en blanco pensando qué escribir sobre Leo. Preguntándome por qué me fuí de su casa a la mañana siguiente sin contestarle cómo se hace para adorar a las mujeres, sin contestarle por qué decía que no debería haber ido esa noche a esa cita... Sin decirle que no quería irme sin más... más de sus risas, sus historias delirantes, o no, sus besos que más que a nada, me supieron a pocos, los mimos simpáticos de su perrillo desmelenado... ¿A quien se le ocurre llamarle a su perro Sadam Hussein? A alguien joven, fresco, de ideas curiosas, de vida bohemia, de amores efímeros, y esa noche, claro está, de algerías incompletas... A alguien perfecto para mí.
No sabía que decirle, así que no le dije nada. Solo pregunté "¿te voy a ver de nuevo alguna vez?" El tampoco contestó. Me hizo apuntarle mis datos en un papelito. Otro más para la colección, supongo.
Le pedí que me dejara en la parada del autobús sin despedidas ni historias. No me hizo caso.
Cuando, dentro de meses o años abra de nuevo esa aburrida historia policial ambientada en la Inglaterra victoriana, encontraré un papel arrugado, publicidad de una autoescuela de una población del extrarradio de Buenos Aires que, al dorso, tiene apuntado un número de teléfono desprolijo y dos palabras que invitan, urgentes: "Leo, 24 hs".